sábado, 20 de febrero de 2010

¿Por qué debemos odiar a Carrie Bradshaw?


En las últimas semanas he aprovechado de ponerme al día con una de las series que nunca vi en su momento: "Sex and the city". La historia de cuatro estereotípicas amigas blancas neoyorquinas no me ha dejado indiferente: por un lado, debo decir que lo he pasado bien y, por otro, que me han horrorizado los arquetipos y tópicos con los que juega, haciendo uso de una liviandad, a ratos, perturbadora.

1. Los estereotipos físicos son aberrantes: delgadez, perfección, depilación laser y todo lo que haga falta para no salirse de los cánones estéticos impuestos por la sociedad de consumo. Cualquier personaje que sea calvo, latino, gordo, gay, de bajos recursos, entre otros, está condenado a un rol secundario donde, de una forma u otra, se le "ridiculiza" por su condición, pero jamás (o casi nunca) a través de un ataque directo, sino de situaciones, contextos o desventuras que los eliminan rápidamente de la ecuación.

2. La superficialidad, pretendidamente disimulada en algunas referencias artísticas o en las infumables reflexiones de la protagonista, Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker), es la madre de todos los episodios. Lo importante, en la gran mayoría de las ocasiones, es la moda, la belleza, el sexo casual. Y ante la más mínima opción de profundidad, de intensidad o algo de seso, siempre habrá algún evento que lo elimine: un cosmopolitan, una discusión, un vestido de Prada o unos zapatos de Manolo Blahnik.

3. La mujer, contrario a lo que se pueda esperar de una serie "feminista", pierde mucho en esta serie. Sí gana en independencia y decisión, pero pierde en dignidad, fuerza, templanza, inteligencia y en poder. Carrie Bradshaw es una neurótica inestable, infantiloide, inmadura, superficial y vacía, reiterativa, egocéntrica, materialista, ridícula y con un cuestionable gusto para vestir. La ropa de "marca" no significa necesariamente estilo. Miranda es, en apariencia, la más dura y estable, pero su apariencia engaña: no es más que una chica insegura en un mundo hostil que, al menor remanso de tranquilidad, huye irremediablemente. Charlotte, la morena, y Samantha, la bomba sexual, son las que se mantienen casi continuamente en su línea: ambas saben lo que quieren y no se detienen ante nada por conseguirlo, aunque sus objetivos sean completamente distintos.

4. Carrie, la protagonista, es redactora de una columna sobre sexo y hombres, pero tiene mucho de puritana, de relamida y de inocente (naïve que dirían los americanos), demostrando que su supuesta experiencia no es más que una estructura prestada y que, muchas veces, le va grande. Y, supuestamente, es el ejemplo o la voz de muchas mujeres. Sinceramente creo que no, porque la gran mayoría de las mujeres que conozco, apenas tienen rasgos de Carrie Bradshaw y muchas cosas que las alejan de ella, a miles de kilómetros de distancia. Quizás sólo algún complemento de moda.

¿Por qué, entonces, muchas mujeres se identifican con C.B.? Quizás por aspiración, por envidia o por ser un impecable opuesto. La verdad es que no he podido dar con la respuesta. ¿Por ser una mujer liberada? No lo veo. ¿Liberada de qué? ¿De los hombres? Cuando no sabe hablar de otra cosa que no sea de ellos (ojalá de los "suyos") y su vida no es más que un motor que funciona a base de la testosterona que recoge. No, no lo veo. Ahora, como personaje de ficción, de comedia del absurdo, de esperpento, tiene todos los puntos para triunfar y, si es vista así, entiendo perfectamente su éxito, tanto en la televisión como en el cine.

jueves, 18 de febrero de 2010

Me encantan las sentencias

No, no he desarrollado una filia hacia las resoluciones judiciales ni hacia los temas legales. Me refiero a las sentencias, aquellos conjuntos de palabras que son tan tajantes y tan precisas, que no requieren explicación ni contexto y, mejor aún, no dejan espacio a dudas o interpretaciones, porque su carga semántica es absolutamente rotunda. Esa es la palabra que buscaba: rotundas.

Por ejemplo, la que siempre se me viene a la mente es "Te vas a morir de pena cuando yo no esté". O la que acabo de encontrar en un corto: "Quiero estar el resto de mi vida contigo". O alguna de las perlas que suelen soltar las madres: "Si lo tocas, te mueres". No son frases hechas gente blanda o temerosa. No, están hechas para valientes.

No sé si lo que más me gusta es el contenido o, simplemente, la maravilla de encontrar las palabras justas y precisas para entregar un mensaje. Creo que me inclino más por lo segundo, por el buen uso del lenguaje y por la intensidad que hay en tan pocos caracteres.

¿Cuál es tu sentencia favorita?

martes, 16 de febrero de 2010

Abandono

No, no he dejado abandonado el blog, pero es que ha sido una semana llena de cosas: visitas familiares, trabajo, quedadas, puesta al día de series y más trabajo. Muchos mail para gestionar y contestar, cosas por leer y corregir, estudiar, etc.

Pero la verdad es que ha sido entretenido, intenso, interesante y agradable compartir todos estos momentos con distintas personas, disfrutando de su compañía y conversación. No he hecho todo lo que quería, pero he tratado de ajustar la agenda al máximo posible. Pero es imposible no sentir que se me escapa el tiempo entre los dedos y que no le dedico a cada cosa los minutos que les corresponden.

Y estos días se celebran cumpleaños, estrenos de teatro, quedadas y, además, disfrutamos del Goya que se ha llevado el cortometraje documental en que ha participado mi querida French ("Flores de Ruanda") y las historias que han surgido de su creación.

Pese a la intensidad y a la falta de tiempo, está siendo una época positiva y llena de nuevas ideas. Sólo espero que, lo que viene, se mantenga en la línea de las buenas experiencias.
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