It gets better (and better)!

lunes, 30 de noviembre de 2015


La verdad es que todavía no puedo creer la última semana. Incluso hoy, 8 días después, me cuesta procesar toda la información recibida. Pero voy a intentar descomponerla para ir, poco a poco, repasándola...

1. La sorpresa. El domingo pasado era un domingo cualquiera en casa: levantarse con calma, desayunar, ducharse, ver algunas series y relajarse, que para eso están los fines de semana. Después de comer, a eso de las 16:15, suena el telefonillo (el citófono en Chile) y, sin ver a nadie por la cámara, oigo una voz que dice: "Subo pedido de Telepizza". Independientemente de lo absurdo del mensaje en mi actual vida sin gluten y de que nadie en casa había encargado nada, la voz de mi hermano era inconfundible. Pero olí que no venía solo... Después de comentarlo con Ivor, caí en la cuenta de que era mi padre el acompañante. ¡Sorpresón! Ya tenía una representación de mi familia chilena para el martes.

2. La reacción. Lo que más esperaban todos era ver mi cara de sorpresa. Curiosamente, siento que me sorprendí menos de lo que esperaban. No solo porque, atando cabos, sentía que algo pasaba; pero, sobre todo, es que la impresión fue rápida y dio paso a una sensación de felicidad y tranquilidad. Todo resultó tan natural y me resultó tan fácil verlos sentados en nuestro salón, que de grandes desmayos me quedé con una sensación "calentita" ante esa muestra de amor.

3. Madrid. Paseamos a las visitas todo lo que pudimos por la ciudad, sobre todo por "nuestro" Madrid: lugares preferidos, dónde habíamos trabajado, vivido, etc. Además, por supuesto, los hitos que creemos son los más relevantes. A ratos parecía que no se interesaban mucho por la "historia" de cada lugar o la razón por la que habíamos llegado allí con ellos, pero sé que en su memoria y en la de su teléfono, se fueron varias imágenes para el recuerdo.

4. La boda. El martes era el gran día para nosotros y voy a intentar repasarlo entero. Nos levantamos como cualquier día normal, aunque debo decir que estaba especialmente feliz. Ya había dicho antes en este blog que me parecía muy raro que llegase el día de mi matrimonio, cuando durante años ha sido (y sigue siendo en muchos países) un tema de gran discusión. Pero sí, nos casamos con todas las de la Ley y tenemos los mismos derechos, deberes y garantías que cualquier otra pareja casada bajo la legalidad española. ¡Y nadie puede quitarnos eso! Es nuestro, es legal, es reconocido y está hecho. Es un Matrimonio con mayúsculas, pese a quien pese.

Desayunamos en familia, nos vestimos y nos fuimos al Registro Civil donde, tras una breve espera, entramos a casarnos. Sin pensarlo, reunimos a un grupo maravilloso de personas que nos acompañaron durante todo el día: la familia directa (mi padre y el de Ivor, mi hermano y la hermana de Ivor), los amigos (Sara y Pablo -los testigos/padrinos-, Sonia, Mar, Soraya, Greg, Marina, Belén, Coco, Andrea, Moira, María, Víctor, Carolo, Celine, Ana y Begoña) y nosotros.


En el vídeo (¡Gracias Belén!) se puede ver el momento de la ceremonia y el beso. ¡Mi voz no se oye! Como no sabía muy bien qué responder, apenas se escucha mi sí, pero lo digo fuerte y claro: ¡SÍ!

5. La comida. Desde el principio habíamos planeado casarnos y ya. No nos gustan los "bodorrios" ni nada que se le parezca. Y, como además era un martes, jamás pensamos en contar con la convocatoria que tuvimos. Pero esa falta de organización fue uno de los puntos altos: sin estrés, comimos en uno de nuestros rincones favoritos (en el que al menos habíamos pedido un lugar para nosotros) y la comida estaba deliciosa: ensaladas, raciones de jamón y de croquetas, lubinas a la sal, chuletones, patatas y tarta de Santiago. Todo muy familiar, muy casero y, por supuesto, delicioso. La Esquina Ibérica es siempre una apuesta segura para nosotros. Además, lo mejor es que todo el mundo se integró, compartió y participó, lo que fue para nosotros uno de los grandes regalos del día.

6. La "intervención". Pasada la comida y una larga sobremesa, decidimos volver a casa. Nada más entrar, tuve que intentar comprender qué pasaba...


La casa estaba llena de globos, citas y flores (además de especias y "granos" que iríamos encontrando después al final de cada globo). Había una tarta sobre la mesa con dos figuras que nos representaban. Intentando descifrar cómo y cuándo había ocurrido todo eso, a cada paso veía algo nuevo y más cosas por todo el piso. ¡Menuda sorpresa! (Otra más). Nos emocionó mucho ver todo el trabajo y el amor que habían puesto los artífices de la sorpresa (Celine, Víctor, Carolo, Nacho y David) para llenarnos la casa de luz y color. Para mi padre fue la constatación definitiva de que, cito, "tienen unos amigos que valen un tesoro". A partir de ahí, todo fue relax y gozo: café, infusiones y las impresiones del día, además de historias compartidas cerraron un día esencialmente redondo.

7. El resto de la semana: transcurrió entre paseos, comidas, trabajo y descanso. Seguimos llevando a las visitas chilenas por Madrid y alrededores cuando el tiempo nos lo permitía, además de acompañarles y hacer que su estadía fuese lo más cómoda posible. ¡Lo intentamos de todo corazón! Hoy ya están de vuelta en Chile (aterrizados recién) y esperamos que hayan disfrutado este viaje de locos de apenas una semana, únicamente para venir a acompañarnos en esta semana tan importante para nosotros.

Hemos recibido muchísimo amor y cariño desde distintas partes. Facebook ha sido la herramienta de comunicación esencial en este proceso y me gustaría agradecer a todos quienes han dado a "Me gusta", han comentado o han enviado mensajes: ¡Sin ustedes esto no hubiese sido igual! ¡Gracias, gracias y más gracias! Estamos felices, contentos y recién casados, que es lo que queríamos. Nos seguimos amando igual o más que hace 11 años y medio. 

Y yo, aunque ya lo había hecho, doy por enterrado al fantasma de aquel gay de provincias que tenía tanto miedo y que siempre pensó que moriría solo, sin haber podido nunca amar ni ser amado (con todo lo cursi que eso suena, pero la adolescencia es muy macabra a ratos... y todos tenemos un pasado). Ahora soy un hombre casado, feliz y pleno. No es que el matrimonio haya cambiado nada en ese sentido, porque ya era feliz y pleno. Pero ahora he podido ejercer un derecho aquí que se nos niega en tantas partes, y eso me satisface profundamente. Seguiré luchando, en todo caso, para que haya muchos y muchas como yo que puedan ejercerlo. El matrimonio civil es un derecho de todas y de todos.

It gets better (and better)!

A punto de cumplir los treintaytodos

jueves, 12 de noviembre de 2015


Quedan 4 días para cumplir los 39 y no estoy ni cerca de una crisis. Más bien estoy plenamente feliz.

Si bien soy de la idea de que la felicidad tiene que ser una cuestión ajena a los factores externos, entiendo que estos nos acercan o nos alejan de ella, o nos hacen pensar que nos acercamos o nos alejamos de esa idea de felicidad.

¿Qué es la felicidad? La verdad es que no sabría describirlo, pero creo que tiene que ver con un estado mental, con una sensación (o un cúmulo de ellas), con una cuestión que se vive o se percibe, y que no hay que racionalizar.

Lo primero, y cada vez que lo pienso me hace más feliz, es que salí del armario por la puerta grande hace unos años. Mi mayor miedo en la vida, ese que me acompañó durante tanto tiempo, se disipó por completo: mi familia se quedó conmigo, de mi lado, acompañándome, abrazándome como siempre. Me lo pusieron tan fácil, de una forma que hasta en mis mejores fantasías jamás resultó tan simple, tan amable, tan amorosa... Ellos han sido el mejor apoyo durante tanto tiempo y tienen mi admiración y mi respeto para siempre. ¡Todo mejora, chicxs!

Lo segundo es que amo y me aman. Como ya dije en mi último post, durante mucho tiempo pensé en que me quedaría solo, que nunca compartiría mi vida con nadie. La vida en Talca no me daba muchas más perspectivas (tampoco en Santiago ni en Concepción, los otros lugares donde viví). Pero ahora entiendo que no era cuestión de lugar, sino de mí mismo: me cerré a cualquier posibilidad de amar de verdad, de querer. Me venció el miedo y me consumió durante años. Ese fue el mayor dolor, el mayor problema. Y no vino de fuera... lo hice yo solo. En cambio ahora, estoy con el hombre que amo y con el que me voy a casar en 12 días (¡no queda nada!) y, lo mejor, es que puedo decirlo libremente, sin que me tiemblen las manos ni se me apague la voz. No me avergüenzo ni dejo que los demás lo hagan. Será un matrimonio legal, real y lleno de amor. Y a quien no le guste, pues que no se preocupe: no me voy a casar con usted, así que no hay problema.

Lo tercero es que hago cosas que me gustan: mi trabajo, si bien tiene más y menos, siempre se queda en una suma positiva y me da muchas satisfacciones. No podría ser otra cosa que periodista en la vida. El trabajo de editor y redactor me resulta fascinante, y lo que hago con la comunicación a través de redes sociales me motiva de forma permanente a encontrar formas nuevas de conectar, de llegar a los usuarios, de comunicar. Y mis libros de cocina me tienen absolutamente encendido y lleno de actividades. Además, varios proyectos, personales y colectivos, acaban por consumir mis horas de vida, pero a la vez me dan tanto y aprendo tanto, que no podría dejarlos ni decir que no a los que vengan.

Lo cuarto, y que es algo reciente, es que la vida sana es mejor de lo que nunca hubiese pensando. No sé cuánto va a durar ni quiero hacer un discurso al respecto, pero estoy en un momento de bienestar que, a pesar de lo complicado que resulta, es altamente gratificante en cuanto a sensaciones positivas, a notar mejoras en batallas que había dado por perdidas y a darme cuenta de que si uno está bien física y emocionalmente, hay algo de vicio, de poder, de adrenalina, de endorfinas, de qué sé yo, pero que es maravilloso poder sentirlo.

Lo quinto, y último, es la buena compañía en general. Grandes amigas y amigos, la posibilidad de hacer lo que me gusta, de darme algún gusto de vez en cuando, de poder viajar... No por la cuestión superficial de "popularidad" o "lifestyle", sino porque me gusta saber que formo parte de la vida de otras personas, así como ellas forman parte de la mía. Es muy bonito sentirse parte de algo y de alguien, como seres individuales que somos. Porque en la amistad no soy el marido de o el hijo de, sino que soy yo, con todo lo bueno y lo malo que arrastro. Y eso tiene mucho valor. Por eso, para mí, la amistad es tan importante y por eso le dedico tiempo a cuidarla.

¡Felices (casi) treintaytodos para mí!

Siempre pensé que iba a estar solo...

miércoles, 4 de noviembre de 2015


Cuando decidimos casarnos, lo hicimos sobre todo por cuestiones prácticas: la formalización civil de nuestra unión nos iba a dejar protegidos en una serie de cuestiones que ya comenté en el post 6 razones por las que me caso, y que se resumen en temas de protección en caso de que al otro le pase algo y de acceso a decisiones médicas que sean de relevancia, sin que nadie más pueda mediar en el proceso.

Evidentemente también había un componente romántico, pero después de una convivencia de 11 años, es poco lo que un papel podría cambiar nuestra vida. Para nosotros, en realidad, ya estamos casados hace mucho tiempo. Este paso que damos es una mera formalidad, pero eso no le resta ni un mínimo de ilusión.

Pero esta mañana me he dado cuenta de otra cosa: me hace inmensamente feliz casarme, más de lo que pensé cuando empezamos todo el proceso. Y la razón es muy simple: es una vuelta de tuerca a un destino que en mi adolescencia parecía imposible, cuando todo el proceso idealizado del amor, el sexo y la pasión comenzaban a bullir en mi cabeza y en mis hormonas.

Siempre pensé que iba a estar solo y que no podría ser feliz con nadie. Que sería el tío solterón, el que va a todas partes sin compañía, el que nunca "hizo su vida" por comodidad, por maña o por lo que sea. Idealicé potenciales matrimonios heterosexuales ("normales" como les llamaba en mi cabeza), pero de forma recurrente llegaba a la misma conclusión: sería incapaz de ser feliz. A pesar de esa idea de soledad futura, tenía la esperanza de que mi vida fuera distinta. Y por suerte lo fue...

Ahora que me caso me doy cuenta de que, a pesar de las (pocas) dificultades y momentos tristes, estoy con la persona que amo, puedo vivir con él y seguir planeando una vida juntos. Lo conocí por casualidad y me enamoré de la misma manera. Y, a pesar de que la sociedad (la chilena sobre todo) es reticente a la idea de que dos hombres hagan su vida como una pareja formal con todos los derechos y deberes que eso implica, me siento absolutamente privilegiado por poder hacerlo con quien yo elegí y que, da la casualidad, también me eligió a mí.

Es para mí un logro y una alegría. Más cuando mi familia ha estado apoyándonos y queriéndonos desde que lo supieron. Justamente ayer, a raíz de otra pregunta, me volvieron a brindar todo su amor y buenos deseos para ese momento. "Veo que ustedes son felices y eso es muy bueno para nosotros", me dijo mi madre. Y mi padre escribió que "la decisión que ustedes asumieron de casarse es una decisión consensuada y personal de ambos. Y tienen todo el derecho a hacerlo".

¡Cómo no me voy a sentir feliz! Después de tantos años de ocultarme, saber que ellos siempre han estado conmigo y que nos han acogido a ambos de forma tan natural, a pesar de todo lo que les costó procesarlo, es algo de lo que estaré eternamente agradecido. Sé que no ha sido fácil, pero a nosotros nos lo han hecho sentir muy fácil, muy amable, muy cómodo. Ellos y toda la familia, porque ha sido cuestión (y trabajo) de todos. Para vosotros va todo nuestro amor y agradecimiento.