Exorcismo

viernes, 10 de octubre de 2014

Dice Pablo Simonetti en una entrevista en la Revista Caras que "reconocerme como una persona gay con plenos derechos y en igualdad de condiciones con los demás me significó que se me destaparan las cañerías vitales y que saliera mi vocación literaria. Yo había perdido todo rastro de vocación literaria en mi temprana adolescencia y la recuperé cuando me reconocí gay".

Como frase, es absolutamente magnífica y real. Al menos, para mí, en parte... Durante muchos años en los que mantuve oculta mi homosexualidad, la escritura se convirtió en el único canal para liberar tensiones, para sacar aquello que no podía contar de otra forma. Por ejemplo, la carta aquella que escribí a mis padres, es el texto que más tiempo me he dedicado a redactar, revisar, corregir y aumentar. Fue mi tabla de salvación durante meses y meses, pensando en enviarla, en borrarla, en hacer lo que fuera con ella. Pero si no hubiese escrito todo eso, si no hubiese encontrado la forma de vaciarme, no sé qué habría sido de mí.

Siempre he sido de Letras, y no solo porque soy nefasto para las matemáticas, sino porque siempre he recurrido a la escritura como forma de limpiarme. Para mí es y ha sido la mejor terapia durante mucho tiempo: escribir para los demás, escribir para mí. Incluso, escribir para el trabajo me hace bien, porque permite canalizar algunas inquietudes particulares en un entorno profesional o para conseguir algo, lo que, al final, creo que siempre es bueno.

Reconocerme gay, tal como le ocurrió a Pablo Simonetti, me abrió una "cañería vital": ahora me permito escribir sobre un tema que me interesa, sin pudores y sin limitaciones. Sentir que puedo decir y hacer lo que quiera, me facilita mucho a la hora de redactar, porque ahora no es necesario sugerir de forma encubierta (aunque siempre lo hago), sino que puedo ser más abierto, más directo e ir al grano. Y mi única intención es la normalización. Mientras más se lea, más dudas se despejarán respecto a la homosexualidad y a quienes somos gays. Más cotidiano será todo. Más natural, más cómodo, menos traumático para algunos y algunas.

Escribir es algo necesario para mí. Es la única manera de exorcizar mis demonios y también alguno ajeno... para calmar mis ansiedades, disminuir mis pulsiones, crear mis mundos, ordenar mis ideas, canalizar mis energías y para concentrarme en lo que realmente es importante. Es la vía para conseguir despejar mis miedos, mis dudas, mis tribulaciones y alcanzar mis necesidades y mis deseos. Es el camino que me sirve para ser quien soy, mucho más que el discurso o la imagen. Escribir, para mí, es como sacar una imagen de mí mismo en un momento determinado, para aprender, para avanzar.

Afortunadamente siempre he podido hacerlo, aunque ahora ejerzo la escritura con mayor libertad y eso, sin duda, es un regalo del que me siento orgulloso y satisfecho.

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