Chile 1: Grande en alegrías

martes, 3 de agosto de 2010

Los días se pasan volando... bueno, yo me pasé más de medio día en vuelo, pero eso no importa ya. Llegué el sábado a primera hora de la mañana a Santiago, en medio de una niebla intensa que apenas dejaba divisar algunas figuras, aterrizando casi por sorpresa en medio de la pista. 13 horas de viaje son demasiadas y cada vez las noto más en el cuerpo, me agotan.

En el aeropuerto me esperaba la familia, los cuatro restantes que conforman nuestro núcleo de cinco. Casi 3 años después, volvíamos a estar todos juntos. Los nervios se transformaron en besos y en abrazos, en amor infinito, en nostalgia y en felicidad. El café nos despertaría un poco después y nos haría recordar, hablar y comentar sobre las cosas que estaban en el aire.

Otro viaje, breve esta vez, a casa de mi hermano y a comenzar la actividad diaria para mantenerme en vela hasta la hora chilena de dormir. Tres sobrinos deliciosos ayudarían bastante a evitar la paz y el desarme, pero también a mantener el estado de alerta. Su inagotable energía es envidiada por muchos de nosotros. Algunas compras mañaneras harían el resto.

Una comida familiar riquísima, con unas verdaderas empanadas chilenas, mejoraron el panorama al mediodía, mientras Santiago nos premiaba con una temperatura templada y agradable (sin caer en excesos). Antes, un rápido reencuentro y dos presentaciones sumaron puntos a los ya conseguidos.

Paseo de media tarde y unos aperitivos para amenizar el comienzo de la noche me dejaron listo para la cama. Unas cuantas horas de sueño que acabaron con el hambre del desayuno, cuando apenas despuntaba el alba en Santiago y Madrid se preparaba para la comida. Complicidad con mi padre y un buen desayuno me dieron las energías suficientes para la ducha y una breve salida por el barrio.

Compras con hermano, cuñada y sobrinos, paseos y confesiones mediante, cerraron la mañana y nos dejaron con el almuerzo otra vez en la mesa. Café rápido, visita a Rancagua y llegada a Talca, con el cansancio sobre el cuerpo, los excesos del fin de semana en la cabeza y la infinita nostalgia satisfecha en el corazón. Poco se veían ya los efectos del terremoto a la luz de las farolas.

El lunes fue el día en que me encontré con la realidad, con una historia reciente y dolorosa, llena de experiencias personales. La ciudad se mueve con normalidad, con algo de frialdad o respeto, no sé si como consecuencia de las vivencias o por el frío que acompaña cada rincón. Las casas marcadas con una X esperando el poder de las máquinas de demolición, aquellas que no están y los hitos urbanos que se han convertido en un quebradizo cascarón no permiten olvidar la magnitud de la tragedia.

Hay muchas calles llenas de escombros, edificios apuntalados y cercados para evitar un derrumbe inesperado; agujeros infinitos que antes fueron grandes casas... todo está con un halo de posguerra importante, aunque en este caso el enemigo es imposible de vencer.

Una graciosa sorpresa, una tienda llamada "El rincón de Amelie" (Conchi, tengo foto del plagio), me sacó una sonrisa mientras mi madre y yo caminábamos lentamente por las calles. Más compras, todas breves y muy medidas, tarde de sobrinos, sorpresas gracias a su facilidad para rendirse a mis juegos y tonterías. Y noche de casino, de máquinas, de reencuentros, de risas, de lágrimas de risa y de carcajadas. De nervios y de ansias. Deliciosa cena, mejor compañía y una noche breve de sueño, pero grande en alegrías.

El martes comenzó con llamadas telefónicas, con más reencuentros y con tantas cosas que ahora no caben aquí pero que tendrán su lugar en esta larga crónica de viajes con múltiples entregas. De momento las fotos escasean, pero aprovecho una imagen "robada" para ilustrar el segundo día de mis vacaciones.

5 comentarios:

  1. hola!! acabo de descubrirte por el concurso este de los premios 20blogs y nada, que muchisima suerte!!!

    y bueno, ya que estoy te permito que te pases por el mio que participa en humor.. y si quieres también te permito que lo votes!! xDD

    un saludo!! :D
    sorcios.com

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  2. Anónimo00:53

    Se que extrañas mi comentario pero me daba no se que ponerte algo si estas con nosotros, pero aqui va.Como de costumbre me encanta como escribes, como relatas con el alma y con las palabras tu don es muy fuerte en ambas cosas. Claro que fue un fin de semana especial, lleno de chácharas y recuerdos y de mucho cariño que es lo mas importante.Con lluvia, perdidos en el Gran Santiago (nosotros) pero AHI, juntos que es lo que vale.

    Tu fiel seguidora

    Mamá

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  3. Tomas¡¡¡¡ he leido el relato de tu vuelta a chile despues de 3 años. Imagino la emoción y el nerviosismo que describes tan detalladamente y la alegria de tu familia al tenerte denuevo.
    Y cuando dices que tuviste una noche de reencuentros con lagrimas de risa, no sabes que ganas de haber estado ahí, de verte, de abrazarte y conversar y reirnos y reirnos, recordar momentos de estudio y gula, momentos de ocio y burlas o los juegos de carta o en fin....son muy lindos recuerdos
    Estoy muy lejos de Talca y con dos miniataduras nacidas en marzo pero si tienes programado acertarte para el Sur, te espero fasacinada.
    Un besote y sigue escribiendo de esa forma, tan especial, interesante que haces que quiera seguir intruseando en tu vida ¡¡¡

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  4. Carola... mil gracias por tu comentario. Me alegro de que te haya gustado y que disfrutes con mi crónica de viaje.
    No tengo viaje al sur programado. Lamentablemente los días escasean y, además de una breve escapadita a Santiago, no podré hacer nada más.
    Mil besos para ti y para tus niños.

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  5. ¡¡¡Qué fuerte!!! Llego ahora a esta entrada. No sé por qué extraña razón en mi blog no se ha actualizado tu enlace, así que me llegó la actualización del Chile 3 ¡¡¡sin saber que me mencionabas en el 1!!! ¡¡¡Qué fuerte!!! Quiero esa foto yaaaaaaaaaaaaaaaaaa...

    Me alegra ver que estás bien, chiquitín, rodeado de tanto afecto y tanta cosa buena en medio del derrumbe. Besos naranjas. TQMG

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