Mi último sábado... un día de cine

martes, 31 de diciembre de 2013

Mi última incursión al cine, debo reconocer, me dejó un muy buen sabor de boca como espectador. Primero, disfruté de la simpleza de Sobran las palabras (Enough said), que se vende como la "última película" del fallecido actor James Gandolfini (Los Soprano), pero que es un film en el que se luce con holgura Julia Louis-Dreyfus (Seinfeld, Veep, The new adventures of old Christine) como una madre que empieza a sentir el síndrome de nido vacío y no sabe muy bien qué hará con su vida una vez que su hija vaya a la universidad.

La sonrisa de Julia Louis-Dreyfus y la calidez de Gandolfini son la baza ganadora de esta cinta. Ambos se ven absolutamente cómodos en sus posiciones y su relación resulta absolutamente veraz, posible, alcanzable y hasta envidiable, por su honestidad sin adornos ni recovecos.

Siempre me sorprenden para bien estas pequeñas películas que se cuelan en la cartelera sin aspavientos ni grandilocuencias, y que, sin tener una factura impecable, un guión memorable o una dirección de renombre, terminan por conquistar a la audiencia precisamente por su familiaridad, su imperfección y el notorio amor con el que están hechas. Sobran las palabras no pasará a la historia en ningún caso como una gran película, pero se quedará en el corazón del público por ser tierna y dulce, románticamente cercana, realista en su propia fantasía y tan entrañable como aquella historia de amor que todos podríamos vivir: cotidiana, sencilla y cálida, como un pijama.

Mi sábado continuó con la segunda parte de El Hobbit: La desolación de Smaug, en versión original subtitulada y 3D, una ecuación que, al menos a mí, no me resulta agotadora. Es cierto, tengo debilidad por Peter Jackson y por los universos que crea, pero debo decir que le compro absolutamente las historias que cuenta en este film, la adaptada y la inventada, porque encajan a la perfección en un juego de acción tan efectivo como eficaz, puro entretenimiento.

Resulta curioso que muchos críticos filosofen sobre la escasa impronta que deja el director neozelandés en estas películas y sobre si se ha vendido a una industria. La verdad es que reconozco al Peter Jackson de la trilogía de El señor de los anillos en cada plano de estas nuevas películas y agradezco que se mantenga fiel a sus principios, a los mundos creados y siga enmarcando las aventuras de Bilbo Bolsón hasta en las mismas bases musicales. No hay como volver a casa 10 años después del fin de la primera tanda.

Estas 2 horas y 38 minutos no dan respiro al espectador y, al menos a mí, me mantuvieron atento a cada trozo de la pantalla (incluso en las repugnantes escenas de las arañas... ¡mi mayor pesadilla en 3D!). Entretenida, oscura, vibrante y con mucha testosterona, precisamente lo que se podría esperar de una película de aventuras, porque no olvidemos que estamos viendo una buddy-movie en toda regla, eso sí, teñida de toda la calidad de un universo que solo Peter Jackson ha sabido manejar y al que ha vuelto en todo su esplendor.

Blue Jasmine (Woody Allen, 2013)

miércoles, 11 de diciembre de 2013

 

Cate Blanchett devora a Jasmine, un personaje que pone a la actriz en un punto todavía más alto -si eso era posible- en su carrera, en su desbordante talento (además, desprende mucho olor a premios) y en su  deslumbrante belleza que parece mejorar con el paso de los años. Y Cate Blanchett devora también a Blue Jasmine, la última película de Woody Allen, que no tendría ningún sentido sin ella llenando la pantalla. Es uno de esos momentos cinematográficos que cada futuro aspirante a actor o actriz debería repasar una y otra vez, simplemente para saber a qué deben aspirar...

Blanchett prácticamente aparece en cada escena del metraje, salvo algunos momentos que le otorga el director a Sally Hawkins para un lucimiento menor, aunque igualmente efectivo. Pero es Jasmine, sin duda alguna, la única y absoluta protagonista de un guión eficaz, interesante y algo más triste que los últimos filmes del director.

Jasmine está al borde del abismo porque su vida de amor y lujo ha cambiado por una realidad demasiado real para ella. El antagonismo entre la sofisticada Nueva York y la mundana San Francisco (que también ocurre con las hermanas) se visualiza en la luz, en los espacios y en los personajes, entre los cuales la protagonista arrastra sus miedos, sus penas y la esperanza de recuperar aquello que perdió. Puede parecer únicamente materialista, pero Jasmine no solo quiere recuperar su vida de alta sociedad, sino también un amor que ella tenía idealizado y que se rompió al compás de su cuenta bancaria y de las infidelidades de su marido. En el fondo, ella es una idealista-arribista que no sabe vivir de otra forma.

Woody Allen recupera buena parte de lo mejor de su cine al dejar de preocuparse más por las localizaciones y centrar su atención en la historia, en el guion, en el diálogo, en sus personajes. La coralidad actoral de Vacaciones en Roma se le escapó de las manos, pero la fortaleza del pilar de esta película (Jasmine), así como el soporte de un escaso puñado de secundarios, le han dado un brío insospechado a una cinta que apuntaba maneras de guía turística y que se ha convertido en una grata sorpresa.

La Suiza de mis sueños y la real

lunes, 18 de noviembre de 2013

Cuando comencé a organizar mi viaje de cumpleaños a Basilea, la verdad es que estaba totalmente a ciegas en cuanto al destino. No obstante, mi cabeza, víctima de tantas ideas preconcebidas absurdamente, rellenaba los espacios con muchas verdes praderas, montañas iluminadas por el sol y vacas chocolateras... ¡Error! Basilea no es nada de eso.

Lo que alguien describió en Internet como "la ciudad más aburrida del mundo" es un núcleo urbano muy agradable, limpio, impoluto, grisáceo, bonito (lo justo) y con muy buen transporte público. Es cosa de imaginar a uno de sus hijos más ilustres: Roger Federer. Una educación exquisita, amabilidad y contención, pero con una fría distancia y mucha parquedad. Sobria es la palabra que mejor podría definirla.

Tiene rincones muy bonitos, bucólicos quizás, pero conviven con una Basilea industrializada y universitaria (aunque debe ser la ciudad con menos vida universitaria de las que he conocido). Bueno, en realidad una de las con menos vida no sería del todo erróneo reconocerlo. Hay grandes farmacéuticas en estas tierras, con sus grandes chimeneas humeando libremente por el aire puro que uno supone respirar en las inmediaciones alpinas, aunque realmente no se ven Los Alpes, nada más que desde el avión se puede atisbar alguna alta cumbre por la zona. Y hablando de aviones, ahora puedo decirlo: "putas turbulencias"... ¡Vaya susto que nos llevamos en el viaje de ida! Pero pasó, pasaron y el resto del trayecto fue tranquilo. Pero no es forma de celebrar un cumpleaños...

El Rin, que atraviesa la ciudad, es una de las grandes atracciones: regatas, canotaje, barcos que cruzan el río a los turistas y locales por algo más de un franco y medio. Nos tocó verlo gris y apagado, pero a mí me da mucha vida estar en un lugar con agua (río, mar o lago) y, qué puedo decir, me imaginaba en una terracita al fresco del verano suizo, disfrutando del ambiente a orillas del Rin. ¡Eso sí sería un viaje ideal!

Basilea, como parece que ocurre con todo Suiza, es una ciudad muy cara. Comparativamente, en Madrid desayuno una tostada con tomate y aceite y un café con leche, por 2,50 euros. En Basilea, un café y un croissant (o algo parecido), cuesta 7-8 euros, o más, dependiendo del lugar. Las comidas y cenas no bajan de los 30-50 euros por persona (sin tener en cuenta vino, café ni nada que se le parezca). Para compensar, en los hoteles te dan, según te registras, una tarjeta para moverte por la ciudad de forma totalmente gratuita durante tu estancia.

Es cierto que es una ciudad para pasear, pero también es cierto que está muy poco preparada para el turismo. Los carteles y la información vienen escasamente en inglés (para qué decir en español o en otros idiomas que no sean francés, alemán o las lenguas locales). Curiosamente, me imaginaba una ciudad llena de "cafés con tarta", o lo que viene a ser un lugar para disfrutar de la repostería local al calor de un buen café o de un chocolate caliente. Pues no, solo encontramos uno y que siempre estaba lleno (por eso de ser el único, quizás). No dimos con ningún lugar que pareciese medianamente agradable para pasar un rato. Todo eran pastelerías o chocolaterías con 3 mesas en una barra mínima y muy poco confortables, donde además te clavaban en francos suizos por cada cosa que se te ocurriese pedir.

Eso sí, me comí las mejores naranjas escarchadas (confitadas) y bañadas en chocolate que he comido en mi vida. El lugar es este: http://www.confiserie-schiesser.ch/, en plena Marktplatz. Los precios, por supuesto, en francos suizos. Recomiendo también esta otra chocolatería a pocos metros (http://www.laederach.com/chen/shops/locations/basel/marktplatz/), porque nada más entrar uno se siente como uno de los perros de Pávlov.

Otra de las decepciones, es que soñaba con un viaje rodeado de quesos. Pues no, solo encontré una tienda de quesos en todo el recorrido... Sí, solo una, y que a pesar de ser ínfima (algo así como dos expositores), tenía una interesante variedad de quesos. ¿Realmente fui a Suiza? El punto es ese, que Basilea bebe demasiado de la influencia de 3 nacionalidades: francesa, alemana y suiza, lo cual la convierte en un híbrido que no termina de encontrar su propia identidad.

Noviembre es un mes de frío... lo digo por si a alguien se le ocurre ir en esta época. Y no tiene nada que ver con el frío de Madrid. No, es frío de verdad. Del bueno...

Cuando releo el texto y cuando pienso en el viaje, parece que la sensación general no es tan positiva como otros destinos. Quizás sea cierto, pero curiosamente me quedo con ganas de ver Basilea en una época más amable, menos gris y menos fría. Quizás eso haga que la sensación y el ambiente general sea menos parco y más agradable. De todas formas, hay unos buenos paseos por la ciudad, muchas cosas que descubrir y, claramente, un fin de semana no es suficiente para ver todo lo que se puede ver. Basilea y yo necesitamos un cortejo más largo, porque la chispa no ha sido fulminante. Pero no culpo a Basilea únicamente, porque la verdad es que dediqué muy poco tiempo a informarme acerca de la ciudad, de su historia y de sus posibilidades.

Recomiendo a los viajeros visitar la página de la Oficina de Turismo de Basilea (http://www.basel.com/es), completa, funcional y con la posibilidad de pedir guías y mapas a casa, que te envían de forma gratuita. ¡Todo un descubrimiento de lo que es un buen y eficaz servicio!

Experiencia de viaje

martes, 27 de agosto de 2013

En mi último viaje a Chile, además de las muchas experiencias, encuentros y reencuentros que siempre son agradables, tuve la experiencia de volar con dos compañías, una a la ida y otra a la vuelta. La verdad es que resulta difícil explicar qué se siente, pero es toda una aventura.
 
Sin querer menospreciar la labor de nadie, debo decir que la ida fue infernal comparada con la vuelta. Y nada tiene que ver con la experiencia del piloto o las turbulencias, que en ambos casos fueron escasas y muy leves, apenas perceptibles la mayoría del tiempo. Incluso más al regreso, podría asegurar. Pero eso no hace una diferencia muy grande en dos compañías aéreas importantes... lo relevante es lo que se ve, se huele, se siente y se disfruta.
 
Volar en Iberia a Santiago de Chile es como un regreso al pasado: hay una pátina gris que tiñe todo lo que uno mira... parece que el tiempo ha hecho mella en sus aviones, en los asientos, en los baños, en la luz. Todo parece más triste volando con ellos. Resulta casi como volar en los años 80 o en los primeros 90: el tiempo pasa y se detiene allí dentro. Las pantallas, cuando funcionan, siempre se ubican en posiciones imposibles, se ven algo borrosas, como desenfocadas... Y esto es algo personal, pero la opción de inglés o dobladas de las películas me resulta muy siglo XX.
 
Curiosamente, una de las quejas principales de los pasajeros de Iberia, entre los que me incluyo, es que las azafatas son bordes, secas y poco amables. Lo peor es que conozco a varias de ellas fuera de su trabajo y son encantadoras, pero ese no es el tema. Me tocó una azafata que, además de excesivamente amable era eficiente, atenta y encantadora. Ella sola hacía más trabajo que dos de sus compañeros juntos... una verdadera máquina de atender pasajeros, sin despeinarse ni sudar una gota. ¡Un lujo! Así que nunca más diré aquello de TODAS las azafatas...
 
El regreso fue en Lan Chile, un salto hacia el futuro. El avión, impecable, nuevo, luminoso y donde el aire parecía circular mejor, me trajo de vuelta a Madrid. Debo decir, además, que ganó puntos el hecho de volar solo, sentado en la ventanilla y sin compañía, o más bien solo acompañado por la pantalla de entretenimiento asegurado que tenía en frente... ¡Un lujo! No volaba en un avión de estos hace mucho, así que saqué todo mi provincianismo y repasé completa la oferta: películas, series, música, juegos y la información de vuelo que, no sé a vosotros, pero a mí me encanta. Es como el vicio de mirar el Weather Channel durante horas, aunque sea poco lo que cambia...
 
Me lo pasé de lujo: 3 películas, 3 capítulos de series y juegos... La música, siempre más fácil de acceder a ella, la dejé para otro viaje. Incluso había temporadas completas de series tan relevantes como The Newsroom, a un dedo de distancia. ¡Increíble! Y había más de 40-50 films en catálogo y un buen puñado de series también. Así los viajes no solo pueden durar 13 horas, sino que deberían ser un poco más largos para aprovechar la diversión. De poco me importó que mi pastilla para dormir no me hiciera un efecto profundo, porque no me dio tiempo a aburrirme. ¡Hubiese visto al menos 5 películas más y toda la primera temporada de The Newsroom!
 
Si bien es cierto que la comida en Iberia no estuvo tan mal como en otros viajes, me gustó más la de Lan, quizás también mediatizado por la comodidad, la calidad de los auriculares, la manta y la almohada. Pero no acaba todo ahí: la experiencia del baño es mejor en la aerolínea chilena. Además de jabón había crema para las manos, toallas húmedas (refrescantes) y otros "accesorios" para utilizarlos al visitar el servicio. Son pequeños detalles que demuestran que un pasajero normal se contenta con cosas normales.
 
Sinceramente, si tengo y puedo volver a elegir, no dudaría en volar con Lan. La experiencia fue infinitamente más grata y cómoda como usuario, tanto en el servicio en tierra como en aire. Es evidente que es más caro volar con ellos, pero si la diferencia es razonable, no dudaría en pagarla. Lo siento por Iberia, pero en este "enfrentamiento" poco tiene que decir...

Derechos y deberes van juntos

domingo, 21 de julio de 2013

Hablar de derechos humanos, aquellos inherentes a los individuos por el solo hecho de existir, no pone en entredicho, bajo ningún tipo de circunstancia, a los deberes y responsabilidades ciudadanos. Es un argumento común demonizar la defensa de los derechos como forma de menospreciar los deberes, pero en ningún caso es la respuesta que se pretende ofrecer.

Asumir un derecho implica, evidentemente, la generación de una serie de responsabilidades en el individuo que es sujeto de ese derecho. Por ejemplo, el acceso a la educación -sobre todo la obligatoria, según la ley fundamental de cada Estado- debería ser universal, gratuito y de calidad. Pero eso no quita que los ciudadanos deban cumplir una serie de requisitos y condiciones para sacar provecho de esa educación.

Universal no quiere decir libertina y gratuita no quiere decir que no tenga costes. Costes en cuanto a esfuerzo personal y académico, para los individuos; y costes monetarios, para el Estado. Por ello, es necesario también contar con un sistema impositivo que sea capaz de sostener ese sistema universal y gratuito, porque el hecho de que los ciudadanos no paguen directamente no significa que su puesta en marcha y funcionamiento no tenga coste alguno. Es más, si hay un sistema impositivo justo, que vaya en concordancia con los ingresos y que persiga el fraude y la evasión fiscal, son los ciudadanos los que realmente están pagando el sistema educativo con sus impuestos, eso no lo podemos perder de vista. 

El Estado, como ente político, no regala nada que no haya repercutido en los individuos de alguna manera. Si el Estado tiene dinero, es porque lo ha obtenido de impuestos o por otras vías establecidas en la Constitución y las leyes. Y es que una falacia habitual que se utiliza para atacar el Estado de bienestar es que el Estado no es capaz de mantener el sistema. La respuesta es que sí lo es, siempre y cuando exista una estructura en la que los ciudadanos sean parte responsable del proceso y fuente de derecho a los servicios básicos, y no meros receptores de beneficios otorgados por caridad por un Estado paternalista.

El Estado de bienestar no es un sistema monárquico donde el rey (Estado) es caritativo con sus súbditos (ciudadanos). Por el contrario, es un sistema interrelacionado donde los ciudadanos son parte del Estado, por cuanto son los que sostienen económicamente el Estado de bienestar con sus deberes y responsabilidades civiles, en los que se debe favorecer la equidad en el acceso a los beneficios y prestaciones sociales; y la eficiencia, en cuanto a los deberes y derechos, y la forma de ejercerlos. El Estado, por sí solo como ente independiente, no es capaz de sostener nada.

Si bien es cierto que no hay consenso en la definición de Estado, variante a lo largo de la historia y de la disciplina que lo aborda, es cierto que casi siempre se dan cita elementos como: organización y sociedad. Entendido así, es necesaria esa estructura social que sostenga a un Estado, porque por sí solo no es más que un conjunto vacío de individuos. El Estado forma parte de la vida de los individuos y estos son los que permiten al Estado funcionar y sostenerse. 

Con esto quiero repetir, ya para cerrar este post, que el Estado no es "padre" de la sociedad ni de los ciudadanos; tampoco es el proveedor ni la fuente inagotable de recursos. El Estado es una estructura social organizada en la que los ciudadanos se someten a deberes y responsabilidades, a cambio de la defensa y goce de sus derechos como individuos (derechos humanos). Y, dependiendo de los derechos y deberes que estemos dispuestos a disfrutar, tendremos un modelo de Estado u otro. Pero eso ya es tarea para otra entrada del blog.

¡La educación sí es un derecho!

jueves, 11 de julio de 2013

Axel Kaiser, autor de una columna de El Mercurio.com que ha encendido las redes sociales en Chile y más allá de sus fronteras, propone en ¡La educación no es un derecho! que existen una serie de "bienes económicos" que arbitrariamente se han reconvertido en derechos por interés de ciertos grupos.

Según el autor, la educación no sería más que "un bien escaso que satisface necesidades o deseos" y niega que esta sea un "derecho social", porque la sociedad en sí misma "no es más que una abstracción, y las abstracciones, a diferencia de los individuos, ni pueden ser titulares de derechos, ni por supuesto tampoco sujetos de obligaciones. Un derecho llamado "social", entonces, no es más que una exigencia de beneficios materiales que un grupo determinado de individuos plantea a otro grupo en general indeterminado de individuos sin ofrecer una contraprestación a cambio".

No obstante, me gustaría recordarle a Kaiser que la educación está considerada como uno de los derechos humanos y no únicamente como derecho social, por lo cual sí es inherente al individuo y no a esas "abstracciones" incapaces de ser titulares de derecho. Es curioso que el autor de la polémica columna solo recurra a los derechos "sociales" como argumentación, cuando ellos no son otra cosa que parte del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC, o ICESCR en inglés) que a su vez forman parte de la Carta Internacional de Derechos Humanos de la ONU.

De todas formas, es interesante fijarse en pequeños detalles: Kaiser sostiene que los "derechos sociales" pertenecen a la "sociedad" a la que califica de abstracción; pero, la propia definición que da la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, se refiere a ellos como "inherentes a la persona", sin mencionar que sean individuos en sociedad quienes puedan disfrutar de esos derechos, sino cada persona por el simple hecho de existir.

Además, es necesario aclarar que el Gobierno de Chile ratificó los contenidos tanto de uno como de otro. El PIDESC, cuyo artículo 13 establece que "Los Estados Partes en el presente Pacto reconocen el derecho de toda persona a la educación. Convienen en que la educación debe orientarse hacia el pleno desarrollo de la personalidad humana y del sentido de su dignidad, y debe fortalecer el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales. Convienen asimismo en que la educación debe capacitar a todas las personas para participar efectivamente en una sociedad libre, favorecer la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y entre todos los grupos raciales, étnicos o religiosos, y promover las actividades de las Naciones Unidas en pro del mantenimiento de la paz". El texto completo se puede leer en http://www.bcn.cl/lc/tinterna/tratados_pdf/tratado_dani616.pdf.

Con estas aclaraciones, es absolutamente necesario reconocer que la educación sí es un derecho y no un bien escaso o un servicio. El ser humano, dueño inherente de derechos atribuibles a la persona por el simple hecho de haber nacido (no olvidemos que los derechos humanos son aquellas libertades, facultades, instituciones o reivindicaciones relativas a bienes primarios o básicos que incluyen a toda persona, por el simple hecho de su condición humana, para la garantía de una vida digna, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición), tiene derecho a la educación según el derecho internacional acordado y ratificado por los países miembros de la ONU. De esta manera, su artículo 26 establece 3 ideas muy claras:
  1.  Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.
  2.  La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos; y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.
  3.  Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.
Si a alguien todavía le queda alguna duda de que la educación es un derecho, sería interesante comprender que el individuo no es un beneficiario de la educación, es decir no debería ser un "comprador de un servicio" ni el "receptor de un acto benéfico", sino que es sujeto de un derecho propio ligado a su existencia. Entender la educación de cualquier otra forma no es más que una tergiversación ideológica economicista con profundos intereses particulares.

Si queremos hablar de beneficios otorgados por la educación, deberíamos dejar de lado los puramente económicos y centrarnos en los beneficios cívicos, sociales, humanos, profesionales y personales que aportan al conjunto de la sociedad, de la Nación, del Estado, que no son abstracciones sino realidades concretas en las que vivimos a diario.

Un sistema educativo eficiente y universal es la herramienta capaz de eliminar lacras como el tan arraigado clasismo, que predetermina a la persona a un desarrollo dependiendo del entorno socioeconómico y cultural en el que ha nacido, echando por tierra las opciones de movilidad social y emprendimiento personal. Una ciudadanía educada permite mejorar los índices económicos, pero también mejora la convivencia social y ciudadana. Si el objetivo de la educación no fuese solamente hacia la consecución de una mejor posición económica, sino donde el individuo sea reconocido por los demás haciendo uso de valores tan necesarios como el esfuerzo, el trabajo y la responsabilidad, Chile tendría muchas mejores herramientas para enfrentar un nuevo período de su historia, con más y mejores técnicos y profesionales, apostando por la innovación, la investigación y el desarrollo; y, sobre todo, dejando atrás las estructuras colonialistas y postcolonialistas sobres las que se sigue estructurando la sociedad, una sociedad que no termina de entrar en el siglo XXI.

Un poco de humor...

martes, 25 de junio de 2013








Sé que parece que no estoy, pero estoy. Sigo aquí. No me olvido de mi blog ni de mi espacio. Solo que la vida me lleva por delante estos días... y yo me dejo llevar.

La economía del texto

jueves, 30 de mayo de 2013

Me exaspera la gente siútica y repipi para escribir. El lenguaje, sobre todo el periodístico que es el que ahora me preocupa, es claro y sencillo, sin dobleces ni florituras. Quien quiera escribir un libro o un cuento, que abra un blog o se autopublique. Para la prensa, mejor abordar el texto con corrección y concisión, que es lo que se agradece...

Los puntos, las comas, los guiones y las comillas tienen una razón de ser muy particular, y no están al servicio libre del creador de un texto periodístico. Por ello, no pueden ir en cualquier lugar, sino que deben ocupar ese preciso lugar en el que cumplan su cometido.

La rimbombancia no es más que un acto desesperado para llenar los vacíos intelectuales, textuales y contextuales del mensaje escrito.

Las frases hechas y los lugares comunes no solo demuestran una carencia de clase literaria, sino también de un bagaje cultural que permita sortear dichos obstáculos con graciosas metáforas o novedosas sentencias. La creatividad y la brillantez de un texto jamás han estado reñidas, de todos modos, con la sencillez. De igual manera, la ironía no está reñida con la seriedad ni con la objetividad.

No se trata de desprender a un texto de todos sus adornos, sino de recurrir exclusivamente a aquellos que no le separen de la elegancia expresiva y lo conviertan en una sumatoria de abalorios sin sentido, orden o armonía. Entregar un mensaje de forma adecuada, con las palabras justas, es un acto de positivo civismo que no deberíamos perder en ningún espacio de expresión, y mucho menos en los ya denostados espacios digitales.

Número 1 en ventas...

jueves, 23 de mayo de 2013


Mi libro "El Social Media no es una acción de quita y pon" alcanzó el número 1 en la categoría Internet y Web de la tienda Amazon en España. ¡Quería compartirlo y dar las gracias a quienes me han apoyado en esta nueva andadura editorial!

¡Gracias por todo!

Si lo quieres y todavía no lo tienes, lo puedes encontrar aquí: http://www.amazon.es/Social-Media-Una-Accion-Quita/dp/1484813103/.

Lista de nombres prohibidos en Chile

martes, 21 de mayo de 2013

Para padres que no deberían merecer el ejercicio de su paternidad en caso de querer nombrar a sus hijos así:


(Fuente: The Clinic.cl)

Así nos va, así les va...

sábado, 18 de mayo de 2013

El Gobierno aprueba la Lomce, una ley que nace muerta, que va a empeorar el paupérrimo sistema educativo español y que no aporta nada nuevo.

Más bien retrotrae la educación a tiempos pasados, desconfía de sus maestros y del profesorado, no propone mejoras en el acceso a la función docente e ignora todos los estudios internacionales respecto a coeducación, equidad, integración, etc.

Favorece la desaparición de la educación cívica real y se instaura una ética de tinte religioso (obviando la laicidad del Estado español), ignora los dictámentes de los tribunales respecto a los conciertos de centros que separan por sexo, entre otras.

Lo peor de todo, es que es una ley que se aprueba sin consenso, que no ha tenido en cuenta al colectivo docente ni a los padres ni a los estudiantes. Ha sido diseñada desde despachos, sin vínculo alguno con la realidad de los centros. Y tampoco ha tenido en cuenta la situación crítica de las comunidades autónomas para hacer frente a los costes que implica la implantación de una nueva ley educativa. Es más, su memoria económica se hará "sobre la marcha", según anunció el ministro. ¡Temblad autonomías!

Y podría seguir un buen rato, pero no hace falta. Ellos ya se encargarán de venderla como la alternativa necesaria y deseable en las próximas semanas. La gente terminará por creer que es así, porque en medio de este caos, cualquier cosa que prometa será bienvenida. Pero nada cambiará, e incluso, empeorará los resultados actuales. Todo esto si es que le da tiempo a tener recorrido, porque según cambie el Gobierno, cambiará la ley. Así nos va, así les va...

Las palabras no son inocentes

martes, 14 de mayo de 2013

Ayer escuché una frase en televisión que, si bien en apariencia es inofensiva y hasta tierna, en realidad encierra una carga sociocultural bastante violenta.

"... el hombre que le ha devuelto la sonrisa a Fulanita de tal".

Sí, muy dulce en apariencia. ¿Acaso ella no podía sonreír sin un hombre a su lado? ¿Acaso no puede ser feliz sin un hombre en su vida? Además, seguro que ella no necesita que alguien le devuelva la sonrisa, sino que simplemente la hagan reír. Y para eso no es necesario ningún género en particular.

Parece que es querer sacar las cosas de madre, pero mientras sigamos pasando por alto estos "pequeños detalles", la lucha por el tratamiento igualitario de las personas independientemente de su género, no avanzará.

Frases así, que escuchamos a diario, mantienen la imagen de que la mujer sin el hombre no puede SER: no es feliz, está sola, no sonríe, está necesitada de algo, le falta algo, etc. Lo peor, es que esta idea jamás se utiliza al contrario: una mujer no le devuelve la sonrisa a un hombre, simplemente le hace feliz o le acompaña, como un accesorio. Parece una tontería, pero ¿vemos el gran matiz cultural y social que esto implica?

Para que luego digan que las palabras son inocentes...

I Concurso de fotografía culinaria de Tomás en la Cocina

lunes, 22 de abril de 2013



Pondremos a tu disposición 5 recetas para que puedas prepararlas y hacer fotografías, tanto del proceso de preparación como del resultado. Las puedes encontrar AQUÍ.

Los ganadores, uno por cada una de las recetas, recibirán por correo postal una copia autografiada del libro Tomás en la Cocina. Recetas y secretos para principiantes y una carta de agradecimiento del autor. Previamente, se les notificará por correo electrónico su correspondiente premio y se confirmarán los datos de envío.

Podrá haber menciones especiales, que recibirán una copia en formato PDF de una publicación de Tomás en la Cocina.

Se valorará la creatividad, la calidad y la composición de las imágenes. Tendrán que ser enviadas en alta calidad de resolución, en un tamaño no inferior a 800 pixeles de ancho y 600 pixeles de alto.

La decisión será tomada por un jurado compuesto por la creadora del blog de fotografía Relative Imperfection (http://relativeimperfection.wordpress.com/); la product manager de Casa de Tartas (http://www.casadetartasmadrid.com/es/) y por el autor del libro Tomás en la Cocina. Recetas y secretos para principiantes.

Los participantes y ganadores cederán los derechos de sus imágenes a Tomás en la Cocina para su utilización y explotación, aun cuando no hayan sido seleccionadas para la etapa final del concurso. No obstante, las fotografías siempre llevarán el reconocimiento de autoría y los créditos correspondientes de sus autores en cualquiera de sus reproducciones.

Las imágenes deben ser remitidas por correo electrónico a info@tomasenlacocina.com, incluyendo el archivo con la o las fotografías, además de los datos del autor (nombre, apellidos, dirección postal, correo electrónico y teléfono).

El plazo de participación finaliza el 31 de mayo de 2013, y la elección y notificación de los ganadores se realizará durante el mes de junio.

Las bases completas del concurso las puedes ver aquí.

¿He vuelto?

sábado, 20 de abril de 2013

El tiempo vuela... hace un mes que no escribo en mi blog, no por gusto, sino porque tengo la cabeza en otros proyectos.

Sumado a mi mundo de Tomás en la Cocina (ebook, libro, web, Facebook y distribución), a mi trabajo diario, a mi próximo proyecto editorial (libro sobre Social Media) y el poco tiempo que tengo para descansar, tengo otras ideas en la cabeza para emprender. Y la vida no me da para tanto.

Por eso, aunque parezca que no voy a volver por aquí, lo haré con energías renovadas, historias de viajes, humor, recetas, comentarios de cine y muchas cosas más. Pero, por ahora, tenedme un poco de paciencia. ¡Lo necesito y lo agradezco! De momento, aunque estoy haciendo muchas cosas hoy, el sentimiento real es este:


Mi pack Pencilory

miércoles, 20 de marzo de 2013

Hoy recibí mi primer pack Pencilory, un regalo de mi amiga Sil que me pilló por sorpresa y que me alegró el día: una postal, un set de cubiertos de madera pintados a mano y un Pencilorian. Ya tenía mi taza personalizada, así que sigo aumentado la familia.

No dejen de visitar su web, su tienda en Etsy y su blog, siempre llenos de tantas tentaciones e historias, todo hecho a mano.

Ahora se lo agradeceré de forma privada, pero quería compartir en mi blog este regalo tan bonito. ¡Gracias Sil!

¡Feliz miércoles!

Experiencias de atención al cliente

jueves, 14 de marzo de 2013

Me he pasado más de una semana con diversas experiencias de atención al cliente y, como no podía ser de otra forma, el balance es absolutamente negativo.

Decidí portar mi línea de teléfono a otro operador, cansado de las tarifas abusivas de Movistar. Con el nuevo operador, todo funcionó perfectamente: en 24 horas confirmaron la portabilidad, en 72 horas recibí el teléfono y la nueva SIM, y 3 días más tarde, ya estaba con mi línea en funcionamiento. Con Movistar la cosa no fue tan fácil: primero, tuve que llamar para cambiar unos datos de titularidad que había intentado cambiar en su web innumerables veces. Lo conseguí. Después volví a llamar para otra consulta y, al igual que en la primera llamada, 6-7 minutos de agresividad comercial de un operador de atención al cliente para instalar TV, ADSL, móviles y no se qué otras cosas, pese a todas mis negativas desde el primer segundo.


Una vez solicitada la portabilidad, llegó el momento de contraoferta, quizás la peor experiencia. Además de mentirme deliberadamente de cara a la tarificación de mi nuevo operador y decirme que la información que ellos daban era falsa, me mejoraban la oferta: mismo terminal, mismas condiciones de tarifa, aunque algo más baratas. Lo único, tenía que buscarme la vida de cara a encontrar el teléfono (BlackBerry Z10) en una tienda, asegurándome que "será fácil, porque BlackBerry quiere vender teléfonos y estarán en todas partes", mientras recordaba las largas listas de espera de 600 personas esperando anteriores versiones del iPhone.

Dije que lo pensaría. Me volvieron a llamar 3 veces para saber si aceptaba sus condiciones, a todas dije que no y presenté las razones por las cuales no me quedaba con ellos. Finalmente, ante su falta de resolución y empatía, me mantuve en mi postura de cambiar de operador e irme después de 9 años como cliente. ¿Por qué me ofrecen lo que quiero cuando decido portar mi número a otra compañía en vez de haberme ofrecido algo decente hace un par de años cuando ni siquiera me querían dejar renovar un teléfono averiado porque había una permanencia vigente? Esa política de empresa que premia la "traición" sobre la "lealtad" no tiene ningún sentido para mí.

Ahora, vamos con el teléfono y la siguiente experiencia, esta vez en el ámbito online. Recibí la BB Z10 el viernes pasado, un móvil que funciona perfectamente y que tiene mucho potencial. La experiencia con él, hasta ahora, ha sido excelente (además, por fin tengo WhatsApp disponible, después de unos cuantos días de espera y rumores al respecto). El problema ha sido a la hora de sincronizar mi BB anterior con la nueva. Los manuales y tutoriales resultan sencillos y muy prácticos, pero la realidad es otra: he probado en dos ordenadores y no hay manera. Finalmente, tuve que pasar la información a mano, contacto por contacto.

Escribí a BlackBerry por Twitter porque el software BlackBerry Link no reconoce mi nuevo teléfono;  después de 3 mensajes con "obviedades" y posibles soluciones como las que se podían encontrar en cualquier foro, me han remitido a que hable con mi nuevo operador para que sean ellos los que escalen a BlackBerry la incidencia. ¡¿Qué?! Les he contestado que me parecía ridículo y que esperaba una respuesta decente.

Situaciones como esta me hacen perder la paciencia. Ya no solo falla el servicio de atención al cliente por teléfono, bastante desprestigiado, sino que una empresa de la talla de BlackBerry (problemas internos de lado), no se puede permitir este tipo de burocracias absurdas a la hora de asumir su "relanzamiento" en el mercado de la telefonía móvil. Dado que hay un buen número de usuarios que están teniendo este problema, lo suyo es que intentasen dar una respuesta formal de cara al público que los ha vuelto a elegir como proveedores, y ofrecer una información clara, precisa y que solucione el problema, no que lo haga más grande.

Me preocupa la poca atención que se presta al cliente. Hace dos días, estuve llamando a un teléfono 902 (tarificación especial) del servicio de atención al cliente de La Vida es Bella, para una consulta sobre un pack Gourmet que me habían regalado. Ocho llamadas en dos días y fue imposible: siempre estaban ocupados, pero esa información me la daban un par de minutos después de haber comenzado a tarificar la llamada. Decidía escribirles un e-mail ayer por la mañana con carácter de urgente, porque mi reserva para canjear el regalo era ayer por la noche. Más de 24 horas después, nadie se ha puesto en contacto conmigo. Lo más gracioso, es que en su web dice que han sido elegidos como el Mejor Servicio de Atención al Cliente de 2013. ¡¿Cómo será el resto?!

Y menos mal que tenemos una ley que nos protege como consumidores. Si no, ¿qué sería de nosotros?

¿No es sordomudo?

miércoles, 6 de marzo de 2013

Me llama la atención que todavía haya gente que se sorprenda cuando dice "sordomudo" y le corriges: "es sordo". El cortocircuito que se produce en su cabeza queda en evidencia en su cara de desconcierto. "¿Cómo que sordo y no sordomudo? Si no habla", piensan. Pero una cosa es que no quiera hablar y otra muy distinta es que no pueda. Acaso un alemán que no hable español, ¿es mudo? No, simplemente no se comunica de la misma forma que nosotros. En el caso de los sordos, todavía hay que llevarlo un paso más allá, porque no es una cuestión únicamente de lenguaje, sino de canal de comunicación: oral para unos, visual para otros.


El blog de Asorpe lo define: "Las personas sordas son aquellas que tienen una pérdida auditiva (mayor o menor) y encuentran en su vida cotidiana barreras de acceso a la comunicación y la información. Sordomudo es un término trasnochado e incorrecto que resulta molesto para este colectivo. Y es que tradicionalmente se pensaba que una persona sorda "aparentemente" era incapaz de comunicarse con los demás. No es así ya que pueden comunicarse a través de la lengua de signos y también de la lengua oral (en su modalidad escrita, hablada y cada cual en función de sus habilidades)".

La razón por la que muchos sordos no hablan depende no solo del grado de afección que tengan en el aparato fonador, sino porque muchos de ellos carecen de una educación adaptada que les permita fonar. No obstante, hay una obsesión en el mundo hablante por hacer que los sordos hablen, cuando la lengua de signos, que además en España es cooficial, funciona a la perfección. Lo hemos visto en películas como Hijos de un dios menor (en Chile se llamó Te amaré en silencio), donde la actitud paternalista del profesor que quiere a toda costa que la chica hable, pasa totalmente desapercibida para el gran público en medio de una historia "romántica".

Pero es cierto que el uso del concepto de "sordomudo" tiene una connotación peyorativa y lastimera. ¿Es discapacitado un sordo? Según la RAE, discapacitado se define: "Dicho de una persona: Que tiene impedida o entorpecida alguna de las actividades cotidianas consideradas normales, por alteración de sus funciones intelectuales o físicas". Con esta definición, me queda claro que si voy a un pueblo perdido en el interior de China, seré un discapacitado: no podré realizar una actividad cotidiana tan normal como comunicarme en la forma en que ellos lo hacen. ¿Me hace eso realmente discapacitado? ¿Y aquellos que no pueden expresar emociones o no sienten empatía, actividades del todo normales y cotidianas, son también discapacitados?

Un sordo tiene una limitación en la manifestación oral del lenguaje. Por lo demás, tienen todas sus capacidades y pueden hacer uso de ellas correctamente, sobre todo si han recibido una educación adaptada y adecuada. No hace mucho tiempo, en las escuelas se les ataba las manos a las personas sordas para que superasen la pereza y comenzasen a hablar, o se les prohibía signar como si eso fuese obra de algún demonio. Y tampoco es difícil encontrar que, ante los recortes en Educación (y también antes de ellos), en muchas clases en las que había un sordo, a este se le ponía a dibujar o a pintar mientras el resto de los "normales" seguían con el currículo.

Esa no es la forma de educar ni de inclusión a la que aspiramos. Un sordo tiene necesidades educativas especiales, simplemente porque requiere aprender a través de un canal distinto y exige un trabajo extra por parte de la gran mayoría de los profesores. En una oleada de bi, multi y plurilingüismo, me extraña que se deje totalmente fuera a una de las lenguas cooficiales del Estado español, y pocos hayan reparado en la necesidad de recuperar los refuerzos educativos en el aula para la comunidad sorda y con la posibilidad de contar con intérpretes en aquellos organismos de la Administración, en el ámbito local o estatal.

Hay unas cuantas tareas pendientes en torno a este tema, pero mientras sigamos empeñados en abordar únicamente la "normalidad" y dejar fuera las "eventualidades", en un afán homogeneizador de la población educativa y de la sociedad, pocos avances se conseguirán. Hay que atender a las individualidades y se hace absolutamente necesaria la atención por parte de las autoridades y de la misma sociedad respecto a este asunto.

Películas de (post) Oscar

sábado, 2 de marzo de 2013

Este año tuve poco tiempo de ponerme al día con las candidatas a los Oscar y fue poco lo que pude ver antes de la ceremonia (que tampoco he visto). No es falta de interés, sino de que realmente lo ponen difícil para verla aquí: horario y dinero. Sí, los Oscar se emiten en canales de pago y a las 3 de la mañana.

Dejando eso de lado, quiero hablar brevemente de tres de las películas nominadas este año: Argo, El lado bueno de las cosas (Silver Linings Playbook) y Django desencadenado (Django Unchained).


Argo es una película absolutamente oscarizable. La Academia no iba a dejar pasar tanta gloria al sistema y a la inteligencia americana. Pese a la ridiculez de estrategia que centra el argumento, la jugada dio buenos resultados y la hacía merecedora de todos los honores. Esto no quita que la película tenga muy buen ritmo y sea un buen ejercicio cinematográfico por parte de Ben Affleck, que apunta buenas maneras como director, pero que todavía tiene ciertas limitaciones como actor. No le vamos a restar el mérito que tiene ni vamos a discutir la reacción política del hecho. Simplemente es un divertimento a la antigua usanza, que bebe de las mejores películas de espías de la Guerra Fría, y que consigue sacar un buen latido a los espectadores.
 

El lado bueno de las cosas, es una comedia romántica (bien) disfrazada de algo más, pero no puede evitar caer en el tópico. Eso sí, los protagonistas son totalmente atípicos: "anormales" (con todo lo que aborrezco el concepto de "normal/anormal"), desequilibrados y siempre en el límite de sí mismos, lo que curiosamente aporta textura y color a una película que, de otra forma, hubiese pasado desapercibida. Jennifer Lawrence y Bradley Cooper tiene buena química, y ella está especialmente bien en su papel. El guión camina correctamente, aunque para mí se tropieza en el tramo final que me parece demasiado tópico/típico, para coronar lo que había dicho al comienzo del párrafo: su espíritu de comedia romántica queda en total evidencia.


Django desencadenado es puro exceso, a nivel Tarantino: grueso, basto y áspero, pero hilarante y ligero. Un Kill Bill o unos Malditos Bastardos en el medio oeste, con personajes que siempre llevan la justicia en las manos, y un buen reparto que permite la sólida construcción de la historia. El director se deja llevar una vez más por sus filias, pero se lo agradecemos, porque caen bien y están bien pensadas para llenar la pantalla. Ni siquiera el metraje se hace excesivo, aunque bien nos podría haber evitado un par de escenas. Pero la historia de venganza y justicia a partes iguales tiene su qué: funciona muy bien y no resulta facilona, pese a todas las licencias que se pueda conceder. La música, como siempre, es un plus perfecto para no tomarse demasiado en serio a sí mismo y funciona como un reloj en cada momento del film. Tarantino sigue teniendo mi voto de confianza.

Zero Dark Thirty, La noche más oscura (2012)

viernes, 22 de febrero de 2013


Zero Dark Thirty (La noche más oscura, su título en España), me ha parecido un peliculón. Tensión y buen ritmo en los casi 150 minutos que dura y dirigida con mano firme por Kathryn Bigelow, reafirmando que lo suyo son historias a base de adrenalina en estado puro.

Basada en hechos reales, aunque imagino que con muchos retoques de ficción y un buen maquillaje de cara a la historia "que debe ser contada", nos lleva desde los atentados del 11-S hasta la captura y asesinato de Osama Bin Laden. Y el viaje lo hacemos de la mano de Maya (Jessica Chastain) durante varios años de ardua investigación.

Bigelow no se corta un pelo (bueno, sí, se peina bastante y lo acomoda a gusto...) para enseñarnos y, de paso reconocer, que hubo torturas (aunque lo que vemos es mucho más light que cualquier escena de Disney), pero siempre, que no se nos olvide, en nombre de la libertad y la verdad. Quizás este es el punto más discutible de la historia y el hecho de que pueda provocar más urticaria fuera de las fronteras de EEUU: su política de postín y su superioridad valórica tratan de embellecer todo el relato en cuanto a la violación de derechos humanos, de fronteras, de seguridad, etc.

Aun así, creo que, guardando esa correcta distancia, la película está resuelta con holgura y pensando en un buen rato de puro entretenimiento, provocando esa conexión con el instinto de supervivencia más maquiavélico donde "el fin justifica los medios".

Sin embargo, no me parece carne de Oscar como muchos esperaban: no es una buena película, hablando en el sentido de la Academia, aunque sea muy resultona; no tiene el pulso de dirección que tenía The Hurt Locker (En terreno hostil) ni esa rabiosa testosterona con la que fue filmada; el trabajo actoral es decente y en su justa medida, donde solo podría lucirse Jessica Chastain como mucho (que ya tiene bastante con la nominación, porque el premio no será para ella).

Resumiendo, un buen momento de cine, pero nada para aplaudir con las orejas. Bigelow demuestra que tiene ritmo y que sabe hacer bien su trabajo, pero a Zero Dark Thirty le falta la mala leche que había detrás de su antecesora. Probablemente en los Oscar se vaya de vacío o se quede con alguna mención técnica. En el apartado de Mejor Guión, lo más alto que podría apuntar, tiene una dura competencia y pocas papeletas para levantar la estatuilla.

Humor gráfico de la semana

martes, 19 de febrero de 2013

 


 (Por eso es tan importante la ortografía... evita malentendidos)


 



  



¡Quiero ser!

miércoles, 6 de febrero de 2013

Permitirse el lujo de promover los estudios "eficientes" antes que los vocacionales, es un acto de mal gusto. Y es de mal gusto porque reduce a la persona a un pequeño engranaje dentro de todo un tinglado social y económico que necesita que cada individuo produzca, genere riquezas, consuma y gaste, ojalá sin mucho ruido, para que la máquina siga funcionando.

Es decir, quieren autómatas consumistas o consumidores automáticos, basándose en que es la única forma de que la crisis pase y la economía se recupere. El propio ministro Wert se refirió a este tema el lunes: "[Hay que] inculcar a los alumnos universitarios a que no piensen solo en estudiar lo que les apetece o a seguir las tradiciones familiares a la hora de escoger itinerario académico, sino a que piensen en términos de necesidades y de su posible empleabilidad".

Si realmente nos ponemos a pensar ahora mismo en términos de empleabilidad, lo mejor sería dejar de estudiar ya y dedicarnos a la política o al politiqueo, el único negocio rentable e impune. O a ser de la familia real (de cualquiera de ellas, para vivir del cuento -que no en un cuento-). O estrellita de telerrealidad, la nueva salida "profesional".

En la misma conversación, Wert se muestra sorprendido de que en la actualidad más de la mitad de las titulaciones sean en el ámbito de las Ciencias Sociales. Entiendo que su sorpresa viene a que es un sector improductivo y poco eficiente para el tejido empresarial. Pero ¿qué sería de nuestra sociedad sin los profesionales del ámbito de las Ciencias Sociales? Una sociedad más homogénea y manipulable, seguro; una sociedad con menos capacidad crítica y disonante, también.

Lo que más me llama la atención es que a nadie le preocupa la dimensión humana y personal del trabajo. Es decir, que da igual si somos infelices en un trabajo productivo mientras seamos capaces de alimentar y sostener la máquina de consumo. Entiendo que la idea de esto es que el propio consumo será nuestra vía para alcanzar la felicidad. ¡Qué equivocación!

Y como me gusta siempre provocar y llegar hasta el límite, entiendo que con esto echamos por tierra todas las vocaciones contemplativas y solidarias:

- Padres, he decidido seguir mi voz interior y ser sacerdote.
- Déjate de tonterías, improductivo, y estudia ingeniería o económicas. Si no, serás un muerto de hambre.

Sí, es un exceso, pero no dista mucho de quienes hemos tomado la decisión de ser periodistas, bailarines, actores, cantantes, filósofos, escritores, etc. La primera reacción de muchos es precisamente esa: "morirás de hambre", pero mi respuesta siempre ha sido: ¿a quién más le importa? Si paso hambre, es mi derecho y mi responsabilidad, asumida desde el momento en que tomé mi decisión. Pero prefiero pasarme la vida con el cinturón estrecho a trabajar en algo que no me gusta por el simple hecho de pensar en la empleabilidad como única referencia de futuro.

Así tenemos a muchos profesionales hoy, desmotivados y estresados, y a muchos jóvenes cuya única aspiración en la vida es a ser funcionarios públicos. Pero la respuesta no está en entrenarlos desde pequeños a ser emprendedores, consumidores y a plantearse su futuro en términos productivos, sino en dejar que las personas se desarrollen en los ámbitos en los cuales tienen talento, en los cuales puedan crecer como individuos y aspirar a una felicidad más filosófica que la felicidad otorgada por el dinero, esa misma que desde hace unos años demuestra ser tan efímera para la gran mayoría de la población.


Pedirle a una persona que deje de lado su vocación es casi tan peligroso como pedirle que deje de lado su esencia. ¿Podemos pedirle a alguien que deje de ser persona? No, es un caso perdido. De la misma forma en que espero que nadie vuelva a pedirme que deje de ser periodista. También es un caso perdido, porque es lo que soy. Y no desde la mera definición laboral, sino como persona. Nací para esto y es lo que más me gusta hacer en el mundo. Así de poderosa es la vocación, al menos la mía. Y no hay mayor valor que ese, que me motiva a diario para hacer muchas otras cosas que, tarde o temprano, me permitirán hacer lo que yo quiero. 
 
Eso es, para mí, ser productivo y eficiente: la coherencia con lo que soy, con lo que quiero y con lo que espero hacer en el futuro, la motivación que me mueve cada mañana a formar parte del mundo y de la sociedad. Pero no de una sociedad que me considera un ser productivo o improductivo, sino aquella que simplemente me considera un ser humano más y no espera de mí nada más que respeto, civismo y que sea feliz, con el efecto que eso pueda tener en mi entorno, como principal aportación.

De ahí que recupere una idea que leí hace unos meses y que me llegó hasta lo más produndo del corazón: ¿qué hacemos con nuestros estudiantes que entran al colegio queriendo ser astronautas y salen queriendo ser funcionarios públicos? Claramente hay algo que falla y, precisamente, la respuesta no viene dada por el ¡debes ser!, sino por el ¡soy! o el ¡quiero ser!