Roma (Crónica de viaje - día 1)

miércoles, 16 de febrero de 2011


Hace 24 horas que llegué de vuelta a Madrid y recién ahora tengo un momento para sentarme y escribir en mi blog sobre el viaje. Debo decir que, globalmente, fue un viaje soñado: Roma, buen tiempo, tranquilidad y muchas cosas por descubrir. No tuvimos malas experiencias en los vuelos, ni con el departamento, ni con el transporte ni con la comida. Tampoco había demasiados turistas como para no poder disfrutar de las cosas, salvo en dos puntos específicos, o como para sentirnos solos en la ciudad.

El jueves 10 comenzó temprano y con normalidad. Las maletas habían quedado preparadas la noche anterior, así que nada más que recoger un par de cosas más y a Barajas, después de un buen desayuno. El vuelo salió a la hora, el embarque fue rápido y el avión iba medio vacío, por lo cual uno se podía explayar un poco más de lo habitual.

Hasta ese momento, todavía tenía algo de "resaca" de las náuseas y males estomacales del fin de semana, pero decidí matarlas con un sándwich del menú. Menos mal que no me cayó mal, pero si superaba eso, el resto de la semana estaría bien. La llegada a Fiumicino fue testigo de la primera anécdota: nos echamos a andar para recoger las maletas y en un despiste (o una pésima señalización dentro del aeropuerto), acabamos en Policía a punto de salir de Roma otra vez. El hombre nos hizo deshacer nuestros pasos y bajar por la escalera que no habíamos visto antes.

Equipaje en la mano a los pocos minutos, cigarro de vicio y a coger el tren que nos llevaría hasta Termini, cerca del departamento que habíamos arrendado. 30 minutos de trayecto y ya estábamos en esa estación infernal e inmensa. Unos cuantos pasillos después, muchos para ser honestos, llegamos hasta el metro que, por la construcción de la línea C, estará en obras hasta el primer trimestre de 2012. Días después nos daríamos cuenta que, caminando, hubiéramos tardado la mitad en llegar al piso.

En fin, que una parada de metro después y poco andar, ya estábamos en el portal del edificio esperando a Marta (la dueña) que resultó ser Antonella, que nunca supimos quien era, pero nos dio las llaves y nos explicó el funcionamiento de la casa. Minutos después íbamos al supermercado a comprar las cosas para el desayuno que, obviamente, fueron acompañadas por una serie de "extras" innecesarios, pero deliciosos.

Dejamos las compras en casa y salimos a dar una vuelta por el barrio. A todo esto, ya eran las 7 de la tarde y el día se estaba haciendo pesado: madrugón, aeropuerto, vuelo, tren, metro y compras, era demasiado para tan poco tiempo. Aprovechamos un happy hour en Panella, sitio maravilloso donde los haya, donde disfrutamos de una copa de vina blanco y unos buenos platos de comida del buffet, todo por 10 euros. Caso aparte la lasaña con berenjenas, que era para coger la fuente y sentarse a comer...

Vuelta a casa y a descansar, que el resto de los días ya habría tiempo para más, pero sin antes completar la vuelta alrededor de la casa para saber qué teníamos cerca.

Como no tengo fotos de estos instantes cotidianos, acompaño con una imagen general de Roma tomada desde la cúpula de San Pedro (que merece capítulo aparte), para abrir apetito sobre lo que vendrá en las próximas entregas.

1 comentario:

  1. Anónimo22:02

    Que bueno, bonito y barato me está saliendo mi viaje. No anduve de más, no me perdí al llegar y YA LO ESTOY DISFRUTANDO.Espero mas lugares para visitar
    Mamá

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