Mi último sábado... un día de cine

martes, 31 de diciembre de 2013

Mi última incursión al cine, debo reconocer, me dejó un muy buen sabor de boca como espectador. Primero, disfruté de la simpleza de Sobran las palabras (Enough said), que se vende como la "última película" del fallecido actor James Gandolfini (Los Soprano), pero que es un film en el que se luce con holgura Julia Louis-Dreyfus (Seinfeld, Veep, The new adventures of old Christine) como una madre que empieza a sentir el síndrome de nido vacío y no sabe muy bien qué hará con su vida una vez que su hija vaya a la universidad.

La sonrisa de Julia Louis-Dreyfus y la calidez de Gandolfini son la baza ganadora de esta cinta. Ambos se ven absolutamente cómodos en sus posiciones y su relación resulta absolutamente veraz, posible, alcanzable y hasta envidiable, por su honestidad sin adornos ni recovecos.

Siempre me sorprenden para bien estas pequeñas películas que se cuelan en la cartelera sin aspavientos ni grandilocuencias, y que, sin tener una factura impecable, un guión memorable o una dirección de renombre, terminan por conquistar a la audiencia precisamente por su familiaridad, su imperfección y el notorio amor con el que están hechas. Sobran las palabras no pasará a la historia en ningún caso como una gran película, pero se quedará en el corazón del público por ser tierna y dulce, románticamente cercana, realista en su propia fantasía y tan entrañable como aquella historia de amor que todos podríamos vivir: cotidiana, sencilla y cálida, como un pijama.

Mi sábado continuó con la segunda parte de El Hobbit: La desolación de Smaug, en versión original subtitulada y 3D, una ecuación que, al menos a mí, no me resulta agotadora. Es cierto, tengo debilidad por Peter Jackson y por los universos que crea, pero debo decir que le compro absolutamente las historias que cuenta en este film, la adaptada y la inventada, porque encajan a la perfección en un juego de acción tan efectivo como eficaz, puro entretenimiento.

Resulta curioso que muchos críticos filosofen sobre la escasa impronta que deja el director neozelandés en estas películas y sobre si se ha vendido a una industria. La verdad es que reconozco al Peter Jackson de la trilogía de El señor de los anillos en cada plano de estas nuevas películas y agradezco que se mantenga fiel a sus principios, a los mundos creados y siga enmarcando las aventuras de Bilbo Bolsón hasta en las mismas bases musicales. No hay como volver a casa 10 años después del fin de la primera tanda.

Estas 2 horas y 38 minutos no dan respiro al espectador y, al menos a mí, me mantuvieron atento a cada trozo de la pantalla (incluso en las repugnantes escenas de las arañas... ¡mi mayor pesadilla en 3D!). Entretenida, oscura, vibrante y con mucha testosterona, precisamente lo que se podría esperar de una película de aventuras, porque no olvidemos que estamos viendo una buddy-movie en toda regla, eso sí, teñida de toda la calidad de un universo que solo Peter Jackson ha sabido manejar y al que ha vuelto en todo su esplendor.

Blue Jasmine (Woody Allen, 2013)

miércoles, 11 de diciembre de 2013

 

Cate Blanchett devora a Jasmine, un personaje que pone a la actriz en un punto todavía más alto -si eso era posible- en su carrera, en su desbordante talento (además, desprende mucho olor a premios) y en su  deslumbrante belleza que parece mejorar con el paso de los años. Y Cate Blanchett devora también a Blue Jasmine, la última película de Woody Allen, que no tendría ningún sentido sin ella llenando la pantalla. Es uno de esos momentos cinematográficos que cada futuro aspirante a actor o actriz debería repasar una y otra vez, simplemente para saber a qué deben aspirar...

Blanchett prácticamente aparece en cada escena del metraje, salvo algunos momentos que le otorga el director a Sally Hawkins para un lucimiento menor, aunque igualmente efectivo. Pero es Jasmine, sin duda alguna, la única y absoluta protagonista de un guión eficaz, interesante y algo más triste que los últimos filmes del director.

Jasmine está al borde del abismo porque su vida de amor y lujo ha cambiado por una realidad demasiado real para ella. El antagonismo entre la sofisticada Nueva York y la mundana San Francisco (que también ocurre con las hermanas) se visualiza en la luz, en los espacios y en los personajes, entre los cuales la protagonista arrastra sus miedos, sus penas y la esperanza de recuperar aquello que perdió. Puede parecer únicamente materialista, pero Jasmine no solo quiere recuperar su vida de alta sociedad, sino también un amor que ella tenía idealizado y que se rompió al compás de su cuenta bancaria y de las infidelidades de su marido. En el fondo, ella es una idealista-arribista que no sabe vivir de otra forma.

Woody Allen recupera buena parte de lo mejor de su cine al dejar de preocuparse más por las localizaciones y centrar su atención en la historia, en el guion, en el diálogo, en sus personajes. La coralidad actoral de Vacaciones en Roma se le escapó de las manos, pero la fortaleza del pilar de esta película (Jasmine), así como el soporte de un escaso puñado de secundarios, le han dado un brío insospechado a una cinta que apuntaba maneras de guía turística y que se ha convertido en una grata sorpresa.