No mejor, distinto (carta abierta a quienes se quedaron)

viernes, 16 de octubre de 2015


Me molesta mucho cuando alguien dice “quién se cree este (o esta)… porque vive en el extranjero, se siente superior…”. No, no me siento mejor que tú por ninguna razón. Es más, probablemente mi tendencia a infravalorar mis capacidades siempre haga que me sienta inferior. Pero es algo con lo que he aprendido a lidiar y que no frena un ápice mis ganas de hacer cosas, de probar experiencias, de conocer gentes y lugares. Tampoco te da a ti ninguna ventaja sobre mí…

El hecho de haber cambiado de país y de viajar me hace mejor persona, pero no en relación a ti (de verdad tienes que aprender a que el mundo gira sobre su eje y no a tu alrededor). Me hace mejor en cuanto a mi experiencia vital, a mi forma de ver el mundo, a mis ganas de aprender y de conocer, a la capacidad de comprender que en realidad no somos nadie y que seguramente más del 90% del resto de habitantes del planeta ha tenido que enfrentar cosas mucho más duras que las que me pueden haber tocado a mí.

Eso me hace más libre en cuanto a poner en perspectiva mis desgracias de mierda y darme cuenta de que no son nada comparables con quien no tiene libertad, quien vive con miedo, quien no puede sentir libremente, quien está sometido o quien ha sufrido alguna catástrofe, quien ha perdido sus amores (todos ellos, de todos los tipos) o quien no ha sabido nunca amar ni ser amado. Y también me hace más sabio, porque me deja tiempo para pensar y para hacer, para ocuparme en vez de preocuparme. Pero no me hace mejor en cuanto a ti ni a los demás. Como decía, solo me hace mejor a mí en cuanto a mí mismo, en cuanto a una versión mejorada de lo que era.

Echar de menos me ha hecho más fuerte y me ha permitido valorar los vínculos sentimentales que tengo con las personas de mi vida y con los lugares en los que he vivido. A la vez, me ha permitido olvidarme de lo irrelevante y de lo innecesario, de lo que parecía profundamente fundamental, pero que realmente no tenía importancia.

Conocer otras culturas me ha enriquecido como persona (siempre hablo con respecto a mi yo anterior) porque me ha permitido mirar con otros ojos cosas y dudar de lo tajante, de los absolutos y de las verdades infalibles. Me ha llevado a conocer otras historias, otras realidades, otras personas que me han dado mucho, que me han enseñado mucho y que han marcado mi trayectoria vital. Pero ojo, ellas tampoco son mejores en ningún sentido, sino que son diferentes. Y ahí está la riqueza: en la diversidad.

Salir de un entorno uniforme y estándar me ha dado herramientas nuevas, conocimientos nuevos, ideas nuevas, aprendizajes nuevos, valores nuevos, amores nuevos, sentimientos nuevos, miedos nuevos, certezas nuevas… Me ha permitido conocerme mejor y aprender a dejarme conocer por los demás tal como soy, sin esconderme. Ya no necesito esconderme de mí, ni de ti, ni de nadie. Pero no porque esté en otra latitud, sino porque me siento en paz conmigo mismo y con quien siento que debo estar en paz.

Aprendí a que me sobran los dobleces, a que la vida de los otros no es importante para vivir la mía y a que soy el único que tiene incidencia en lo que consigo y en lo que soy. Lo que haga el vecino o el político de turno no modifica mi existencia; me lo puede poner más fácil o más complicado para seguir, pero en realidad no afecta a mis objetivos ni al camino que día a día me trazo para seguir adelante.

Sí, sigo adelante. Camino ese camino que empecé hace más de 11 años cada día. Es largo… He tenido días de tormenta y muchos meses de sol y calma. He cruzado montañas y océanos, pero no de los geográficos, sino de los emocionales, que son mucho más escarpados y profundos. Me caí y me volví a levantar. Es más, cada día me caigo y me levanto, porque cada día es un aprendizaje nuevo.

Me cansé de dejar mi destino en las manos del destino y de acusar a la suerte de ser la fuente de todos mis males. Estar lejos del escudo protector de mi familia y de mis amigos, salir de ese metro cuadrado en el que nos movemos a diario, me ha permitido hacerme responsable de mis logros y de mis fracasos. Nadie más tiene la culpa de lo que me pase que yo. Nadie me castiga y nadie me aplaude o me coge en brazos para llevarme. El camino es mío y soy yo el que lo anda cada día.

Y nada de esto me ha hecho mejor que nadie. Nada de esto me ha puesto en una posición superior. Nada de esto tiene nada que ver con nadie más que conmigo mismo. Porque lo he hecho por mí y para mí. Ya no miro los éxitos ni las caídas de los demás como la medida de mis éxitos y mis caídas. De hecho es poco lo que miro, porque no tengo un interés morboso en compararme, en envidiar o en sentirme mejor con respecto a nadie. Resulta muy liberador llegar a ese punto donde lo relevante es celebrar con quien quieres aquello que merece ser celebrado y acompañar a quien realmente necesita un apoyo, un hombro, una mano.

Soy de cultivar muchas amistades y de mantenerlas en el tiempo. Pero de hacerlo, lo hago con las que me alimentan el alma, el corazón y la mente. Las otras se quedaron atrás, simplemente porque no tenemos puntos en común. No porque sea mejor que tú (que a estas alturas espero que te haya quedado claro), sino porque soy distinto al que era y porque seguí adelante. Pude hacerlo.

Esto no significa que nunca vaya a volver al principio, a donde empezó todo. Quizás la vida me lleve al mismo punto geográfico; pero, aunque vuelva allí, nunca volveré de la forma en la que me fui. Lo haré siendo distinto, queriendo distinto, sintiendo distinto y viviendo distinto. No mejor, distinto.

2 comentarios:

  1. Lina17:42

    Me ha gustado mucho este texto Tomás y lo valoro en tanto que tenemos puntos en común como en los que no tengo y quisiera tener, hace tiempo comprendo que ser libre significa realmente eso quitarse todos los dobleces y las posturas para ser nosotros mismos, valorarnos y valorar lo que nos hes conocido y lo que no lo es, no usar las comparaciones para calibrar nuestros logros, sino compararnos siempre con nosotros mismos para superarnos y ser mejor, aprender a disfrutar el camino con sus subidas y bajadas en fin trabajo en ello y al leerte me gusta ver que no voy mal enrumbada aunque me falta mucho por recorrer aún, pero es refrescante e inspirador leerte e identificarme, felicitaciones por los logros y por lo que falta por aprender siempre con una nueva visión que reinventas a cada dia, Enhorabuena Tomás

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    1. Muchas gracias por tus palabras, Lina. Es un viaje interesante...

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