La venus de las pieles | La gran belleza

lunes, 3 de febrero de 2014

Ayer tuve una estupenda tarde de cine en Madrid en los Cines Verdi, unos de mis favoritos: buena ubicación, una cartelera casi siempre interesante y una apuesta continua por ofrecer cosas interesantes.

Las películas del domingo fueron europeas: la última de Roman Polanski y la premiada de Paolo Sorrentino, actual candidata al Oscar a la Mejor Película Extranjera en nombre de Italia.

Polanski vuelve a apostar por el teatro en una puesta en escena minimalista, íntima, con dos únicos personajes como eje y motor de la acción. El resultado: una grata sorpresa. Debo reconocer que iba con cierto resquemor y que La Venus de las pieles no era mi primera opción cinematográfica para la jornada. Pero las cosas se dieron y me alegro de que haya sido así. Emmanuelle Seigner, pareja de Polanski en la vida real, está perfecta en el papel de la actriz aspirante al rol protagónico: a sus 48 años desborda sensualidad, fuerza y delicadeza a partes iguales. Siempre he dudado de su calidad, pero ayer pude ver que tiene más recursos de los que suele mostrar. Vanda le viene como anillo al dedo en este juego de máscaras, de roles, de fuerzas y de sueños, que a mi gusto tiene unas cuantas posibles lecturas, muchas más de las que el texto original parece poseer. No sé si es voluntad de Polanski o es que el resultado le ha quedado así...

Su contraparte es el director, malhumorado y frustrado, que interpreta Mathieu Amalric, quizás un alter ego del joven Polanski, que cae en las redes de la Vanda real y la de la obra, entrando también en ese pasillo de espejos que no sabemos bien adónde nos llevará hasta, literalmente, el último minuto del metraje. Entretenida, apasionante y muy interesante película que no debe confundirse con un film menor. Tiene tantas cosas por sacar que, a mi gusto, aguanta incluso varios pases antes de poder paladearla por completo.

 

La Gran Belleza


El cierre de la tarde de cine vino desde Italia, desde una Roma colorida, bella y sofisticada, tan vacía como impresionante. Paolo Sorrentino, autor de gran éxito en la península itálica y en otras latitudes, llena la pantalla con la historia de Jep Gambardella, un escritor culto, crítico, autor de una antigua novela de cierto éxito (aunque de dudosa calidad) que vive rodeado de un grupo de burgueses tan superficiales como tristes, en un tren de existencia donde prima la carcasa externa, pero que no acaba de encontrar su lugar, de saber qué busca, qué quiere, qué le hace feliz. A sus 65 años, recién descubre que el tiempo se le va de las manos y decide dedicarse a hacer lo que le gusta.

Sorrentino se toma el tiempo para llevar al espectador a su terreno, quizás uno de los pilares de su éxito de crítica y público, y no apura tomas ni transiciones para transmitir ese calmo desasosiego del protagonista en busca de inspiración, de sentido, de algo que le dé valor a su vida, más allá de lo exterior, del adorno. Si bien parece tenerlo todo, la vida le demuestra que todavía necesita algo para llenar ese hueco existencial en el que se encuentra, rodeado también de seres tan vacíos y cínicos como él, incapaces de enfrentarse a la realidad. Tanto es así que cuando lo hacen, se quiebran en tantos pedazos que es difícil volver a recomponerlos de la misma forma.

Toni Servillo está impecable como el periodista Gambardella, y está acompañado de un variopinto grupo de amigos y conocidos que representan otras aristas de la vida moderna romana, de esa clase pudiente que vive sin preocupaciones económicas, pero sin conseguir la supuesta felicidad que el dinero otorga. No obstante, las crisis y las tribulaciones de los personajes traspasan la barrera de lo socioeconómico y se adentran en lo más profundo del ser humano, manifestando problemáticas del individuo que nada tienen que ver con su billetera, sino más bien con la esencia misma de las personas en una sociedad dura, egoísta, superficial y hasta cruel.

Pero Sorrentino tampoco se queda en lo vulgar, en lo duro, en la masacre social y espiritual. El director llena la pantalla de imágenes, de poesía, de música y de arte, en un ejercicio cinematográfico de alto nivel, donde cada pasaje, cada juego de luces, cada rincón parece contar una historia, parece tener algo que decir, que aportar, que interpretar. Además, enmarca de forma perfecta cada línea, cada golpe de un texto que guarda auténticas joyas, diamantes que impactan y que duelen a la vez. Sin querer rendirme totalmente ante sus encantos y su éxito, La Gran Belleza es una de las mejores películas que han llegado de Italia en los últimos años: completa, bella, dura, triste y llena de matices, tantos como la misma Roma es capaz de ofrecer.

Nota: Al volver a casa, me entero de que encontraron muerto a Philip Seymour Hoffman, un gran actor que nos deja a los 46 años y con una, imagino, gran carrera por delante. Es lo que tiene el cine, nos alegra y nos entristece a la vez.

Agosto | Her | La vida secreta de Walter Mitty

sábado, 1 de febrero de 2014



Agosto es una película que golpea, no solo por la crudeza de su texto (cada palabra pesa, hiere, hace daño), sino también por la fuerza de sus interpretaciones. Justamente esta mañana hablaba con mi padre y me decía que sentía que se había desaprovechado al reparto (supongo que hacía sobre todo referencia al masculino, al que parece rodear la acción sin llegar a hincarle el diente). La verdad es que entiendo su argumento, pero, tal como le repliqué, supongo que ocupan el lugar que les corresponde en una película diseñada a medida para la temporada de premios y para un guión tan teatral como su origen.

Pero sí, sin duda, Agosto es una película de mujeres. Y no porque ellas sean el público principal, sino porque son ellas las que llevan la voz, las que la alzan, las que golpean la mesa, rompen los platos, estallan en llanto y las que ríen a carcajadas cuando el drama deja entrar al humor: negrísimo, denso, tan espeso como un yogurt de mercurio. Sobre todo es una película seca, árida, tan incómoda de agarrar como un cactus, pero porque árido es el recorrido de esta familia en su historia y en los días en que se ven obligados a compartir cama, comida y techo.

Meryl Streep lidera un reparto de mujeres como Julia Roberts y Margo Martindale, donde ninguna tiene que agachar la cabeza ante el talento de la matriarca: están todas a la altura de las circunstancias, aunque ninguna especialmente brillante como para arrasar en la temporada de premios.

AMOR SOFTWARE-NATURAL


Her ha sido una sorpresa. Por su trama, por sus actores, por su colorido, por su inestimable capacidad de enamorar y de poner incómodo a partes iguales. Joaquim Phoenix firma una de sus mejores actuaciones y Scarlett Johanson se sale por todos lados sin asomar la nariz en todo el metraje: pero está magnífica. Paso a paso se va ganando el respeto de una industria que suele limitar el talento de las guapas de turno a sus curvas.

Spike Jonze nos sumerge en una fábula tecnológico-romántica tan dulce como alarmante, tan cercana, tan real. Poco extraño me resultaría ver esas escenas en la vida diaria en breve: nuestra sociedad hiperconectada e infoxicada camina a pasos agigantados hacia un aburguesamiento digital que, si no tenemos cuidado, terminará por generar individuos solitarios y necesitados, que se sentirán incómodos en el contacto de la piel del otro.

Pero a la vez la historia de los protagonistas es tan tierna, tan pura, tan inocente, que hasta parece un cuento de hadas a ritmo de bits. Tanto así, que nos quedamos con ganas de más...

ENTRETENIMIENTO SIN MÁS


La vida secreta de Walter Mitty es un cuento, un sueño y una aspiración del hombre moderno: viajar, vivir aventuras, sentir la adrenalina... Es la necesidad de los urbanitas de traspasar las barreras del cemento y adentrarse en historias llenas de peligros, altos, bajos y muchas curvas. Si bien pensé que tendría que agarrarme al asiento para no caerme, la película de Ben Stiller se queda en una mera secuencia de paisajes de ensueño, de aventurillas de película adolescente y en una fantasía tan desmedida como algunos de los efectos digitales.

Entretenida, ligera y olvidable, no aporta nada más que un rato de desconexión, un par de risas y poco más. Si al principio hablábamos de desaprovechar al reparto, Shirley MacLaine va sobrada en este aspecto.