jueves, 25 de marzo de 2010

Un acto criminal

Los Gobiernos rescatan a los bancos y a las fracturadas economías europeas, mientras muchas grandes compañías desaparecen del mapa financiero. A los usuarios de la calle no nos ayudan, más bien nos condenan a pagar hasta por el más ínfimo de los servicios, nos suben los impuestos, la vida se encarece y los sueldos son cada vez más escuálidos -para el que recibe un sueldo a fin de mes-. Vivimos preocupados de los vaivenes de la economía, del petróleo, del dólar y del euro. Nos asombran también los desastres naturales: terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, tornados y todo lo que la naturaleza esté dispuesta a hacer para mostrar que no se ha dado por vencida. Pero ¿realmente nos preocupamos de las cosas importantes?

Acabo de ver una foto que me ha provocado dolor, rabia y una sensación de impotencia enorme. Por un momento me olvidé de los bancos, los terremotos y la miseria económica, pensando en una miseria aún peor: el maltrato físico y psicológico, el desprecio, el terror más profundo; sentir que, pase lo que pase, tu vida no tiene una salida. La situación de maltrato y violencia hacia las mujeres en Irán y, como aquella de la foto, en Pakistán, me supera, me escandaliza, me impresiona y -nunca mejor dicho- me golpea muy duro.

¿Hasta dónde llega la crueldad? Se les rocía el rostro con ácido para que no "provoquen" a los hombres o para castigarlas, perdiendo no sólo sus rasgos femeninos, sino también la vista en muchos casos. Muchas de ellas se han atrevido a dar la cara en una serie de retratos hechos por el fotógrafo español Emilio Morenatti. Comparto una de ellas para denunciar esta injusta realidad, para hacer que esos rostros no sean sólo una infame anécdota y se conviertan en el principio del fin de la violencia de género, del maltrato y de una situación que va mucho más allá de la religión o de las creencias, convirtiéndose en un acto criminal en toda regla.

martes, 23 de marzo de 2010

Sobrepasado

Me gusta la diversidad de cosas con la que me encuentro día tras día, semana tras semana. Así paso desde una buena obra de teatro ("12 sin piedad") a un agradable momento de conversación con los amigos; de ahí, a las colaboraciones y a la cocina (un bizcocho de chocolate y clavos de olor, un pastel de carne con calabacín y mi mezcla de arroz salvaje con basmati). Pero no se queda todo en eso, porque así como veo "Millenium 3", me engancho a la serie "Glee", una magnífica mezcla de película ochentera "teen" con un High School Musical de los condenados. Y me termino el libro de Murakami para la tertulia del martes, mientras comienzo las primeras páginas de "Push", la novela en la que se basa la película "Precious". A la vez, recibo noticias desde Chile, leo los periódicos, veo el último vídeo de Lady Gaga y Beyoncé (tarantiniano y bastante raro), corrijo textos, preparo artículos, como en un hindú, paso el tiempo con los amigos, estudio Teoría del Estado, juego en Facebook, contesto correos y mensajes, publico en mi fotolog, preparo la agenda de los próximos días y hago la compra de la casa.

No sé en qué momento mi vida se llenó de tantas cosas, pero las agradezco. Sí, a veces me cansa el hecho de no tener un momento de desconexión total y la sensación de que los días se me escurren entre los dedos. No obstante, todavía disfruto cada momento, cada palabra, cada mensaje, cada encuentro, cada minuto. Cuando realmente no sea así, tendré que ir abandonando cosas. Por ahora, me quedo como estoy, sobrepasado, pero con una sonrisa.
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