En el Metro

martes, 4 de septiembre de 2012


El Metro estaba atestado de gente, como cada mañana. Casi todos medio adormilados, salvo algún rebelde que sonríe o habla con alguien cercano. Algún valiente que lee concentradamente, no sé si luchando por no cerrar los ojos o realmente porque tiene especial interés en el texto. Otros escuchando música, en ese espacio de aislamiento que otorgan los cascos…

Mi mirada iba de un sitio a otro, recorriendo cada rincón del vagón, como cada mañana hacía. Sin duda que buscaba algo, aunque todavía no sabía realmente el qué. Me fijé en la mujer del bolso de marca, con olor a imitación, pero que portaba con orgullo. Su cuerpo redondo, abultado en lugares estratégicos y bien ajustado en una tela roja, se movía al ritmo del recorrido.

A su lado, un hombre mayor intentaba leer el periódico con insistencia, mientras la joven que estaba su lado no disimulaba nada para mirar por encima de su hombro y compartir ese trozo de lectura informativa.

Mi vista se estaba posando en un par de estudiantes, cuando una especie de destello llamó mi atención. Mi respiración se agitó y siguió entrecortada, subiendo y bajando con velocidad en mi pecho. Sus ojos me miraban fijamente y, por más que bajase la mirada, cada vez que la levantaba, seguían ahí, abiertos, sosteniendo los míos. Me di cuenta de que incluso pestañeábamos rítmicamente, subiendo y bajando por párpados a la vez. Me quedé mirándole, ya sin pudor, hasta que mi respiración se acompasó al cerrar de sus ojos…

1 comentario:

  1. Anónimo15:28

    Volviste a escribir???????????o es de los antiguos?????????????

    Mamá

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