sábado, 27 de noviembre de 2010

Risotto con calabaza y queso de cabra


Fue un éxito. Y la cena estuvo muy agradable y entretenida. ¡Para repetir!

Antes de empezar, ojalá el día previo, preparar un caldo de pollo con verduras: dos presas de pollo, un pimiento, dos cebollas, 3 zanahorias, un puerro. Sal, pimienta y agua fresca. Hervir de dos a 3 horas y reservar. Colar el caldo, es decir, quitar verduras y pollo, y guardar.

Hornear 1 kilo de calabaza cortada en rodajas, salpimentadas, 3 dientes de ajo y salvia fresca, hasta que esté blanda. Retirar del horno. Con una mitad hacer puré y el resto, cortarlo en trozos de 1-2 centímetros. Reservar.

Calentar el caldo de pollo y verduras lentamente hasta que hierva.

En otra olla poner dos cucharadas de aceite de oliva en una olla y freír una cebolla cortada en cubitos hasta que quede transparente. Agregar dos tazas y media de arroz (ojalá arborio), sal y un vaso de vino blanco, cocinar a fuego medio por un par de minutos. Comenzar a agregar el caldo poco a poco, para ir cocinando el arroz. No dejar que el arroz se pegue o se seque, pero tampoco cubrirlo completamente de caldo. Revolver suavemente mientras se cocina para que quede cremoso.

Cuando esté listo el arroz (unos 20 minutos aprox.), se agrega el puré de calabaza y los trozos de calabaza, mezclando bien. Se retira del fuego, se pone en una fuente y se agrega una taza de queso de cabra fresco cortado en trozos, media taza de piñones tostados y un poco de cebollino para decorar. Espolvorear con pimienta recién molida y ¡directos a la mesa!

viernes, 26 de noviembre de 2010

La insoportable levedad del ser (humano)

Muchas veces he expresado mi inevitable tendencia a la vergüenza ajena y la molestia profunda que me provoca la estupidez, no en todas sus expresiones, porque todos somos un poco estúpidos, sino en la pretendida y vanidosa inteligencia estúpida. Sí, odio a los que van de listos o de super inteligentes mega cool.

Hoy, sentado en un restaurante chino de barrio, coincidí con una parejita así. Ella era la máxima representante de la estupidez. Entró hablando en un tono de voz muy alto, teniendo en cuenta el decoro y las buenas costumbres. Se sentó, tratando con algo de desprecio al camarero chino que los atendía y vino el gran momento.

Mirando el menú se le ocurrió preguntarle al camarero si tenían Wan-tun frito. La verdad es que nunca he sabido como es la palabra original porque lo he visto de mil maneras: Wantan, Wantun, Wan-tun, Won-tun, etc. Son las masas fritas con un mínimo relleno. Están ricas. Pero ese no es el punto. Ella, con todo su desparpajo, le pide al camarero el dichoso plato y él no le entiende (por lo cual imagino que se pronuncia de cualquier otra forma). Y ella, que no se corta, le dice con voz despectiva: Wan-tún. ¿No lo conoces? Wan-tún. Y lo comienza a deletrear: W - W - O - O...

Y comencé a reírme de su ligereza mental. Mira que, como decía antes, no sé cómo se escribe, pero ella tenía menos idea todavía o era insufriblemente tonta. Vaya par de huevos para hacer un papelón como ese y para enseñarle a un autóctono su "cultura". Menuda pieza.

A partir de ese momento, intenté desconectar. La vergüenza ajena se me había subido a la cara y preferí hacer la vista gorda, taparme los ojos (al menos para mirar a la mesa de al lado) y seguir con mi café y el cigarro que lo acompañaba.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Hoy perdí un amigo

Hace 24 años conocí a uno de mis mejores amigos del colegio. Pasamos buena parte de la infancia corriendo y jugando. Inolvidables las tardes en su casa de las Brisas del Claro viendo "La historia sin fin" (La historia interminable) y bañándonos en la piscina. Inolvidable el mini blanco de la tía Patty en el que salíamos de paseo por Talca con sus hermanos.

Después de un tiempo la vida nos alejó. Nos convertimos en compañeros de curso, compartiendo menos cosas, pero siempre estuvimos ahí. Y luego, al salir del colegio, nos alejamos por culpa de la distancia geográfica y perdimos casi todo el contacto.

Hace pocos minutos me acabo de enterar que Gabriel ya no está. Luchó contra el cáncer durante largos meses, mantiendo siempre la energía vital y la fuerza que lo caracterizaban. Y los mensajes que sus amigos y cercanos le dedican en Facebook son muestra de ello. Tenía la capacidad de sobreponerse y enfrentar las cosas con ánimo, con buena cara.

Hoy perdí un amigo que, aunque ya lejano, fue un gran amigo en un momento de mi vida. Y eso es lo que cuenta. Desde aquí hago un pequeño y sincero homenaje para él, y le deseo a su familia -que por un tiempo también sentí como mía- mucha fuerza y entereza para aceptarlo.

Sin esperanza... (Aguirre)

Lo que me he podido reír. Hace 5 minutos colgué una de las llamadas más surrealistas de estudios de mercado y encuestas que me ha tocado atender.

Debo decir que la chica que llamaba era encantadora, aunque traspasó un par de veces el límite de seriedad que debe tener un teleoperador. Pero ese no es el tema. La encuesta era de la Comunidad de Madrid y trataba sobre la situación en el trabajo.

¿Ha sido usted víctima de abusos o insinuaciones sexuales? (...)
¿Tiene problemas para dormir? (Si me tomo 3 cafés, seguro que sí)
¿Sufre de ansiedad? (Sí, algunas veces, gracias)
¿Lo golpean habitualmente en su lugar de trabajo? (Pero, ¿dónde trabajan los españoles? ¿En un club de boxeo?)
¿Sufre vejaciones verbales en su entorno laboral? (Pobre del hijo de puta que se atreva a decirme algo...)
¿Tiene variaciones en el apetito? (Quise decirle que sí, pero no por temas laborales. Además, quise explicarle que sufro de anorexia severa: todos los días me miro al espejo y me encuentro cada vez más gordo...)
¿Sufre de estrés? (No siempre. Sólo cuando me hacen preguntas tontas)
¿Tiene miedo? (O algo así, vamos, que era una encuesta para reflejar el grado de felicidad de los madrileños)
¿Se le olvidan las cosas? (Sí, también me ocurre a veces, pero no es para preocuparme, ¿no?)
¿Rememora hechos pasados? (Tengo memoria, ¿sabe? Y me gusta recordar de vez en cuando...)

Algunas no son textuales, pero era algo así. Por más que trato de encontrarle un sentido a este estudio, no lo consigo. Si alguien lo sabe, que me lo explique... Cada vez tengo menos esperanzas en Esperanza. Ya lo decía un grafitti: "La esperanza no es Aguirre".

Todo lo demás sobra

Me gustan las frases políticamente incorrectas. También las meteduras de pata y los comentarios inapropiados. Me dan risa, dentro y fuera de contexto. Me provocan una contradicción que va de la carcajada a la retención de aire. No puedo evitarlo. Sin querer, muchas veces los hago. Algunas otras, con total cordura. Pero, la mayoría de las veces, debo reconocer que no me doy cuenta y se me escapan por la boca sin remedio. El cerebro va más rápido que la posibilidad de contención.

Ese momento de tensión cuando estás acabando de decirlo y te das cuenta, es el peor. El corazón se detiene, tus ojos se abren, entras en una alerta total que amplía tu campo visual y esperas las reacciones. Notas la incomodidad en el ambiente, te sientes incómodo contigo mismo y con los demás. Pero el daño está hecho y la sentencia se ha dicho.

No me jacto ni me enorgullezco, sobre todo cuando hacen daño a alguien. Pero no puedo evitar, en lo más interno, disfrutarlo posteriormente. Soltar una carcajada nerviosa por lo inoportuno, por la tensión, la ruptura del equilibrio, la situación absurda. ¿Humor negro? ¿Sarcasmo? Sí, son mis favoritos.

No hay nada mejor que una frase inteligente. Ya he dicho repetidas veces lo que me gustan las sentencias definitivas, las finales, las que no dan tregua a más discusiones ni respuestas. Así también me gustan las frases inteligentes. Más bien son mi debilidad. También me gustan las frases bestias, no las que hacen daño a alguien directamente en plan "Eres feo". Eso es juego de niños. No, prefiero la sutileza que da el intelecto. Prefiero pocas palabras, dichas con calma y totalmente certeras. Nada duele más que una palabra bien dada. Ni siquiera un golpe.

Durante mucho tiempo me hicieron daño ciertas palabras. Me dejé herir. Hoy no. Es cosa del pasado. Hoy prefiero reírme de mí mismo y de los demás, de la vida, de las buenas y de las malas noticias. Es un valor añadido que me hace valorar lo que tengo y disfrutar con quienes quiero. Todo lo demás sobra. Me sobran los amigos de mentira o los esporádicos o los situacionales. Para eso tengo buenos amigos a montones. Me sobran las palmadas y las puñaladas en la espalda. Me sobran los aplausos y los falsos triunfos.

Me basta con lo que tengo. Y no soy conformista. Más bien me considero un positivo ambicioso que busca siempre mejorar los distintos aspectos de su vida. Pero no necesito que nadie venga a adornarlo con guirnaldas ni pancartas. Me ha costado llegar hasta aquí, pero lo he hecho. Sé lo que soy, sé lo que tengo, sé lo que quiero y sé con quién puedo contar para vivirlo, celebrarlo o enfrentarlo. Todo lo demás sobra. Todo.

martes, 23 de noviembre de 2010

Ajuste de cuentas

La pequeñaja que está a mi lado es mi amiga Sara. Nos conocemos hace 6 años y un poco más. Pese a las distancias esporádicas y a las permanentes, hemos compartido muchas cosas juntos. Pero, sobre todo, compartimos confianza, muchas risas y una agradable complicidad.

Esta mañana nos sacamos esta foto antes de dejarla en el avión rumbo a Alicante. Habíamos pasado una tarde-noche de domingo repasando nuestras vidas del último año, poniéndonos al día y comentando los últimos acontecimientos. Pero siempre nos quedamos cortos de tiempo... Entre recuerdos, cromos y noticias, nos faltaron horas.

Pero prometió visita pronto. Y yo, que soy bueno para cobrar promesas, le pediré cuentas nada más comenzar el 2011.

lunes, 22 de noviembre de 2010

¡Bienvenido!

Casi, casi nos toca celebrar juntos. Pero no, mi nuevo "sobrino" nació en la madrugada del 17 de noviembre. Lo que sí celebraremos juntos es nuestra condición de escorpianos. Martín, que ha convertido en nuevos padres a Silvina y Leandro, ya es toda una estrella.

En el hospital llamaba la atención, además de lo guapo que es, por su calma, su docilidad y su sociabilidad. Toda una declaración de intenciones, literalmente, desde la cuna. En las fotos saluda, sonríe y mira. Sí, tiene madera de famoso.

Con la venia de la madre, hoy comparto la felicidad de su llegada al mundo, le doy la bienvenida y celebro todo lo bueno que trae. Además, le ofrezco mis servicios como tío postizo. Y espero poder, ojalá pronto, tomarlo en brazos y celebrar en grande su nacimiento.

Todas las bendiciones, felicitaciones y enhorabuenas a los padres, a las respectivas familias y a todos los que disfrutaremos de su presencia.


Me gusta mucho esta foto de los tres. ¡Felicidades!

domingo, 21 de noviembre de 2010

Interior, exterior

Así como en los últimos días estuve posteando tres canciones muy distintas: Lullaby (Sia), Game called life (Leftover cuties) y Le parapluie (Paloma Berganza), además de hablar de panoramas madrileños, los devenires de la RAE y sobre el libro "El grito de la gaviota", creo que hoy me apetece más escribir desde otro lugar, postear algo distinto. Siempre se habla de lo que ocurre, de los distintos acontecimientos, de las muchas cosas que vemos o que nos ocurren en el día a día. Pero, pocas veces hablamos de lo que está, de lo que se queda, de lo profundo. Pocas veces hablamos desde el corazón, desde la mente y desde nuestro yo interior.

Justamente ayer hablábamos con unos amigos sobre la publicación de un libro que recogía los espontáneos desnudos de miles de internautas que habían colgado sus fotos en lugares públicos (redes sociales, blogs, páginas web, páginas de contactos, etc.), sin el menor espacio para la intimidad. Sí, ellos se desnudan, pero lo hacen desde la protección del "anonimato", de la cámara y sólo desvisten su exterior, su capa primaria. Sí, cierto es que muchos estaban no solo sin ropa, sino que en situaciones más íntimas, pero eso no implica necesariamente que transmitan lo que ocurre más allá de la piel expuesta.

¿Por qué tenemos tanto miedo a exponernos, a abrirnos? Repetido es el consejo de "no te quedes con el culo al aire", utilizado en muchos contextos. Protégete, no dejes que puedan hacerte daño, cuidado con las heridas, teme, toma distancia, sé precavido. Las madres, incluso, repetidamente nos dicen "cuídate", como parte de la despedida habitual. "Besos y cuídate". ¿Tan peligroso es el mundo exterior? ¿Tanto miedo tenemos a los demás?

Pero son miedos ridículos, porque muchos de quienes se protegen en muchos aspectos, pierden todo tipo de precaución tras unas cuantas copas o alguna otra sustancia que provoca la pérdida de la inhibición o la timidez. Doble estándar, como en muchas otras cosas: protege tu corazón, tu interior, pero el cuerpo se expone a lo que venga. Rara paradoja. Bueno, no tan rara.

Dejamos ver lo que queremos mostrar o, al menos, eso pensamos. Nos asusta, a la vez que nos alucina, cuando alguien que no esperábamos traspasa ese umbral y nos dice un par de verdades sobre nosotros mismos, tan ciertas que no podemos evitarlas. Cuando alguien es capaz de leer nuestro discurso y su interlineado, nos ponemos en alerta, pero también despierta una morbosa necesidad de comprender cómo han traspasado la barrera protectora que habitualmente llevamos puesta.

Y a medida que crecemos, es incluso más evidente. Vamos haciendo callo, nos hacemos más duros, menos volubles. Perdemos la inocencia, la capacidad de asombro, la vergüenza y muchas otras cualidades que son inherentes al ser humano. La sociedad es así y nos lleva a eso, podría ser una excusa completamente respetable. No obstante, no resulta nada natural perder parte de nuestra propia esencia. Somos exterior e interior, somos carne y hueso, somos agua y aire, somos fuerza y fragilidad, somos el día y la noche, somos tan contradictorios en nuestra estructura. En suma, somos diferentes y no debemos temer a aquello que nos hace diferentes de los demás. Menos aún a aquello que nos asemeja.

Si perdemos esas contradicciones y sólo nos quedamos con la dureza, la fuerza y la desfachatez, estamos ignorando y dejando pasar tantas cosas a nuestro alrededor. No nos dejamos emocionar, no nos permitimos flaquear y mucho menos caernos. No hay nada mejor que levantarse, limpiarse las heridas y seguir andando. Es parte del viaje. Nos duelen los pies, las rodillas o las caderas; sufrimos de cansancio, calor o frío; sentimos asco, miedo, alegría, ira o furor. Somos multipolares, tenemos manías, ansiedades, filias, parafilias, fobias y tantas otras cosas, pero estamos vivos. Esa es la verdadera vida, la que vivimos como seres completos. Lo demás no es otra cosa que una mediocre actuación en un teatrillo que nos hemos montado para subsistir en un mundo que consideramos hostil, pero al que no le damos oportunidad de acogernos como realmente somos.
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