El mundo está como está...

martes, 19 de abril de 2016


El mundo está como está no porque yo bese a mi marido, sino porque está lleno de religiones que proclaman amor, pero lo hacen a través de la polarización y del rechazo al diferente; que exigen respeto por sus creencias, pero atacando las de los demás; que hablan de igualdad, para luego ser instituciones arraigadas en un machismo profundo, clasistas y homófobas; que hablan de perdón y misericordia, pero son prejuiciosas, promueven la intolerancia y son muy dadas, además, a sentirse poseedoras de una superioridad moral desde la cual critican, sentencian y apuntan con el dedo a quien no cumple sus preceptos.

El mundo está como está no porque se promueva el matrimonio igualitario, sino porque hemos dejado de pensar en colectivo para pasar a ser seres individuales y egoístas, únicamente preocupados por el bienestar y la prosperidad capitalista, sin detenernos a pensar en las injusticias de un sistema que se nos ha vendido como el único que vale, basándose precisamente en sus resultados económicos y dejando de lado las brechas sociales que genera. Nos hemos olvidado del prójimo y solo tenemos conciencia del ego.

El mundo está como está no porque exijamos derechos para el colectivo LGBTI, sino porque estamos dejando morir a nuestro planeta y no estamos haciendo nada al respecto. Las catástrofes se generan a raíz de la avaricia desmedida disfrazada de crecimiento y desarrollo solo para unos pocos privilegiados, cuando los efectos, finalmente, los sufriremos todos, sin distinción.

El mundo está como está no porque dos mujeres o dos hombres se besen, sino porque hemos perdido el respeto por las personas, por su identidad y por su diversidad, tendiendo a homogeneizar y uniformar a la sociedad bajo un equivocado concepto de libertad democrática, que no tiene nada ni de libertad ni de democracia. Seguir ocultando las diferencias y las corrientes alternativas con el miedo como bandera, no genera nada más que crispación y conflictos. La convivencia debe abrazar la diversidad, no condenarla.

El mundo está como está no porque haya mujeres y hombres trans, sino porque nos creemos dueños de una verdad que no se contruye de forma individual ni localizada, sino que se crea a partir de la experiencia común de toda la sociedad. La verdad real es la que nos involucra a todos como los seres humanos que somos, sin dejar a nadie fuera del panorama. Todas las otras verdades a medias, las que separan, seleccionan y restringen, no son más que ideas interesadas de lo que debería ser una sociedad, pero excluyendo a grupos, etnias o colectivos; es decir, creando subsociedades y generando conflictos entre ellas.

El mundo está como está no porque se haya izado la bandera gay, si no porque la educación ha fallado como agente cívico y social, no por culpa de la comunidad educativa, sino porque hemos dejado que se convierta en un negocio y deje de ser un derecho; porque hemos permitido el lucro por encima del bienestar sociocultural y porque hemos dejado en manos de otros y otras las tareas que nos corresponden como padres, madres y tutores. Educar no es solo instruir en conocimientos académicos, sino en criar seres humanos sociales e independientes, amorosos y preparados, inteligentes y con humanidad, con conciencia social más que individual, y abiertos a un mundo diverso y complejo, que nada tiene que ver con fronteras, divisiones culturales o religiosas.

El mundo está como está no porque haya personas como Ellen De Generes, Ricky Martin, Miley Cyrus o Caitlyn Jenner, sino porque hemos confundido la solidaridad con la caridad. La solidaridad debería ser la demostración del amor por el que está a nuestro lado, por otros seres humanos, desde una posición de igualdad y de conciencia social. La caridad es la ayuda, esa que llamamos humanitaria pero que no tiene nada de humanidad y sí mucho de pose, de posicionamiento social y mucho de lucimiento personal, de ponerse estrellas. Además, la caridad suele hacerse desde una posición de superioridad, de ayudar "al más necesitado", pero con distancia y sin ensuciarse las manos.

El mundo está como está porque hemos olvidado lo que es amor, respeto, fraternidad, solidaridad y vivir en una sociedad diversa y abierta. El mundo está como está porque hemos aprendido a ser egoístas, egocéntricos y porque justificamos todos nuestros errores en los demás en vez de hacernos responsables de ellos.
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Nota: Este post nace porque alguien compartió (sí, compartió... ¡qué curioso!) mi post anterior (http://tomasee.blogspot.com.es/2016/04/chile-y-el-matrimonio-igualitario.html) diciendo que el mundo está como está por culpa de las personas LGBTI y pedía piedad para nosotros y nuestras almas...  Por mi parte, no podía dejar de hacer un repaso de las verdaderas razones.

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