Los Gobiernos rescatan a los bancos y a las fracturadas economías europeas, mientras muchas grandes compañías desaparecen del mapa financiero. A los usuarios de la calle no nos ayudan, más bien nos condenan a pagar hasta por el más ínfimo de los servicios, nos suben los impuestos, la vida se encarece y los sueldos son cada vez más escuálidos -para el que recibe un sueldo a fin de mes-. Vivimos preocupados de los vaivenes de la economía, del petróleo, del dólar y del euro. Nos asombran también los desastres naturales: terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, tornados y todo lo que la naturaleza esté dispuesta a hacer para mostrar que no se ha dado por vencida. Pero ¿realmente nos preocupamos de las cosas importantes?Acabo de ver una foto que me ha provocado dolor, rabia y una sensación de impotencia enorme. Por un momento me olvidé de los bancos, los terremotos y la miseria económica, pensando en una miseria aún peor: el maltrato físico y psicológico, el desprecio, el terror más profundo; sentir que, pase lo que pase, tu vida no tiene una salida. La situación de maltrato y violencia hacia las mujeres en Irán y, como aquella de la foto, en Pakistán, me supera, me escandaliza, me impresiona y -nunca mejor dicho- me golpea muy duro.
¿Hasta dónde llega la crueldad? Se les rocía el rostro con ácido para que no "provoquen" a los hombres o para castigarlas, perdiendo no sólo sus rasgos femeninos, sino también la vista en muchos casos. Muchas de ellas se han atrevido a dar la cara en una serie de retratos hechos por el fotógrafo español Emilio Morenatti. Comparto una de ellas para denunciar esta injusta realidad, para hacer que esos rostros no sean sólo una infame anécdota y se conviertan en el principio del fin de la violencia de género, del maltrato y de una situación que va mucho más allá de la religión o de las creencias, convirtiéndose en un acto criminal en toda regla.
