miércoles, 17 de marzo de 2010

¡Viven!


Cuando me las regalaron, me dijeron que, lo más seguro, era que no vivirían mucho tiempo, que se caerían las flores y que tardaría en volver a florecer. Pues no. Gracias a unos intensos cuidados (regarla con poca agua dos veces por semana), no sólo han sobrevivido las orquídeas, sino que se han multiplicado notablemente.

Los tejados de Cáceres


La mañana del soleado domingo último, me regaló una foto de Cáceres no a pie de calle, sino desde las alturas. Sin duda, no es una gran foto, pero es agradable ver como una ciudad te ofrece una mezcla de lo antiguo y lo nuevo, mientras disfrutas de un cálido sol ¡en pleno marzo!

Un gran regalo

Llevo tanto tiempo escribiendo entre líneas en el blog que, ahora, me cuesta evitarlas y sacar adelante las ideas, los textos, los subtextos. No, tampoco es que siempre escribiese entre líneas, así que los apasionados por los mensajes ocultos, pueden estar tranquilos, que no hay mapas del tesoro ni milenarias revelaciones.

En este blog hay lo que se ve: reflexiones cotidianas, ideas sueltas -a veces profundas, a veces superficiales-, hay mucho cariño y una imperiosa necesidad de escribir lo que se me venga a la cabeza. He compartido cuentos, poemas, canciones, comentarios de cine; he colgado fotos, crónicas de viajes; he agradecido, me he emocionado y, lo más importante, he recibido el apoyo y el cariño de mucha gente a través de comentarios y correos electrónicos.

También me he escondido y he renacido. Me he sentido solo y he tenido buena compañía. Ahora puedo decir que lo disfruto plenamente, sin complejos y en libertad. Las personas se construyen de cosas buenas y malas, de fortalezas y debilidades, de miedos y de bravura, de amor y recelo. No hay más. No podemos aspirar a la perfección, sino convivir con nuestras imperfecciones y las de los demás. Aprender a querer y querernos por lo que somos y no por como somos.

Cada día me aburren más los rumores, las malas intenciones, las ganas de vivir la propia vida a través de los demás. Hay quienes disfrutan con el dolor ajeno, con su vulnerabilidad, con esas imperfecciones de las que hablaba. Quizás hace unos años yo era así, simplemente para no enfrentarme a mis propios fantasmas. Hoy me encuentro más sereno, más maduro o, como decía algunos post atrás, me siento cómodo conmigo y con mi mundo. La sabiduría y la seguridad que nos van dando los años son un gran regalo si sabemos usarlos.

lunes, 15 de marzo de 2010

Después del Festival de Cine de Cáceres

Después de un fin de semana de casi no parar: los preparativos, el viaje, la cena de bienvenida, las copas de después; el desayuno, la presentación del libro, la comida, la siesta, la gala, el cóctel y casi, otra vez, las copas; y el desayuno del último día, que se extendió toda la mañana hasta que, como no, nos fuimos a comer. El último café, las últimas impresiones y el regreso a casa. No obstante, ha sido un fin de semana muy entretenido, interesante y con muchas cosas para recordar.

El reencuentro con los compañeros de revista y, algunos, de asociación. La puesta al día, la discusión o la puesta en común de distintas ideas, donde todos tenemos espacio para argumentar y defender. Conocer caras nuevas y ponerle un rostro a los nombres con los que, mes a mes, compartimos páginas. Simplemente fue de lo mejorcito que tuvo el fin de semana, además de no haber pagado prácticamente nada. ¡Gracias a quienes nos invitaron!

La gala, a la que entramos por una larga y concurrida alfombra roja, podría ser mejorable pero para mí tenía el encanto de la primera vez. Fue presentada por la gran Rosa María Sardá, una actriz como deberían ser muchas. Israel puso la vara alta en el agradecimiento de su premio a mejor colaborador de la revista y, de ahí en adelante, todos los premiados intentaron ser graciosos. Creo que pocos lo lograron.

Personalmente, puedo decir que tuve mi momento de complicidad con la Sardá por culpa del frío, pero duró poco. Con el resto de "estrellas" poco contacto, aunque compartíamos zona VIP, nos encontrábamos en todos los saraos y éramos víctimas del mismo recelo de los cacereños ante tanta exclusividad. No tardamos ni 10 minutos en salir del redil y hacer una vida "normal". Balance positivo.

Ha sido toda una experiencia conocer el Festival, disfrutar nuevamente de Cáceres, y compartir estos días con grandes y buenas personas. La foto no es la mejor en calidad, pero en calidez y buena compañía, es de las mejores. Esta fue la comida del domingo, post-festival y después de un largo desayuno al sol (lo que se evidencia en la mancha roja que cubre mi frente y parte de mi calva).

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