sábado, 23 de abril de 2011

7 actividades que deberían tener derechos de autor (y no tienen)

1. Taxistas: creadores de historias donde los haya, cogen la inspiración para elegir el camino adecuado mientras entretienen al pasajero con anécdotas, resúmenes de noticias o comentarios políticos - deportivos. Una labor completa como pocas...

2. Profesores: educan a los habitantes del futuro, los próximos generadores de producción y de consumo. Gracias a ellos, la sociedad del capital seguirá creciendo y moviéndose. Cada docente debería llevarse un porcentaje de las ganancias que ellos produzcan.

3. Médicos: su labor puede ser una obra de arte o una mierda (igual que la de tantos artistas actuales). Además, tienen el plus de salvar vidas y mantenernos sanos. Sin duda que es un gremio olvidado por las entidades de gestión de derechos. Exijo la inmediata creación de la Sociedad General de Doctores y Defensores del Derecho a la Vida, uno de los principales del ser humano.

4. Periodistas: autores diarios, eficaces y prolíficos. Sus obras tienen mayor circulación que las de cualquier otro creador, incluyendo también, además de la inspiración, el intelecto que han puesto en ellas, el trabajo artístico al redactar. Son los artistas olvidados por las entidades que gestionan los derechos de autor.

5. Diseñadores: cada vez que pongamos el culo en una silla, acordémonos de dejar una moneda por la explotación de la creación artística de su autor. Lo mismo con las prendas de ropa, los electrodomésticos, el mobiliario, el coche y todo lo que a diario utilizamos. ¡Propongo la puesta en marcha del cánon Ikea!

6. Ingenieros: está todo mal. Hay empresas privadas o el propio gobierno que cobran por la utilización de caminos, carreteras o puentes. Pues no, ese dinero debería ir al bolsillo de los ingenieros que la planificaron. Sus derechos de explotación por una obra de su creación, mal entendida como pública -qué listos somos todos-, debería tener una retribución por el tiempo que permanezca en pie y por la cantidad de usuarios.

7. Presidente de una entidad de gestión de derechos de autor: no es una obra artística como tal, pero tener convencidos a un buen puñado de ineptos de que esto es legal, acertado, ético y adecuado, sin duda que es un logro que debería tener mérito. Por cada uno que esté de acuerdo con él, dinero para la saca.

Manifiesto del usuario: Internet, cultura y derechos de autor

El tema de los derechos de autor me pone enfermo. No entiendo las razones de calificar ciertas expresiones creativas como superiores a otras, cuando casi todas las labores profesionales implican una suerte de creación y de trabajo intelectual.

¿Por qué un compositor puede cobrar durante toda su vida por una canción -y 70 años después de su muerte-, independientemente de su calidad, y un profesor que elabora un material propio para el trabajo en el aula no lo hace?

¿Por qué un arquitecto cobra únicamente a la entrega de un proyecto y no recibe gratificaciones por su explotación mientras su obra sigue en pie?

¿Por qué un periodista no recibe pagos por la permanencia de sus artículos en una hemeroteca (y mucho menos por la cantidad de ejemplares vendidos que incluyen su trabajo) y el autor de la novela de turno puede cobrar por cada libro que se venda?

¿Qué convierte a ciertas manifestaciones creativas en algo especial? ¿No hay detrás de todo un negocio caduco y bastante turbio? ¿Por qué a la mayoría de la gente parece no importarle este tema? Demasiadas preguntas sin posibilidad de respuesta...

La Ley Sinde y el tema de Internet llevan consigo muchas cosas más. Pero, sin duda, los derechos de autor están detrás de los intereses legislativos de un grupo de presión más poderoso de lo que se piensa, capaz de doblegar a las autoridades en aras de las motivaciones particulares.

El problema inicial radica en que se quiere legislar sobre Internet como soporte (tal como se hizo con las fotocopiadoras o los CD), cuando su naturaleza no es la de un soporte, sino la de una red infinita, global y que, queramos o no, está por encima de las leyes estatales.

Así como el sistema económico y financiero tiene paraísos fiscales, siempre existirán "paraísos virtuales" donde se puedan alojar contenidos en la red que no estén al alcance de las leyes nacionales. Lo más preocupante es que, a partir de ese interés por preservar los derechos de autor, se pueden vulnerar derechos naturales -no adquiridos- como la libertad de información, de divulgación, de opinión, etc.

¿Por qué alguien habría de rastrear mis movimientos por la red para usarlos en mi contra? ¿Por qué esa información queda alojada en los servidores del proveedor del servicio? Nos quejamos de las cámaras en las calles, pero el seguimiento que se hace de los usuarios a través de la tecnología es todavía peor que el imaginado por Orwell en "1984".

El modelo que pretende esta cuestionada ley sobre Internet pretende mantener un modelo de negocio y una estructura legal obsoleta para la Red. Si realmente se quiere conseguir algo, lo que habría que cambiar es todo el sistema. Internet no es una tienda de discos o una emisora o un canal. Es todo eso y mucho más. Y hacer lo que se está haciendo en España -y en otros países del mundo- es desvirtuar el sentido de la Red, restarle fuerza y hacerla indigna respecto a su génesis.

Siempre digo que soy el primero que está dispuesto a pagar por lo que consume. No estoy de acuerdo en el acceso gratuito a todos los servicios. Pero como consumidor inteligente, exijo productos de calidad a precios razonables, como por ejemplo, Spotify. No estoy dispuesto a esperar años a que las cadenas de televisión se dignen a emitir una serie o un programa o un documental, siempre basándose en cuestionamientos económicos y nunca culturales.

En un mundo global, donde todo va a una velocidad abrumadora, hay que responder de la misma forma. ¿Por qué, por decir algo, tienen que emitir largas temporadas de "Aída" -producto desvirtuado donde los haya-, en vez de poner en televisión una serie como "In treatment" (En terapia)? El mal que ha hecho la medición de audiencias en cuanto a la difusión cultural es imperdonable. El modelo no está funcionando y la tecnología ofrece una gran oportunidad de alternativas interesantes. ¿Qué hacemos los usuarios? ¿Tragamos la mierda que nos dan o buscamos otras opciones? Pues la respuesta es muy clara: buscamos.

En suma, el modelo tiene que cambiar hacia una oferta mayor, rápida y razonable. No es que no quiera que hagan negocio. Que lo hagan siempre y cuando eso repercuta en un mejor servicio y mejores contenidos para mí y para todos los interesados. Pero no me ofrezcan películas dobladas como única opción (lo que está haciendo iTunes en España) o programas reciclados del archivo como alternativa. Eso no es un negocio inteligente y sostenible.

El "aquí y ahora" es un valor necesario e importante en esta sociedad de Internet. Si no lo encuentro, ya me buscaré las opciones para hacerlo. O no me quedará más remedio que comprar en el extranjero los productos que quiera ver, cosa que procuraré hacer saltándome las barreras de impuestos y aduanas para no dejarle dinero a un sistema obsoleto, abusivo, que no respeta al usuario y que solamente busca enriquecerse esgrimiendo el arte como espada, cuando no hay nada más dudoso que la calidad artística que nos intenta vender. He dicho.

viernes, 22 de abril de 2011

"Degen la puerta como esta"


Todavía intento descifrarlo... y las puertas, sin necesidad de cambiarlas respecto a "cómo estaban", abrían y cerraban. ¿Qué más les podríamos pedir?

Hace unos minutos, en plena plaza de Lavapiés había un cartel que decía:

"El baño es de uso ESCLUSIVO para nuestros clientes"... ¡y tan "esclusivo"!

miércoles, 20 de abril de 2011

Una vida ni temeraria ni temerosa

"En cierto momento, nadie sabía lo que sucedería en el futuro".
(H. Murakami, 1Q84)

Me cansan las predicciones fatalistas, las grandes conspiraciones, la sociedad del miedo. Tuve tanto miedo durante tanto tiempo que me agoté. Nadie sabe lo que ocurrirá el próximo minuto: las predicciones del tiempo, las de Nostradamus, el Y2K, las idas y las venidas... todas han fallado. Nadie supo prever el desastre del Katrina o el de Fukushima. Nadie pudo augurar el fin de la Guerra Fría o el comienzo de la revolución en Oriente. ¿Por qué insistimos en condenarnos al miedo perpetuo de que las cosas se acaban, de que vendrá un gran cambio, una nueva era? ¿Por qué parece que necesitamos temerle a alguien?

Lo que tenga que venir, vendrá. Pero desde que nací he sido testigo de muchos "finales": el botón rojo, la crisis del petróleo, la guerra de las galaxias, la tercera guerra mundial, la guerrilla terrorista, el 11-S, los 11-M's, el 17-J, la caída de las dictaduras, el regreso del comunismo, la crisis del comunismo, la segunda venida de Cristo (que siempre está a la vuelta de la esquina), los elegidos, el calentamiento global, las guerras religiosas, invasión alienígena, Saddam, Fidel Castro, el año 2000, el 2001 y ahora, el 2012 es la próxima meta, de la mano del calendario maya.

No digo que haya que vivir una vida temeraria, pero tampoco temerosa. Se trata de vivir una vida libre, basada en el respeto y en el civismo, en los derechos del ser humano, en el amor, en paz y de la mejor forma posible, con los demás y con nuestro entorno. ¿Utopía? No, más o menos lo que hacemos a diario, pero quitando todas esas cosas que nos hacen temer o que, a muchos, les motiva a seguir, como un gran juego de la oca: de fin a fin y tiro porque me toca, avanzando de una posible catástrofe o un final anunciado a otro.

Es cierto que una sociedad basada en el miedo es más fácil de controlar. Pero, ¿quién tiene interés en controlarnos y por qué? Que comiencen las teorías de conspiración... Yo, de momento, sigo leyendo a Murakami y con mi vida habitual. Total, cuando el fin -el que sea- llegue, no me quedará más remedio que apagar e irme.

martes, 19 de abril de 2011

Under her umbrella!


Una de las cosas que uno se puede encontrar en Óbuda, precisamente en una de las esquinas de la plaza del ayuntamiento (Fő tér), son estas señoras con paraguas, esculturas al aire libre de Imre Varga, un famoso escultor húngaro. Allí estuve escondiéndome un poco del sol y disfrutando de un agradable paseo por la zona más antigua de Budapest.

lunes, 18 de abril de 2011

No quiero ese mundo

Lo siento, no quiero ese mundo. No lo quiero. Ayer alucinaba con los comentarios que dejaban los lectores de 20 Minutos en la noticia que anunciaba la impresionante subida de la fuerza ultraderechista en Finlandia, hablando de indios, monos y moros, todos acompañados de apelativos bastante fuertes y denigrantes. Hoy alucino con este fotomontaje hecho por una integrante del "Tea Party" en alusión a la ascendencia de Obama. Ella se escuda en que la misma broma se hizo con Bush, pero da la enorme casualidad de que el anterior presidente de EE.UU. no era negro y la gracia no resultaba, quizás, tan ofensiva como en este caso (quizás estoy pecando de exagerado o, incluso, entrando en un terreno complicado, pero no me queda más remedio que decirlo).

Una de las principales ideas que promueve la ultraderecha, en general, es un desprecio hacia la inmigración, la multiculturalidad y el respeto. Una de las perlas que soltaban ayer en la noticia de Finlandia era esta: "Necesitamos un partido así en España. Mejor eso que desaparecer frente al Islam y los indios resentidos". ¿Es ese el mundo hacia el que vamos? ¿La integración cultural, la sociedad abierta y el respeto por las diferencias se esfumarán en aras de estas fuerzas políticas nada despreciables en representación y abominables en todo lo demás?

No lo quiero. No me gusta ese mundo que proponen y por el que luchan. Tal como decía en un post anterior, está en manos de los ciudadanos evitarlo. ¡Es necesario y urgente evitarlo!

"Es como..."

Siempre me acuerdo de esta frase. Y todo gracias a una buena profesora que tuve en el colegio que decía que si comenzabas una respuesta con "Es como...", iba todo mal y no sabías bien lo que querías decir. "Las cosas son o no son, pero no son como..." o algo así dijo alguna vez.

Y es verdad. Cuando alguien no sabe muy bien como argumentar una respuesta o la forma de estructurarla, prefiere el camino fácil: "es como...". ¿Qué es un rombo? Es como un cuadrado, pero inclinado... o algo así. Mal, todo mal.

Esto me sirve como argumento para el tema del día: somos o no somos. Si miramos con distancia y altura, veremos que en nuestra vida hay muchas cosas que "son como", pero realmente no "son". En las relaciones de pareja "somos como" románticos o "somos como" fieles o "somos como" felices. Nuestros amigos "son como" las mejores personas, pero muchas veces no lo son directamente. Y así con el trabajo, el dinero, nuestros deseos, los sueños y la vida en general. Muchas cosas se nos quedan a medio camino de lo que deberían ser.

No sé si es por puro inconformismo o por simple dejadez, pero casi siempre depende de nosotros mismos el que las cosas sean un todo. Haciendo una evaluación, me aburren los que "son como" y, peor todavía, que pretenden "ser". Aquí me repito con un post de hace algún tiempo, pero estoy cansado de los mensajes en plan: "estamos tan desconectados últimamente", "podríamos quedar", "llámame y ya veo si tomamos algo", "hace tiempo que quería hablar contigo..." o "es que estoy ocupadísimo(a)". Y claro, como el resto de los mortales nos tocamos las pelotas el día completo, siempre tenemos tiempo libre.

Si yo no llamo es por alguna razón, pero no se la restriego a la gente en la cara. No te llamo porque no quiero o no puedo y punto. No hay más. Pero no le digo a nadie "me tienes abandonado" o "te extraño". Cuando alguien me dice eso, me dan ganas de partirle la cara y decirle, ¿eres imbécil? No hay nada en el mundo que tenga una solución más fácil: me llamas y nos vemos. Que no puedo hoy, mañana o pasado, ya quedaremos el siguiente día. Pero la excusa "es que siempre estás tan ocupado" no me vale. Sí, hago muchas cosas ahora mismo, pero salvo contadísimas excepciones, nunca he dejado a nadie colgado.

Volviendo al tema de "somos o no somos", los amigos que más disfruto y extraño son aquellos que no van con recochineos ni chantajes emocionales. Podemos estar meses o años sin hablar o vernos, pero es cosa de encontrarnos y sentir que nos vimos ayer, que cambiamos, crecemos, pero seguimos siendo los mismos. Son aquellos a quienes no tengo que explicarles nada irrelevante para justificar lo cotidiano, sino que basta con mirarnos a la cara para saber cómo estamos. Esos sí que son amigos y no como...

Mi 'top ten'

Mirando las estadísticas, tan interpretables en muchos casos, me llama especialmente la atención el origen de las visitas que he recibido en mi blog este 2011. Solo este año, gente de 58 países distintos ha accedido a "Tomás en Europa" para darse una vuelta y leer un rato. Este es el 'top ten' de esos países (según Google Analytics):


País
Visitas
1. España 2.805
2. México 940
3. Chile 640
4. Argentina 550
5. Francia 349
6. Estados Unidos 273
7. Colombia 213
8. Venezuela 139
9. Perú 113
10. Ecuador 46

domingo, 17 de abril de 2011

El futuro en manos de los ciudadanos

Llevo un par de días sin escribir, pero es que tampoco he parado mucho rato por aquí. No obstante, quería comentar que me gusta mucho lo que ocurre en Islandia: un nuevo referéndum ha vuelto a confirmar que los ciudadanos no están de acuerdo con pagar las deudas de la banca. ¿Por qué el pueblo tiene que sacar dinero de su bolsillo para pagar las fechorías y estafas de unos pocos cabrones que han jugado con los recursos de todo un país? ¡NO! ¡Basta ya! Es que parece una continua y permanente tomadura de pelo...

En este país se rescata a los bancos mientras ellos siguen ganando dinero (menos, pero ganan), se reparten beneficios entre los accionistas, despiden gente por fusiones y por necesidad, y nadie hace nada. Han salido de esta situación sin ningún castigo para todos los que juegan con dinero que no existe... Pero en Islandia se les procesa y, además, la gente se niega a cubrirles las espaldas a costa de su propio bolsillo. Ya bastante nos timan con impuestos, intereses, cargos por servicios y comisiones como para, más encima, cubrir las deudas que su irresponsabilidad han provocado.

Bien por ellos. Para nosotros debería ser un llamado de atención: el futuro de un país no está en manos de los políticos; está -o debería estarlo- en manos de los ciudadanos.
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