Storytelling

miércoles, 28 de mayo de 2014

La narración oral es una de las mayores (y mejores) herramientas para la transmisión no solo de conocimientos y datos, sino también de tradiciones y culturas ligadas a la tribu (en el contexto de entorno inmediato), a la tierra (en cuanto a la proporción geográfica en la que comenzamos y desarrollamos nuestro proceso de socialización) y a las creencias que son transmitidas por quienes nos educan, lo que acaba por conformar nuestro universo particular.

A lo largo de la historia, la narración oral ha sido la que ha fijado los valores tradicionales y temporales en los individuos, ya sea a través de cuentos y leyendas, poemas, canciones o plegarias; pero también lo ha hecho en la vía de la educación –formal, informal y no formal– en los distintos niveles. Actualmente, esa narración ha cobrado nuevos bríos con las nuevas tecnologías y la facilidad de acceso a información que antes nos era ajena, lejana y prácticamente inalcanzable.

De la mano de disciplinas como el marketing y la publicidad, esa narración oral ha sido rebautizada como storytelling, que no es otra cosa que la intencionalidad detrás de la comunicación de llegar a emocionar al otro, de fijarnos en la mente de los demás a través de sus sentimientos.

Si entendemos que la tradición oral tenía como intención, además de educar, preparar al individuo para manejar conflictos, para enfrentarse a procesos emocionales y concretos a lo largo de su vida, o incluso para predecir el futuro o adelantarse a los hechos, el storytelling actual tiene una intención diferente: hacer que el otro se identifique conmigo y con mi mensaje, para poder crear lealtad y despertar su interés a través de la apelación de los sentimientos comunes que podemos tener o a los que podemos provocar con nuestra “narrativa”.

Planteado en términos “economicistas”, no es más que una técnica de venta, de persuasión. Pero visto desde el punto de vista comunicacional, es precisamente la herramienta que nos permitirá llegar al interlocutor, hacer que nuestro mensaje penetre la barrera que el entorno nos plantea (falta de atención, elementos distractores, etc.) y fijarnos en su mente para que nuestro mensaje cumpla el fin para el que fue creado: emocionar, involucrar, educar, identificar, persuadir…

Y la escuela, el aula, el espacio educativo más ínfimo, no debe permanecer ajeno al storytelling en su vertiente positiva: la de generar interés y emocionar al público. Esto no significa volver únicamente a las clases magistrales y a la comunicación unidireccional en el aula, y mucho menos a dejar fuera a las nuevas tecnologías. Más bien implica integrar todos los elementos con los que contamos y convertirlos en herramientas que nos permitan narrar historias, contar nuestro mensaje de la mejor forma, para que el resultado sea óptimo.

No hay fórmulas en el storytelling y eso es lo complicado, porque requiere un proceso de introspección para encontrar nuestra voz, aquella que es capaz de transmitir conocimientos, cultura, tradición y valores a través de los sentimientos y de las emociones. Pero, una vez que hayamos encontrado esa voz, llegar a implicar a nuestro alumnado será cuestión de segundos y nuestro mensaje habrá conseguido fijarse donde tiene que hacerlo: en la mente y en el corazón.

(Publicado en la página web del Periódico Escuela)

No a la mecanización de las emociones

martes, 27 de mayo de 2014

La realidad nos está acostumbrando a notables avances tecnológicos que hacen nuestra vida más sencilla y, a la vez, nos convierten en seres más “inútiles”, si se me permite decirlo. Es cierto que desarrollamos habilidades nuevas y conocimientos técnicos de interés y utilidad, pero también es verdad que cada vez somos menos capaces de responder ante estímulos cotidianos, simples o de realizar tareas domésticas.

Hace poco leía en un blog, de dudosa reputación por cierto, que los pilotos han ido perdiendo habilidades para manejar “manualmente” los aviones, más acostumbrados a los usos automáticos durante el vuelo. Probablemente no sea del todo verdad, pero sí una mínima señal de alerta: cuando todo se convierte en un proceso automatizado, nuestro cerebro lo procesa como un acto rutinario.  Y leyendo sobre la plasticidad del cerebro, esa condición que nos permite regenerar, reforzar y construir puentes neuronales a base de estímulos y de acciones, se mencionaba que las actividades, cuando se convierten en rutinarias, son procesadas en una zona del cerebro junto a todos los procesos mecanizados. ¿Os ha pasado que preparáis un café o una tostada, o encendemos la luz o abrimos la puerta, sin pensarlo, de la misma forma día tras día? Pues ese es un acto mecanizado.
 
El artículo venía a decir que una forma de entrenar nuestro cerebro era, precisamente, haciendo que ese proceso mecánico sea “desmecanizado”. ¿Cómo? Pues variando la rutina: cambiando la ruta que seguimos día tras día, abriendo la puerta con la otra mano, guardando la llave en otro bolsillo, etc. Pequeños ejercicios que harán reaccionar a nuestro cerebro y lo mantendrán activo, junto a todo nuestro ejército neuronal.
 
Y todo esto que os he explicado viene a cuento de una noticia que leí ayer y que decía que Apple ha patentado una funcionalidad que permitirá a los usuarios a ver lo que hay delante de ellos mientras miran la pantalla de su teléfono o dispositivo. Si bien es una buena noticia para los despistados que han acabado estrellándose contra farolas, contenedores, coches o diversos obstáculos en las calles, me resulta alarmante el hecho de que nuestras vidas cada vez serán más cómodas en la pantalla y no en el directo que la realidad nos ofrece.
 
Haciendo el vínculo con la educación, cada vez será más fácil mecanizar conocimientos, habilidades y competencias, pero estaremos restando otras aptitudes y actitudes necesarias para una sociedad dinámica, conformada por individuos profundamente diferentes. Y a eso quería llegar: lo digital, lo 2.0, la tecnología y los avances de los equipamientos no pueden hacernos perder nunca de vista que, detrás de todo, está lo humano: somos personas, conectando con personas, estableciendo relaciones personales e involucrándonos como personas, porque se han inventado muchas cosas, pero todavía no existe ninguna app que nos permita apagar nuestras emociones y no involucrarnos sentimentalmente con aquello que hacemos, ya sea en el cara a cara o a través de una pantalla. Si no me creen, vean la película Her, un claro ejemplo de una realidad muy posible, aunque resulte profundamente triste que así sea.

Eduquemos en competencias tecnológicas, pero no olvidemos nunca las competencias emocionales, personales, sociales y humanas, las más relevantes dentro de todo el abanico, incluso mucho más que las matemáticas o lingüísticas. Porque no olvidemos que somos seres humanos y que vivimos en sociedad, y todo lo demás es un accesorio para hacer nuestra vida en común más sencilla, pero no más individual y aislada.

(Publicado en www.periodicoescuela.com)

La huella. Nos Magazine

sábado, 17 de mayo de 2014


La entrevista que me hicieron en Nos Magazine el primer trimestre de este año... creo que no la había compartido en mi blog.

Todos merecemos un happy ending

viernes, 16 de mayo de 2014



Y aquí me tocó abrir el número dedicado a "El placer" en la revista Versión Original.


Un hijo de puta integral



En la página 18 está mi artículo que se publicó en marzo, para el especial de Cine Español.

Fotos de familia

Yo sé de una a la que este post le va a encantar... ¿no es verdada, mamá? Las fotos son de agosto de 2010, enero de 2012 y agosto de 2013.

20 cosas interesantes (o no) acerca de mí

Hace tiempo Estefanía Beamish Peña me "desafió" a escribir 10 cosas interesantes (o no) acerca de mí. Acepté el desafío encantado y me sorprendió la reacción de muchos y muchas: que no se atrevían a desnudarse públicamente, que les daba pudor contar sus intimidades, etc. Reconozco que me costó entenderlo, pero creo que al final lo comprendí: esto es cosa de cada uno. Pero mi duda es ¿por qué habrías de contar aquello que no quieres contar? ¡Nadie te obliga! Evidentemente cuento cosas más íntimas, pero no destapo todos mis secretos ni me expongo desnudo frente a la audiencia... ¡eso daría para muchas cosas y 10 son muy pocas para hacerlo! Además, no las haría por este canal...

En fin, que hoy recupero esas primeras 10 y agrego otras 10, porque siempre es bueno bajarse un poco de ese lugar en el que nos ubicamos y reconocer nuestra humanidad, nuestras carencias y nuestros errores. Es un ejercicio necesario de humildad para recordarnos que por muy buenos que seamos en alguna cosa, somos nefastos en otras... y ninguna de ellas nos hace mejores o peores que nadie.

10 cosas interesantes (o no) acerca de mí

1. Continuamente pierdo la lucha contra morderme las uñas... lo he intentado todo y siempre caigo, una y otra vez.

2. Soy un fan empedernido de Friends. Tanto así, que algunas veces solo con ver en la imagen la ropa que usan, sé qué capítulo es (y no exagero). También puedo recitar algunos diálogos o contestar largos cuestionarios para frikis de la serie sin repetir ni equivocarme.

3. En 2010 me desperté de un salto exactamente a la hora del terremoto en Chile con la sensación de que me faltaba el aire... Estaba a más de 11.000 kilómetros de distancia.

4. Una de las cosas que más vergüenza me da reconocer es que lloré con "El día de la independencia", cuando el presidente de EEUU da el discurso de "salvaremos al mundo". No me siento orgulloso de ello...

5. Tengo serios problemas para recordar a ciertas personas y/o situaciones, cosa que antes no me sucedía jamás. Ahora resulta que la gente tiene recuerdos de cosas que compartimos de las cuales yo no me acuerdo. Curiosamente, luego recuerdo con detalles cosas sin relevancia.

6. Odio cuando la gente me dice que estoy gordo. ¡Ya lo sé! No necesito que me lo recuerden. Secretamente, en mi cabeza pienso: "¡Y tú estás cada día más idiota (feo/a, arrugado/a, hediondo/a...)!", pero no lo digo porque soy educado.

7. Pese a que estoy a favor de la igualdad, no soporto -lingüísticamente hablando- la mamonería de utilizar expresiones como "compañeros y compañeras", "ciudadanos y ciudadanas", o el horror que me provoca aún lo de "miembros y miembras". Me parece un absurdo gramatical sin sentido, utilizado solo como herramienta populista buenrrollista. Como dice un amigo: "si estamos en esas, hablemos también de personos y de personas". La igualdad no radica en ese tipo de usos lingüísticos, sino en cambiar las actitudes y roles repetidos desde las familias.

8. Hablando de esto, tengo la manía de corregir hasta los libros. Mi labor de editor no termina nunca y cuando leo cosas mal escritas en Facebook, en el correo o en los medios, siento que me sangran los ojos. Pero no soy infalible y sufro cada vez que se me pasa un error en la corrección: incluso hay veces en las que me cuesta dormir. Lo sé, es preocupante.

9. Hay niños que me hacen querer golpear a sus padres o quitarles la tutela. Pero luego soy yo el que no puede tenerlos por razones "filosóficas, morales o éticas".

10. Nunca he entendido lo del amor por la patria o por la bandera. No me siento más chileno por comer empanadas o por cantar el himno o por poner banderas el 18 de septiembre. Más bien mi corazón está con las personas con las que comparto historias, emociones y sentimientos. Ese es mi verdadero país. Y lo bueno es que siempre lo llevo conmigo, independientemente de donde esté.


Y las otras 10:

11. Durante muchos años creí que "Decagt" y "Descartes" eran dos personas distintas. Creo que fue en la universidad cuando me di cuenta de que estaba equivocado.

12. Tengo cosquillas (no muchas), pero puedo controlarlas. Solo tengo un punto débil: los pies. Y hablando de ellos, no soporto que me toquen los pies, al punto de tener reacciones agresivas al respecto.

13. Me he levantado en medio de la noche a hacer la cama, porque no está bien hecha o no está "equilibrada" (este concepto requiere horas de explicaciones y terapias). ¡TOC!

14. Cuando llevaba un mes en España pensé en utilizar el pasaje de vuelta a Chile (había sacado de ida y de vuelta porque era más barato). Tenía casi todo listo para volver, pero decidí romper el pasaje y quedarme. Aquí sigo, sin arrepentimientos.

15. El momento de la ducha es sagrado. No soporto las interrupciones, las prisas ni las incomodidades. Y muchos menos los olores extraños, incluyendo el olor a cigarro. Sin una buena ducha, el resto del día está totalmente torcido. Por cierto, las duchas hidropónicas (por sistema de goteo) me parecen una tortura.

16. No soy bilingue, pero entiendo bastante bien el inglés. Lo leo, lo escucho, pero me cuesta mucho, muchísimo, hablarlo (aunque si no hay más remedio, lo hago). Pero hay ocasiones en las que me bloqueo y lo único que hago cuando me hablan es sonreír y asentir con la cabeza. Estoy seguro de que mi familia inglesa debe pensar que soy estúpido...

17. Toda mi vida quise escribir un libro de cocina. ¡Lo conseguí! Hace un año publiqué el primero en español y hace unos meses, en inglés. Ahora trabajo en él y los siguientes. El día que lo publiqué apenas pude dormir de la emoción y el pudor que me provocaba.

18. Creo en los flechazos. Creo que hay personas con las que conectas de inmediato y que sabes que van a formar parte de tu vida durante largo tiempo. Lo mejor es cuando el flechazo es permanente y cada día te recuerda por qué tuviste ese clic con alguien.

19. Reviso mi cuenta bancaria todos los días, aunque sepa lo que hay (o lo que no hay). Es una manía... una de tantas. ¡TOC!

20. Me aburren infinitamente los museos y al vigésimo cuadro la verdad es que dejo de poner atención. Y cuando voy de viaje es lo último que pienso en visitar. Prefiero conocer una ciudad por sus calles y no por sus cuadros. Me parece mucho más interesante una exposición puntual (y no todas, claro)... ¡Y no por eso soy menos turista ni menos persona!