¡No confiéis en los críticos!

jueves, 23 de abril de 2015

Esta es mi intervención de hoy en el Hospital Universitario Severo Ochoa, en Madrid, durante la premiación del 5º Certamen de Relatos Breves en el marco del Día del Libro.

Quería compartirlo en el blog con todos quienes quisieron venir, pero no pudieron.

Aquí estoy con el director del Hospital Severo Ochoa, con uno de los ganadores del Concurso de Relatos Breves y con Paulino, de la Libre del Barrio.

Estoy encantado de estar aquí hoy, 23 de abril, en el Hospital Universitario Severo Ochoa. Es un desafío contener los nervios y alzar la voz cuando uno está acostumbrado a comunicarse con el mundo a través de la palabra escrita. No obstante, gracias por alejarme de mi teclado y por haberme invitado a participar en este Certamen de Relatos Breves que va ya por su quinta edición, y que surgió como iniciativa de la Biblioteca y del Gabinete de Comunicación del Hospital Severo Ochoa para conmemorar el Día del Libro. ¡Qué mejor ocasión que este día para celebrar juntos hablando de algo que va atado a la literatura desde el principio de los tiempos! La crítica. Esa detestada y necesaria compañera de viaje de cada autor, de cada artista, de cada creador.

Si soy totalmente sincero con vosotros, no me siento crítico. Nunca me ha gustado reconocerme como crítico. No he salido de ese armario todavía y creo que nunca lo haré.
Hace tiempo me invitaron a una asociación de personas amantes del cine con una finalidad que me pareció muy interesante: devolver la crítica cinematográfica al público, a la tierra, bajarla del Olimpo en la que se encontraba y entregársela al público con un afán lúdico y llamativo, pero sin perder de vista su misión educativa y forjadora de la cultura. Me equivoqué y nos equivocamos. Cuando la crítica choca con el ego, el resultado es un esperpento… Y precisamente es la Era del Ego aquella en la que estamos viviendo, donde las cámaras de los móviles y las redes sociales ostentan una relevancia omnipresente en todo lo que hacemos, en cada paso que damos, en cada obra que creamos, sea cual sea su naturaleza…

 

¿Cómo ha cambiado la crítica en esta Era del Ego?


La llegada de las redes sociales y la comunicación multidireccional de la Web 2.0 nos han convertido a todos no solo en potenciales autores (de tweets, de entradas en un blog, de comentarios en Facebook… incluso nos ha dado la posibilidad de autopublicar libros de cocina, como es mi caso), sino que también nos ha abierto las puertas a una democratización libertina de la crítica, que ha acabado por vaciarla de contenido y de valor.
Que exista el canal no nos convierte en expertos. Sí, nuestros comentarios pueden llegar potencialmente a todo el mundo, pero debemos pararnos a pensar en su utilidad, en su aportación social y cultural, en su valor inherente, en su esencia. La crítica sin contenido, la crítica vacía, la que solo busca la polémica y no la construcción de una conciencia cultural, debe comprender su posición y volver a ocupar el lugar secundario que le corresponde. Y eso se consigue a través del desarrollo de una competencia digital adecuada en las generaciones, presente y futuras, es decir, educándoles en la corrección, la responsabilidad, la cultura, los valores sociales, la historia, los derechos y deberes que nos corresponden a todos como ciudadanos. No se trata de coartar la libertad de expresión, sino de aumentar exponencialmente su valor y su aportación a la sociedad en su conjunto. De lo contrario, corremos el peligro de convertirnos en lo que me ha dado por denominar como:

- Críticos por error: esta tipología es la basurilla, es el apéndice extirpable y nada necesario del universo de la crítica. En el mundo digital se le llama troll al personaje que solo participa para incordiar, para ser inoportuno, inadecuado y, sobre todo, para decir cosas sin fundamento con el mero ánimo de provocar. Seguro que habéis pensado en uno o en más de uno ahora mismo. Sí, hay críticos por error. Que solo por hablar alto y golpear la mesa con resultados positivos para sí mismos, han decidido hacer de sus carreras una sucesión de ataques vacuos, de percepciones muy particulares e interesadas, de traspasar a sus seguidores todas y cada una de sus manías personales, de sus fobias, sus carencias y sus debilidades. Y eso, en mi cabeza, no es más que una persona que ha equivocado el camino y que ha sido subyugada por su propia necesidad de reconocimiento. Una generalización, probablemente, casi con seguridad que sí. Pero es una generalización útil en cuanto somos capaces de ponerles rostro a estos personajes crueles, egoístas y egocéntricos que pueblan los medios.

Todos podemos criticar, pero eso no nos convierte en críticos. Y así como no debería existir el concepto de opinólogo, solo por el hecho de dar opiniones particulares, subjetivas y la mayoría de las veces irrelevantes, la crítica de las artes en general y de la literatura en particular, debe ser un trabajo profesional, de aspiración educativa e iluminadora, capaz de contextualizar una obra en un entorno social, cultural, político y económico, en definitiva en su historia, para poder obtener de ella sus aportaciones y particularidades. La valoración estilística, la belleza de la prosa o el verso, la dramatización o la comedia de situaciones, son elementos secundarios que guían al potencial lector, pero que jamás deberían convertirse en la válvula que abra o cierre las posibilidades de éxito de una obra. La crítica literaria, vista así, es necesaria a modo de filtro ante los múltiples estímulos a los que nos enfrentamos a diario, pero jamás debe convertirse en la voz única, porque resulta peligroso, sectario y altamente subjetivo depender de ella. La crítica debe siempre motivar al lector a crear su propia opinión con un conocimiento más profundo del contexto desde el cual nace y en el cual se inserta, para comprender mejor su complejidad o su simpleza. Y en esta categoría encontramos a los:

- Críticos de profesión: aquellos que consiguen aproximarse a una obra no solo desde sus propias experiencias como lectores, sino que son capaces de reconocer, descubrir y potenciar todos aquellos detalles inherentes a ella, como la historia y el contexto de su autor, no solo en la actualidad, sino desde su nacimiento, su desarrollo y hasta durante todo el proceso de escritura. Son, además, capaces de dibujar un marco sociopolítico de la época en la que se desarrolla la historia, pero siempre desde la perspectiva que el autor pudo haber tenido a la hora de componer la trama, y de situarla en ese espacio-tiempo que la han convertido en un relato único, en un verso irrepetible, en un diálogo arraigado a su propia escena.

 

¿Cuál es entonces la diferencia entre crítica literaria y crítica a secas?


La crítica literaria es arte en estado puro: requiere no solo un buen nivel de comprensión lectora, de uso del lenguaje y una apertura de miras, sino también exige del crítico un conocimiento histórico, sociocultural y filosófico, que le permita dibujar el tiempo y el espacio que retrata la prosa o el verso, pero también aquel del que emana: las circunstancias de su autor, su contexto político, económico y personal. Es tarea ardua ser crítico literario… Y, como no estamos todos preparados para ese nivel de profesionalidad, aparecemos los:

- Críticos por afición, es decir, quienes como yo intentamos hacer lo mejor posible con cada obra, con cada trabajo. Y es precisamente lo que quise hacer en esta ocasión con los relatos breves que participaron en este concurso: procesarlos no desde el contexto en el que cada uno está escrito, porque lo desconozco, sino desde el sentimiento, desde lo que vuestras palabras han conseguido transmitirme como lector, como periodista, como editor y como autor. Técnicamente no soy un crítico, pero sí hago crítica. Y la hago desde mi experiencia personal, desde mi triple trabajo como autor, periodista y editor. Pero, sobre todo, la hago desde el amor que siento por la lectura desde que aprendí tempranamente: a los 4 años me pasaba horas leyendo enciclopedias y cuentos, porque me fascinaban sus imágenes, sus contenidos, sus textos, sus mundos, sus creaciones, sus realidades y sus fantasías. Y así quise que me abordasen vuestros relatos... Siempre agradeceré la motivación pedagógica de mis hermanos mayores por introducirme tan pronto no solo en el conocimiento de las operaciones matemáticas básicas, sino, sobre todo, en el maravilloso mundo de las letras.

 

¿Cómo enfrento personalmente una crítica?


- Abordando cada obra como una unidad y sin comparación: cada obra debe ser situada en un contexto, sí. Pero no siempre contamos con esa información y muchas veces, quizás, podemos llegar a cargar de prejuicios ese entorno que abraza a la obra si no acometemos dicha empresa con responsabilidad, seriedad y profesionalidad. Por eso, cada obra es lo que es y debe ser comprendida en su universo, en sus pretensiones, en sus objetivos y en el resultado de su cometido. No toda la literatura puede medirse con El Quijote, con Tolstoi o con Ana María Matute. Ni debe hacerlo. Mi libro de cocina es lo que es, no es una novela ni pretende serlo. No es un cuento, no es un poema. Pero sí tiene una historia, un relato de mi relación con la cocina, de mi familia y de mis sentimientos. Pero sigue siendo un libro de cocina y así debería ser entendido y valorado. En el caso que nos reúne hoy, vuestros relatos son eso: relatos, independientes entre sí, con un hito en común –una frase– y la extrapolación de vuestros universos particulares a pocas, poquísimas líneas, en las que habéis contado esa historia que os rondaba, que pedía salir. Y así han sido valorados. Así los he disfrutado…

- También enfrento la crítica recurriendo a referencias populares y no elitistas. Si os digo que vuestro cuento me ha provocado lo mismo que la literatura ecuatoriana de los años 70 generaba en la población local al escuchar las reproducciones de esos textos en su lengua autóctona, mientras el calor abrazador del atardecer estival en la Isla Salango les recorría las venas… Lo más probable es que no os diga mucho, aunque la imagen puede ser que se haya formado en vuestra mente, pero realmente no aporta nada y solo me aleja a mí como crítico de vosotros como lectores y también como autores.

En el cine, en la música y en las artes en general tendemos a crear estas clasificaciones, siempre discutibles, siempre artificiales, entre lo bueno y lo malo, lo clásico y lo efímero, lo de calidad y lo inferior. Mi postura al respecto ha sido siempre la misma: quién se considera con la virtud necesaria para decirme lo que me tiene que gustar y lo que no. Eso ya lo sé o lo sabré yo una vez que lo haya experimentado. No necesito un juez que dictamine mis gustos, sino alguien que ponga luz sobre el mar de posibilidades a los que me enfrento cada día, en cada estantería de una tienda de libros, de una biblioteca…

- Por ello procuro siempre al comentar un texto evitar "apellidos" innecesarios, sobre todo aquellas etiquetas que juegan al desprestigio: literatura para mujeres, best sellers, de fácil consumo, de verano… Literatura es literatura, una película es una película. Sí, podemos y debemos reconocer que es de acción, romance o un dramón violinero, pero eso no debe provocar ningún sesgo en el criterio esencial del crítico como crítico que es. Los apellidos son la perpetuación de prejuicios y valoraciones muy personales sobre los demás y sobre lo que nos rodea.

Es evidente que de vuestros relatos, unos me gustaron más y otros menos. No puedo negarlo y hacerlo sería un engaño. Pero también es verdad que cada uno cuenta algo de vosotros, una experiencia, una sensación, una idea, y es allí donde radica su valor. Hay imágenes buenísimas, hay frases que dicen tantas cosas en tan poco…

Me gustaría agradecer esta invitación y la gran oportunidad de acceder a esa parte vuestra que se volcó en los relatos. Han sido grandes viajes y duras experiencias las que habéis tenido, y yo me siento feliz de haber sido testigo de una pequeña parte de ese camino. Enhorabuena a todos y a todas. Os animo a seguir escribiendo y a que penséis en la crítica como algo necesario, pero siempre desde la responsabilidad y desde la construcción de un mundo literario más rico, más diverso y con muchas voces interesantes que, por suerte, ahora podemos conocer mucho más allá de un libro: en un blog, en un periódico, en un ebook o incluso en Twitter. No dejéis nunca de buscar autores que os inspiren ni de crear vuestra propia historia, esa que podréis contar a todos los demás sin pudores ni reservas. Confiad en vuestro instinto como autores y en vuestro corazón como lectores. ¡Y buscad siempre un buen editor que os ayude!

Os recomiendo ser totalmente críticos con cualquiera que se defina a sí mismo como un crítico. Y no confiéis nunca en ellos… Al menos no ciegamente.

Gracias.

1 comentario:

  1. Anónimo17:51

    Como siempre, claro, preciso , sin adornos ni palabras rebuscadas, sin sentirse superior y buscando la manera de ser mas justo. A mi no me gustan los críticos, ni las críticas, solo me gusta que alguien conociendo, como tú dices, los entornos y razones me ayude a mejorar en cualquier ámbito de la vida.
    Tengo la seguridad que lo hiciste, como todas las cosas desde el corazón
    Nana

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