
Esta noche (en la madrugada española) se celebró la última entrega de los Oscar que, gracias a una mala noche de sueño y a Twitter, pude seguir paso a paso durante el tramo final de premios. Mientras
The Artist, película muda y en blanco y negro, le arrebataba a Scorsese de la mano los premios a Mejor Director y Película, yo celebraba la tercera estatuilla que levantaba Meryl Streep por
The Iron Lady en una noche en que Viola Davis se presentaba como la favorita de última hora según las especulaciones.
Pero no, Meryl y su soberbia interpretación de Margaret Thatcher se queda con su tercer premio, después de 17 nominaciones y 30 años sin levantar un Oscar. Se acerca a los 4 de Katherine Hepburn y todavía con un puñado de películas donde podrá lucirse como pocos saben. La heredera de Bette Davis, como la llamó la propia estrella de Jezabel, recogió un premio con sabor a revancha, con olor a muchos otros que perdió injustamente y con ánimo para levantar más estatuillas en el futuro.
A la espera de escuchar el discurso que dio la actriz, que recibió elogios en las redes sociales, sigo celebrando un reconocimiento que, si bien tardío, es más que merecido.