sábado, 4 de diciembre de 2010

¡Cuánto hijo de puta suelto!

Voy a hablar de un aspecto del tema del día en España -la ausencia de los controladores aéreos de sus puestos de trabajo-, pero desde un punto de vista que me resulta más llamativo: las condiciones laborales y la importancia que ha adquirido esa profesión.

No me voy a detener en las causas, desarrollo y consecuencias de este hecho, ni de las millonarias pérdidas que ya asumen las aerolíneas y el sector turístico, justo en uno de los "puentes" (fines de semana largos) más importantes del año, por varias razones: no estoy al tanto de los detalles y el resto de la prensa ya lo está haciendo.

Pero voy a recuperar algunas palabras que una sufriente controladora aérea soltó en el Telediario de TVE al mediodía. Se quejaba del estrés y de la presión a la que se enfrentan, de las malas condiciones laborales, de unas jornadas agotadoras, entre otras cosas, mientras sollozaba sin lágrimas y en una actuación poco convincente.

Para empezar, el sueldo medio -según informes internos de AENA, la entidad aeroportuaria española- de estos trabajadores ronda los 350.000 euros al año por unas 1.700 horas trabajadas, muchas de ellas extraordinarias lo que explicaría sus altos sueldos (unas 35 horas semanales, dentro del parámetro normal, entre 35 y 40 horas que se trabaja a la semana en jornada completa).

No obstante, su sueldo es infinitamente superior: un teleoperador en jornada completa cobra 15.000 euros anuales; un técnico de procesos internos de una empresa de telecomunicaciones, puede cobrar 25.000 €; un director de estudios de mercado puede rondar los 100.000 € anuales; un ingeniero en un puesto directivo, puede cobrar 140.000 €. ¿Vemos la diferencia?

Y aquí viene el centro de la discusión: la importancia que tiene el trabajo que realizan. Sí, indudable. Pero como valor laboral, tiene la misma relevancia que el que realiza un médico, una enfermera, un barrendero, un periodista, un ingeniero de caminos, un ministro, un actor o un conductor de autobús. Todos dedican tiempo y esfuerzo a estudiar, prepararse y trabajar. La responsabilidad que acompaña el cargo, si bien es algo a tener en cuenta, no debe magnificarse a límites estratosféricos. Los pilotos de aeronaves tienen una altísima responsabilidad y seguro que no llegan a cobrar esas cantidades.

Hagamos un ejercicio: imaginemos un día sin médicos o sin conductores de autobús. Incluso un día sin periodistas y, por lo tanto, sin nada de información. Es más, imaginemos un día sin barrenderos o recogedores de basura. Y sin ánimo de abusar, imaginemos un día sin ningún centro de atención al cliente (call center) disponible. ¿Caos? Seguro que habría un problema grave en cada una de esas posibilidades, cada uno muy particular.

Cada persona o la gran mayoría, al menos en este país, tiene la posibilidad de elegir un trabajo, una profesión. No vamos a entrar en las historias particulares, porque no acabamos nunca. Pero, de una forma u otra, existen opciones. El que ha elegido ser controlador aéreo, médico, dentista, podólogo, electricista o profesor, ha pasado por un proceso de formación adecuado para desempeñar su labor, más o menos difícil según se mire y según las propias capacidades, pero eso no da pie a las ya de por sí injustas diferencias salariales y laborales que existen en el mercado. No existen trabajos más importantes que otros, porque todo es parte de un entramado social y económico que nos hace depender a unos de otros.

Sí, entiendo que el trabajo de un controlador requiere de mucho cuidado y tiene un alto nivel de estrés, pero no creo que sea mayor o muy distinto al de cualquier otro trabajador que se enfrenta a una situación complicada en su entorno laboral. Cada uno tiene sus propias preocupaciones y problemas, y los asume o soluciona de la manera que pueda. Pero escudarse en eso para poner en jaque a todo el sistema de transporte aéreo no solamente español, sino de buena parte de Europa y América; provocar pérdidas económicas a familias, personas y empresas en un fin de semana importante en cuanto a planes y desplazamientos, no tiene sentido ni justificación.

Señores y señoras controladores aéreos, si no les gusta su trabajo, la puerta es ancha y habrá mucha gente dispuesta a ocupar su puesto y, sobre todo, a cobrar sus nóminas. Me parece que están en todo su derecho de negociar con quien sea necesario un convenio colectivo, unas condiciones laborales adecuadas y todo lo que quieran, pero no a exigir de esta forma un cambio. Ahora, si no lo habían pensado, no sólo tienen al Gobierno en contra, sino que a buena parte de la sociedad.

Su trabajo es importante, no lo dudo, pero no más que el mío o el de cualquier otro ciudadano. Y si quieren adoptar una posición de víctma, siéntense un día a trabajar en un call center y luego me cuentan qué les parece su actividad. Que para hijos de puta hay muchos más al otro lado del teléfono que pilotando un avión o en una mesa de negociación con el Gobierno.

Si creen que es estresante controlar el espacio aéreo los invito a un departamento de reclamaciones o a uno de recobros durante una semana de 40 horas, en las condiciones en las que se trabaja y cobrando la miseria que se cobra. O a limpiar la mierda de todos aquellos que se sienten superiores. O a levantar la redacción de un medio impreso. Verán que, si bien puede ser un estrés diferente, no deja de ser una sensación similar. Y en esos sitios sí he visto lágrimas de verdad y no sollozos secos.

Así que, cierre la puta boca o piense bien antes de abrirla. Y, sobre todo, ábrala sin jodernos la vida a los demás, que para eso ya hay otros muchos que lo están haciendo casi gratis.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Dosis diarias

Con esta viñeta que publiqué en la madrugada ("Sin título"), durante un largo desvelo causado por una sobredosis de café, descubrí a Alberto Montt y sus Dosis Diarias, un blog donde da rienda suelta a su imaginación y a sus dibujos.

Me estuve riendo un buen rato, porque muchos de ellos desbordan ironía y, en algunos casos, una mala leche disfrazada de sonrisa. Humor del bueno, grandes dibujos y un talento para seguir. No por nada su blog tiene más de 13.800 seguidores.

Aquí dejo otro:

Món-ja-món

monja, monja, monja, monja, jamón, jamón, jamón, jamón, monja...

jueves, 2 de diciembre de 2010

Ojo: Nunca diga sordomudo

Una de las cosas más interesantes y entretenidas del Periodismo es investigar. Me gusta el momento aquel en que, para redactar un artículo, reportaje o entrevista, uno tiene que documentarse de todas las formas posibles.

Llevo tiempo, meses largos, dando vueltas alrededor del tema de la lengua de signos y las personas sordas. Es más, ya he escrito antes el el blog al respecto, haciendo alguna mención a este asunto (El color del silencio - 19 de noviembre). Pero hoy me voy a detener en algunos mitos, errores y prejuicios que, incluso, yo tenía antes de comenzar a saber más cosas.

Una de las primeras cosas que llama la atención es la referencia a estas personas: sordomudas. Craso error. Son sordas, pero no mudas. Muchos de ellos podrían hablar, porque no tienen ningún fallo fisiológico que lo impida. Lo que pasa es que, al ser sordos, no tienen la referencia fonética o hablada para repetir sonidos como lo podemos hacer quienes oímos. Ellos se han perdido la parte de "ma-má", "pa-pá", etc. Y por eso, cuando oímos hablar a un sordo, nos parece que lo hace muy mal, de forma rara, hasta burlándonos de su imperfecta dicción o de su tonalidad.

Además, para ellos es un insulto ser llamados sordomudos, porque sienten que se les menosprecia. Pueden comunicarse perfectamente con la lengua de signos (jamás llamarla "lengua muda", como me ha ocurrido en muchas ocasiones) y llevar una vida de lo más normal. De hecho, si nos detenemos a pensar, nunca seríamos capaces de dimensionar la cantidad de gente sorda que hay, por ejemplo, en España. ¿Por qué? Pues porque no es una discapacidad visible (sé que es un concepto que también les provoca urticaria, porque no se consideran a sí mismos como discapacitados, pero me voy a permitir la licencia por un asunto redaccional). Si vemos a un cojo o a un ciego, nos damos cuenta de forma inmediata. Pero, ¿cómo reconocemos a un sordo que camina por la calle? Pues hay más de 1.000.000 de sordos en este país.

Dentro de todas las cosas insólitas, hasta no hace muchos años (incluso imagino que seguirá pasando actualmente), se consideraba que la sordera era curable. Se creía que si al niño se le impedía signar (llegando hasta el punto de atarles las manos), se le obligaba a usar audífonos y se le enseñaba a leer, llegaría el momento en que dejarían de lado la "flojera" y comenzarían a hablar. Error garrafal. La sordera de las "abuelas" no es la misma que la de un sordo. Unas oyen poco; los otros, nada. Y tal como dice Emmanuelle Laborit en "El grito de la gaviota", el audífono que le obligaron a usar de pequeña sólo añadía un ruido molesto e incomprensible a su propio ruido particular.

Y luego, las preguntas a pie de calle o en una sala de clases, bordean la ignorancia y la más absoluta idiotez: ¿Cómo van al baño? o ¿Cómo follan?, son algunas de las que me han comentado. Otras, que pueden tener algo más de lógica, como ¿pueden conducir?, son más fáciles de responder, incluso con otra pregunta: ¿Nunca has tenido la música a todo volumen mientras conducías? Pues sería más o menos lo mismo, con la espectacular diferencia de que un sordo tiene un campo visual infinitamente más amplio que el de un oyente.

¿Cómo se despiertan si no oyen la alarma? ¿Cómo saben cuando llaman a la puerta? ¿Pueden usar un teléfono móvil? Las respuestas: con la vibración si lo ponen cerca de la cama o en la almohada. Lo saben gracias a un sistema que conecta el timbre con el sistema de luces: si llaman a la puerta, se encienden. Y el teléfono, gran invento para todos los mortales, lo utilizan. Y mucho, gracias a la aparición de los SMS.

Para terminar, importante: nunca le tomes las manos a un sordo cuando signa. Es el equivalente a que te tapen la boca mientras hablas o te hagan callar o te interrumpan bruscamente. Tampoco te quedes mirando fijamente a dos personas que se comunican en lengua de signos, porque es de tanta mala educación como oír una conversación ajena.

¡Cómo me gusta aprender cosas nuevas! ¿Te ha servido se algo?

Time-Lapse (Lapso de tiempo)


Interesante proyecto de Time-Lapse el que se está montando.

Lo primero, hay que ver este video para entender lo que es: http://vimeo.com/16369165. Después, entrar en Wikipedia por si nos queda alguna duda: http://es.wikipedia.org/wiki/Time-lapse. Y, finalmente, para comprender el proyecto y darse cuenta de la magnitud que puede alcanzar, hay que visitar este sitio: http://www.chechen.es/timelapse/.

Después de haber pasado por estos 3 puntos, la verdad es que si consigue un buen número de imágenes, de distintos sitios y con diferentes visiones, podría quedar genial. La edición, eso sí, debe ser buena y respetuosa con el trabajo de los involucrados.

Hasta ahora no tenía ni la más remota idea de que esto se llamaba Time-Lapse, pero me alegro de haberlo conocido y de saber que se están haciendo cosas interesantes y espectaculares.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Que alguien nos salve

Madre mía, ya estamos en diciembre. La verdad es que el intento de nieve del lunes me debería haber advertido esta situación, pero estaba tan concentrado en otras cosas que ni lo pensé. Y acabo de caer que ayer se me pasó San Andrés (hermano, ¡feliz santo!). Se viene encima la Navidad, las fiestas, los regalos, las cenas, las celebraciones, los encuentros, desencuentros y reencuentros. Las cantidades industriales de comida y bebida.

No quiero sonar negativo, pero cada año lo llevo peor. No es el tema de las fiestas en sí, porque vengan de la tradición que vengan, son un evento familiar, de puesta al día, de puesta en común. En general son fiestas agradables. Pero detesto cada vez más lo accesorio: los regalos, la ostentación, el gasto desmesurado, los excesos. No estoy en contra de los regalos -todo el que me conoce sabe que me gustan mucho-, sino que en contra de la total pérdida del norte: se regalan cosas desechables, absurdas, sin ninguna intención. A los niños los atiborran de cosas que no tendrán vida útil más allá, siendo muy positivos, del mes.

Se monta un espectáculo casi teatral para argumentar el despilfarro que no tiene sentido. Todo son vítores y aplausos, pero resulta tan falso y vacío que da pena.

Luego en Nochevieja la gente saludándose, celebrando las uvas, las campanadas y lo que venga. Mucho abrazo y mucha fiesta. ¿Para qué? Para nada. Se apagan las luces y todo vuelve a la normalidad. No entiendo ni el sentido ni la expectación. El año que entra será igual al que sale. La esperanza se debe tener en el día a día del Calendario Laboral y no en un único momento de los 12 meses que hay. Las cosas no cambian con la última uva, lamento reconocerlo. Ya nos gustaría que realmente fuese así.

Después, para colmo, aquí celebran los Reyes. Vuelta a las fiestas, más festivos, más comida, más regalos y más teatro. Todo hecho a la medida de El Corte Inglés y tiendas aledañas. El roscón, el chocolate, la grasa, el azúcar, las calorías... es un no parar. Y se acaba Reyes y ya están pensando en el día de los enamoradas, carnavales y la semana santa, para repetir la historia una y otra vez.

Propongo cambiar las tradiciones, al menos, retocarlas. No todo tiene que ser igual. No siempre tiene que ser lo mismo. La gente tiene que estar dispuesta a cambiar, ¿no?

Que alguien nos salve. Así sea.

Tomás en Europa Web

Me inventé ayer, entre otras mil cosas que estaba haciendo, una página web. Sí, ahora tengo dominio propio: Tomás en Europa (http://www.tomaseneuropa.com).

Es una página muy, muy simple, pero con el contenido que puede tener un proyecto al que apenas le he dedicado dos minutos. Mi idea, en el futuro, es convertirla en alojamiento no sólo de una web personal, sino también del blog y de otras cosas que puedan ir surgiendo. Quizás que funcione como una especie de portal hacia los contenidos, trabajos, blogs y proyectos en los que vaya trabajando. Quizás también tenga algo de fotos, videos. No lo sé. Según lo vaya necesitando, lo iré acomodando.

Es un plan pretencioso, pero lo iré haciendo con calma y tranquilidad. No tengo presiones de ningún tipo ni pretendo ponérmelas. Pero quería compartir este nacimiento, con nombre y marca propia.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Rosana - Si tú no estás


Ayer cantó en Madrid. Y yo estuve ahí, una vez más. Y lo volví a disfrutar y a pasar bien. Dejo una pequeña muestra de lo que fue un concierto que duró cerca de 2:30 horas, con un público que iba desde los 6-8 años hasta bien pasados los 70. Pero no importó, porque hizo bailar a casi todo el mundo -como siempre-, contó chistes, anécdotas, recuerdos, se pegó un par de solos en guitarra, una magnífica "Tormenta de arena" y muchas otras cosas.

Rosana sabe lo que hace, tiene al público en el bolsillo y juega con ventaja. Y le da, además, tiempo de ser solidaria y colaborar con la campaña "Un juguete, una ilusión".
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