Queda mucho trabajo... ¡Mucho!

sábado, 5 de diciembre de 2015



Tres cosas me han demostrado estas últimas semanas que todavía queda mucho trabajo por hacer en cuanto a la falta de educación y a la homofobia latente, vigente y persistente:

1. Que me hayan tildado de "revanchista" (sin esas palabras, pero en suma era eso) por publicar una noticia sobre la renuncia de un párroco en Chile, porque parece que siempre hablo mal de la Iglesia "por todo lo que tuve que aguantar", algo que jamás en mi vida he dicho, más allá de reconocer lo incómodo y desagradable que resulta que te digan que eres un "enfermo" y un "condenado a la soledad" por el hecho de ser homosexual.

2. Que haya quien todavía (incluso siendo quien es y viniendo de donde viene) siga diciéndonos a la cara (sin ánimo de ofender, ojo) eso de que "no sé cómo será el vuestro" porque solo he estado "en un matrimonio normal".

3. La entrevista que le hicieron a Jaime Parada, concejal por Providencia, en un programa de televisión que no recuerdo (ni me interesa), en la que el periodista no hacía más que recurrir a la homosexualidad del entrevistado para jugar con ironías bastante burdas y con un humor que, al menos a mí, me pareció ofensivo.

La verdad es que no me levanto por la mañana ni me acuesto por la noche con intención de joder a la Iglesia Católica o a cualquier otra, por la simple y sencilla razón de que no forma parte de mi vida. Como organización me parece completamente desprestigiada, además de turbia. Eso no quita que miles de personas hagan un estupendo trabajo en muchas acciones y que haya personas muy valiosas dentro; pero, sin duda, que la Iglesia como entidad para mí no tiene nada que decir hoy en día.

Creo en las personas, no en las organizaciones, ni menos en las que no son transparentes e incoherentes. Tampoco tengo especial interés en enlodar la vida del párroco en cuestión porque no le conozco. Simplemente informé con los datos que tenía hasta el momento y que, por ahora, son los únicos que se tienen. Todo lo demás es cuestión de fe.

En cuanto a lo segundo, sé que no hay malicia alguna en sus palabras. Lo sé, pero me molesta que persista esa idea de "normalidad" y "anormalidad", incluso cuando el tema le toca bastante de cerca. Vale que es una persona a la antigua y de otra época, pero las excusas no siempre son válidas y la gente debe aprender a evolucionar. ¿Cómo? A través de la educación.

De la misma forma que es incorrecto que una señora llame "defectuosas" a las personas con diversidad funcional, me niego a seguir siendo llamado "anormal". Por eso falta educación, falta realizar más intervenciones, crear más espacios de contacto, dar más visibilidad y seguir trabajando...

Y respecto al tercer punto, a Jaime Parada no le pareció mal (se lo pregunté por Facebook y comentó que era "Te entiendo. Pero opté por dejar de vernos a nosotros mismos como víctimas y reírnos un poco. Un abrazo!"), pero a mí, por un lado, me sobró por completo ese "humor" lamentable y muy poco gracioso; y, por otro lado, no es una cuestión de tomarse las cosas más a la ligera ni de vernos a nosotros mismos como víctimas (porque nunca me he sentido víctima de nada y cuando publico este tipo de cosas no es para que me tengan pena), sino precisamente para educar, para enseñar que no está bien hacer preguntas íntimas ni de doble sentido a una persona, independientemente de su orientación sexual.

¡Queda mucho trabajo! ¡Mucho! Y si queda todavía por hacer aquí en España, en Chile...

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