Aprendí


Aprendí tantas cosas cuando volé solo. Aprendí tanto cuando pude ver las cosas por mis propios ojos. Aprendí tantas cosas cuando comprendí que mi verdad no era única ni era la mejor. Aprendí tantas cosas cuando comencé a abrazar y no a juzgar. Aprendí tantas cosas cuando conseguí estar en paz conmigo mismo...

Aprendí que el amor no son mariposas en la tripa, sino que son las pequeñas cosas del día a día que te hacen sonreír.

Aprendí que la amistad no son reproches del tiempo que pasa, sino darte cuenta de que todo sigue igual aunque el tiempo pase.

Aprendí que el trabajo no es solo algo que te da dinero a fin de mes, sino que debe ser aquello que te hace feliz y te hace pleno.

Aprendí que la familia no se compone únicamente de padre, madre e hijos, sino que la familia es el grupo de personas que te abrazan, te reconfortan y te dan amor.

Aprendí que hay personas que pasan, otras que se van y vuelven, otras que se despiden para siempre y otras que siempre estarán contigo, aunque no estén.

Aprendí que el respeto es más importante que la ira, que la tolerancia es una palabra horrible y que no somos nadie para decidir qué es normal y qué no.

Aprendí que tu tierra no se limita al lugar en el que naciste, sino donde tu corazón se posa en cada momento.

Aprendí que las banderas y las fronteras separan, y que lo que realmente nos une es el sentimiento de pertenencia a uno mismo y a otras personas.

Aprendí que lo que nos hace personas son nuestros derechos, nuestros sentimientos, nuestros deberes y nuestros amores, pero no nuestras ideas políticas ni nuestros credos ni nuestras nacionalidades.

Aprendí que somos imperfectos y que debemos abrazar nuestras diferencias, pero nunca dejar que las individualidades nos aislen de los demás.

Aprendí que la valentía y la locura están separadas por una estrecha línea, pero que es mejor pedir perdón que pedir permiso.

Aprendí que la constancia y la tenacidad son el único camino para alcanzar los sueños, y que los atajos solo generan problemas.

Aprendí que un "No" no es el fin del mundo, pero sí una nueva oportunidad para seguir adelante y alcanzar una mejor versión de nosotros mismos.

Aprendí que en la vida hay personas, seres humanos sin etiquetas, que no necesitan una categoría establecida para mostrar su valía.

Aprendí que no todo es blanco o negro, sino que el abanico de colores es tan amplio como personas haya en la tierra.

Aprendí que no hemos aprendido nada y que volvemos a cometer una y otra vez los mismos errores.

Y aprendí que eso no nos hace mejores ni peores. Nos hace humanos. Nos hace incompletos. Nos hace ser quienes somos.

Aprendí a estar en paz con eso y así seguir aprendiendo.

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