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martes, 28 de octubre de 2014



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Todo sobre mis padres

lunes, 27 de octubre de 2014



Déjenme que hable de mis padres. Además de ser dos personas absolutamente maravillosas, con todas sus virtudes y todos sus defectos, han sido dos estupendos padres que, desde que éramos pequeños (hablo en plural, porque tengo un hermano y una hermana, mayores que yo, y a quienes admiro y quiero por muchas y distintas razones), nos dijeron que nuestra herencia sería nuestra educación, pero no solo la formal (colegios, universidades, postgrados...), sino aquella que nos aportaban cada día, a cada paso. Que eso era lo realmente valioso. Y así es. Cada uno en un espacio diferente, en un ámbito distinto, ha estado obteniendo ganancias de esa herencia. Y muchas.

Pero volvamos a ellos. Mi madre proviene de una familia muy tradicional, de sangre italiana y, supongo que por eso, muy visceral y pasional, pero siempre con la capacidad racional que se espera de ella en las decisiones importantes. Siempre ha sido muy católica, devota y activa en su expresión de la religión. Educada en un colegio de monjas y con un alto sentido del deber, ella ha sabido ser firme y exigente, pero también cariñosa y comprensiva. De hecho, una de las frases que creo que la representa muy bien es: "si haces algo malo, primero te voy a cachetear y después te voy a abrazar". Si bien nunca ha cumplido la primera de forma literal (siempre duele más una mirada de decepción que un golpe), la segunda la ha ejecutado con creces: nunca ha dejado de abrazarnos. Su capacidad de amor hacia su familia es infinita y, junto con su risa y su pícara ironía, es uno de sus rasgos más entrañables.

Mi padre también viene de una familia muy tradicional, quizás más rígida, pero no menos cariñosa. Una figura paterna fuerte y estricta, una madre quizás más silenciosa pero siempre presente, con carácter, criaron y mantuvieron a cuatro hijos sin grandes sobresaltos. Si bien se crió en un colegio religioso, estuvo muchos años lejos de la Iglesia. Si no recuerdo mal, fue para mi Primera Comunión cuando se reconcilió con ella y volvió. Hoy, es un miembro muy activo de la parroquia que les corresponde, además de participar en múltiples actividades relacionadas. De las cosas que más admiro de mi padre puedo mencionar el don de la responsabilidad, su complicidad, su templanza y su eterna bondad, además de su rectitud.

Y cuento esto porque mi infancia fue feliz. Porque no me crié en un hogar inestable ni tuve experiencias traumáticas. Porque recibí una excelente educación en mi casa y porque nunca me faltó amor, atención, cuidado ni nada. Nos entregaron muy buenas herramientas para enfrentar la vida y construir nuestro futuro, y así lo hemos hecho desde pequeños: dando nuestros pasos, siempre acompañados, pero por nuestra cuenta, haciéndonos responsables de nuestros actos y de nuestras decisiones. Sin duda, lo mejor que podrían haber hecho por mí y por nosotros.

Por lo tanto, mi homosexualidad no viene por esa vía, aunque muchos la "acusen" como la única fuente. No fui abusado, no fui maltratado, no tuve carencias afectivas ni ningún otro caso "doméstico". Simplemente soy quien soy porque sí, porque siempre lo he sido.

Pero vuelvo otra vez a mis padres. Tardé muchos años en contarles mi verdad, no porque tuviera miedo a su rechazo (sabía que, pese al golpe que podría significar para ellos, no nos alejaríamos), sino porque no me sentía capaz de decepcionarlos. Fue un proceso muy largo para mí y también para ellos, porque en el fondo veían que algo ocurría conmigo y ninguno de los tres fuimos capaces de ponerlo en palabras durante largo tiempo. Hasta que llegó el día. Ellos lo supieron y su reacción fue exactamente como tuvo que ser: mi madre, visceral, respondió al momento, con la voz quebrada, llorando emocionada y dolida a la vez, y dándome todo su amor; mi padre, más reposado y templado, se demoró un par de días, pero también me dio su apoyo.

Sé que su proceso tampoco ha sido fácil, siendo quiénes son, cómo son y de dónde vienen, pero están conmigo y lo han hecho siempre, en lo bueno y en lo malo. Hoy, no muchos años después, mi madre escribe un mensaje así en Facebook ante la "polémica" de Nicolás tiene dos papás: "los niños no necesitan que se les enseñe que los hombres o las mujeres se aman entre ellos, solo hay que enseñarles que el amor es importante en la vida de las personas, que algunas aman a personas de su mismo sexo, otras no y que todo amor es valioso". Eso jamás lo hubiera dicho hace 5 años y ella lo sabe; pero hoy, cuando la experiencia le ha tocado de cerca y la vida le ha puesto a prueba más de una vez, ella ha sabido reaccionar positivamente, guiada por la comprensión y por el amor, y se ha sobrepuesto a todo aquello que durante años recibió como única respuesta.

Esas palabras hablan muy bien de ella, hablan muy bien de ellos dos, y a mí me llenan de orgullo y de agradecimiento, porque ha sabido ser madre antes de cualquier otra cosa, más cuando yo necesitaba uno de esos abrazos para saber que todo estaría bien. Y han sabido ser padres siempre, justos y cariñosos. Y así es. Todo está bien y yo los quiero tanto, que a veces duele la distancia física, pero siempre estamos juntos, en alguna de todas nuestras conexiones: las digitales o las emocionales. No podría ser otra forma, en el fondo, ellos me modelaron.

A ser gay no se aprende

sábado, 25 de octubre de 2014

Sin  ánimo de polemizar, ¡qué poco crédito dan algunos padres y madres a sus hijos y a sus hijas!

Las niñas y los niños no tienen un problema de base con la homosexualidad, y el hecho de que se "enfrenten" a ella no les provocará daños irreversibles, físicos ni psíquicos...

Sea en el Jardín Infantil, en la Escuela, en la Universidad o en la misma calle, ver a dos personas del mismo sexo en una relación no afectará a su desarrollo ni alterará virtudes humanas como la lealtad, el respeto, la solidaridad, el amor, la prudencia, la perseverancia, la honestidad, la justicia, la bondad, la generosidad, la responsabilidad, la libertad, la compasión, la paciencia, la humildad, la amistad... y tampoco la tolerancia. Y de ninguna manera afectará valores como la vida, la dignidad de todas y cada una de las personas, la verdad, el bien, la humildad, la abnegación, la caridad fraterna, etc. Tampoco los hará peores personas ni los desviará por otros caminos, y menos aún podrá determinar la moral que le hayan transmitido. Seguro que no los convertirá en delincuentes ni en maltratadores. Simplemente los hará más receptivos a la diversidad social en la que viven.

No se necesita una preparación especial para lidiar con el amor y con otros tipos de familia. Solo se necesita poner en práctica cualquiera de esos valores o virtudes contra los que, supuestamente, se está atentando con #nicolastienedospapas, y hablarles a los niños y a las niñas de que el mundo es diverso y de que no hay nada malo en ello. Por experiencia propia, cuando en la vida te toca de cerca ser "diferente a lo normal" (aparte del hecho de que nadie ha podido determinar nunca qué es "lo normal", en ningún ámbito), las cosas se ven con otra perspectiva.

La diversidad de las familias está ahí, al lado, al frente... Es simplemente hablar de lo que se ve y ponerlo dentro del contexto de lo cotidiano, de lo normal. No entro en lo valórico (bueno o malo) para cada uno, porque para eso somos libres, y eso ya podrá valorarlo cada uno en cuanto a qué tipo de personas quiere educar. Pero Nicolás tiene dos papás no es propaganda ni mucho menos algo peligroso que atente contra la "formación" o la "educación moral" de los niños. Es simple y pura convivencia social con algo que ocurre a diario y que, de una forma o de otra, es o será parte de la vida de todos, aunque sea por solidaridad con el vecino.

Es obvio que un libro no cambia el comportamiento de un día para otro, pero consigue algo: visibilización y que se esté hablando de un tema que ha dormido durante mucho tiempo. Respeto y valores se aprenden en la familia de forma primaria, pero también deben compartirse en espacios de interacción de la sociedad, para poner en común los distintos valores que en ella coexisten. Porque el tema es ese: coexistencia, inclusión, integración... la tolerancia, está claro, que no es suficiente, porque, ¿quiénes somos nosotros para "tolerar" a los demás? Eso no es más que una posición de superioridad desde la que se pretende "aceptar a regañadientes" al "rarito" de turno. Yo no quiero que me toleren, quiero que me acepten. Y si este libro permite que, al menos, se entienda que las familias no son exclusivamente papá-mamá-hijos, ya es un gran paso adelante.

Que los niños y niñas sepan que el amor entre dos personas del mismo sexo es posible no les pervierte, no les convierte, no les perturba ni les provoca pesadillas. No afecta a su desarrollo físico ni sicológico, ni tiene secuelas. A ser gay no se aprende, por eso no es "peligroso" este libro. Y si educar mentes más abiertas y mejor preparadas para una sociedad en constante cambio es considerado "peligroso", entonces sí tenemos un problema mucho mayor que un libro.

Niños enfrentados a la homosexualidad

jueves, 23 de octubre de 2014


Estoy muy impactado con las reacciones sobre la publicación del cuento "Nicolás tiene dos papás" en Chile: por un lado, me sorprende el "paso adelante"; por otro, la polémica generada, tan parecida a la discusión que hubo en España hace pocos años por la asignatura de Educación para la ciudadanía, una materia que se da en prácticamente todo el ámbito europeo, menos aquí que la han eliminado acusándola de "adoctrinamiento" para volver a poner Religión y Valores Éticos... Sin comentarios.

No es que el Estado "decida" exponer a los niños y a las niñas a la homosexualidad -además de que eso suena casi como lanzarlos a la arena del circo romano a ser devorados por leones afeminados-, como dicen algunos. Argumentan que a los niños se les "impone este cuento" antes de que los papás eduquen a sus hijos. Sí, entiendo la postura, pero no hay nada que "educar", porque simplemente es algo que está en la sociedad, que está cerca, que convive (y así debería ser siempre) de forma natural.

Los niños y las niñas muchas veces me han sorprendido a lo largo de mis últimos años. La sobrina de mi pareja preguntó, a sus 5-6 años y sin ningún tipo de pensamiento retorcido, solo movida por la más inocente curiosidad, en qué lado de la cama dormía cada uno, mientras seguía dibujando en un papel, absorta en sus ideas. A esa misma que su abuelo trataba de "proteger" años después con lo de Educación para la ciudadanía, argumentando que "no quería que sus nietos supieran que existían otros tipos de familia", cuando en realidad para ella era un tema superado y lo veía de forma habitual. Incongruencias que tiene la vida.

Poco tiempo después, y ya no sé si me repito con esta historia, mi amiga Sonia nos invita a su casa a cenar. Les cuenta a sus hijos que vendrá su amigo Tomás con su novio. Ellos la miran y le dicen: "Mamá, será con su novia", y ella les explica que no, que es novio, que hay hombres a quienes les gustan los hombres y mujeres a las que les gustan las mujeres. Ellos asintieron y siguieron a lo suyo, sin prejuicios ni con ideas heredadas, enturbiadas por mentes demasiado retorcidas.

Hace casi 10 años, la hija de unos amigos nuestros nos vio por primera vez, a sus 4-5 años. Su única "preocupación", que más bien era una constatación, fue decirle a su mamá: "¡Ellos se quieren mucho!".

Esas son tres pequeñas muestras de lo que los niños "sufren" cuando se exponen a la homosexualidad. En realidad, a ellos no les provoca ningún tipo de rechazo o de problema psíquico o trauma alguno, cuando nadie les ha metido en la cabeza que es algo antinatural, degenerado, enfermo, retorcido, diabólico, perverso, etc. Así como nadie se convierte en homosexual, las personas nacen siendo abiertas y, gracias a una educación retrógrada y cerrada, llena de prejuicios, se vuelven homófobas.

Es bien cierta la frase que dice la homosexualidad no es una enfermedad, la homofobia sí. Quizás el cuento de "Nicolás tiene dos papás" simplemente sirve como un granito de arena en la construcción de una sociedad menos enferma, y se abre a una sociedad civil que ha cambiado y seguirá cambiando en el futuro.

Porque esa es la sociedad en la que estamos inmersos, la civil, la de los ciudadanos iguales, con derechos y deberes, en la que todos tenemos cabida. Incluso los homosexuales, a quienes tanto se nos acusa de lobby y de querer "imponer" una forma de vida. Es muy sencillo: yo he sufrido muchísimo porque me querían imponer una forma de vida que no era la que yo quería ni la que mi corazón sentía como válida. Pero no he visto a nadie levantando la voz por eso ni defendiéndome de todos esos años que me perdí intentando ser "igual". Y eso duele... 

Daría lo que fuera porque nadie tuviera que pasar por eso, porque quien no lo ha vivido, no sabe lo que significa. Por eso, voy a seguir peleando para que Nicolás tenga dos papás y para que María tenga dos mamás; o para que Pedro o Rosaura tengan un papá o una mamá. O para las combinaciones que sean, siempre que entreguen amor y respeto, dos valores que muchos están perdiendo de vista.

¡Contenido real ya!

Mi segunda colaboración como columnista con el Periódico Escuela hablando sobre TIC.

 

¡Contenido real ya!



Internet es una fuente inagotable de recursos, de eso no hay duda. Pero no todo lo que está en la Red proviene de una fuente fiable, por lo que debemos aprender a obtener información. Por ejemplo, Wikipedia es solo un repositorio de información, cuyo contenido no siempre es de fiar. Y lo mismo ocurre con otros contenidos: no cualquier PowerPoint que encontramos en la Web nos da la certeza de que su contenido es real ni que ha sido contrastado por su autor. Ni siquiera sabemos si pertenece a su autor. Por eso, hago aquí una serie de recomendaciones para realizar con mayor éxito este proceso de búsqueda y selección:
  1. Elegid siempre fuentes de confianza, que tengan trayectoria (que no sean efímeras), que cuenten con un repositorio de información, con “personas” detrás del contenido, y con una actualización periódica y reciente.
  2. Que contengan firmas que podamos rastrear: comprobad siempre de dónde proviene el firmante, qué ha hecho, si se le puede contactar para confirmar la fuente, etc. ¡Y contactadle!
  3. Escoged siempre a “personas que citen a otras personas, que hagan mención a trabajos previos, que tengan experiencia en el tema, etc.
  4. Seleccionad lo relevante y dejad la paja fuera. ¡No todo es útil!
  5. Buscad en medios de comunicación, en varios; en distintos idiomas… Seguid las cadenas de enlaces (si hacen citas o referencias a otras publicaciones) para saber de dónde vienen.
  6. No confiéis en lo primero que os convenga: sed críticos con lo que leéis, y permitiros dudar de todo y de todos. Es la única forma de encontrar, leer, seleccionar y crear contenido de interés. Y de que nuestros estudiantes también aprendan a hacerlo, para sobrevivir a la infoxicación a la que están expuestos. Esto es lo que llaman curación de contenidos.


Exorcismo

viernes, 10 de octubre de 2014

Dice Pablo Simonetti en una entrevista en la Revista Caras que "reconocerme como una persona gay con plenos derechos y en igualdad de condiciones con los demás me significó que se me destaparan las cañerías vitales y que saliera mi vocación literaria. Yo había perdido todo rastro de vocación literaria en mi temprana adolescencia y la recuperé cuando me reconocí gay".

Como frase, es absolutamente magnífica y real. Al menos, para mí, en parte... Durante muchos años en los que mantuve oculta mi homosexualidad, la escritura se convirtió en el único canal para liberar tensiones, para sacar aquello que no podía contar de otra forma. Por ejemplo, la carta aquella que escribí a mis padres, es el texto que más tiempo me he dedicado a redactar, revisar, corregir y aumentar. Fue mi tabla de salvación durante meses y meses, pensando en enviarla, en borrarla, en hacer lo que fuera con ella. Pero si no hubiese escrito todo eso, si no hubiese encontrado la forma de vaciarme, no sé qué habría sido de mí.

Siempre he sido de Letras, y no solo porque soy nefasto para las matemáticas, sino porque siempre he recurrido a la escritura como forma de limpiarme. Para mí es y ha sido la mejor terapia durante mucho tiempo: escribir para los demás, escribir para mí. Incluso, escribir para el trabajo me hace bien, porque permite canalizar algunas inquietudes particulares en un entorno profesional o para conseguir algo, lo que, al final, creo que siempre es bueno.

Reconocerme gay, tal como le ocurrió a Pablo Simonetti, me abrió una "cañería vital": ahora me permito escribir sobre un tema que me interesa, sin pudores y sin limitaciones. Sentir que puedo decir y hacer lo que quiera, me facilita mucho a la hora de redactar, porque ahora no es necesario sugerir de forma encubierta (aunque siempre lo hago), sino que puedo ser más abierto, más directo e ir al grano. Y mi única intención es la normalización. Mientras más se lea, más dudas se despejarán respecto a la homosexualidad y a quienes somos gays. Más cotidiano será todo. Más natural, más cómodo, menos traumático para algunos y algunas.

Escribir es algo necesario para mí. Es la única manera de exorcizar mis demonios y también alguno ajeno... para calmar mis ansiedades, disminuir mis pulsiones, crear mis mundos, ordenar mis ideas, canalizar mis energías y para concentrarme en lo que realmente es importante. Es la vía para conseguir despejar mis miedos, mis dudas, mis tribulaciones y alcanzar mis necesidades y mis deseos. Es el camino que me sirve para ser quien soy, mucho más que el discurso o la imagen. Escribir, para mí, es como sacar una imagen de mí mismo en un momento determinado, para aprender, para avanzar.

Afortunadamente siempre he podido hacerlo, aunque ahora ejerzo la escritura con mayor libertad y eso, sin duda, es un regalo del que me siento orgulloso y satisfecho.

5 "secuelas" de mi vida como inmigrante

jueves, 9 de octubre de 2014

Por esas cosas de la vida soy inmigrante. Eso sí que decidí serlo... Llegué a un país totalmente extraño hace más de 10 años y aquí sigo. Si bien no ha sido nunca fácil empezar de cero en un nuevo país, hay muchas experiencias que te cambian como persona para siempre, te separan de quienes no saben lo que significa la nostalgia de la tierra o el desarraigo, ese al que todos aspiramos de forma consciente o no.

1. Mi casa es el mundo. Ya sé que esto suena a cliché aspiracional y hasta ridículo, pero es verdad que una vez que sales de tu "caja", ya no tienes límites. Hoy vivo en España; mañana, quién sabe... Yo al menos no lo tengo claro. Y dado que cada vez disfruto más estando en otros sitios (ahora mismo escribo desde un tranquilo pueblo costero en el norte de Inglaterra, mientras la lluvia de un día gris rompe contra la ventana) y mi trabajo me permite libertad de movimiento, no sé dónde acabarán mis huesos algún día. Todo es cuestión de dejarse llevar... Pero está claro que, por ahora, no puedo  ni quiero parar este movimiento.

2. Zamorano. Sí, gran parte de mi vida la he pasado en Chile, pero aquí ya llevo más de un cuarto de ella. Y me ha cambiado el acento, la forma de escribir y he asumido como propias expresiones locales. Eso no me convierte en "Zamorano" ni en nada, simplemente es un proceso lógico de integración en mi sociedad de acogida. No lo hago de forma voluntaria ni como pose para ser más international, es pura y simple supervivencia, más bien, solo "vivencia".

3. No soy de aquí ni soy de allá. El desarraigo es una experiencia fuerte. Si bien mi casa ahora está en Madrid, realmente no es mi casa, o no es ese lugar donde se atesoran mis recuerdos o el escenario que los contiene en mayoría. Ese lugar está en Chile, repartidos entre Talca, Santiago y Concepción, pero realmente tampoco están, porque los espacios han cambiado, yo he cambiado y los recuerdos tienden a la idealización. Cuando estoy allá, lo disfruto mucho, pero siempre extraño mi nueva casa. Y cuando estoy fuera de esa casa original, también la extraño. Al final, estoy muy bien y nunca estoy del todo bien en ninguna parte. Siempre hay algo de ese desarraigo que se nota, que viaja conmigo a todas partes.

4. Nunca fui un aventurero nato. Pensar en viajar me daba bastante respeto y me llamaba la atención lo suficientemente poco como para acomodarme en mi rincón y no moverme. De hecho, la primera vez que salí de Chile fue a mis 27 años, un viaje corto a Buenos Aires... Y, pocos meses después, estaba cruzando el Atlántico para empezar una nueva vida. No sé cómo ocurrió, pero no me arrepiento por un instante haberlo hecho. Hoy no puedo vivir sin viajar. Y aunque los aviones me dan mucho respeto, tengo que pensar cada poco tiempo en moverme... Ya tengo organizados viajes hasta enero de 2015 y ya pensando en los que vendrán a partir de la próxima primavera de este lado del mundo.

5. Ser inmigrante te cambia. Te hace más consciente de las minorías, de las diferencias, de la integración, de la necesaria educación intercultural, de la riqueza de aquellas cosas que nos hacen únicos, como personas y como sociedades. Me ha hecho más sensible a acoger a quienes no son como yo, a quienes piensan distinto, a quienes vienen de orígenes diferentes, hablan de otra forma, etc. Sé en carne propia lo que es sentirse minoría y estar en un entorno ajeno. Sé lo que duelen las bromas, los comentarios malintencionados y la nostalgia, Sé lo que significa crear tu nuevo espacio, incorporarte en una sociedad nueva y sentir el rechazo por ser diferente. ¡Es duro! Sí, sin duda alguna. Pero el proceso es reconfortante al final y, según me parece, necesario, porque nos abre los ojos y el corazón hacia los demás. No sé si eso significa ser mejores personas, pero seguro que es algo positivo en el desarrollo de una sociedad más acogedora, más rica, más variada.