Chile 2: los días familiares

viernes, 6 de agosto de 2010

Como ya contaba en el post anterior, el martes fue de reencuentros y de disfrute máximo. Muchos momentos de esos en los que te das cuenta que la distancia y el tiempo no son más que factores relativos. Por la noche, un entretenido concierto de Kevin Johansen en el Teatro Regional del Maule compartido con mi hermana y un pequeño remezón de tierra mientras el argentino cantaba "La falla de San Andrés"... extraña coincidencia.

La semana continuó con un miércoles lleno de risas, de recuerdos, de buenos momentos. Pocas fotos estoy haciendo en este viaje porque prefiero ver las cosas a través de mis ojos y no por el cristal de una cámara. Sí me guardo algunas imágenes para reproducir, pero prefiero cargar con los recuerdos en el corazón.

Esa noche una larga y accidentada cena, una velada magnífica, las últimas confesiones y de vuelta a casa. Pero el jueves nos volvimos a ver y nos despedimos. Siempre esas despedidas son dolorosas, especialmente emotivas. Un abrazo fuerte, miles de besos repartidos y las infaltables gotas saladas. Por más que trato de quitarle peso, nunca deja de cerrarse mi garganta y querer estirar el momento eternamente.

El consuelo llegó de la mano de más reencuentros en la tarde. Las niñas crecieron, son profesionales y tuvimos una entretenida sesión de puesta al día. Después se unieron dos y hasta tres más a una mesa que se extendía y se hacía más pequeña según las necesidades. Creo que esa noche mi aura fue estudiada sin veredicto...

El viernes pude disfrutar de mis sobrinos "grandes", mis ahijados. Ellos crecen y crecen mientras uno mengua (o al menos hay partes del cuerpo que menguan). Un orgullo verlos tan crecidos, tan enteros, tan ellos mismos. Noche de casino y cena con mis padres y de cabeza a un sábado de cocina: curry de pollo y tiramisú para los invitados curicanos. El resultado no fue el mejor, pero el momento fue un lujo. Después, al final de la tarde el encuentro Barberis que, aunque incompleto, era bastante extendido. Como siempre, la sangre italiana se hacía notar.

Noche de gran fiesta en previsión, se quedó en una pequeña reunión. Pero no hizo falta más. Momento muy agradable para cerrar el sábado, recuerdos y muchas risas, con algunas buenas fotos para llevarse en la memoria.

El domingo fue más tranquilo, pausado, con viajes cortos y frustrados, visitas que no se concretaron y compras que nunca llegamos a hacer. Pero el punto alto fue la película de la tarde y el sueño temprano que nos atacó a todos. Necesitábamos descansar.

Lunes otra vez y la mañana fue de compras y cafés. Puesto al día en los encargos y en algunas cosas necesarias. Día dedicado a los papás y a no parar, porque tuvimos varias y diversas actividades familiares. Hoy, martes, una semana después del comienzo de este capítulo de la crónica, tengo un día redondo: café amistoso de media mañana, almuerzo familiar, tarde más familiar y noche todavía más familiar. Pero ya hablaré de eso en otro momento. Ahora, preparo mi viaje a Santiago.

1 comentario:

  1. Anónimo17:02

    ya estoy empezando a extrañarte y a llorar

    Tu estadía es y será un regalo del cielo para nosotros

    mamá

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