miércoles, 9 de noviembre de 2011

España como Penélope

Ojalá como la Cruz: exitosa y envidiada; pero no, España es como la de Ulises, tejiendo y destejiendo, sin avanzar, siempre esperando algo o a alguien que no llega.

Esta política no lleva al país a ninguna parte. El PSOE se encargó estos últimos 8 años, entre muchas cosas buenas y malas, de avanzar en temas que la propia sociedad exigía regular: el aborto, el matrimonio homosexual, por mencionar algunos; y otros para mantener vivo el estado de bienestar por el que aboga. Ahora, vendrá el PP y, tal como anuncia, se pone a destejer lo ya avanzado: cambiará la ley de aborto, no se aclara si derogará la ley de matrimonio homosexual o solo le cambiará de nombre (como si eso fuera el problema de fondo que provocó el rechazo de la derecha hace unos años y que ahora niegan, reduciéndolo únicamente a una cuestión semántica), recortará la educación pública, privatizará la sanidad, quiere cambiar la ley de educación y quizás cuántas cosas más. Eso sí, todo disfrazado de eufemismos como reorganización, redistribución, copago y otras lindezas.

Una vez que el PP deje el gobierno -en las legislaturas que sea- vendrá el siguiente y destejerá lo que haya hecho Rajoy y quienes le sigan. Y así sucesivamente... El problema es que el avance necesario para salir del lugar en que está España, y quizás aspirar a ser uno de los países fuertes en Europa, está muy lejos. Estoy completamente seguro de que no se consigue deshaciendo lo ya hecho.

La política, por estar relacionada con la ciudadanía y el ser humano, debería ser consensuada en los temas sensibles que tengan que ver con lo social y lo público. La esfera privada, como tal, debe permanecer en su sitio. Pero la política debe representar al grueso de la sociedad y no a mitades que se alternan en el ejercicio del poder. La política debe ser eficaz y estar por encima de las motivaciones de grupo en las cosas esenciales: leyes, educación, economía, sanidad...

Si las leyes cambian cada 4 u 8 años, ampliando y restando derechos, el avance social es una mera pantalla hacia el exterior; si la educación no tiene una política común de trabajo hacia el futuro, no se pueden esperar mejores resultados que los ya existentes y menos pretender estar a la altura de las exigencias de Europa o de la OCDE. Lo mismo pasa con las cifras macroeconómicas y con la salud pública. No se puede tejer y destejer el porvenir de los ciudadanos al antojo de los politicuchos de turno.

Todos sabemos lo que ocurrirá el 20-N, pero es importante que quienes salen y entran, suben y bajan, sepan que no es por su talento o por la falta de él, sino porque no hay más de donde sacar. Y, sobre todo, deben entender que no gobiernan únicamente para quienes les han concedido su voto de confianza en las urnas, sino para todos los ciudadanos (que son de igual categoría, aunque a algunos les pese). Así que menos deshacer y más acción, que el futuro está hacia adelante y no estancados en el pasado esplendoroso de un país con secuelas de gran potencia, pero con una grave enfermedad tercermundista encima.

martes, 8 de noviembre de 2011

9 dudas lingüísticas (que me sacan de quicio)

Tengo un grave problema como editor: ¿nadie se ha enterado todavía de los cambios de la RAE? Llevamos meses con ellos, han salido en la prensa (TV y periódicos), han sido vapuleados y alabados... Pese a ello, todavía hay "profesionales" de la edición que no parecen estar por la labor de actualizarse, de continuar su formación, de evolucionar junto con la lengua. 

Al no hacerlo, se convierten en aquellos abogados que no conocen las modificaciones legales o los médicos que no aceptan innovaciones científicas en su campo de trabajo. Aunque no lo parezca, es así de importante. Lo que es peor, quizás mucho más importante en cuanto a la repercusión de la labor informativa en nuestra vida.

A modo de resumen:

1. La partícula "ex" va junto a la palabra (exmarido, exministra, expiloto, etc.), salvo cuando el cargo sea "compuesto" (ex primer ministro, ex capitán general, etc.).

2. Solo es una palabra grave o llana terminada en vocal, por lo tanto no lleva tilde. Solamente se tilda cuando en la frase es posible una ambigüedad en cuanto a su funcionamiento como adverbio o adjetivo. Solamente en ese caso y no cuando al editor de turno o al redactor se le ocurra.

3. Los "corchetes" - [ ] - por mucho que parezcan unos paréntesis modernos y muy cool, no lo son. Tal como dice la RAE, su uso es parecido, pero únicamente en cuanto a la formalidad. Las ocasiones en que recurrimos a ellos son:

a. Cuando dentro de un paréntesis hay que agregar una precisión o nota aclaratoria.
b. En poesía, cuando un verso se pasa a la línea siguiente, alineándose a la derecha.
c. En la transcripción de un texto original, para marcar cualquier adición o enmienda.
d. Para encerrar transcripciones fonéticas.
e. Se usan tres puntos entre corchetes para marcar la omisión de un texto original en una transcripción.

Y ya está, no hay más. No es un sustituto de los paréntesis.

4. Dice la RAE: "Los demostrativos este, ese y aquel, con sus femeninos y plurales, pueden ser pronombres (cuando ejercen funciones propias del sustantivo): Eligió este; Ese ganará; Quiero dos de aquellas; o adjetivos (cuando modifican al sustantivo): Esas actitudes nos preocupan; El jarrón este siempre está estorbando. Sea cual sea la función que desempeñen, los demostrativos siempre son tónicos y pertenecen, por su forma, al grupo de palabras que deben escribirse sin tilde según las reglas de acentuación: todos, salvo aquel, son palabras llanas terminadas en vocal o en -s y aquel es aguda acabada en -l" y solo se tildarán cuando den lugar a ambigüedad en su uso en la interpretación de un enunciado. Y esto, eso y aquello no se tildan nunca.

 5. Y ya que estamos, "a ver" y "haber" no son lo mismo. Por más que se repita, "haber si nos vemos" no es correcto bajo ningún tipo de condición. Tampoco son lo mismo "haya", "aya", "allá" y "halla", sino tendríamos un lío considerable cuando "haya que hallar un aya allá".

6. El famoso estallido cósmico nunca fue momento para conciertos ni instrumentos, por lo cual no puede ser un "big band", pero sí un "Big Bang". Y nos pongamos como nos pongamos, el plural de "máster" es "másteres", y el statu quo solo puede duplicarse como los statu quo.

7. Nos guste o no, la RAE es quien pone las reglas de quienes trabajamos con las palabras. Mi respuesta es que, ante la duda, lo mejor es seguirla porque es una herramienta universal para todos los hispanoparlantes y, en su mayoría, bastante precisa en las reglas. Por eso, la lógica nos empuja a ser fieles seguidores, estemos de acuerdo o no con sus premisas. Una de las conflictivas es la palabra inglesa "online", que la RAE ha adoptado como "on-line", en cursiva. De igual manera, "Internet" va siempre con mayúsculas, porque es nombre propio. Y no hay más vueltas que darle al asunto.

8. Aunque son de uso extendido -y no por ello menos incorrecto-, "señalar" e "indicar" no son sinónimos de decir, comentar, manifestar, expresar, argumentar, agregar, expresar, etc. Raras veces los políticos indican o señalan porque, además de ser mala educación según las abuelas, no tiene ningún sentido que vayan apuntando con el dedo cada frase que dicen.

9. "Todo junto se escribe aparte, y aparte se escribe todo junto". Nada más que agregar... Más claro, imposible.

Y ya está por hoy. Me he desahogado y lo he quitado de mi sistema por un rato. A veces lo necesito.
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