¡Muy agradecido!

domingo, 30 de noviembre de 2014




Aprovecho de compartir esta publicación por dos razones que me han llenado de alegría esta semana y por dos razones muy distintas:

1. Han publicado la carta que envié a mi familia hace unos años en la web mexicana enehache.com, y ya lleva una buena cantidad de "Me gusta" (aunque también unos cuantos "no me gusta" y "es agresiva").

2. Por el mensaje que me envió mi querida Carolina Alí, una amiga muy especial de mi época universitaria a la que, a pesar del tiempo que no la veo, le guardo un cariño inmenso y tengo muy buenos recuerdos de ella.

¡Gracias a tod@s quienes me habéis escrito y apoyado en este proceso! Muchos lo reconocen como un gran acto de valentía, pero yo creo que es una cuestión de supervivencia, de poder vivir tranquilo, de poder mirar a los ojos a quienes quiero y de poder estar en paz conmigo y con la gran persona que tengo a mi lado. No me puedo sentir más bendecido y afortunado por todo el apoyo, el cariño y por la grata compañía durante todo este viaje.

Y no como quieren que seamos...

viernes, 21 de noviembre de 2014

"Me da mucha tristeza leer opiniones de esta índole". Ese fue el mensaje que alguien (anónimo) dejó en mi blog esta madrugada en la entrada A ser gay no se aprende. Supongo que lo que le da pena (que en realidad es un miedo terrible a lo "distinto") es que se diga que los homosexuales podemos vivir libremente y tener los mismos derechos que los demás. O que se reconozca la diversidad de agrupaciones familiares. O que se eduque a los niños y a las niñas en un entorno de tolerancia y respeto. O muchas otras cosas que no vienen el caso, pero que seguro se fundan en alguna moral inculcada hasta la médula que le dice que lo gay es malo, caca, asco... Esa misma moral que le dice que ame al prójimo como a sí mismo, que respete, que no le desee mal a nadie, etc. Pero bueno, no voy a ir por ahí porque no es mi cometido. Y si alguien quiere entrar por ese camino, que lo recorra solo. Hace tiempo que la literatura dejó de ser una amenaza para mi vida.
Voy a hablar de la temida ideología de género, el disfraz maligno y perverso con el que se ha disfrazado la reivindicación de los derechos sociales de los homosexuales. Sí, derechos sociales; ni morales ni cristianos ni religiosos. Sociales y bien laicos, porque nada tienen que ver con la fe ni con la religión ni menos con la moral de ninguna práctica. Solo tiene que ver con cuestiones de derechos humanos, de miembros de la sociedad civil. Queremos poder casarnos, poder divorciarnos, poder tener la opción de adoptar hijos, poder salir sin miedo a la calle, poder amar a quien queramos, poder ser respetados, poder ejercer nuestros derechos y deberes como personas, como ciudadanos, como seres humanos.
No aspiramos a nada más ni hay una intención de homosexualizar a nadie. Uno, porque es imposible hacerlo. Y dos, porque no venimos a "contaminar" ni a "expandirnos", sino que simplemente venimos convivir. Cuidado, no queremos imponer nuestra ideología, sino solo ser aceptados. Y es evidente que su rechazo no es otra cosa que la imposición de su propia ideología.
No le pedimos que nos quiera ni mucho menos buscamos su compasión; buscamos poder amar libremente a quien queramos. No le pedimos que nos abrace o que nos reciba en su casa, sino que no nos apedree en la calle, ni nos torture ni nos golpee hasta la muerte. No le pedimos que nos aplauda, sino que no nos discrimine en el trabajo, en el colegio o en la Universidad, y que nos valore como las personas que somos, no como las personas que usted quiere que seamos. No le pedimos que nos tolere, pero sí le pedimos que nos respete.
El paso siguiente a ese respeto y a ese reconocimiento de derechos no es la legalización de la pedofilia ni de la pederastia; tampoco es el fin de la familia o de la sociedad, ni mucho menos del Estado; no es el fin del mundo ni ninguna plaga apocalíptica. Es simplemente la convivencia en sociedad de individuos que, como seres humanos que son, aprenden a respetar sus diferencias y a vivir en paz. Ese es el siguiente paso, no hay otro. Pero no hay ideología ni planes maquiavélicos, no hay castigos ni condenas celestiales o astronómicas; no hay señales ni predicciones... Solo hay una minoría que ha sido atacada, escondida, vapuleada, condenada y segregada durante siglos, que aspira a poder vivir en una sociedad libre sin miedo, sin arrasar con nada y simplemente respetando y pidiendo respeto. Disfrazarlo de otra cosa es un recurso pueril y enfermizo, mucho más retorcido que todas las cosas de las que se nos acusa y de las generalidades y clichés que se nos achacan por el solo hecho de sentirnos atraídos por personas del mismo sexo.

Perlas de sabiduría en las redes sociales

miércoles, 12 de noviembre de 2014

En medio de la polémica surgida de Nicolás tiene dos papás, he dedicado tiempo a repasar los comentarios que la gente ha hecho a través de Facebook, en Twitter y también en diversas páginas web.
 
Resulta curioso, por llamarlo de alguna forma, ver que el rechazo se basa en cuestiones que apuntan al daño social, cultural y moral que generaría la aceptación del matrimonio homosexual y la adopción de hijos, siempre basándose en evidencia "empírica" de personas que han sufrido o padecido haber sido criadas por parejas gay. Por supuesto, esta postura no se puede sostener cuando la evidencia se basa en generalizaciones de casos puntuales que, por muy trágicos que sean, no se pueden argumentar como realidades evidentes y contrastadas de todos los casos y, más aún, cuando por esa misma regla también se debería prohibir el matrimonio heterosexual por las mismas razones.
 
Dejando de lado todo lo demás, me preocupa que en la cabeza de muchas personas, de distintas generaciones, todavía se equipare a la homosexualidad con la pedofilia, con la violencia, con la promiscuidad y con otros muchos delitos. Sobre todo, cuando esa base no tiene ningún asidero científico que justifique esa correlación.
 
¿En qué mente retorcida la voluntad responsable de dos personas del mismo sexo que deciden tener una relación consentida es equiparable a la pederastia, a una violación o incluso a un asesinato?
 
Además, se recurre a la biología para "aclarar" que Nicolás no puede tener dos padres hombres biológicos, llegando a argumentar que es hasta anticonstitucional "mentir" a los niños. Pero eso es disfrazar la homofobia de legalidad, con una idea que, en el fondo, no tiene asidero. Nadie habla de "engañar" a los niños. No se trata de decirles que la mujer que le parió no ha tenido nada que ver en su historia (de hecho en el cuento ella forma parte de la vida del niño), sino de explicarles, como en el caso de cualquier adopción, de dónde viene y porqué vive con quien vive. Y eso es mucho menos engañoso que serpientes parlanchinas, papás noeles, ratoncitos o hadas de los dientes, querubines que disparan flechas y abejitas que ponen semillitas o cigüeñas que viajan desde Paris...
 
En fin, que el tema da para mucho y solo quiero compartir algunas de las "perlas de sabiduría" que se pueden encontrar en las redes sociales. Y las pongo con nombre y apellido, tal como las publican, porque ninguno de ellos es un comentario privado. Esto debería ser mucho más preocupante que Nicolás tiene dos papás.
 









 

¡Váyase a tolerar a otra parte!

sábado, 8 de noviembre de 2014

Define la RAE el término "Tolerar" de la siguiente forma:

tolerar.
(Del lat. tolerāre).
1. tr. Sufrir, llevar con paciencia.
2. tr. Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente.
3. tr. Resistir, soportar, especialmente un alimento, o una medicina.
4. tr. Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

Cuando hablamos de tolerancia -y sí, me estoy refiriendo al tema de la homosexualidad-, ¿cuál de las acepciones es la que más se ajusta a su realidad? ¿Sufre y lleva con paciencia que dos hombres se besen y puedan casarse? ¿Prefiere la conveniente -para algunos- alegalidad de esa unión que no se tiene por lícita, pero que se permite, aunque siempre con reparos y con condescendencia mal entendida: "mientras no tenga que verlo o no se me acerquen o no me intenten convertir"? ¿O es de los que simplemente resiste y soporta su existencia?

La tolerancia resulta siempre un arma de doble filo. ¿Por qué un ser humano debe tolerar a otro? ¿No sería más adecuada la sana convivencia, el respeto y la aceptación de las individualidades? O, incluso más, ¿quién es usted para tolerar o no a alguien? ¿Quién le ha otorgado ese poder superior que le permite decidir si sufre, permite, resiste o soporta a otra persona? No confundamos el concepto de querer a o de intimar con todo el mundo, porque es imposible. Somos humanos y no tenemos que llevarnos bien ni ser todos amigos; pero sí debemos convivir, compartir espacios, ser educados, ser cívicos, ser sociales, ser personas. Y en eso no tiene cabida la "tolerancia" en sus tres primeras acepciones, sino en la cuarta: "Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias". ¡RESPETAR!

Así llego al siguiente punto: cuando pedimos legislar sobre el matrimonio homosexual, el AVP, la convivencia civil, las parejas de hecho o póngale el nombre que quiera, no se trata de una falta de "tolerancia" al matrimonio entre un hombre y una mujer; no es una falta de respeto a la sociedad ni a la vida; no es un atentado contra la Constitución ni contra la Iglesia ni contra sus creencias, cualesquiera que ellas sean... Es simplemente la petición de reconocimiento de los derechos que, como ciudadanos en igualdad de condiciones ante la Ley y ante el Estado, nos corresponden a todos. Y eso, señoras y señores, se llama convivencia, se llama igualdad, se llama equidad, se llama respeto.

Ni usted ni nadie tiene el derecho a despreciar a nadie por su "Ser". Yo no le desprecio por sus creencias ni por las decisiones que ha tomado en su vida; no le rechazo por ser heterosexual, por ser fanático del fútbol o por rezar antes de dormir; no le repudio por la forma en que educa a sus hijos o a sus hijas; no desapruebo sus manifestaciones públicas de cariño, excesivas o discretas; ni siquiera me planteo o no "tolerarle"; simplemente, asumo que es parte de la convivencia social y le respeto. Le respeto porque es un ser humano, sin siquiera valorar si es buena o mala persona, que para eso hay otras instancias. Pero sí me doy el espacio de elegir con quién comparto mi vida y con quién celebro triunfos y fracasos, penas y alegrías, noticias nuevas y viejas... Y los "tolerantes" y los "intolerantes" no tienen espacio en mi vida. Ya no. Me aburrí de ser tolerado. Quiero ser respetado. Así que, si no tiene esa capacidad humana y social básica, ¡váyase a tolerar a otra parte!

La sociedad no se destruye, solo se transforma

miércoles, 5 de noviembre de 2014


En su colaboración de esta semana con el Periódico Escuela, Carmen Guaita cita a Lourdes Gaitán, presidenta del Grupo de Sociología de la Infancia y la Adolescencia (GSIA), quien "anima a considerar a los niños y adolescentes única y exclusivamente como presentes, es decir, sujetos plenos y reales, aquí y ahora. Exige que se aprecie cómo aportan su singularidad a la construcción de la familia, la escuela y la sociedad, y no solamente cómo reciben pasivamente de ella".

Y sigue: "Si los niños y adolescentes son verdaderos actores de la vida social, entonces participan de las mismas ventajas, desventajas y riesgos que el siglo XXI impone al resto de las personas, y están afectados de lleno por los cambios vertiginosos de nuestro mundo globalizado. Si son personas del presente, plenas en su estado actual, son capaces de ser y de obrar, de participar y de reinterpretar lo que sucede (...) Solo así se puede comprender por qué los niños son sujetos de derechos, por qué aprenden mucho más de lo que les enseñamos los adultos, por qué se impregnan de lo que les rodea y reciben tantas influencias externas, por qué deben ser escuchados, atendidos y considerados en la familia, la escuela y la sociedad".

Además, Gaitán propone "considerar que la etapa escolar es un trabajo real, que los niños llevan a cabo sin que nadie lo considere como tal, pero que constituye una aportación indudable a la riqueza de un país. A la riqueza moral y cultural de su ciudadanía, claro está".

Y las palabras de Lourdes Gaitán vienen como anillo al dedo para volver al tema de la poca confianza que tienen los padres en la capacidad de sus hijos de discernir lo que ven en su entorno y de aprender sin prejuicio, al menos, sin aquellas barreras que la sociedad, a través de la familia, la escuela y las religiones, va imponiendo para conformar entornos cerrados, intolerantes y polarizados, además de individuos potencialmente castrados emocional y socialmente, entre los que por supuesto me incluyo, porque también he padecido mi buena dosis de "socialización".

Por otra parte, Virginia Galvin, en su blog Agujeros Negros II, se dedica a comentar cómo ha cambiado de una generación a otra el rol de los padres, pasando de una "distancia esforzada" a una "vigilancia obsesiva". Y añade: "Como si nos creyéramos capaces de llevarlos en brazos para que no pisen las inevitables brasas ardiendo del suelo que es la vida".

Hay quienes todavía consideran que la etapa de 0 a 6 años es asistencial, casi como una eterna guardería poblada de hadas, duendes, dragones y unicornios, donde el juego y la fantasía deben llenar las cabezas de los niños y las niñas, separándolos de "todo ese mal" que ocurre fuera de sus perfectas burbujas. Tampoco se trata de soltarlos libremente y sin vigilancia, no exageremos las cosas. Pero que empiecen a aprender, de acuerdo a su edad y a sus capacidades, qué hay ahí fuera, no solo facilitaría el trabajo futuro de los maestros y de las maestras en la educación básica o primaria, sino que también permitiría a los padres liberarse de la carga de esos pequeños tiranos y compartir con sus hijos las alegrías, pero también las frustraciones y los sinsabores.

Los padres y las madres no están para librar a sus hijos de todo mal, sino para entregarles las mejores herramientas con las que insertarse en la sociedad, ser sujetos de derecho y también responsables de sus deberes, ser solidarios y mejores personas, ser abiertos y considerados, educados y sociables. En suma, ser uno más en la sociedad que los acoge. Por eso, si se les enseñan valores como el respeto y la tolerancia desde pequeños, no solo ganan ellos, los niños y las niñas, sino que ganamos todos como grupo.

Mentes privilegiadas


Minimizar su intelecto, su inmensa curiosidad y esa naturalidad con la que aprenden todo sin cuestionamientos moralizantes incorporados de forma artificial e interesada, es restarles todo tipo de capacidad para construir. Experimentos como el documental Solo es el principio simplemente nos muestran que los niños pueden aprender y hablar de cualquier cosa, y es su propia "mente" la que pone el contexto, suaviza la realidad, la hace encajar con su realidad y con lo que ha recibido, consiguiendo memorables definiciones y explicaciones acerca de la vida.

¿Por qué "Nicolás tiene dos papás" sería algo diferente? Cada niño y cada niña encajará el cuento de la forma en que mejor le parezca. Habrá algunos que pregunten la razón por la que el niño tiene dos papás y habrá otros que ni se planteen una duda. Pero, estoy seguro de ello (y a los comentarios de padres y madres que lo han leído con sus hijos me remito), es que a ninguno le ha generado problemas para dormir, desconfianza en el entorno ni, mucho menos, tendencias homosexuales.

Es agotador pensar que hay gente de mi edad, preparada, bien educada, que considera que la unión de parejas homosexuales "atenta" contra algo. En España, hace 10 años se esgrimían ese tipo de argumentos ante la inminente Ley de Matrimonio Homosexual: "Atentan contra la familia", "La sociedad se destruye", etc., y todas esas argumentaciones basadas en la fantasía rigurosa de una creencia religiosa particular, sin respaldo empírico alguno. Y aquí estamos, 10 años después en una sociedad que se rompe por la corrupción de los políticos que apuntaban con el dedo los "peligros" de promulgar dicha ley, que se rompe por la falta de credibilidad en las instituciones de Gobierno y sociales, pero que se ha visto amenazada por el matrimonio civil entre parejas del mismo sexo.

Que dos hombres o dos mujeres compartan techo, cama o críen hijos, no pone en peligro a nadie. Sí que lo hace, al contrario, el apuntarlos con el dedo, el lanzarles piedras, el hecho de seguir educando intolerantes polarizados, ajenos a las diferencias y poco solidarios con las minorías, con los diferentes, con "los de más allá", como diría alguien. 

La sociedad no se destruye por la homosexualidad, sino por la homofobia, por la xenofobia, por la violencia contra la mujer, por las guerras, por la corrupción, por las desigualdades, por la falta de acceso a una educación y por tantas cosas más que, sin duda, no generan la misma oleada de rechazo que un libro, que no es más que una historia ficcionada de una realidad vigente. Esa misma que vuestros hijos y vuestras hijas tendrán que enfrentar en poco tiempo. ¿No es mejor prepararlos ya y permitir que sean mejores personas construyendo una sociedad mejor, basada en el respeto, en la tolerancia, en la convivencia, en la paz y en el amor? ¿No es eso, al final, a lo que todos deberíamos aspirar?

Y recurro a las palabras de Alexander Neill, un pedagogo escocés, para cerrar: "Cuando las personas nos sentimos amadas, es decir, aceptadas y seguras de poder ser tal como somos, nuestro cerebro disfruta del ambiente óptimo para desarrollar todo su potencial (...) Cuando la emoción es libre, la inteligencia viene por sí misma".