Nadie se merece un trato tan poco humano

viernes, 3 de marzo de 2017


Mucho se ha dicho y escrito, en uno y otro sentido, en cuanto al autobús que recorre las calles de las principales ciudades españolas con el mensaje "Los niños tienen pene y las niñas tienen vulva. Que no te engañen", en respuesta a la campaña de Chrysallis "Hay niñas con pene y niños con vulva. Así de sencillo. La mayoría sufre cada día porque la sociedad desconoce esta realidad", en favor de la visibilización del colectivo trans.

No voy a entrar en el análisis profundo de una campaña mezquina, ignorante y que incita al odio, porque no quiero hacerlo. Pero sí tengo que comentar algo que me ha dolido mucho: la reacción en redes sociales de algunas personas que se preguntaban cuál sería la respuesta de quienes, como yo, exigimos tolerancia y respeto.

Me parece un golpe muy bajo plantear siquiera esta idea: exigir tolerancia y respeto hacia el colectivo LGTBI+ no es comparable a incitar el odio a través de una campaña como esa. Efectivamente, exigimos su retirada. Pero no porque su pensamiento sea contrario, sino porque es una campaña sucia, desinformadora, que niega una realidad vigente y que, además, promueve la intolerancia, el odio y el ensañamiento con el colectivo trans que ya, de base, lo tiene mucho más complicado que cualquier otro en una buena parte de los ámbitos de la vida.

Por ponerlo más fácil: explicar que existen personas trans y que efectivamente hay niños con vulva y niñas con pene, no hace daño. No pervierte ni fomenta nada. No daña, no hiere, no segrega. Al contrario, visibiliza una realidad y la hace cotidiana, siempre dentro de su proporción minoritaria. No la extiende porque no es una plaga. No contagia porque no es una enfermedad. En cambio, la reacción que se ha generado sí que busca precisamente la intolerancia, la invisibilización y la negación. ¿Se entiende la diferencia?

Además, comentarios como "yo no estoy de acuerdo con la transexualidad" son casi tan ridículos como decir que "no estoy de acuerdo con los zurdos" o "no entiendo a las personas que tienen ojos azules". La orientación sexual y la identidad de género deben dejar de ser entendidas como "opciones" (de ahí lo erróneo de hablar de "opción sexual"). Nadie; repito, nadie ha escogido ser una de las “letras” del colectivo LGTBI+. Simplemente lo somos porque lo somos, sea una cuestión mental, genética o “ambiental”. Y eso, con o sin campañas, no cambiará quienes somos.

No obstante, podemos sensibilizar a la gran mayoría para comprender distintas realidades que, aunque minoritarias, están presentes en el día a día de nuestra sociedad. El problema no viene del hecho de que seamos intolerantes con la intolerancia ni que impidamos la expresión libre de pensamientos contrarios. Cada persona es libre de pensar lo que quiera, pero siempre que ese pensamiento no haga daño a nadie. Ejerza su derecho a pensar libremente, pero hágalo con respeto y con amor. Y, si no consigue pensar con respeto y amor, mejor guárdese sus pensamientos para sí mismo.

Que yo me exprese como gay a usted no le afecta. Puede gustarle o no, evidentemente; pero no altera su vida ni provoca un daño social (que es el argumento de muchas personas que sí buscan imponer su criterio de manera universal). Mi vida como hombre gay, así como la vida de una persona trans, no envenena a nadie ni incita al odio. 

Pero una campaña nefasta como la de este autobús, radicaliza a la sociedad y fomenta el rechazo hacia el colectivo trans, lo invisibiliza y busca restarle el derecho a expresarse libremente. Procura negar la posibilidad de la “vida buena” a una minoría todavía muy invisibilizada a través de algo tan oscuro y retorcido como el odio, el rechazo y el miedo. Y nadie se merece un trato tan poco humano.

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