Un gay de verdad

viernes, 18 de diciembre de 2015


Construir una pareja, una vida en común, no es tarea fácil. Tengo la suerte de que en mi caso, en nuestro caso, no ha sido complicado o no lo he sentido así. Lo cotidiano es muy llevadero cuando se ponen en perspectiva las pequeñas cosas, esas que a muchos les minan el amor, pero que realmente no son relevantes para el objetivo final: la convivencia sana, feliz y agradable.

En el último capítulo de Happy Together (Televisión Nacional de Chile, TVN, 2015), creo que fue Julio quien hizo referencia a la frase del título: un gay de verdad. E inmediatamente se me encendió este post en la cabeza. Creo recordar que hacía referencia a que los homosexuales somos personas como cualquier otra, que ocupamos un lugar en la tierra y respiramos el mismo aire que todos los demás. Y si bien es algo tan cierto y tan obvio, para muchos no resulta tan claro.

Nuestra pareja funciona como cualquier otra: compartimos sueños, sentimientos, ideas locas y terrenales; trabajamos y tenemos espacios para el ocio; pasamos mucho tiempo juntos y también tenemos nuestros momentos en solitario. Viajamos, reímos, comemos, dormimos, entramos y salimos. Cuidamos de nuestra casa, hacemos la compra y la comida, quedamos con amigos, vemos a las familias y un largo etcétera.

Un día cotidiano: suena el despertador, beso de buenos días y a comenzar con las duchas, el desayuno y el trabajo. Tenemos la suerte (o no) de trabajar en casa los dos y, según se den las cosas, uno u otro se encarga de compras, almuerzo y lo que sea. Después de comer descansamos un rato en el sofá mientras vemos alguna serie y volvemos a la carga toda la tarde. Cenamos, vemos algo, trabajamos si todavía queda algo pendiente y a la cama.

La verdad es que nos queda poco espacio para fiestas, plumas y discotecas. No vamos por la calle acosando a niños ni a hombres para "convertirlos". No nos pasamos el día comprando ropa o maquillaje, accesorios caros o planeando viajes a sitios paradisiacos. No tenemos tiempo (ni ganas) de machacarnos en el gimnasio y el poco deporte que hacíamos quedó relegado temporalmente hasta volver a tener la suficiente libertad horaria para hacerlo. Es la vida, es lo que hay.

No mantenemos reuniones con otros y otras del colectivo LGBT para planear campañas de presión ni para someter al mundo con nuestra ideología gay. De hecho, no tenemos ni conocemos esa ideología. No vamos a mítines ni a encuentros secretos para cambiar el mundo a nuestro favor. Tampoco quedamos en los baños de las grandes tiendas ni en los aparcamientos para mantener fugaces relaciones sexuales con otros hombres. No somos promiscuos ni nos disfrazamos para salir por las noches a quemar las calles...

Quizás así nuestra vida parezca aburrida. Diría que es más bien sencilla. Nos damos los gustos que podemos, compartimos muchos momentos y, sobre todo, nos amamos como cualquier otra pareja en la Tierra. Mi día no es el mismo si él no está, pero eso no significa que el mundo deje de girar. Soy mucho más feliz con él que sin él, eso es evidente, pero el amor es así. Eso es un gay de verdad. Eso es, más bien, una persona de verdad. Alguien que siente, quiere y ama, que quiere vivir, que quiere compartir su intimidad con otro o con otra, que quiere tener los mismos derechos que los demás. Que tiene días buenos y días malos, que se cae y se levanta, que acompaña y se deja acompañar.

Otra de las cosas que me hace reflexionar la serie de TVN es que, incluso aquí en España, los homosexuales estamos en cierta forma "determinados" a querernos públicamente -de lejos- y amarnos en privado. Hay espacios en los que no se me ocurre siquiera tomarle la mano a mi marido para evitar problemas. Pero luego pienso, ¿por qué debo tener miedo a demostrar mi amor, a simplemente tener un gesto de cariño con mi pareja de hace más de 11 años? Eso es injusto y me resulta muy violento.

Muchas veces, si me despido de él en el Metro, en el autobús o en un lugar público lo hago de lejos, con los ojos, con un gesto, por el simple hecho de no atreverme a darle un beso, un simple beso de despedida. No estoy hablando de calurosos escarceos. No, un beso para desearle un buen día, para decirle que lo amo. Como todos debemos tener derecho a hacerlo sin miedo a represalias, a que a la gente le incomode... Y eso que vivimos en un país medianamente civilizado en este tema.

Belén me decía hace poco que le había encantado ver en Facebook nuestra foto del beso el día de nuestra boda, porque es algo a lo que deberíamos irnos acostumbrando. Para mí fue un acto de reivindicación necesario y que tendría que hacer más a menudo, que todos deberíamos hacer por una cuestión de normalización.

Soy un gay de verdad, pero de verdad cotidiana, de la tangible, de la más aburrida, de la más segura, de la más normalizada. Y estoy casado con un hombre como cualquier otro (aunque para mí sea el más maravilloso del mundo). En la pareja aportamos por igual cosas buenas y malas, historias y fantasmas, sueños y alegrías, ganas y mucho amor. Como cualquier otro, como todos. Somos de verdad. Somos...

10 comentarios:

  1. Anónimo14:09

    que escrito tan espectacular y tan real.. me encanta.. El mundo se rehusa a prepararse para el verdadero amor..Dios los mantega unidos y felices siempre..

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por el comentario a quien lo haya escrito :) abrazos

      Eliminar
  2. buenas tardes guaooo excelente de verdad a los dos los felicito estoy muy de acuerdo de todo lo que leí tienes mucha razón todo es bonito es así respetando a los demás no se puede cambiar a todo a nuestro modo hay que hacerlo bien para estar bien entre los demás y te saludo desde Venezuela,,,, aunque aquí todavía no es legalizado ni nada todavía y de cierta forma se respeta aunque a veces no lo es así, solo que nosotros mismos no damos a respetar nuestra condición de amar sino que muchos lo hacen para llamar la atención de una manera no muy agradable de verdad me gusto lo que escribiste sentí que también tengo una historia así mas lindoooo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenos días, Yohanna. Muchas gracias por tu mensaje. La verdad es que por los mensajes que me han dejado en Facebook, en Venezuela todavía es un tema que genera muchas dificultades. Solo espero que pronto se pueda vivir y convivir con respeto y seguridad, sin que haya miedo a represalias. ¡Un abrazo.

      Eliminar
  3. Aún cuando no estoy de acuerdo con las relaciones entre parejas del mismo sexo, tengo que reconocer que me ha encantado tu escrito y me ha hecho reflexionar que quizás lo que no me gusta es el exibicionismo de algunas de estas parejas. Te felicito porque en tu escrito y sentír hay honestidad. de verdad me gusta ese amor .

    ResponderEliminar
  4. Creo que cuando los padres se oponen es por el hecho de lo no normal, por el peligro que corren , por las burlas . Los padres no queremos ver sufrir a los hijos y además queremos nietos . Los comprendo y los respeto , pero es una tarea ardua para uds. Dios los bendiga a todos . llevan mucho sufrimiento dentro,y ...la vida es para sufrir asi , por que sí.?

    ResponderEliminar
  5. Anónimo20:16

    Me encanto leer lo que escribiste, definitivamente es totalmente cierto lo que dices. Es dificil ser diferente a los demas, por no ser como el resto de la sociedad te tildan de "Marico, deprabado" pero mas dificil es vivir en el closep. en donde no eres feliz por miedo a mostrar lo que eres y que tus padres te rechacen, no importa tanto la sociedad porque de ellos no vivimos.Pero el peor rechaso es el de nuestros padres.
    Andreina Diaz https://www.facebook.com/zandresiet

    ResponderEliminar
  6. Tomás...ERES MARAVILLOSO! QUE SUERTE TENGO DE HABER COMPARTIDO UNA CENA CON USTEDES...ME EMOCIONAN ...ME HACEN SENTIR HUMANA...GRACIAS!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Paola, por tu comentario.

      Nosotros encantados del encuentro/reencuentro, así que tendremos que repetir pronto. Total, de momento lo tenemos muy fácil: ¡somos vecinos!

      Eliminar