Un dios salvaje (Carnage, 2011)

martes, 6 de diciembre de 2011

Para empezar, debo reconocer que me gustan las adaptaciones cinematográficas de obras de teatro. Creo que sin necesidad de aprovechar todos los recursos que el cine permite ni de caer en efectismos, hay muchos guiones teatrales que caben perfectamente en una pantalla y que, incluso, pueden potenciar la carga dramática de las actuaciones y llevarlas a nuevos lugares.

Dicho esto, me ha gustado mucho la última película de Roman Polanski, Un dios salvaje (Carnage, 2011), de la misma autora de Art: Yasmina Reza. El reparto cinematográfico rebosa talento, así como ya lo hicieron algunas de sus adaptaciones con Isabelle Huppert (Francia), James Gandolfini, Jeff Daniels, Marcia Gay Harden, Hope Davis (Broadway), Aitana Sánchez-Gijón o Maribel Verdú (España)... En este caso, se dan cita: Jodie Foster, Kate Winslet, Christoph Waltz y John C. Reilly.

El texto gira en torno a una pelea infantil que acaba mal y que sirve de excusa para una reunión de padres aparentemente civilizados, cosmopolitas y conciliadores. Pero detrás de cada uno de ellos hay un mundo oscuro, desacuerdos, recriminaciones, vicios y flaquezas, que se van desgranando a medida que la tensión va rompiendo barreras entre los actores, encerrados en un mínimo espacio que no resulta opresivo: la presión viene desde ellos mismos y de su interacción con los demás.

Los juegos de poder, las alianzas, hombres, mujeres y sus debilidades se comprimen en una versión sin aspavientos ni riesgos. Polanski deja que sea el texto el verdadero protagonista y, más allá de filmar con respeto y cuidado, no deja una marca profunda en el guión ni en el metraje. Pero tampoco lo necesita: los actores se encargan de llenar cada mínimo espacio en un sincronizado acto, donde las tensiones y las emociones pueden parecer forzadas, pero no debemos olvidar que todo en ellos es una apariencia, una impostura, una fachada para intentar proteger aquello que no debería salir a flote.

Un baile de máscaras que acaba en un cara a cara de primer nivel, Un dios salvaje hace mucho de lo que ya hizo Reza con Art: desnudar el alma del ser cosmopolita, evolucionado, intelectual y moderno, para dar con su lado animal, con sus instintos básicos y con lo más humano que tenemos, es decir, con nosotros mismos. Esa sí es una marca de la autora y que, menos mal, pasa incólume a la gran pantalla. Y, como no puedo evitarlo, recomiendo verla en Versión Original. Un texto es un texto y hay que respetarlo en su origen, su sonoridad y su profundidad; doblarlo no es más que un ejercicio de carnicería mal ejecutado.

1 comentario:

  1. Anónimo21:35

    Me parece interesante tu analisis de la película el "dios salvaje", lamentablemente nosotros por acá podremos verla en unos meses más, si llega. Tendremos que repasar el comentario tuyo antes de ir a verla.
    Nos quedan pocos días,para vernos.
    Un abrazo, Lucho

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