Olor a rancio

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Leo esta mañana el número que ha montado Piñera con un chiste completamente fuera de lugar en la Cumbre de la Alianza del Pacífico, y que ha sido criticado desde su propio gobierno y desde la oposición.

Sin querer sacar las cosas de madre, más allá de machista, el chiste me parece estúpido y muy malo. Y, sobre todo, huele a rancio, a siglo pasado, a poca apertura de mentes, a nada de visión de futuro, y hace que todas las propuestas de conciliación entre géneros, razas, minorías y personas se queden en eslóganes vacíos que llenaron campañas y titulares.

Justamente ayer hablábamos de la importancia de ir dando pasos hacia una verdadera igualdad de las personas, hacia una justicia social plena, pese a todos los avances que ha habido en los últimos 100 años: el reconocimiento de la mujer como igual, de los derechos de aquellos "que no son blancos", de los derechos humanos de todos los individuos. No obstante, la mujer sigue siendo "inferior" en muchos aspectos: gana menos, las cifras de maltrato son todavía preocupantes, el analfabetismo es superior en ellas en casi todo el mundo y la escolarización es inferior a la de los hombres, entre otras muchas cosas.

Sí, tenemos un presidente negro en Estados Unidos, pero todavía queda mucho tiempo para que deje de ser una "noticia". Hace poco alguien dijo que Obama estaba ahí porque era negro y nada más. Quizás no sea una idea del todo equivocada. Y para qué hablamos de las minorías y el prácticamente nulo reconocimiento de sus derechos, no por la vía legal (que todavía deja mucho que desear), sino en la práctica social, en el día a día. Se habla de integración del colectivo gitano, pero se le cierran las puertas de los colegios privados concertados; lo mismo ocurre con inmigrantes latinoamericanos, africanos o de la Europa del este.

Muchos dicen no tener problemas con los gays, mientras no manifiesten públicamente su tendencia (que no se den la mano o se besen en público) o mientras no sean reivindicativos con sus derechos (matrimonio, adopción, herencia, familia, pareja, etc.). En suma, que los haya, pero escondidos (y ojalá, "algo lejos"). No es la primera vez que alguien comenta "que hagan lo que quieran, pero como antes, ocultos de la sociedad". ¿Es eso un reconocimiento pleno de derechos?

Como ejemplo, hay un absurdo en la ley española hacia el inmigrante. No puedo votar en las elecciones generales (presidenciales y parlamentarias para que nos entendamos) porque no tengo nacionalidad española, pero sí puedo pagar todos los impuestos que haga falta, aportar la parte que me corresponde de la Seguridad Social y votar en las elecciones comunitarias (regionales) y locales (municipales). ¿Soy ciudadano para unas cosas y no para otras? ¿No tengo derecho, al menos, a poder decidir a quién le pagaré mis impuestos o tener una mínima injerencia en elegir a quién habrá de distribuirlos?

En suma, todo esto es para decir que, pese a todo lo evolucionados que nos creemos, hay una buena porción de la sociedad que huele a rancio, que arrastra conductas y pensamientos machistas, homófobos, xenófobos... Y lo que es peor, que están en los Gobiernos, en las Administraciones, impidiendo un verdadero cambio y transmitiendo esos valores inmorales a las nuevas generaciones.

Para cerrar con la primera idea, probablmente Piñera no pensó antes de contar ese chiste la polémica que se levantaría, pero lo que deberíamos pensar todos es si queremos que se siga haciendo humor con la desigualdad y la falta de respeto de personas que conforman una sociedad que nos alberga a todos, sin distinción, por más que intenten estratificarla. Debemos pensar si queremos seguir oliendo a rancio o si hace falta un poco de aire fresco.

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