Bastardos a contracorriente

viernes, 15 de octubre de 2010

Durante este extenso fin de semana, vi dos películas tan opuestas en todo sentido, que no me queda más remedio que hablar de ellas en conjunto. "Malditos bastardos" (Inglourious Basterds, EE.UU. - Alemania, 2009) de Quentin Tarantino es un espectáculo en todo sentido: es una película de guerras, pero en todos los niveles; es una película de acción, con algunos intimistas e interesantes momentos; tiene algo de juego adolescente, mucho de fantasía, algo de realidad y mucha provocación.

En suma, es Tarantino haciendo una recreación contenida y cuidadosamente ambientada de Kill Bill, sin el manga. Es Tarantino mejorándose a sí mismo. Es Tarantino haciendo un espectáculo de una guerra, haciendo lo que le parece con la historia y con su historia. Es una aglomeración de talento, desparpajo y voluntad. Es un buen trabajo.

Interesante Brad Pitt, sexy Diane Kruger y magnífico Christoph Waltz (en la foto superior), Oscar merecidísimo a Actor Secundario.

Y lejos de la pirotecnia humorística, está "Contracorriente" (Perú, Colombia, Alemania y Francia, 2009), una historia valiente, contenida, a ratos superflua pero con mucha intensidad de la vida de un pueblo de pescadores que se ve "amenazada" por la existencia de un pintor homosexual que se enamora de uno de los lugareños. Buen debut en el largo de Javier Fuentes-León, quien también es el autor del guión.

Es valiente, porque muestra una realidad plenamente vigente en Latinoamérica y porque lo hace sin caricaturas ni disfraces. Es contenida, porque no necesita explicitar demasiado para entender la fuerza del romance. Es superflua, pues pese a tener todo para emocionar y conmover, los sentimientos parecen una fuerza más externa que interior. Y es intensa, porque representa tantos valores, tantas contradicciones y muchas otras cosas, que le dan un marco interesante a la historia de Miguel y Santiago.

Sin ánimo de destripar la historia, la mejor parte de la película ocurre cuando Miguel es capaz de unir sus dos mundos, sin miedos ni ataduras. Están filmadas con mucha delicadeza y ternura. Los gestos y las imágenes lo dicen todo sin necesidad de muchas palabras. Quizás por eso el público la premió en Festivales tan dispares como Sundance y Miami, además de recibir el premio Sebastián de 2009 en el Festival de Cine de San Sebastián en España.

Buen cine, buenas películas y géneros tan distintos. Ninguna de las dos está para aplaudir con las orejas, pero ambas se merecen un reconocimiento en cuanto a lo que representan, significan y provocan.

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