viernes, 24 de junio de 2011

Viernes lánguido

¡Vaya días de calor que llevamos! El verano no se ha hecho esperar e inaugura temporada por todo lo alto (del termómetro). Mientras, me preparo para escribir el próximo artículo de la revista de cine y sigo con mis actividades habituales. Queda menos, eso sí, para que empiecen las vacaciones de uno de mis trabajos, lo que me dejará tiempo libre para otras cosas o al menos eso espero...

Y hoy me acuerdo de alguien durante todo el día. 21 años ya. ¿Por qué nos cuesta tanto decir "te quiero"? Ahora pienso que debería haberlo hecho todos los días. Somos así. Igualmente, "te re-quiero, nonna"... más vale tarde que nunca.

Es un día lánguido...

miércoles, 22 de junio de 2011

Mejor, no vayamos por ese camino

Hablando del movimiento 15-M, tema reiterativo -¡anda!, uno de los trending topics en el mundo real- e interesante por estos días, alguien decía hace poco que era necesario que aclarasen sus propuestas y que fuesen identificables sus líderes.

Error fundamental de quienes intentan restarle importancia a un movimiento social apartidista. El 15-M tiene voceros, representantes, caras, pero carece de una cúpula de líderes. Por el contrario, sí es asambleario y pretende ser lo más democrático posible. El 15-M somos todos, muchos y muchas, más y menos comprometidos. En cuanto a las propuestas, el manifiesto de intenciones es muy claro desde el principio. Sí, muchas de ellas son reclamaciones muy generales, pero no es tarea del movimiento presentar proyectos de ley precisos o establecer un programa electoral claro (cosa que tampoco hace Rajoy segun "The economist"), porque no está dentro de sus competencias.

Entonces, ¿qué se le está exigiendo al 15-M? No confundamos las cosas ni, mucho menos, intentemos desprestigiarlo por ese camino, porque los dos partidos mayoritarios salen perdiendo en ambos casos: una política poco clara, palos de ciego en el gobierno y en la oposición para mantener y aumentar las cuotas de poder de cada uno... Mejor no vayamos por ahí.

Y cuando no hay más argumentos, recurren a la violencia que se produjo en Cataluña. Evidentemente, no estamos de acuerdo con eso. Pero tampoco podemos desvirtuar todo el trabajo que se ha estado haciendo por unos pocos grupúsculos enajenados. Así no nos quedarían políticos (todos corruptos o puteros si seguimos la regla generalizadora negativa), sacerdotes (todos abusadores o pederastas), militares (todos asesinos de gélido carácter); padres y madres (maltratadores); amigos (traidores), compañeros de clase (abusadores)... Tampoco es un buen camino a seguir para continuar la discusión.

¿Cuál será el siguiente intento por echar abajo el 15-M?

martes, 21 de junio de 2011

Apología del terracismo

Sí, lo reconozco. Soy terracista y de los más peligrosos. No hay cosa que me guste hacer más en el verano de Madrid que sentarme en una terracita a disfrutar del aire, de la gente, de lo que se ve. En las terrazas ocurren muchas cosas, pasa mucha gente, cambia el entorno, se discuten temas profundos alrededor de una caña, se cuentan intimidades entre olivas, se echan unas buenas risas entre patatas fritas... se repasa lo divino y lo humano, llega unos, otras se van. Se amplían, se reducen, se pasa calor, se agradece el viento fresco. Nada como un café con hielo, un tinto de verano bien hecho, una horchata, una caña...

No me queda más remedio que comenzar un grupúsculo terracista. No somos violentos -salvo algunas señoras al acecho de mesas o silla libres- pero sí somos ruidosos. Es lo único malo. Pero todos llevamos algo de terracistas en el interior. Seguro que somos miles...

lunes, 20 de junio de 2011

"El pabellón"

Como no todo en la vida es reivindicación, aunque mi "tostado manifestación" así lo haga creer, ayer por la noche fui a ver "El pabellón", una obra de teatro original de Craig Wright, guionista de series como Perdidos (Lost), Cinco hermanos (Brothers & Sisters) o A dos metros bajo tierra (Six feet under).

La obra nos plantea la unidireccionalidad del tiempo como argumento en una historia de amor/desamor que quiere volver atrás y cambiar los errores del pasado. Pero ni la vida ni el universo lo permiten.

El trabajo de los actores se desenvuelve con soltura, aunque si tenemos que caer en las odiosas comparaciones, el narrador multipersonaje y la mujer, Kari, se llevan los mejores momentos. El papel de Peter, desde mi punto de vista, peca de excesiva languidez. Pero la suma de todos es positiva y deja con buen sabor de boca.

La mínima escenografía, resuelta con inteligencia, funciona perfectamente para enmarcar la historia de este reencuentro durante los 80 minutos de duración. Emotiva, profunda y con un par de momentos geniales en el guión -y también un par de observaciones a la literalidad de la traducción textual- nos invitan a un viaje en el que se destapan los recuerdos, el dolor y la fragilidad del ser humano, sumido en un conformismo inconformista de la vida que les ha tocado.

Buen trabajo del equipo de actores/productores y una buena forma de cerrar un fin de semana tan intenso como veraniego. Les auguro un largo recorrido por las salas de Madrid y de toda España.

El Pabellón (Con Ángela Encinar, Javier Picos y Juan Carlos Martínez, de izquierda a derecha en la foto).
Desde el 16 de junio al 3 de julio de 2011. De jueves a domingo, 21h.

Teatro Guindalera
C/ Martínez Izquierdo, 20
28028 Madrid
Metro Diego de León (salida Azcona)
Bus 12 y 48
Tel. 91 361 55 21
www.teatroguindalera.com
info@teatroguindalera.com

No somos desechos andantes


La manifestación del 19-J en Madrid -y en todas las ciudades de España y del mundo donde se replicó- es una muestra más del descontento general. ¿Por qué estamos indignados? Pues por muchísimas cosas: una desconfianza generalizada en los representantes políticos, en la banca, en aquellos "entes superiores" a los que llaman "mercados", que emulando a Von Trier, vienen a ser algo así como "el jefe de todo esto", ese aquel a quien no conocemos, no podemos identificar, pero que es el culpable de todos los males del mundo.

Wikipedia, súmmum de la sabiduría colaborativa, dice del mercado que es "cualquier conjunto de transacciones o acuerdos de negocios entre compradores y vendedores. En contraposición con una simple venta, el mercado implica el comercio formal y regulado, donde existe cierta competencia entre los participantes". ¿Es que aquellas transacciones se han vuelto en nuestra contra y nos quieren joder la vida? No. Las transacciones no son los culpables. Nosotros tampoco. Detrás de todo está la banca... El concepto de "mercados" se utiliza como un eufemismo abstracto para no poner caras y difuminar la culpabilidad de la crisis. Pero nosotros sabemos quienes son.

En una conversación telefónica alguien me decía que no se pueden exigir soluciones inmediatas. No, todos sabemos que el mundo no funciona así. La historia es un proceso social, político, cultural, económico, humano. Lo que queremos es que alguien genere un cambio, alguien que se atreva a levantar la voz desde el oficialismo, desde el Gobierno. Por eso el cántico de "que no, que no, que no nos representan", porque ninguno de los elegidos por votación popular ha sido capaz de golpear la mesa y decir basta.

Todo son un manojo de buenas intenciones, pero nada de acción. Y ya nos cansamos de los largos y densos discursos de la otrora reivindicativa izquierda, que no hacen más que recurrir a arengas manidas y populistas. Nos cansamos de la boca llena de libertades que ofrece la derecha, pero libertades aunadas con lo económico, dejando camino a esos "mercados" para que manejen la vida de todos a su antojo. Si es por eso que estamos como estamos, porque nadie ha puesto coto a su glotonería monetaria y nos han conducido hasta el agujero actual con total impunidad.

Como leí en algún sitio: ¿Por qué el enriquecimiento de los bancos es privado, pero la deuda es pública? Es de esas cosas que los "mercados" nos han intentado meter en la cabeza. Si no, preguntádselo a los islandeses. ¿A cuántas empresas han salvado los gobiernos de la quiebra? ¿A cuántos autónomos han rescatado? ¡A ninguno! ¿Cómo no vamos a estar indignados?

Veo cada vez más incompatible el concepto de Estado de bienestar con las aspiraciones libremercadistas. Control, regulación, respeto, humanidad. La vida no es de comprar, usar y tirar. La vida es de todos y todas, no solamente de aquellos que se pueden permitir pagar por ella. Pero vamos hacia allá. El modelo que se propone para la España de los próximos 5 años es precisamente ese: vender, privatizar, tener dinero momentáneamente y endeudar aún más a los ciudadanos, que tendrán que pagar por todo en el corto y medio plazo. La salud gratis será un bonito recuerdo; la educación pública se someterá a la concertada, aumentando la brecha sociocultural de las clases acomodadas y las trabajadoras; los derechos laborales serán -ya lo están siendo- vapuleados por las empresas. Adiós a la negociación colectiva, a los estatutos de los trabajadores... Adiós a tantas cosas que, cuando queramos darnos cuenta, serán páginas en los libros de historia. La lucha europea de tantos años por una sociedad más justa y equitativa es una batalla casi perdida.

Pero allí están y estamos quienes levantamos la voz, quienes levantamos las manos, quienes nos emocionamos al ver a la ciudadanía en la calle, quienes creemos que esto es un momento histórico que depende de nosotros, no de los otros, no de los demás, no de los de más allá. No somos perroflautas o desechos andantes como nos han llamado en cierta despreciable prensa. Mucho menos somos ilegales. Somos ciudadanos, personas, individuos, familias, trabajadores, soñadores, niños, jóvenes, adultos y viejos que queremos una vida digna, que queremos que se nos tome en cuenta, que queremos recuperar lo que se está perdiendo. No somos borregos y no nos callaremos. Las calles están para llenarlas, para expresarnos, así como las redes sociales y todos los medios de comunicación que tenemos a mano.

Muchos pensaron que el 15-M se quedaría en un episodio curioso de 2011. Las revueltas en muchos países no serían más que una cosa puntual, una anécdota para el recuerdo. No señor, aquí estamos, aquí seguimos y seguiremos. Queremos que se nos oiga, que se nos tenga en cuenta. Queremos cambios o la intención de modificar algunas cosas. Queremos vivir dignamente, queremos trabajar dignamente, queremos que el ser humano vuelva a ser el centro de la ecuación y no una variable a desechar en función de los intereses económicos de unos pocos.
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