viernes, 22 de octubre de 2010

A palabras embarazosas, oídos anticonceptivos

Twitter me inspira hoy. Acabo de leer una "pregunta tonta" que me ha hecho recordar las situaciones a las que nos enfrentamos en algunos bares o restaurantes:

- ¿Tiene Coca Cola Light?
- Zero, que es lo mismo...

Y me pregunto yo: ¿para qué habrán sacado los de Coca Cola Company una bebida que es igual a otra? ¿Será que realmente no son iguales? ¿O será una campaña de marketing para despistarnos?

- Me pones una Sprite, por favor.

Y viene el tarado y te planta una Seven-Up. Entonces, si pido un vaso con agua, me va a traer una taza de té. ¡NO! No es lo mismo... O si voy a comprar una camisa, me enseñan un par de calcetines. ¡NO! Cuando van a entender que la sustitución no siempre es la más adecuada.

A veces compro en Carrefour por internet. Por principio, desactivo la posibilidad de sustitución, es decir, que si no hay del producto y la marca que he elegido, que no me traigan algo "similar". Bueno, pues cada vez me traen cosas que no he pedido: queso rallado, aceite, productos de limpieza. Lo siento, pero no. No es que sea marquero o víctima del marketing, pero es que el jabón de Carrefour no tiene nada que ver con el Sanex que compro, por más que lo intente. Y para qué hablar del queso rallado... me estreso sólo de pensarlo.

En fin, después de todo esto, lo gracioso era la respuesta que daba alguien a la "pregunta tonta":

- Ponme una coca-cola
- ¿Te vale una Pepsi?
- ¿Puedo pagarte con los billetes del Monopoly?

Pues eso, que no vale todo en la sustitución... Y menuda cara se le tiene que haber quedado al del bar.

Ni John Wayne ni Winona Ryder

Leo desde Chile que ha salido a la luz un estudio que establece que las mujeres adultas roban más en las grandes superficies (multitiendas como se llaman por esas tierras) que los hombres de su mismo grupo etáreo.

¿Qué nos debe llamar más la atención de esta noticia?

1. Que las mujeres son más dadas a robar que los hombres.
2. Que los hombres no tienen la necesidad de robar y pagan por lo que "consumen".
3. Que ambos roban en proporción desigual.
4. Que es una de las pocas estadísticas que "favorecen" a la mujer sobre el hombre.
5. Que hay machismo escondido tras el estudio.

No, lo que más debe llamar la atención es el robo. Primero, ¿por qué no nos parece anormal que se robe en las tiendas? ¿Hasta cuándo tendremos que escuchar la excusa: "Pero si con lo que me roban las tiendas, por qué no les podré robar yo a ellas"?

Uno -y ya lo he dicho en algún post anterior en este blog- robar es un delito, que no acepta embellecimientos. Robar es robar, sea cual sea la razón. Quizás podemos llegar a entender el hacerlo por necesidad, pero es que la base de la economía plantea necesidades ilimitadas y eso ya da pie para que "por necesidad" se entiendan demasiadas cosas.

El pasado febrero hubo un inmenso terremoto en Chile. Según fuentes cercanas, a los 5 minutos de ocurrido el movimiento sísmico, ya se estaban saqueando algunas tiendas. Pocas horas después, las grandes superficies eran arrasadas, no en busca de comida (que hubiese sido comprensible), sino en pantallas planas, lavadores, neveras, etc. Todos productos de primerísima necesidad...

Y el argumento de que las tiendas "nos roban" con los precios, pues es de fácil solución: ¡compre en otra parte! Todos sabemos que tiendas son más caras, es imposible no saberlo. Pero siempre están llenas. Busque alternativas, compre por Internet, vaya a mercadillos, outlets, al factory o a cualquier otro lugar donde el precio sea menor. Y, sobre todo, ¡no robe ni se deje robar, pero de forma legal! Si a usted le roban, denúncielo; no tome la justicia en sus manos, que no es ni John Wayne ni Winona Ryder.

jueves, 21 de octubre de 2010

Todo lo demás sobra


Haciendo un ejercicio de memoria y gracias a los archivos de mi PC -y quizás a un problema de ego que debería revisarme-, he podido comprobar que hay algo que no se puede evitar, por más que se intente: el paso de los años es inevitable y sería imposible que hoy, cerca de los 34, me vea igual que a los 27. Y mucho menos, podría verme como era a los 21 o a los 15 años.

Sí me gusta ver una cosa: el paso del tiempo. La madurez adquirida, las experiencias -todas ellas- y las historias que puedo contar. No me gusta ver otras, pero ¿qué puedo hacer al respecto? ¡Nada! Asumir y continuar.

Hace poco comentábamos en un grupo si alguien estaría dispuesto a volver a la adolescencia, a los años de colegio, incluso a la universidad. Mi respuesta fue un rotundo no en todos los casos. Agradezco cada momento el haber superado esos años y ser quien soy ahora. No fueron ni traumáticos ni los quiero olvidar, para nada. Mi etapa escolar no fue para nada una experiencia "Carrie" ni padecí nada; simplemente creo que no me gustaría revivir las inseguridades, los descubrimientos del mundo, de las personas, de todo. Prefiero pararme tal como estoy ahora, mirar hacia adelante y continuar.

Lo único bueno de esos años son algunas personas que, por fortuna, todavía comparten conmigo. A todos los demás, a esos que permanecen en el silencio y con los que actualmente no intercambio ni una sola experiencia, la verdad, es que me he dado cuenta de que no me hacen falta y no aportan nada. Fantasmas de un pasado entretenido, pero solamente eso, fantasmas que se van borrando cada vez con mayor rapidez.

Pero ese es un ejercicio positivo que todos deberíamos hacer. Así como vaciamos los cajones y los armarios, quitando todo aquello que sólo ocupa lugar y que no tiene utilidad, es positivo sacar de nuestro entorno, de nuestra vida cotidiana, a todos aquellos que no hacen más que ocupar lugar, que acumular polvo entre los recuerdos lejanos, y quedarse sólo con las "prendas confortables, útiles y fieles". Todo lo demás sobra.

martes, 19 de octubre de 2010

If you want me - Madrid



Glen + Mar

Glen Hansard y Marketa Irglova (The Swell Season) en su paso por Madrid. Estuvo buenísimo el concierto, como era esperable. Me faltaron un par de canciones, pero no se puede tener todo en esta vida. Me conformo con seguir viéndolos, más todavía cuando en Internet se dice, se comenta, que después de esta gira sus caminos se separan de forma temporal o definitiva.

domingo, 17 de octubre de 2010

Cuenta atrás (I y final)

Otra de las canciones, entre las muchas que se me quedan en el tintero, que me gustan de The Swell Season es "I have loved you wrong"... en un poco más de 24 horas, supongo, podré disfrutarla en vivo y en directo.



Obama y un pequeño percance...

Obama, en medio de un discurso, "pierde" el águila que adorna el podio. Y el manejo que hace de la situación es espontáneo, gracioso y demuestra una templanza a prueba de balas. Sólo queda recuperar el hilo...

Banksy firma el comienzo de Los Simpsons

Para mis amigos

Generalmente dedico algunas entradas de este blog a muchos temas: los viajes, la familia, las noticias, música, vídeos y a pensamientos que se agolpan en mi mente. Si bien en muchos de ellos menciono a mis amigos, creo que nunca les he dedicado algo especialmente, cuando merecen, sin duda alguna, un espacio importante porque se han convertido en compañeros de este largo viaje.

Para mí siempre ha tenido un valor importante la amistad. Ser amigo es un trabajo a tiempo completo y multidisciplinar -al igual que el de los miembros de la familia-, pero sin ese componente de amor incondicional que se suele dar con quienes compartimos lazos sanguíneos. Una amistad se construye, se alimenta y se cuida, de la misma manera en que puede destruirse fácilmente.

La forma de mantener con vida la amistad es la confianza, el respeto, la sinceridad, el cariño y el humor, todos ellos elementos indispensables para que la relación sea bidireccional, sea rica y permita su permanencia en el tiempo. Con esos elementos se pueden enfrentar todas las situaciones. Las verdades que más duelen, las miradas más cómplices, las risas más grandes, las penas más profundas y las confidencias más oscuras. Un verdadero amigo comparte todas esas cosas y muchas otras.

Tengo la suerte de tener unos cuantos grandes amigos, muchos buenos amigos, suficientes amigos y personas que me rodean. No todo el mundo puede decirlo, pero yo cuento con ellos de la misma forma en que ellos cuentan conmigo. Están repartidos por el mundo, son muy distintos entre ellos, pero tienen una cosa en cómun: que todos forman parte de mi vida.

Dicen que amigos buenísimos son uno o dos. Por fortuna, los míos superan con creces esa cantidad y, a lo largo de mi viaje permanente, lo confirmo una y otra vez. Este tipo de amistad es atemporal, no conoce de distancias geográficas y no es necesario expresarla cada dos minutos a través de grandes homenajes, de abrazos infinitos y apretados, de manifestaciones de cariño innecesarias. Esos buenos amigos saben que lo son, lo asumen y permanecen. No necesitan nada más que el simple hecho de saber que estamos, que somos. Y esas son las amistades que realmente valen.

Para todos ellos y todas ellas, mi reconocimiento, mi admiración, mi respeto, mi cariño y la enorme satisfacción que tengo de contar con todos a lo largo de este camino.
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