sábado, 26 de febrero de 2011

¿Imposible o improbable?

Las charlas con mi amiga Mar son siempre interesantes y educativas. Ayer, entre una de las tantas cosas que comentamos, soltó una frase en la que tuve que detenerla un momento. Ante un suceso ocurrido en su trabajo, un técnico dijo algo como "eso es imposible", a lo que ella acotó: "es improbable, pero no imposible; sino, no hubiese ocurrido".

Pensándolo un poco más y dándole vueltas hoy, la verdad es que es una sentencia llena de sabiduría y muy acertada. Hay muchas cosas improbables en el mundo, pero muchas de ellas no son imposibles. Mira el Titanic. Era imposible de hundir y todos sabemos donde está. Y cuántas veces hemos oído decir a alguien: "es imposible que fulanito diga/haga eso" y ¡zas!, lo ha hecho.

Creo que tiene mucho que ver con la necesidad que tiene la gente de tener certezas, de sentirse en control. Recuerdo que, años atrás, una superior le pedía a mi jefa que le jurase que NUNCA volvería a cometerse un error en particular. Ella, sabiamente, le decía: Yo puedo jurarte que haremos todo lo posible porque no vuelva a ocurrir, pero no puedo prometer que no pasará nuevamente.

La mujer pedía un imposible y mi jefa le respondía con un improbable. Era improbable que se repitiese el error, pero existía una probabilidad estadística de que pudiese pasar. Lo peor es que, pensándolo bien, nuestra vida se basa en muchas promesas "imposibles": no matarás, no robarás, no pisar el cesped, no conducir a 200 k/h, no beberás más de la cuenta, no usarás drogas, no fallarás en tus estudios, te amaré por siempre, nunca te dejaré... En realidad, todas ellas son más improbables que imposibles.

El ser humano es imperfecto y falla. Todos lo hacemos. Nos tropezamos, caemos, nos equivocamos continuamente. No se nos pueden pedir imposibles, pero sí enseñarnos y darnos las herramientas para que esos improbables mantengan su condición y no se conviertan en hechos consumados. Eso es mucho más sensato. Desde esta premisa, saltamos a la educación dentro de las familias y una de las preguntas que, seguramente, muchos padres se hacen respecto a sus hijos: ¿libertad responsable o control total?

Con una sociedad como la nuestra, con las múltiples amenazas -reales o imaginarias- que vienen de Internet, de la televisión, de la calle o del lugar que sea, muchos optan por el absoluto control. Yo -que no soy padre- creo que optaría más por la libertad responsable, por enseñarle la diversidad del mundo, porque conociese lo que hay más allá de la burbuja, por darle las armas necesarias para que sea capaz de desenvolverse en un mundo complejo. No se trata de exponerlos a peligros ni quitarles la niñez, no hay que extremar posiciones; no obstante, creo que no se hace ningún daño con enseñarles, a medida que van creciendo, las distintas realidades existentes.

Así en vez de cercenar su percepción del mundo a base de "imposibles", les enseñamos a actuar de acuerdo con la educación que se les ha dado y a evitar los "improbables" o, en caso de que se conviertan en realidad, ayudarles a asumir y enfrentar las consecuencias de sus actos.

¡El post 200 en 2011!

Y para celebrarlo vamos a cambiar la cabecera del blog por una nueva, que ya toca algún cambio.

viernes, 25 de febrero de 2011

Escarmiento...

Hace días publicaba una foto de ciertas estrellas del cine y la televisión que, seguramente, pagarían por borrar. Hoy hago lo mismo, pero con una foto de 2004 en la que salgo en una calle de Alcudia. No es que me arrepienta de los hechos ni hoy tenga el ego más alto. Simplemente es un ejercicio que valida el hecho de seguir publicando fotos penosas de los demás, porque nadie podrá decir que critico gratuitamente a otros sin exponerme al escarmiento público.

11 y contando...

jueves, 24 de febrero de 2011

Desvaríos de jueves

Mirando hace un momento mi correo electrónico y la agenda para las próximas semanas, la verdad, es que ambos "registros" parecen pertenecer a una persona muy cool: cata de vinos, cata de aceites, viaje a Budapest, reuniones con proveedores, entrega de material, conciertos, festivales de cine, entre otras actividades.

Pero, lo gracioso -o lo triste- viene cuando explico las actividades:

- Las catas de vino y aceite son por trabajo, para "estudiar" al público asistente.
- El viaje a Budapest es por vacaciones y sí, es mi lujo "marzista" (porque es en marzo)
- Las reuniones con proveedores son, también, por trabajo, así como la entrega de material.
- Los conciertos también son por lujo y goce personal, pero no es nada de renombre ni asombrosamente famoso.
- Al Festival de Cine no podré ir este año, con todo el dolor de mi corazón. Tenía ganas, pero las cosas no han cuajado para que resultase. A ver si en 2012...

Al final, salvo el viaje y los conciertos, todo es por cosas laborales, con poco disfrute -aunque me encargaré de pasarlo bien en todas y cada una de ellas. Marzo se viene con fuerza y con una buena carga de trabajo, pero eso es lo que necesito ahora mismo.

Repaso el texto y me acuerdo de una conversación telefónica con una amiga en la que nos reíamos, sin ánimo de ofender a nadie, de la firma de alguien en la que ponía: cazador de tendencias. ¡Y vivía en una ciudad en la que casi no ocurría nada! Lo imagino sentado en la puerta de su casa viendo pasar el polvo y las "bolas" de paja típicas de películas del oeste, pensando: "Ala, que vuelve la moda cowboy". ¡Anda ya!

En fin, que estoy un poco disperso después de mi paseo aprovechando la primaveral tarde madrileña -y londinense, como bien me informó Pi via Twitter-, de caminata por la Gran Vía con amago de incendio, de atasco en Cibeles y del viaje en autobús de vuelta a casa, pero sin viejas, que a esas horas ya no andan por la calle. Eso sí, a mitad de trayecto, nos tuvimos que cambiar de máquina por una desconocida razón. En Madrid todo puede pasar.

Impresionante fotografía


Pocos segundos después del terremoto, esta era la imagen de Nueva Zelanda... (Fuente: Daily Mail)

Señoras en el autobús

Manifiesto mi odio más profundo por las viejas de la parada de autobús. Odio que se sientan con derechos adquiridos por sus arrugas y que piensen que sus años pesan más que el civismo, la educación y las buenas costumbres. Odio que se sientan con privilegios en la vía pública, pero muchas de ellas luego sean machistas bajo su propio techo.

Odio cuando se acercan con cara de perdidas y, poco a poco, van ganando lugares en la cola del autobús. Odio cuando ven que se acerca el transporte y saltan con las fuerzas que dicen no tener para ponerse en frente de la puerta. Odio que aparezcan de la nada y que se queden agazapadas en algún estratégico lugar para conseguir su objetivo: un asiento.

Odio que, una vez arriba del autobús, si alguien les ofrece el asiento dicen con voz de mártir: "No, gracias, si sólo son unas pocas paradas", para que les insistan en la oferta. Odio también a las que aceptan el asiento al primer momento, para bajarse en la siguiente parada.

Odio a las que se hacen las débiles y luego salen casi corriendo cuando llegan a la parada de "El Corte Inglés" para ganar el turno en las rebajas. Odio a las señoras que se ponen a gritar por el móvil las cosas más íntimas de su familia.

¡Las odio tanto!

Lo siento, tenía que desahogarme...

Buscando la foto, me encontré con una serie de páginas donde hay más gente que comparte este odio, sus experiencias y muchas anécdotas. Y un buen puñado de grupos en Facebook dedicados a estas mujeres como, por ejemplo, "Señoras que cogen el autobús en hora punta porque no tienen nada más que hacer".

miércoles, 23 de febrero de 2011

Una escena borrada de "Kissing Jessica Stein"

En la piazza Navona

Oprimidos y opresores

Uno debe ponerse del lado de los oprimidos en cualquier circunstancia, incluso cuando están equivocados, sin perder de vista, no obstante, que están hechos del mismo barro que sus opresores”.

Emil Cioran, Del inconveniente de haber nacido (1973).

Contundente cita. Da para hablar mucho de ella. ¿Víctimas o victimarios? Depende del punto de vista de quien lo mire. Todos tenemos justificaciones para lo que hacemos o dejamos de hacer. Ahora, que sean válidas para la mayoría, eso ya es otra cosa. Aceptados o no, los pilares que fundamentan las acciones de todos los seres humanos son tan diversos como las verdades -tema que ya he tocado hasta la saciedad-, las culturas, las religiones o la educación.

Evidentemente, el sentido común y los derechos humanos nos dirán que algunas de esas justificaciones son erróneas (por ejemplo, los atentados terroristas), pero no olvidemos que incluso esas acciones son explicadas o fundamentadas en principios tan válidos como cualquier otro para quienes los secundan.

Y, es imposible pasar por alto, que está absolutamente claro que toda víctima que esté en posición o tenga la oportunidad de cambiar el equilibro y convertirse en victimario, no dudará en hacerlo. Por ejemplo, lo que ocurre en el texto del chileno Ariel Dorfman, "La muerte y la doncella". Por eso, imagino, Cioran dice que están hechos del mismo barro. En el fondo somos todos seres humanos imperfectos en una lucha por sobrevivir. Esa lucha ya es distinta según se la entienda filosóficamente: una competencia desleal, un contrato social, un lugar de paz. Pero eso es harina de otro costal...

Todo lo que puede decir una puerta, además de "Tire" o "Empuje"

En algún lugar de Roma...

martes, 22 de febrero de 2011

El viaje continúa

Menos mal que sufro de diógenes digital y guardo todos los archivos, correos y cosas del PC que me interesan. Hace unos minutos estuve haciendo un ejercicio de nostalgia y recordando, a través de los e-mail, mis primeras aventuras en España. Es impresionante que, en unas cuantas semanas, se van a cumplir 7 años desde que llegué a estas tierras. Y, más admirable todavía, es ver cómo ha cambiado mi vida, mi historia y mi forma de escribir. Sí, lo asumo, me he españolizado...

No sé en qué momento ocurrió, pero mirando algunas cosas escritas en 2004, debo decir que me cuesta reconocerme en comparación a la manera en que escribo ahora. Y me hace gracia, porque en uno de los correos comentaba que no tenía intención de perder mi chilenidad para expresarme. Bueno, tampoco es que la haya perdido del todo, pero sin quererlo, se me pegaron las expresiones, los ritmos y los tonos locales. Siempre culpo de ello a mi época de teleoperador y el hecho de estar 8 horas al día escuchando y hablando. No sé si será eso o no, pero tiene cierta lógica.

Pero eso no era lo importante. Lo mejor ha sido recordar ciertas cosas que había olvidado por completo de ese comienzo y traer a la memoria a tantas personas que me acompañaron desde muchas partes del mundo, especialmente a quienes me abrieron las puertas en Madrid y a quienes me enseñaron la ciudad. Sólo puedo agradecerles, porque mucho de lo que he conseguido hoy es por su buena voluntad, por su cariño y por su apoyo. Así que ¡gracias a todos! El viaje continúa...

(En la foto estamos con Héctor en el Palacio Real, mientras Andrea nos fotografiaba... ¡qué bien lo pasamos!)

En un rincón de Roma...

2 noticias, 2 errores

Esto es bastante perturbador. ¿Nicole Kidman está casada con su hija? Para entenderlo, leer el segundo párrafo y el quinto -o penúltimo-.


Y esto es más "inocente", pero no menos grave. Nuevamente el sumario o bajada es protagonista de un error.


Estos señores de 20 minutos pensarán que los persigo, pero no. Como voy leyendo las actualizaciones de noticiasdurante el día, me voy encontrando con estos detalles que, aunque sean calificados de pequeños, resultan graves y dan una imagen nefasta del medio que los reproduce.

lunes, 21 de febrero de 2011

A punto de tirar la moneda en la Fontana di Trevi

Rolling in the deep - Adele



Me gusta mucho esta canción y la voz de Adele es espectacular. Me acabo de enterar que toca en Madrid el 4 de abril y ya están las entradas agotadísimas... Por el momento, me conformaré con escuchar su segundo disco, "21".

En los Museos Vaticanos...

Cine de fin de semana: "Primos" y "Winter's Bone"

Hace tiempo que no tenía un fin de semana de cine y, mucho menos, con cosas tan variadas desde el lugar que se miren.

El sábado iba a ver "Biutiful" pero, como la sala estaba a tope y sólo quedaban asientos en primera fila, tuvimos que cambiar de opinión y optamos por "Primos" de Daniel Sánchez Arévalo. Sin ninguna expectativa, me conquistó por su ternura y ñoñería. Es imposible pasar por alto las grietas del guión y el estiramiento argumental, pero su edulcorado desarrollo y empalagoso final son sinceros y tan tontos como la vida misma. No tontos en el sentido de falta de inteligencia, sino tan cotidianos, tan borrachos de enamoramiento que me conquistaron y me hicieron pasar un buen rato.

Te hace reír, te emociona y, en algún momento, te deja un poco indiferente, pero es capaz de transmitir buen rollo, de querer vivir, de lanzarse a la aventura de la vida. Es un poco lo que hacen los tres primos, cada uno por un camino diferente, pero con una evolución.

El reparto está muy bien escogido. Se salen Antonio de la Torre y su obsesión por lanzarse al agua; Adrián Lastra y su fragilidad enfermiza e hipocondriaca; y, de otra forma, Quim Gutiérrez, el primo protagonista, enamoradizo y dependiente. El resto, ocupan el lugar que les corresponde, lo que demuestra el talento del director para conseguir un justo trabajo actoral, como ya ha demostrado en sus anteriores películas.

Después de esta sobredosis de endorfinas, el domingo fuimos al cine a ver "Winter's bone", la sorpresa indie de la temporada de premios. Protagonizada de manera impecable por una casi desconocida Jennifer Lawrence, quien a sus todavía 20 años ha dejado con la boca abierta a más de alguno por la veracidad que le imprime al papel de Ree.

La película es de una dureza que ya habíamos visto en cintas como "Frozen River": el medio hostil sostiene a un pueblo que tiene mucho que ocultar, mucho que perder y pocos escrúpulos para dejar que las cosas no cambien. La miseria, la vida al límite y la América profunda, gélida y compleja son también protagonistas de la historia de una joven que debe hacerse cargo de sus hermanos pequeños y de su madre enferma, ante la inminente desaparición de su padre.

Intensa como pocas, incómoda y molesta, "Winter's bone" es una fábula de supervivencia, de garra y de esfuerzo. Todo con la inocencia de una actriz que podría ser un cruce entre Renée Zellweger y la cantante Jewel, pero que es capaz de sobreponerse a todo con talento y talante. Gran triunfo para la directora Debra Granik quien, con su segundo largometraje, está acaparando mucha atención de la crítica, del público y de premios en diversos festivales.

Cambios en www.tomaseneuropa.com

Acabo de hacer unos pequeños cambios en mi página web).

Le quité el negro de fondo y le puse un poco de color. Así se ve sobria también, pero algo más agradable al ojo.

Es bueno hacer cambios de vez en cuando. Ya me están picando las manos para modificar el blog, pero me estoy conteniendo...

¿Del Goya al Grammy?

Ese pedazo de actor que es Luis Tosar, estrenará disco con el grupo "Di Elas" a finales de marzo. No contento con el éxito acumulado en sus años de experiencia en el cine, retoma el camino de la música -lo hizo antes con "Los Huana"- de la mano de lo que ellos llaman "power rock". Hoy tenemos en el blog el adelanto de lo que será ese álbum, con la canción titulada "Volver".

domingo, 20 de febrero de 2011

Cuando los grandes artistas tienen malas fotos... (1)

Años atrás había un programa en televisión que se llamó algo así como "Cuando los grandes artistas hacen malos videoclips...". Un ejemplo del que me acuerdo era el video que Madonna hizo para la canción "Nothing really matters" del disco "Ray of light", después de los estupendos "Frozen" o el single que dio nombre al álbum. Y no hablamos sólo de producción, sino de concepto, estética, mensaje, etc. Todavía tratamos de entender qué quisieron decir con estas imágenes.

En fin. Que el otro día me encontré con un archivo fotográfico en la red de las cuales, seguramente, las estrellas se arrepienten. Voy a ir colgando, poco a poco, algunas pequeñas muestras. En esta ocasión, Brooke Shields y Robert Downey Jr., ambos con un look indescifrable, al menos, según algún código que no sea el mal gusto o el desastre.

En el Coliseo...

Roma (Crónica de viaje - día 6)


El último día en Roma comenzó temprano porque teníamos que desocupar el piso cerca de las 9:30 - 10:00 de la mañana. Ducha, desayuno y recoger lo que quedaba por ahí suelto. Llegó la mujer, otra distinta a la que nos recibió, revisó todo, nos devolvió la fianza y emprendimos el camino hacia la estación de Termini. Como tiempo hasta la hora del vuelo nos sobraba, fuimos caminando tranquilamente, rodeando la piazza Vittorio Emanuele y mirando en todas las tiendas que había por la zona.

Encontramos un mercado típico, pero como íbamos con maletas y mochilas decidimos que no era el mejor momento para entrar y guardamos el dato para el siguiente viaje. Una vez en Termini, fue muy fácil llegar hasta el tren que nos llevaría a Fiumicino. Esta vez sí validamos el billete y, menos mal, porque al poco de empezar a moverse el tren vino el revisor. Es curioso lo que ocurre en todo el transporte público en la "superficie": nadie controla si validas el billete o pagas. En toda la semana yo lo hice una vez y vi a otra persona hacerlo una única vez. Claro que dicen que si te pilla un revisor, la multa no es menor...

Ya en Fiumicino, no nos quedó más que hacer tiempo recorriendo las tiendas, las cafeterías y saliendo y entrando del aeropuerto para echar los últimos cigarros del viaje en suelo italiano. El vuelo de vuelta salió a tiempo, fue tranquilo -pequeñas turbulencias mediante- y aterrizamos en Madrid a la hora prevista.

De regreso a casa, sólo quedaba ponerse a descargar las fotos, a guardar el queso y comenzar con la depresión post vacacional. La vuelta a la realidad siempre es muy dura. Una vez hecho este proceso, lo mejor es sentarse a escribir porque permite recordar muchas cosas del viaje, revivir los buenos momentos y disfrutar -al menos el que escribe- con las historias vividas y los lugares visitados.

Hasta el próximo viaje. Destino: Budapest.

Roma (Crónica de viaje - día 5)

El lunes fuimos directamente a El Vaticano en metro, aprovechando que estábamos en la misma línea. Nada más llegar, nos encaminamos hacia los Museos Vaticanos para hacer efectiva nuestra reserva. La cola de los que no habían reservado ya era importante a las 9 de la mañana. Como todavía teníamos una hora (habíamos dicho a las 10), nos tomamos un café antes de entrar y probamos suerte para ver si nos dejaban pasar antes. Sin problemas, cruzamos las varias y confusas etapas de seguridad y control, para luego comenzar el recorrido por el interior de este gigantesco lugar.

Ya saben que no soy carne de museos y que me aburren rápidamente. Aquí me pareció que habia estancias impresionantes y otras, bastante penosas. Algunas las encontré excesivamente oscuras, otras un poco perdidas. No obstante, había interesantes cosas para mirar y admirar.

Notorio era el objetivo de los turistas: la Capilla Sixtina. Casi todo el mundo optó por el recorrido corto, pero nosotros, sin pensarlo, fuimos pasando por todas las etapas previas, con mayor o menor rapidez, dependiendo del interés que nos despertase. Después de unos cuantos pasillos, habitaciones y escaleras -entre las que me gustó el museo Cartográfico y las dedicadas a Rafael, llegamos a la dichosa Capilla. Es impresionante y, a la vez, decepcionante.

En mi cabeza, la Sixtina era otra cosa, mucho más grande, luminosa y espectacular. El lugar estaba lleno de turistas, llenísimo. Pero todo se ve en pequeño, los techos están muy altos, la luz no era la mejor y había muy poca paz para disfrutar el momento. Saqué alegremente un par de fotos hasta que vino un guardia y me gritó en italiano que guardase la cámara. El cartel de "NO FOTOS" era enorme, pero no había procesado la información y me sentí como todas las personas que pisan el cesped al lado del cartel de prohibición o las que arrojan basura en la calle. El típico cavernícola con actitud contraria al civismo. Pero bueno, ya estaba hecho.

Nos encaminamos hacia la salida y, al llegar a la calle para ir con dirección a San Pedro, nos dimos cuenta de que la cola para entrar se había multiplicado por 5 o más y que los tiempos de espera superaban la hora y media. Sinceramente, recomiendo reservar todo lo que se pueda con anterioridad. No estoy dispuesto a pasar mis vacaciones esperando...

En San Pedro, como no, había una cola inmensa para los arcos de seguridad, pero se movía rápidamente. Justo delante de nosotros, dos mujeres -una joven y otra de mediana edad- insistían en pasar con sus respectivos bolsos, sin dejarlos en la cinta del escáner. Me preguntaba yo: ¿nunca han pasado por seguridad? ¿llegaron a Roma en patera o a pie? En fin, que tardamos un poco más gracias a ellas...

Dentro de la catedral hay una cantidad de tesoros artísticos impresionantes. El lugar es bonito, llamativo y completamente turístico. La verdad es que la devoción y el recogimiento no habían ido ese día. Todo está preparado y previsto para los visitantes. Vimos la famosa Pietà, que era más pequeña de lo que yo imaginaba, y otras muchas cosas: frescos, esculturas, detalles arquitectónicos, etc. Después de una larga vuelta, decidimos subir a la cúpula.

Subimos el primer tramo en ascensor, pero nos quedaban unos 370 escalones hasta arriba. Debo decir que este particular paseo no es apto para todo el mundo: es cansador, hay momentos en que es imposible parar a descansar o dejar pasar al resto; y, otros, en que alguien con un poco de claustrofobia lo puede pasar mal. Pero, al llegar arriba, las vistas de Roma son alucinantes si es que el gran número de turistas te permite asomarte.


La bajada no es mucho mejor que la subida, porque ya tienes las piernas lacias del esfuerzo y cuesta mantenerlas firmes. Pero, al menos, es de bajada. Al llegar a "tierra", descansamos un rato y decidimos dejar El Vaticano. Cogimos dos autobuses que nos llevaron bordeando el Tevere hasta la via Marmorata para comprar en la tienda aquella de quesos, dulces y pasta que habíamos visto días antes.

Casi 4 kilos de queso después y 1/2 kilo de pasta fresca, salimos por la puerta y entramos a una trattoria romana que estaba al lado. Un sito absolutamente típico nos recibió con una comida deliciosa típica: la pasta, perfectamente preparada, de primero; y un segundo que, en mi caso, fueron unos calabacines enteros rellenos de carne y tomate, que estaban deliciosos. De postre, zuppa inglese, que no decepcionaba nada y un espresso.

Volvimos a casa sobre las 16:00 a dejar las compras, descansar un rato y volver a la calle para aprovechar las últimas horas en la ciudad. Otro café, paseo tranquilo por los alrededores del departamento y entramos a Santa Maria Maggiore, ya que sólo la habíamos visto por fuera. Como todas las iglesias en Roma, era una obra de arte en sí misma. Como ya se acercaba la hora del cierre, al poco de entrar apagaron las luces del impresionante techo y del altar, dejando sólo algunas luces de las naves laterales.

Salimos a la calle, otra vez después de un buen rato disfrutando del lugar, y entramos en una multitienda italiana a mirar. No había muchas cosas interesantes, pero salí con un libro de expresiones típicas del idioma, su uso y significado, que me costó baratísimo. Habíamos pasado al Panella a comprar pizza al corte y nos fuimos a cenar a casa, a terminar de hacer maletas y preparar todo para el regreso a Madrid.
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