Reflexiones sociopolíticas

viernes, 10 de junio de 2011

Ayer escuché una frase que, procesándola con el paso de las horas, creo que habla de verdades poco discutibles. En medio de una discusión sobre las desgracias del sistema, de las escasas oportunidades que tenemos para cambiarlo, la culpabilidad del capitalismo como ideología y endemoniada, los medios de comunicación como tergiversadores de la verdad, entre otras cosas, una amiga dijo: basta ya de culpar a esos "entes" de más arriba; es tiempo de que la gente se haga responsable de sus actos y decisiones.

No quiero tomar parte de ningún lado porque entiendo las razones y argumentaciones de cada uno, pero me parece muy justo considerar la responsabilidad del "pueblo" en lo que está ocurriendo. Es cierto que esa masa humana llamada "pueblo" tiene mínimo o ningún interés en los asuntos políticos, económicos y sociales en cuanto no le afecten de forma directa, y que toman decisiones de Estado (cada voto debería considerarse una cuestión de Estado) sin considerar más allá de sus fanatismos ideológicos, pero sin adentrarse en cuestiones programáticas o prácticas, y son manejados por mass media completamente ideologizados, donde cada uno lee, escucha o ve la verdad que le interesa y le acomoda... Pero esa masa tiene que asumir la responsabilidad de su falta de criterio y actitud crítica, de su postura cómoda, de su abulia cívica sin esgrimir la falta de oportunidades para hacerlo. No hay carencia de oportunidades, sino pocas ganas de realizar un ejercicio mínimo de ciudadanía: poner en duda, cuestionar, pedir explicaciones, exigir cuentas, actuar...

Sin duda que hay asuntos que vienen dados o ya estaban decididos e impuestos en la sociedad. Pero tal como llegaron, se pueden ir. Es cuestión de acción, de una ciudadanía civil activa -esa misma que la UE viene promoviendo en los últimos años-, de sentirse responsables del rumbo que coge el Estado, la sociedad, el continente, el mundo... Y aquí es donde radica el problema: nos falta un espíritu crítico y autocrítico. Hemos visto a miles de jóvenes salir a la calle y nos hemos sentido orgullosos. Unos han participado, otros no. Pero el 15-M está viviendo un momento de transición complicado, en que no sabe muy bien si convertirse en un brazo político, mantenerse como movimiento democrático fuera del sistema partidista o ser simplemente una voz disonante dentro del panorama actual.

Si no asumimos el rol de responsabilidad cívica, si no ejercemos el derecho de dudar de lo que se dice, de cuestionar las acciones y los intereses de los partidos, de exigir una representación directa y proporcional, de modificar lo que ha provocado que llegásemos hasta aquí, señoras y señores, estará todo perdido.

No quiero ser pesimista, pero en cada discusión de la que soy testigo, al final, huelo lo mismo: desazón; mucho interés por argumentar, pero poco por actuar; y, sobre todo, una carencia absoluta de capacidad de autocrítica. Mientras no seamos capaces de ver las propias debilidades y comprender que si no hacemos el mínimo trabajo de cuestionar, leer entre líneas, establecer líneas de comportamiento político o sumar pequeñas acciones para comprender un todo, no hay nada que podamos hacer. Ni todos los 15-M del mundo podrán cambiar eso...

1 comentario:

  1. Anónimo16:32

    Hace mucho tiempo que te venía diciendo que SIEMPRE hay que votar porque era una manera de decir quiero que algo cambie o que sigamos en las mismas.

    Ahora te das cuenta que un voto mas otro voto pueden hacer la diferencia.

    Aqui la mayor cantidad de votantes son los de mis tiempos o mas, ,lo que hace que estemos en pronta desaparición por lo que hay que renlovarlos por personas pensantes, capaces de leer y entender lo que leen y no masas que son arrastradas por entes incapaces pero con gran labia.

    Mamá

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