Roma (Crónica de viaje - día 3)

jueves, 17 de febrero de 2011


El tercer día comenzó con la visita a las Termas de Caracalla, unos antiguos baños romanos, muy cercanos al Circo Massimo. En medio de la ciudad, un remanso de tranquilidad, poquísima gente y un paseo en el que, a pesar del sol matutino, hacía bastante fresco.

Este lugar es impresionante, porque fueron unos de los baños más importantes -los más grandes fueron los de Diocleciano- y las reproducciones que se han hecho sobre cómo podían haber sido son alucinantes: enormes piscinas, zonas de descanso, espacios para compartir y aguas de distintas temperaturas para las diferentes estancias. Impresionantes son los pocos restos de mosaicos que quedan porque el tiempo, un terremoto, los saqueos y las guerras han mermado casi toda la espectacularidad del conjunto. A pesar de eso, sigue siendo un interesante referente de la grandeza romana en su tiempo.

Pero el paseo no acababa ahí. Subimos por el lado del Circo Massimo, nos sentamos a mirar un momento el paisaje desde un mirador (belvedere, que si no me aventuro mucho podría ser el equivalente italiano a "bellavista") y decidimos encaminarnos hacia el Aventino, un barrio residencial muy bonito y claramente más caro. Las casas y departamentos eran enormes, había muchas embajadas -entre ellas la de Egipto, que estaba custodiada por un camión de policía-, iglesias y pequeñas plazas.

Cerro arriba, cerro abajo, nos dirigimos a la Pirámide de Cestia, monumento que data del año 12 a. C. y que es la tumba de Cayo Cestio Epulone, ubicada frente a la estación romana de Ostiense. No sabía de su existencia y prácticamente no aparece en las guías turísticas, pero nos llamó la atención y allí fuimos.

Decidimos bajar por la via Marmorata hacia el río, para bordear el Tevere (Tíber) y llegar a la Piazza de la Bocca della Verità. Por allí nos encontramos con un mercado en la Piazza Testaccio, nos tomamos un delicioso helado un poco más allá, vimos una tienda a la que volveríamos el lunes y nos sentamos un momento en la piazza di Santa Maria Liberatrice. Volvimos a la via Marmorata y llegamos al lugar previsto.

La Bocca della Verità es una máscara de mármol que está en la iglesia de Santa Maria in Cosmedin. Su leyenda no está clara, pero se dice que si un mentiroso mete la mano en su boca, ésta se cerrará y la atrapará. Cosa difícil si pensamos que es un trozo de mármol, pero bueno, las leyendas son así y no falta quien las cree.

De ahí cruzamos el río hacia la Isola Tiberina, una pequeña isla en medio del Tíber, para pasar luego al Trastevere, donde comimos bien (sin grandes resultados) en el primer sitio donde pudimos sentarnos, porque el cansancio ya se notaba. Después de la comida y una buena dosis de café italiano, a caminar por el barrio, quizás una mezcla de Chueca, Lavapiés y Malasaña para compararlos con Madrid. Pequeñas tiendas, la convivencia de la gente más antigua con los nuevos allegados al barrio, tranquilidad -no había demasiados turistas a esa hora- y muchísimos restaurantes y cafés.

Me dediqué a sacar fotos de puertas, porque eran todo un espectáculo. Impresionantes también los telefonillos para llamar a la puerta: bronce, madera, metal y mucho diseño antiguo. Podrían ser parte de un tour temático, porque toda la ciudad está llena de interesantes portales.

Por allí estuvimos dando vueltas un buen par de horas, hasta que decidimos coger el tranvía hacia la zona de Casaletto, para conocer otra cara de la ciudad, una completamente alejada del turismo. Nos metimos en un barrio muy normal, como el de cualquier ciudad: departamentos, casas, tiendas, supermercados, etc. Nos bajamos del tranvía y nos subimos al que nos llevaría de regreso al Trastevere.

Desde ahí, sólo quedaba coger el autobús que nos llevaría hacia casa, hacer un par de compras en el camino, cenar y descansar. Había sido otro día de mucho andar y de madrugar. Calculando, calculando, fueron otros 13-15 kilómetros de paseo por Roma. ¡Todo sea por Roma!

1 comentario:

  1. Anónimo14:20

    La bocca de la veritá, y La princesa que quería vivir con Audrey Hepburn y Gregory Peck ( está nal escrito el apellido) clásico de mi época, romántica, hermosa y filmada en Roma. Te atrapó la mano ja ja ja

    Mamá

    ResponderEliminar