
Llevaba años sin recuperar el éxito mundial que significó El guardaespaldas (The bodyguard) y la banda sonora que la coronó en la cima, pero que también fue el principio del fin. Cuando se consiguen esas alturas es muy difícil volver a tocarla. El problema fue que su descenso fue demasiado rápido y estrepitoso. 170 millones de discos, múltiples premios y una larga lista de fans por todo el mundo la convirtieron en un icono de la música. Pero, a partir de su tormentoso matrimonio con Bobby Brown, todo se vino abajo: drogas, abusos, malos tratos, problemas con su hija y muchas historias que llenaron la prensa amarilla y rosa, terminaron por destruirla.
Abucheada en algunos de sus últimos conciertos por, literalmente, no poder dar la nota, Whitney preparaba un regreso -uno más- que la traería de vuelta a la gran pantalla. No sé si, estratégicamente, alguna multinacional encontrará grabaciones inéditas suyas y editará un álbum aprovechando el tirón emotivo de su partida, pero seguro que algo veremos en las próximas semanas. Solo espero que no sea tan malo como el "legado" de Amy Winehouse, otra que nos abandonó demasiado pronto.
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