Volviendo de La Alpujarra

domingo, 3 de julio de 2011

¡Qué buen fin de semana! Disfrutando de las bondades de La Alpujarra (no Alpujarras) en Sierra Nevada. Mucha tranquilidad, excelente compañía, impresionantes paisajes y muchas ganas de volver a descansar.

Pampaneira, en la Alpujarra Alta, fue el centro de las excursiones hacia Capileira, Granada, Playa Cabría (entre Almuñécar y Salobreña), Pórtugos y Órgiva, todas visitas rápidas pero lo suficientemente apetitosas como para volver más adelante.

Pampaneira tiene entre 300 y 400 habitantes, sus casas son blancas y de arquitectura rústica, siguiendo el modelo constructivo de la zona. Al estar en plena ladera, las cuestas arriba son parte de su (des)encanto. Pero con paciencia y calma se llega a todas partes. Su gente es muy amable con el turista y el pueblo está preparado para ellos: bares, restaurantes, tiendas, productos típicos, senderismo, casas rurales, hoteles, comida típica, río, montaña, deportes, etc. Los precios son prudentes y se puede disfrutar de todo sin excesivos gastos.

Me quedé con ganas de ver un poco más de Granada, pero el tiempo y el calor apremiaban. Eso sí, vi la ciudad desde distintos ángulos: desde el mirador de San Nicolás hasta la carrera del Darro, también subiendo y bajando cuestas. Un breve paso por la Gran Vía de la ciudad (a pie y en coche) para luego ir hacia la Sierra.

Días calurosos y noches frescas, hicieron muy agradable la estancia. Además, el hecho de conocer a pampanurrios y pampanurrias nos permitió ver el pueblo desde dentro, de la gente local y de los extranjeros afincados. No puedo más que agradecer todas las atenciones que nuestros anfitriones tuvieron durante todo el fin de semana.

Pero ya de vuelta a la capital, calurosa y con una brisa algo más fresca que otros días, me preparo para comenzar mañana una intensa semana de actividades: el trabajo habitual, reuniones, encuentros y un esfuerzo extra para sacar un par de cosas adelante. Ahora, voy a pensar en recoger, ordenar y disponer todo para meterme a la cama y dormir.

(La foto la he sacado de Wikipedia... ojalá mi cámara hiciese fotografías así).

1 comentario:

  1. Anónimo22:03

    Que bueno, yo quiero vivir allá, poner un hostal. Solo me detiene que las calles sean empinadas por lo que dijiste y mi pata no da para eso.

    Pueblos chicos, gente amable, eso saca de contexto el dicho "pueblo chico infierno grande"

    me gustó que me llevaras allá

    Mamá

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