sábado, 19 de febrero de 2011

Más de escritura...

La capacidad que tiene esta chica para expresarse con propiedad, creatividad y arte, me deja anonadado.

"hola guapo!!!q tal todo??? no se nada de tu vida eh??? bueno guapo haber si ablamos. un besito".

Y este es el futuro...

Los dulces romanos...

(esta es la tarta de chocolate y pera que disfruté en Campo de Fiori... ¡buenísima!)

La receta -en italiano- se puede encontrar aquí.

viernes, 18 de febrero de 2011

Roma (Crónica de viaje - día 4)

El cuarto día en Roma comenzó en el autobús con dirección a la Piazza Navona. Aprovechando que era pronto y que todavía no llegaban las olas de turistas, disfrutamos de un café a orillas de la plaza y pudimos sacar unas cuantas fotos sin mucho público invadiendo la imagen.

De ahí, teníamos planeado callejear hasta llegar al Tevere, por la parte que bordea a El Vaticano, cruzar hasta el Castel Sant'Angelo, volver a pasar sobre el río y comenzar a bajar recorriendo las calles del centro de Roma. Cosas por ver había muchas, muchísimas, pero optamos por lo mismo de siempre: perderse caminando, elegir las calles por instinto y dar las vueltas que sea necesario para conocer a fondo la ciudad. Así nos movimos entre plazas, edificios, callejones y callejuelas.

Llegamos a Campo de Fiori, donde re-desayunamos: café y una tarta artesanal de pera y chocolate que estaba espectacular. Menos mal que todavía quedaba mucho día para caminar, porque tanto dulce había que bajarlo de alguna manera.

Seguimos andando para pasar por el Panteón, impresionante por dentro y por fuera; por Santa Maria sopra Minerva, la Piazza del Parlamento y volvimos a subir hacia el río para encontrar por fortuna un restaurante llamado "La Campana" donde decidimos entrar a comer (queda cerca de la via della Scrofa). Magnífica elección porque la comida estaba espectacular: la lasagna, casi tan perfecta como la de mi madre; unos ravioles con mantequilla y salvia para relamerse de gusto. Falló en el tiramisú que, pese a ser casero, estaba demasiado suave de mascarpone y con un exceso de chocolate amargo que disfrazaba todo lo demás. Pero una tarta de ricotta con frutas estaba buenísima.

Paseo después de comer para ayudar a la digestión, ahora con planes de ir hacia la otra orilla del río, la que separa el barrio judío del Ghetto del Trastevere. Agradable caminata y bonito panorama. El Ghetto, así como toda la ciudad, guarda rincones maravillosos para descansar, para disfrutar la vista y ver de cerca la vida cotidiana de la ciudad. Hay ahí, también, una mezcla de lo antiguo con lo nuevo, de tradición con vanguardia, de belleza y de fealdad que le dan una característica única.

Estuvimos en un sitio de cervezas artesanales que era una atracción por su diseño y por la oferta de bebidas que tenían. Lo curioso es que el público era tan variopinto como la variedad de "birre". Yo, que no soy fan de la cerveza, probé una de menta piperita y, si bien el sabor era curioso, no terminó de convencerme. Pero bueno, hay que probar algo distinto de vez en cuando.

Una vez que salimos de ahí, los pasos nos llevaron hacia el Trastevere, otra vez. Aprovechamos de pasear de nuevo por el barrio y cenar en el restaurante Ivo, que me había recomendado Pablo. La pizza no estaba nada mal, pero la masa fina y yo no somos grandes amigos. Creo que sólo nos toleramos. Así y todo, cuando me trajeron la copa de tiramisú de postre olvidé por completo la pizza y el mundo mejoró por un momento. ¡Vaya copón! Y estaba riquísimo. Lo recomiendo a ojos cerrados y a boca salivando... ¡cómo perro de Pavlov!

De ahí, otro breve paseo por el Trastevere y a casa, que nos esperaba un lunes madrugador para llegar a nuestra cita con los Museos Vaticanos. Y ya habíamos sumado otros 10 kilómetros a nuestros paseos romanos.

Algunas cosas que leo en el periódico


Veo cosas en la prensa que no me alegran el día.

Primero, un estúpido de Badajoz que no sólo maltrata a un perro pequeño, sino que se filma y disfruta haciéndolo. Puto y maldito asqueroso, espero que no pasen muchos días hasta que la policía te encuentre. Y no me gusta desearle mal a nadie, pero si te dan una paliza tampoco me importaría demasiado.

Segundo, veo un pequeño trozo de dos nuevas producciones en el mundo de la ópera: en Londres se estrena una basada en la vida de la exconejita de Playboy, Anna Nicole Smith, no recomendada para menores de 16 años; y, en Madrid, Pilar Jurado estrena en el Teatro Real otro montaje de su autoría, convirtiéndose en la primera mujer en hacerlo. Siento decirlo, pero lo que he podido ver de ambas -menos de un minuto de cada una- ha sido espantoso.

En tercer lugar, veo que siguen trabajando arduamente para combatir la alopecia. La verdad es que no lo entiendo. Hace años que me estoy quedando calvo y no hay nada que me importe menos. Es cómodo, barato y fácil de mantener. No necesito productos especiales ni cuidados. ¡Qé vivan los calvos! Yo reivindico mi escasez de pelo. Además, hay que tener en cuenta que en todas las predicciones que se hace sobre cómo será el ser humano del futuro, aparece completamente lampiño. El pelo, hoy en día, sirve para poco más que la estética.

Otro error periodístico...

Esto ocurrió cuando estaba en Roma, porque era la noticia de los telediarios. Pero este error ocurrió en El País digital y me lo envió mi amigo Nacho para que no me lo perdiese. ¡Gracias!

Hay que fijarse en la incongruencia entre el titular y el pie de foto.

La pelea del azafrán

Pensando en una de las delicatessen que trajimos de Italia, un queso con azafrán, me acordé de una anécdota de 2010. Por esas cosas del trabajo, me tocó compartir oficina con una mujer bastante desagradable que lo sabía todo y tenía que tener siempre la última palabra.

Cierto día, le comentaba a otra compañera las cualidades beneficiosas de la cúrcuma para los problemas del tracto gastrointestinal o digestivo, esta mujer que tenía por costumbre invadir los espacios personales y las conversaciones de los demás, comenzó a decir que la cúrcuma es azafrán molido, y se utilizaba para cocinar curry y paellas. No recuerdo exactamente sus palabras, pero fue algo así, asegurando e imponiendo su profunda sabiduría.

Yo que llevo ya unos años leyendo sobre especias y, aunque no me considero para nada muy conocedor del tema, sí hay cosas que he aprendido. Una de ellas es que el azafrán proviene de los estigmas secos de una flor en particular y que la cúrcuma se obtiene de la raíz de la planta. Intenté explicarle la diferencia, sobre todo teniendo en cuenta de que el azafrán es la especia más cara del mundo y no se va a utilizar para "hacer" un condimento "menor". Pero, como era de esperar, no hubo manera. Elevó la voz y siguió repitiendo la misma idea hasta que el resto nos callamos.

Menos mal que ya no tengo que verla ni compartir el mismo techo con ella, porque es muy desagradable ver como la ignorancia, la mala educación y la desfachatez se concentran en un sólo sitio y, para peor, con un puesto de trabajo intocable. ¡Así va el mundo!

"Cisne negro" (2010)

En el ballet no sólo los cuerpos son sometidos al dolor y al esfuerzo. La mente tiene un durísimo trabajo también en cuanto a la concentración, la templanza y la dosificación de las emociones. Natalie Portman, excelente protagonista de "Cisne negro" (Black Swan, 2010), hizo suyos al personaje y a su particular mundo, precisamente con una intensidad emotiva completamente controlada, hasta el punto de que no somos capaces en gran parte del metraje de distinguir la realidad de la trastocada y perversa imaginación de Nina.

El juego de espejos que plantea Darren Aronofsky está calculado al milímetro. Así como en el Cascanueces conviven los cisnes negros y blancos, en la vida se enfrentan el bien y el mal, la realidad y la fantasía. Nina Sayers (Portman) asume la tarea de desempeñar las dos caras de la moneda, llevando al límite su frágil cordura, su cuerpo y, al final, su vida. El director no escatima en esfuerzos para perder al espectador en la mente de la protagonista y en un juego que ha perdido las reglas completamente.

"Cisne negro" funciona como drama, como thriller psicológico, como testimonio de vida y, a ratos, como una épica historia en punta de pies. La verdad es que lo realmente importante es que funciona. El reparto que rodea a Portman está bien equilibrado y muy conseguido: Mila Kunis, una suerte de alter ego/adversaria sobre las tablas; el profesor, Vincent Cassel, mostrando un juego peligroso; y, como no, la madre castradora, exigente, controladora y dedicada, interpretada por una operadísima Barbara Hershey.

Interesante estreno, bien logrado y eficaz en la historia. Natalie Portman, como ya he dicho en posts anteriores, está sublime, y Aronofsky demuestra que lo suyo son las historias truculentas, con recovecos, porque sabe manejarlos muy bien y logra desmoralizar al espectador en el momento preciso para que no baje la intensidad ni la intención.

jueves, 17 de febrero de 2011

Escribiendo en mi "blog" de papel...

Roma (Crónica de viaje - día 3)


El tercer día comenzó con la visita a las Termas de Caracalla, unos antiguos baños romanos, muy cercanos al Circo Massimo. En medio de la ciudad, un remanso de tranquilidad, poquísima gente y un paseo en el que, a pesar del sol matutino, hacía bastante fresco.

Este lugar es impresionante, porque fueron unos de los baños más importantes -los más grandes fueron los de Diocleciano- y las reproducciones que se han hecho sobre cómo podían haber sido son alucinantes: enormes piscinas, zonas de descanso, espacios para compartir y aguas de distintas temperaturas para las diferentes estancias. Impresionantes son los pocos restos de mosaicos que quedan porque el tiempo, un terremoto, los saqueos y las guerras han mermado casi toda la espectacularidad del conjunto. A pesar de eso, sigue siendo un interesante referente de la grandeza romana en su tiempo.

Pero el paseo no acababa ahí. Subimos por el lado del Circo Massimo, nos sentamos a mirar un momento el paisaje desde un mirador (belvedere, que si no me aventuro mucho podría ser el equivalente italiano a "bellavista") y decidimos encaminarnos hacia el Aventino, un barrio residencial muy bonito y claramente más caro. Las casas y departamentos eran enormes, había muchas embajadas -entre ellas la de Egipto, que estaba custodiada por un camión de policía-, iglesias y pequeñas plazas.

Cerro arriba, cerro abajo, nos dirigimos a la Pirámide de Cestia, monumento que data del año 12 a. C. y que es la tumba de Cayo Cestio Epulone, ubicada frente a la estación romana de Ostiense. No sabía de su existencia y prácticamente no aparece en las guías turísticas, pero nos llamó la atención y allí fuimos.

Decidimos bajar por la via Marmorata hacia el río, para bordear el Tevere (Tíber) y llegar a la Piazza de la Bocca della Verità. Por allí nos encontramos con un mercado en la Piazza Testaccio, nos tomamos un delicioso helado un poco más allá, vimos una tienda a la que volveríamos el lunes y nos sentamos un momento en la piazza di Santa Maria Liberatrice. Volvimos a la via Marmorata y llegamos al lugar previsto.

La Bocca della Verità es una máscara de mármol que está en la iglesia de Santa Maria in Cosmedin. Su leyenda no está clara, pero se dice que si un mentiroso mete la mano en su boca, ésta se cerrará y la atrapará. Cosa difícil si pensamos que es un trozo de mármol, pero bueno, las leyendas son así y no falta quien las cree.

De ahí cruzamos el río hacia la Isola Tiberina, una pequeña isla en medio del Tíber, para pasar luego al Trastevere, donde comimos bien (sin grandes resultados) en el primer sitio donde pudimos sentarnos, porque el cansancio ya se notaba. Después de la comida y una buena dosis de café italiano, a caminar por el barrio, quizás una mezcla de Chueca, Lavapiés y Malasaña para compararlos con Madrid. Pequeñas tiendas, la convivencia de la gente más antigua con los nuevos allegados al barrio, tranquilidad -no había demasiados turistas a esa hora- y muchísimos restaurantes y cafés.

Me dediqué a sacar fotos de puertas, porque eran todo un espectáculo. Impresionantes también los telefonillos para llamar a la puerta: bronce, madera, metal y mucho diseño antiguo. Podrían ser parte de un tour temático, porque toda la ciudad está llena de interesantes portales.

Por allí estuvimos dando vueltas un buen par de horas, hasta que decidimos coger el tranvía hacia la zona de Casaletto, para conocer otra cara de la ciudad, una completamente alejada del turismo. Nos metimos en un barrio muy normal, como el de cualquier ciudad: departamentos, casas, tiendas, supermercados, etc. Nos bajamos del tranvía y nos subimos al que nos llevaría de regreso al Trastevere.

Desde ahí, sólo quedaba coger el autobús que nos llevaría hacia casa, hacer un par de compras en el camino, cenar y descansar. Había sido otro día de mucho andar y de madrugar. Calculando, calculando, fueron otros 13-15 kilómetros de paseo por Roma. ¡Todo sea por Roma!

miércoles, 16 de febrero de 2011

Roma (Crónica de viaje - día 2)

El recorrido por Roma durante el segundo día fue una locura. La verdad es que no lo buscamos; simplemente nos echamos a andar y se nos fue el día en eso. El recorrido es un aproximación, porque callejeamos mucho más que lo que me acuerdo, pero según Google Maps hicimos unos 13 kilómetros que, si redondeamos y agregamos todos los pasos del día, seguro que llegan a 15. Y luego me preguntaba yo que por qué me dolía el tobillo.

De todas formas, esto demuestra que Roma es una ciudad muy caminable y que es cuestión de echarse a la calle y empezar a patear. Lo que más me gusta de caminar a mi antojo es que voy decidiendo el camino según me guste una calle u otra. Tanto así que lo más parecido a planning del día no contemplaba la Fontana di Trevi y, menos, la Piazza Spagna. Y allí acabamos, metiéndonos por callejuelas y dando vueltas en plazas, girando en las esquinas...

Para qué hablar de Villa Borghese o la Piazza del Popolo (donde hubo una manifestación el domingo por los derechos de la mujer), o bajar por Via Veneto y disfrutar de un magnífico café en el Cafe de Paris. O ver la fontana del Tritone o la via delle Quatre Fontane. Y comer en la Via del Babuino al lado de la via dei Greci, sentados en la terraza del Canova Tadolini un flan de ricotta con espinacas, pasta o risotto, postre y café. ¡Impagable!

Y todo eso después de haber paseado por el Coliseo, el Palatino y el Foro Romano, uno de los dos destinos asegurados desde Madrid y con reserva. Recomiendo totalmente hacerlo, porque no tardamos más de un minuto en recoger las entradas y pasar, dejando atrás a un buen número de personas. Fue un día largo, pero descubrimos pequeños rincones que no aparecen en las guías. No hay nada mejor que mirar lo que dicen otros y buscar las alternativas a esos típicos panoramas, para que la experiencia personal esté limpia de juicios y prejuicios.

Como soy turista, tiré la moneda en la Fontana di Trevi para volver a Roma. Es impresionante verla, pero también cansa que esté rodeada por cientos de personas haciendo lo mismo. Pero bueno, vamos todos a eso, ¿no? La Piazza de Spagna me pareció muy normal. Es una típica postal, pero bastante menor en comparación a otros lugares de la ciudad.

Lo más impresionante de Roma es que, vayas donde vayas y mires donde mires, hay un trozo de historia. Pero no de la historia de "ayer", sino de hace cientos, miles de años. Al menos a mí me abruma pensar en la cantidad de cosas que han ocurrido ahí y estar, como decía Mafalda, siendo calentado por el mismo sol que calentó a muchos antes que a mí. Si las paredes hablaran...

Una cosa que ocurrió durante todo el viaje fue que me di cuenta de que me resulta menos agobiante y vergonzoso tener que hablar en italiano que en inglés. Curioso fue que, en algunos momentos, soltaba frases completas para pedir, preguntar o comprar, sin tener que pensar antes. Simplemente salían. En alguna parte de mi cabeza algo se ha guardado después de tantos años, de escuchar el italiano en mi casa y de estudiarlo durante tres años.

Roma (Crónica de viaje - día 1)


Hace 24 horas que llegué de vuelta a Madrid y recién ahora tengo un momento para sentarme y escribir en mi blog sobre el viaje. Debo decir que, globalmente, fue un viaje soñado: Roma, buen tiempo, tranquilidad y muchas cosas por descubrir. No tuvimos malas experiencias en los vuelos, ni con el departamento, ni con el transporte ni con la comida. Tampoco había demasiados turistas como para no poder disfrutar de las cosas, salvo en dos puntos específicos, o como para sentirnos solos en la ciudad.

El jueves 10 comenzó temprano y con normalidad. Las maletas habían quedado preparadas la noche anterior, así que nada más que recoger un par de cosas más y a Barajas, después de un buen desayuno. El vuelo salió a la hora, el embarque fue rápido y el avión iba medio vacío, por lo cual uno se podía explayar un poco más de lo habitual.

Hasta ese momento, todavía tenía algo de "resaca" de las náuseas y males estomacales del fin de semana, pero decidí matarlas con un sándwich del menú. Menos mal que no me cayó mal, pero si superaba eso, el resto de la semana estaría bien. La llegada a Fiumicino fue testigo de la primera anécdota: nos echamos a andar para recoger las maletas y en un despiste (o una pésima señalización dentro del aeropuerto), acabamos en Policía a punto de salir de Roma otra vez. El hombre nos hizo deshacer nuestros pasos y bajar por la escalera que no habíamos visto antes.

Equipaje en la mano a los pocos minutos, cigarro de vicio y a coger el tren que nos llevaría hasta Termini, cerca del departamento que habíamos arrendado. 30 minutos de trayecto y ya estábamos en esa estación infernal e inmensa. Unos cuantos pasillos después, muchos para ser honestos, llegamos hasta el metro que, por la construcción de la línea C, estará en obras hasta el primer trimestre de 2012. Días después nos daríamos cuenta que, caminando, hubiéramos tardado la mitad en llegar al piso.

En fin, que una parada de metro después y poco andar, ya estábamos en el portal del edificio esperando a Marta (la dueña) que resultó ser Antonella, que nunca supimos quien era, pero nos dio las llaves y nos explicó el funcionamiento de la casa. Minutos después íbamos al supermercado a comprar las cosas para el desayuno que, obviamente, fueron acompañadas por una serie de "extras" innecesarios, pero deliciosos.

Dejamos las compras en casa y salimos a dar una vuelta por el barrio. A todo esto, ya eran las 7 de la tarde y el día se estaba haciendo pesado: madrugón, aeropuerto, vuelo, tren, metro y compras, era demasiado para tan poco tiempo. Aprovechamos un happy hour en Panella, sitio maravilloso donde los haya, donde disfrutamos de una copa de vina blanco y unos buenos platos de comida del buffet, todo por 10 euros. Caso aparte la lasaña con berenjenas, que era para coger la fuente y sentarse a comer...

Vuelta a casa y a descansar, que el resto de los días ya habría tiempo para más, pero sin antes completar la vuelta alrededor de la casa para saber qué teníamos cerca.

Como no tengo fotos de estos instantes cotidianos, acompaño con una imagen general de Roma tomada desde la cúpula de San Pedro (que merece capítulo aparte), para abrir apetito sobre lo que vendrá en las próximas entregas.

martes, 15 de febrero de 2011

Ay, la tecnología

Mensaje para todos quienes pensaron que me pasé el viaje a Roma conectado al blog:

Dejé las entradas programadas para los días que iba a estar fuera. Durante los 6 días del viaje no tuve correo ni internet. Fue una desconexión total y estuve desenchufado sin ningún tipo de problema. ¡Todo sea por Roma!

Pero la tecnología nos supera y nos permite hacer cosas que no pensábamos hace pocos años. Mientras yo escribía en mi cuaderno de viaje, disfrutando del papel y la tinta, "Tomás en Europa" -gracias a Blogger- iba subiendo cosas de forma automática para preparar mi regreso al mundo virtual. Toda una lección de tecnología.

Cara de Tomás en viaje

Cara de Tomás en viaje... Ya llegué de vuelta a Madrid, pero estoy agotado. Mañana a ver si me explayo más y comienzo el relato de las aventuras. (Foto: Restaurate Ivo, Trastevere)

lunes, 14 de febrero de 2011

Saray - Quiero cantar

Como a esta hora, habrá Operación Triunfo (si es que no me han cambiado la programación), me gustaría recordar a una de las mejores voces -y no soy el único que lo dice- que han pasado por la Academia: Saray y "Quiero cantar".

En el Vaticano

Hoy es el día del Vaticano. Entradas compradas y, si el sistema funciona bien, podremos entrar fácilmente a conocer todo lo que hay por ahí. Seguro que será todo un descubrimiento y un momento de gozo, otro más que se suma a todos los del viaje.

A estas alturas, ya habré paseado por muchos lugares y habré juntado una excesiva cantidad de fotos para llenar, todavía más, los discos duros (sí, en plural), que rodean mi PC. Fotos que, para tortura vuestra, irán llenando muchos de los posts inmediatos y futuros...

Pero no lo hago para despertar envidia, sino para compartir muchas de las cosas que me ocurren, para seguir compartiendo mis viajes, mis vivencias, muchas cosas públicas y algunas privadas. Siempre hay algo de exposición en un blog. Por muy ligero que sea el tema, a todos se nos ve el plumero en los posts y las palabras que lo componen.

No importa. Este tipo de exposición no me preocupa, porque escribir es lo que hago para vivir. Tarde o temprano, alguien tendrá que leer lo que escribo para seguir viviendo de ello...

domingo, 13 de febrero de 2011

Cambio de blog (por unos días)

Durante estos días de vacaciones, el blog que me acompaña es otro. Se fue conmigo a Nueva York hace año y medio, y hoy está conmigo en Roma. En él apunto las historias de cada día, para no perder detalle. Me veo sentado en un café, cuaderno abierto y boli en mano para ir rellenando las líneas en blanco con anécdotas, impresiones, datos, recuerdos y momentos. Pese a que siento una conexión especial con mi teclado, me gusta recuperar de vez en cuando la sensación del papel, de sentir que la mano se mueve a un ritmo particular según la historia que esté contando. ¿Cuántas páginas llenaré?
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