jueves, 7 de enero de 2010

Cine con aspiraciones... (II)

Siguiendo con la idea del cine, recuerdo dos cosas que me han ocurrido en el último tiempo, motivadas por los post comentando películas que he colgado en mi blog.

La primera de ellas fue de una persona que, de una forma u otra, "reclamaba" la necesidad de que me centrara en aquellas películas que "aportan más", que "culturizan", que tienen "contenido", porque le llamaba mucho la atención que yo hiciese comentarios, precisamente, de "otro tipo de cintas". Es decir, vino a comentar que en mi blog hacía referencia a aquellos títulos que nadie más comentaba. (Cosa que no es cierta)

La otra experiencia que tuve fue respecto al tono de mis comentarios. Que yo hablaba como un espectador y no como un crítico, que no enseñaba ni contextualizaba el momento sociopolíticohistórico de las películas sobre las cuales escribía. Todo esto sin molestarse en preguntarme lo que me resultaba más cómodo y lo que me gustaba más hacer.

Mi respuesta a estas personas ha sido la misma: yo soy un espectador a quien le gusta ir al cine y que escribe sobre ello. No soy profesional del lenguaje audiovisual (ni pretendo serlo), no soy experto en teoría del cine, no tengo una cultura cinéfila suficiente y, quizás lo más grave, es que no pretendo tenerla y, en caso de que la tuviera, no la usaría como "arma" para demostrar mis conocimientos. No voy a escribir sobre cosas que no me gustan (al menos no de forma voluntaria en mi blog) y no pretendo dar lecciones a nadie.

Por último, sólo quiero decir que me aburren intensamente las filosofías acerca del cine y lo que lo rodea, al igual que la música y el arte. Tal como decía ayer, el cine es cine y no hay que pedirle más de lo que pretende a cada una de sus producciones. Lo mismo pasa con la música. Britney no es cantautora, así como Silvio Rodríguez o Pablo Milanés no son parte de los Backstreet Boys. Pero todos merecen un hueco en el mundo de la música mientras haya gente que quiera escucharlos. Cada uno elegirá lo que quiere ver o escuchar, sin que eso deba ser juzgado por los demás.

Igual pasa con el cine: Pretty Woman era una comedia sin aspiraciones, romanticona y entrañable. Nunca quiso ser "El ciudadano Kane" o "La Naranja Mecánica", pero eso no le resta valor. Prefiero una película honestamente simple a una paja mental con pretensiones de convertirse en cinta de culto, habitualmente infumable. Ejemplos así hay muchos, pero igualmente son muchos los "críticos" que se negarían a reconocer las bondades y aciertos de "Mi gran boda griega" por miedo a perder ese halo "cool" y "alternativo" que otorga una posición como la suya. Por eso no me llamo crítico ni escribo críticas. Simplemente redacto comentarios "a pie de calle" de aquellas cosas que veo en el cine, como un mero espectador.

El cine con aspiraciones...

"Es absurdo pensar que el único cine bueno es el que ven unos pocos", dijo en agosto Ignasi Guardans, director general del Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales (ICAA). Y siguió: "El cine no se hace para ponerlo en las vitrinas de un museo. Eso es otra cosa. Artística quizá, pero otra cosa".

Estoy dando vueltas alrededor de las distintas concepciones que se tienen del cine: como agente educador, como ente provocador, como forma de comunicar, como medio de expresión artística, como mero entretenimiento, entre otras. No consigo aún decidirme por cual es la que más me convence. Pero las palabras de Guardans, en relación con la Ley de Cine en España, me provocan ganas de seguir pensando.

De momento me quedo con la idea de que el cine está por encima de todas esas divisiones academicistas, filosóficas, políticas o intelectuales. El cine es cine y punto. Es todo y nada a la vez. El cine con aspiraciones resulta, a la larga, terroríficamente vacío e inútil.

Blogueros pedantes

Me alucina la facilidad con la que la gente emite juicios, sentencias y dogmas, como si de verdades absolutas se tratase. Una cosa es que la Web permita la existencia de blogs -entendidos como micromedios de comunicación- y otra muy distinta es que sus autores se sientan con el derecho a exponer "su verdad" como la única. ¿Acaso no es una de las principales críticas que se le hace a un personaje como Jiménez Losantos?

Hay un exceso de pedantería abrumador en una democracia comunicativa que no se ha comprendido del todo bien: no todo el mundo puede (ni debe) creerse periodista. No por tener una tribuna en la que poder expresarse, un título universitario cualquiera o escribir en algún medio de comunicación uno se convierte automáticamente en un profesional. Un periodista es más que un "mediador informativo" y, por supuesto, mucho más que un "opinólogo". Un periodista es una persona que ha estudiado para ser lo que es, de la misma forma que un médico, un abogado o un electricista. Seguro que nadie se siente "electricista" por cambiar una bombilla.

Es una de las cosas más lamentables de la democratización en Internet, de la cual estoy completamente a favor, pero se deben asumir ciertos errores y, sobre todo, enmendarlos. La labor comunicativa no es simplemente la de exponer cosas ante un público, sino de ponerlas en un contexto, de comentarlas, de darles consistencia, de informar, de interpretar. Para llegar a opinar con criterio es necesario acumular una amplia experiencia y tener una suficiente madurez periodística, profesional, personal y social.

Y hablo de madurez social entendida como responsabilidad social, una responsabilidad que muchos se echan al bolsillo con la simple intención de expresar unas opiniones, la mayoría de las veces, sesgadas y subjetivas, sin más base y argumentos que una tergiversación informativa o una mente tan pequeña que cree saberlo todo y ser dueña de la absoluta verdad.

Lo siento, pero no. Hay que ser consecuentes y responsables. Tenemos que actuar como "censores" (no me gusta la palabra) de nosotros mismos y asumir un importante deber social: el respeto por los demás y por la labor periodística; la innegable evidencia de que no somos dueños de la verdad y, quizás lo más importante, debemos evitar los juicios de valor sin fundamento, porque sólo pueden generar crispación y polarizar las posiciones dentro de la discusión. No es una lucha de izquierda y derecha o de ricos y pobres; es un tema que abarca a toda la sociedad, sin distinciones.

Como blogger, sólo puedo hacer un llamado a mis compañeros y colegas a tener cuidado con lo que hacemos o decimos. Quizás es más inteligente por nuestra parte proponer temas para la agenda de discusión y mostrar las distintas vertientes, alejándonos de la vacuidad de unas opiniones, además muchas veces anónimas, que a la larga no aportan absolutamente nada. Así, entonces, nuestro papel en el desarrollo de una sociedad de la información es prácticamente nulo y contraproducente. No todo es información y menos aún, noticia. Seamos más modestos y no nos sintamos dueños de una verdad que, como ya he dicho en posts anteriores, es tan variada como personas en el mundo existen.

miércoles, 6 de enero de 2010

Navidad, Reyes y otras fiestas de guardar

Hoy se celebra en España los Reyes, otra de las fiestas católicas que se mantienen a pesar de las intenciones laicistas de las últimas décadas. Pero es que una cosa es que te obliguen a estudiar religión o que la Iglesia tenga mayor poder en las decisiones, y otra muy distinta es perder cualquier excusa para disfrutar de vacaciones.


El 8 de diciembre se celebra la Inmaculada Concepción, que junto con el día de la Constitución (el 6), siempre hace un agradable puente para tirarse casi 5 días fuera del trabajo. Lo mismo con semana santa, la Almudena, Navidad y la de los Reyes, entre otras. Porque para santos patronos, vírgenes y lo que implique un descanso, son todos ultra religiosos. Es el doble estándar que encontramos en todas las culturas de forma inevitable.

Pero bueno, el tema del post no sólo trataba sobre esto. También estaba pensando en la ilusión de los niños respecto a Papá Noel, los Reyes Magos, el ratón de los dientes (el ratoncito Pérez por estos lados) y otras tantas falacias que nos encargamos de mantener sin sentido alguno. ¿Cuál es la repercusión positiva de estas creencias? Hasta donde me aventuro, ninguna.

Los padres se esmeran en coordinar, planear y gastar todos los recursos posibles para "satisfacer" a sus sedientos y consumistas hijos. Sí, hay excepciones a la regla, pero la generalidad es gastarse dinerales absurdos en regalos que, como mucho, tendrán una vida útil de 2 semanas antes de romperse, gastarse las pilas (que nunca se reponen, otro misterio) o de quedar en el olvido. Sin ir más lejos, en una de las últimas visitas al supermercado, en la caja de al lado, una mujer se gastó más de 550 euros en muñecas y cochecitos... ¡una burrada!

Además creo que la verdadera ilusión de los niños no tiene nada que ver con la figura de Papá Noel, de los Reyes o del ratón, sino que con el "premio" que implica: regalos, dinero, recompensa. ¿Tiene entonces algún sentido?

Y más allá del dinero, ¿por qué son necesarias estas creencias? ¿Nos dejan alguna enseñanza para el futuro? Sí, que a los pequeños se les puede engañar todo lo que queramos a costa de nuesto goce ante su dulce inocencia. ¿No es eso un acto egoísta de los adultos?

Me gustaría conocer las experiencias de los ocasionales o asiduos lectores del blog (además de mi mamá, la fiel comentarista). Quizás me estoy perdiendo toda una perspectiva y me gustaría poder verla.

martes, 5 de enero de 2010

El mediático adiós de Sandro

Creo que nunca había sido capaz de dimensionar la relevancia mediática que provocaría la muerte de Sandro. En Internet, además de los medios de comunicación que no han escatimado esfuerzos para recordar la figura de "El Gitano", los blogs se han llenado de referencias al artista, al igual que la red de vídeos YouTube e, incluso, redes sociales como Facebook y Twitter, que no se han quedado atrás en la despedida del cantante.

Nunca fui fanático de Sandro, pero es innegable la larga sombra que deja en la vida de mucha gente de mi generación y de las anteriores, sobre todo en Argentina. Sus últimos años, con continuos ingresos hospitalarios y problemas de salud, ya mostraban un poco la vigencia del ídolo, pero debo decir que me han sorprendido muchas reacciones, incluso de gente muy joven, que lo recordaban gracias a sus padres.

Desde este blog sólo sumo un pequeño homenaje más: un vídeo de su actuación en el Festival de Viña del Mar en 1975, antes de que yo naciera, donde demuestra su fuerza y magnetismo. Canta: "Rosa, Rosa".


Compras por Internet

Debo reconocer que soy un asiduo comprador por Internet. No, no me paso el día gastando dinero que no tengo. Pero sí, en el caso de que vea una buena oportunidad, no lo dudo dos veces: lo compro. Es fácil, sencillo y cómodo. Compro desde casa, pudiendo comparar productos y leyendo comentarios de otras personas. Es una compra informada la mayoría de las veces y algo compulsiva en otras. De todas formas, actualmente es fácil cancelar los pedidos o devolverlos en caso de no estar contento con el resultado.
Todo esto lo comento porque confío plenamente en las compras por Internet. He adquirido desde licencias de software hasta zapatos, pasando por DVD, música, camisas, ropa interior, libros, cosas de cocina, etc. Y siempre hago una apología de ello a quienes todavía tienen miedo a comprar por la Web.
Pero la semana pasada tuve una experiencia que está, de momento, ensombreciendo mi historial de comprador on-line. Compré una manta de cuchillos de cocina, portátil y cómoda. Después de un mes de esperar el pedido (unos cuantos días más a partir de la fecha indicada), me llega otro producto que, aunque se podría considerar similar, no tiene nada que ver con lo que pedí.
En ese mismo momento, intenté contactar con la "tienda" a través de su página o de algún número de atención al cliente. Sólo encontré un formulario de correo que en 6 días he cumplimentado en dos ocasiones sin que nadie se haya puesto en contacto conmigo todavía. ¿Es eso un eficaz servicio de postventa?
Muchos saben lo pesado que puedo llegar a ser cuando quiero. Señores de "Ofertix" (las cosas se dicen con nombre y apellido), si no me dan una pronta solución, van a saber lo que es un cliente molesto. Muy molesto.
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