Clinton 1 - Trump 0

viernes, 23 de septiembre de 2016

Llevo varios días dándole vueltas a este post. Para ser exactos, creo que más de una semana... Y todo surgió a raíz de un comentario en una conversación con un amigo donde hablaba del "peligro" que tiene Hillary Clinton porque era una "arpía".

¿Una arpía?, pregunté yo. ¿Por qué dices eso? Bueno, porque es una tía que tiene claro dónde quiere llegar y lo que quiere conseguir. O algo así, no recuerdo las palabras exactas. ¿Desde cuándo es delito tener objetivos claros y tener ambiciones profesionales? Que yo sepa, Trump desea lo mismo, pero nadie dice de él que es una arpía (sus problemas fundamentales vienen de otro sitio, pero no de ese).

Y es que el ansia de poder, en una mujer, está mal visto. Y ese es uno de los principales problemas para ellas en esta sociedad machista y heteropatriarcal. Que Trump sea un cerdo misógino y ambicioso, sediento de poder, de fama y de éxito, lo convierte en un triunfador, en un modelo a seguir, replicado por la televisión a través de programas que hacían gala de sus dotes y talentos para los negocios. Pero a nadie se le ocurriría hacer algo parecido con alguna ejecutiva. Para ellas, programas de realidad donde las muestran como marujas sin sustancia, histéricas, vacías y apenas preocupadas por su apariencia (como todas las versiones de las housewives que hay en EEUU).

Hace pocos días Hillary estuvo en el programa de Jimmy Fallon y abordaron el tema de que las mujeres son criticadas por su dureza. No es la primera vez que se habla de esto, ya que no hace mucho también una revista mencionaba que se incorporó en la campaña presidencial a Chelsea, la hija de los Clinton, para dar una imagen más blanda y cercana de su madre, para que la gente la viese como abuela y mujer de hogar, cariñosa y emotiva. ¿En serio? ¿En pleno siglo XXI?

Tal como decía Hillary, si tratas temas de relevancia nacional o internacional, ya sea como Secretaria de Estado o como senadora, ¡tu cara no puede ser un circo! Tienes que abordarlos con seriedad y responsabilidad, que es lo que se espera de ella cuando se le nombra en el cargo que corresponda.

Creo que es tiempo de empezar a abandonar estos estereotipos absurdos de hombre duro y mujer blanda, de proveedor y cuidadora, de triunfador y arpía. La igualdad no viene solo por la equiparación de salarios o responsabilidades, ni menos por la paridad obligada a golpe de decreto (aunque eso puede ayudar a visibilizar el problema). La igualdad real se consigue modificando el lenguaje y, desde ahí, la construcción cultural que tenemos de nosotros como seres sociales.

Critiquen a Hillary, así como a Trump, por sus dichos y sus hechos, pero no por lo que tienen entre las piernas y que, supuestamente, debería definir sus vidas y su forma de trabajar. Ambos son candidatos a la presidencia de una superpotencia y, como tales, es evidente que son ambiciosos. Pero ella no es una arpía ni el un ganador por querer conseguirlo. El hecho de que sean un hombre y una mujer debería ser un detalle insustancial en esta carrera. Lo fundamental es conocer qué quieren hacer una vez que lleguen al poder, entender sus programas y pensar en cómo van a ejecutar sus políticas durante los próximos años. Mirándolo así, al menos para mí, solo pueda haber un único resultado: Clinton 1 - Trump 0.

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