Víctima

martes, 28 de marzo de 2017



A Nabila le arrancaron los ojos por ser mujer. Su cráneo y sus dientes estaban destrozados después de ser golpeada con una piedra. Nabila es madre de cuatro hijos. Nabila ha sido víctima de un acto de violencia. Nabila es una superviviente…

Hace casi un año, Chile se despertaba conmocionado por un caso de violencia de género que destacaba entre los demás por dos cosas: su brutalidad y porque ella sobrevivió. Nabila Rifo ha declarado esta semana en contra de su agresor, su expareja y padre de sus dos hijos, contando su experiencia de maltrato y agresiones.

Pero la defensa del agresor se aventuró en una serie de preguntas sobre la vida sexual y las preferencias de la víctima, como argumento para desprestigiar su testimonio y culpabilizarla del acto de violencia que había sufrido. ¿De verdad es eso posible? Sí, lamentablemente sí.

Incluso hoy, 28 de marzo de 2017, puede ocurrir algo así. Todavía se sigue culpando a la víctima de violación como fuerza tentadora ante el débil e hipersexuado macho; todavía hay quien se cree el mito que una mujer prostituida está ahí porque quiere, porque le gusta; aún perpetuamos comportamientos “masculinos” y “femeninos” desde la más tierna infancia; todavía normalizamos la cosificación del cuerpo de ellas y otros tantos comportamientos que transmiten mensajes erróneos a nuestras hijas e hijos.

Pensemos un momento en un cuento: él es el héroe, el príncipe valiente y aguerrido; ella, el premio que le espera a él después de su aventura… Parece inocente, pero no lo es. Ellos se educan en un entorno sociocultural donde ellas son algo que les corresponde, les pertenece, por ser hombres. Y esta es solo una pequeña muestra de lo que podemos encontrar en el currículo educativo, en el cine, la televisión, la publicidad, la música, la literatura… ¡Una historia sin fin!

La forma de luchar contra esto es la educación. Educación en igualdad, en respeto, en valores. Una educación que permita derribar estereotipos, ideas erróneas y construcciones sociales basadas en un patriarcado que ha hecho mucho daño. Tanto, que pensamos que Nabila puede ser menos víctima si ofrecemos evidencia de que tenía una vida sexual activa, de que había tenido o tenía más parejas… ¡¿Qué más da?!

Independientemente de la vida que haya llevado, Nabila, como muchas otras mujeres, no quería que le arrancasen los ojos ni que la golpeasen repetidas veces. Su vida sexual, activa o no, diversa o no, excitante o no, no debe utilizarse como una forma de restar crédito ni para reducir su condición de víctima de una agresión brutal que merece castigo... ¡Su pasado no puede funcionar como un atenuante para la condena de su maltratador!

Pero Nabila es mujer y no tiene grandes recursos. Y eso, lamentablemente, todavía parece ser un delito más grave que el cometido por un agresor despiadado.

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