¡Terremoto en Chile!

sábado, 27 de febrero de 2010

Esta mañana me desperté a las 7:30 (cuatro horas menos en Chile, las 3:30) sin saber porqué. Fue un sobresalto sin razón, al que no le di importancia y traté de dormir de nuevo. 10 minutos después, estaba despierto y sentado en el PC. Lo primero que me encuentro al abrir el periódico fue la noticia del terremoto en Chile. Inmediatamente, entendí mi sobresalto y mi temprano despertar. Fallan las telecomunicaciones, pero hay cosas que es imposible evitar: la conexión con mi gente.

Después de una mañana en la que intenté contactar con mis padres y hermanos, tuve noticias desde Talca y me dijeron que estaba todo bien. Que había sido horroroso, pero que había sido sólo un susto. Faltaba el reporte de Santiago, que llegó muchas horas más tarde, hace menos de 45 minutos. Estaban todos bien, asustados y cansados.

Vivir un terremoto es toda una experiencia. 25 años después, tengo muy fresco en la memoria el de 1985 y justo la semana pasada, lo recordábamos con mi hermano pensando en las altas probabilidades de que hubiese uno nuevo en la zona central del Chile. Antes lo decimos, antes ocurre. Así y todo, según lo que cuentan, el de hoy ha sido espantoso y muy intenso. Es una experiencia que, por más que la cuentes con todos los detalles, jamás podrás transmitir todas las sensaciones.

Faltan muchos amigos y familiares de los que no sabemos nada. Espero que, en lo que queda de día, las comunicaciones se vayan restableciendo y podamos contactar a los que nos faltan. Muchos besos para todos y mil gracias a quienes han estado conmigo todo el día a través de mensajes, llamadas y correos.

Nuevas entradas de cine

miércoles, 24 de febrero de 2010

Ya tengo escritos dos nuevos comentarios de películas: "A single man", con Colin Firth y Julianne Moore; y "Precious", con Mo'Nique y Gabourey Sidibe. Ambos en: http://soyunespectador.blogspot.com/

Why do people want to fall in love?

lunes, 22 de febrero de 2010

¿Por qué la gente se enamora? Esta es una de las preguntas que hacía la profesora Rose Morgan (Barbra Streisand) en la película "El amor (o El espejo) tiene dos caras" a un auditorio lleno de alumnos, cuyas respuestas fueron múltiples: por la reproducción o la propagación de las especies, por la química, por los condicionamientos socioculturales. Pero la solución, para la docente, era mucho más simple. "Because, while it does last, it feels fucking great", contestó ganándose un inmenso aplauso, o bien, "porque mientras dura, se siente jodidamente bien".

En el amor, como en muchos otros aspectos de la vida, las cosas no son tan complicadas como parecen y, la gran mayoría de las veces, la simplicidad es abrumadora. Todavía sufriendo los efectos colaterales de una sobredosis de "Sex and the city", no podía dejar de lado una referencia que apareció hace algunos capítulos sobre el lenguaje del amor, sobre aquello que, dependiendo de cómo se diga, tiene un significado especial. O al menos eso era lo que pensaban las cuatro protagonistas.

Mucha literatura se ha escrito al respecto, humorísticas gran parte de ellas, sobre la comunicación en la pareja. Si ella dice "sí", en realidad quiere decir "no", por ejemplo. Casi siempre, además, se atribuye a la mujer el rol ambiguo en la interacción, diciendo algo de forma evidente, pero llenándolo de un subtexto con mucho de imaginación y con mucho de estupidez. Por el contrario, los hombres simplones, decimos siempre lo que queremos decir, sin segundas lecturas o interpretaciones. Si decimos "sí", es "sí" y punto. Sin embargo, parece que las mujeres intentan muchas veces sacar subtexto donde no lo hay, lo que provoca más de algún problema en las parejas.

Pero el tema no es ese y no me voy a extender analizando todas las controvertidas situaciones de comunicación. Como decía, las cosas son y deberían ser más simples no sólo en las relaciones de pareja, en las amistades, en el trabajo y en todos los aspectos de la vida diaria. Nos enamoramos porque nos produce una serie de sensaciones agradables para el cuerpo y la mente; mantenemos amistades porque necesitamos de pares con quienes compartir distintos aspectos de la vida (mi frase actual es que "un buen amigo, soy yo mismo, pero con otros ojos"); trabajamos porque nos satisface o por necesidad. Y, cuando hablamos, las cosas deberían ser igualmente claras y sencillas.

Mucha gente teme a decir que no, a contradecir a "la masa", a decir algo fuera de lo común, lo políticamente correcto, lo socialmente aceptado. Tememos a todo y a todos, a ser uno contra el mundo. Nos coartamos nuestra propia vida. Nos censuramos más que los propios gobiernos. No hay coacción más dura que la que ejercemos sobre nosotros mismos por el entorno social. Tampoco se trata de fomentar la anarquía, porque soy el primero que apuesta por un bienestar común, por una sociedad abierta y respetuosa de las diferencias. Aquí es donde radica la respuesta: en el respeto hacia los demás. Saber qué decir, cuándo y dónde no es siempre sinónimo de corrección. Es mejor decir lo que pienso, justificarlo y fomentar la discusión de diferencias. Es la base de la cultura y el conocimiento.

Si no soy capaz de ver más allá de las estructuras impuestas o de las convenciones sociales de las que antes hablábamos, jamás podré aprehender el mundo que me rodea y mi vida será cada vez más pequeña, más limitada, menos libre. Si no conozco las diferencias, ¿cómo puedo hablar de igualdades o de respeto? No puedo juzgar lo que no conozco, lo que no he visto, oído, tocado, olido o escuchado. Todo eso no es más que un conocimiento basado en el desconocimiento, el prejuicio y la ignorancia, por lo tanto, un conocimiento inútil.

Es tiempo de hacer el ejercicio de conocer las diferencias, de buscarlas, de sentirlas, de entenderlas y, una vez hecha esta reflexión, emitir juicios con fundamentos sólidos, con la sabiduría de la experiencia. Me cansan las opiniones vacías, fundamentalistas, que poco tienen de congruencia con una sociedad democrática, aquella que se nos ha vendido como la mejor de todas en los últimos 60 años.

¿Por qué debemos odiar a Carrie Bradshaw?

sábado, 20 de febrero de 2010


En las últimas semanas he aprovechado de ponerme al día con una de las series que nunca vi en su momento: "Sex and the city". La historia de cuatro estereotípicas amigas blancas neoyorquinas no me ha dejado indiferente: por un lado, debo decir que lo he pasado bien y, por otro, que me han horrorizado los arquetipos y tópicos con los que juega, haciendo uso de una liviandad, a ratos, perturbadora.

1. Los estereotipos físicos son aberrantes: delgadez, perfección, depilación laser y todo lo que haga falta para no salirse de los cánones estéticos impuestos por la sociedad de consumo. Cualquier personaje que sea calvo, latino, gordo, gay, de bajos recursos, entre otros, está condenado a un rol secundario donde, de una forma u otra, se le "ridiculiza" por su condición, pero jamás (o casi nunca) a través de un ataque directo, sino de situaciones, contextos o desventuras que los eliminan rápidamente de la ecuación.

2. La superficialidad, pretendidamente disimulada en algunas referencias artísticas o en las infumables reflexiones de la protagonista, Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker), es la madre de todos los episodios. Lo importante, en la gran mayoría de las ocasiones, es la moda, la belleza, el sexo casual. Y ante la más mínima opción de profundidad, de intensidad o algo de seso, siempre habrá algún evento que lo elimine: un cosmopolitan, una discusión, un vestido de Prada o unos zapatos de Manolo Blahnik.

3. La mujer, contrario a lo que se pueda esperar de una serie "feminista", pierde mucho en esta serie. Sí gana en independencia y decisión, pero pierde en dignidad, fuerza, templanza, inteligencia y en poder. Carrie Bradshaw es una neurótica inestable, infantiloide, inmadura, superficial y vacía, reiterativa, egocéntrica, materialista, ridícula y con un cuestionable gusto para vestir. La ropa de "marca" no significa necesariamente estilo. Miranda es, en apariencia, la más dura y estable, pero su apariencia engaña: no es más que una chica insegura en un mundo hostil que, al menor remanso de tranquilidad, huye irremediablemente. Charlotte, la morena, y Samantha, la bomba sexual, son las que se mantienen casi continuamente en su línea: ambas saben lo que quieren y no se detienen ante nada por conseguirlo, aunque sus objetivos sean completamente distintos.

4. Carrie, la protagonista, es redactora de una columna sobre sexo y hombres, pero tiene mucho de puritana, de relamida y de inocente (naïve que dirían los americanos), demostrando que su supuesta experiencia no es más que una estructura prestada y que, muchas veces, le va grande. Y, supuestamente, es el ejemplo o la voz de muchas mujeres. Sinceramente creo que no, porque la gran mayoría de las mujeres que conozco, apenas tienen rasgos de Carrie Bradshaw y muchas cosas que las alejan de ella, a miles de kilómetros de distancia. Quizás sólo algún complemento de moda.

¿Por qué, entonces, muchas mujeres se identifican con C.B.? Quizás por aspiración, por envidia o por ser un impecable opuesto. La verdad es que no he podido dar con la respuesta. ¿Por ser una mujer liberada? No lo veo. ¿Liberada de qué? ¿De los hombres? Cuando no sabe hablar de otra cosa que no sea de ellos (ojalá de los "suyos") y su vida no es más que un motor que funciona a base de la testosterona que recoge. No, no lo veo. Ahora, como personaje de ficción, de comedia del absurdo, de esperpento, tiene todos los puntos para triunfar y, si es vista así, entiendo perfectamente su éxito, tanto en la televisión como en el cine.

Me encantan las sentencias

jueves, 18 de febrero de 2010

No, no he desarrollado una filia hacia las resoluciones judiciales ni hacia los temas legales. Me refiero a las sentencias, aquellos conjuntos de palabras que son tan tajantes y tan precisas, que no requieren explicación ni contexto y, mejor aún, no dejan espacio a dudas o interpretaciones, porque su carga semántica es absolutamente rotunda. Esa es la palabra que buscaba: rotundas.

Por ejemplo, la que siempre se me viene a la mente es "Te vas a morir de pena cuando yo no esté". O la que acabo de encontrar en un corto: "Quiero estar el resto de mi vida contigo". O alguna de las perlas que suelen soltar las madres: "Si lo tocas, te mueres". No son frases hechas gente blanda o temerosa. No, están hechas para valientes.

No sé si lo que más me gusta es el contenido o, simplemente, la maravilla de encontrar las palabras justas y precisas para entregar un mensaje. Creo que me inclino más por lo segundo, por el buen uso del lenguaje y por la intensidad que hay en tan pocos caracteres.

¿Cuál es tu sentencia favorita?

Abandono

martes, 16 de febrero de 2010

No, no he dejado abandonado el blog, pero es que ha sido una semana llena de cosas: visitas familiares, trabajo, quedadas, puesta al día de series y más trabajo. Muchos mail para gestionar y contestar, cosas por leer y corregir, estudiar, etc.

Pero la verdad es que ha sido entretenido, intenso, interesante y agradable compartir todos estos momentos con distintas personas, disfrutando de su compañía y conversación. No he hecho todo lo que quería, pero he tratado de ajustar la agenda al máximo posible. Pero es imposible no sentir que se me escapa el tiempo entre los dedos y que no le dedico a cada cosa los minutos que les corresponden.

Y estos días se celebran cumpleaños, estrenos de teatro, quedadas y, además, disfrutamos del Goya que se ha llevado el cortometraje documental en que ha participado mi querida French ("Flores de Ruanda") y las historias que han surgido de su creación.

Pese a la intensidad y a la falta de tiempo, está siendo una época positiva y llena de nuevas ideas. Sólo espero que, lo que viene, se mantenga en la línea de las buenas experiencias.

Abandonar la sombra

miércoles, 10 de febrero de 2010

"Sí. Todos arrastrábamos una sombra. Pero al llegar a esta ciudad, tuve que confiar mi sombra al guardián de la puerta.
- Con ella no puedes entrar -me dijo el guardián-. O dejas tu sombra, o te despides de entrar en la ciudad. Tú eliges.
Y yo abandoné mi sombra".

(Haruki Murakami, "El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas")

Así como Murakami soltaba esto al final de la página 75, yo me iba transportando a tantos momentos de la vida en que tenemos que tomar decisiones, dejar cosas atrás (no en el sentido de olvidarlas, sino de desprendernos de ataduras terrenales) y seguir, asumiendo todas las consecuencias con responsabilidad y madurez. Lo he hecho ya antes y lo seguiré haciendo cuando sea necesario. Es mi responsabilidad.

La vida nos ha sido DADA, no PRESTADA

lunes, 8 de febrero de 2010

Llevo días sin escribir. O al menos no en este blog, porque me he dedicado a escribir un artículo y a hacer otras cosas que tenía pendientes. Y la verdad es que tengo tantas cosas en mente, que a veces me sobrepasan y no me dejan tiempo para hacer las cosas que realmente quiero hacer.

Una de las cosas que ocupan mi cabeza estos días es retomar el trabajo de columnista. Trabajo por llamarlo de alguna forma, porque nunca lo hice cobrando. Pero satisfactorio sí era y, además, tenía el plus de comodidad, de risas y de muchas historias que nutrían mis semanales intervenciones. No sé cómo las haré, ni dónde. Ni siquiera si seré yo el protagonista de ellas. Quizás sí. Ahora siento que tengo más cosas que decir.

La vida cambia, nos va ofreciendo nuevas oportunidades, nuevas miradas, nuevos caminos. Y nadie debe o puede hacernos sentir culpables por los caminos que elegimos. Al final, la vida nos ha sido DADA, no PRESTADA y debemos ser nosotros mismos los arquitectos de nuestra existencia, sin que nadie interfiera en ella.

Cuando somos pequeños se nos entregan herramientas, se nos enseñan técnicas o formas de enfrentar esa construcción de la vida. Y llegamos a la adolescencia -no sé si lo he dicho antes, pero una etapa de la vida que se "adolece" no puede ser del todo buena- con escasa preparación y muchas ganas de comernos el mundo. Una vez que somos jóvenes, adultos o el camino que haya entre ellos, con menos ansias y más madurez, vamos asentando las bases que habíamos colocado y comenzamos a construir las complicadas alturas.

Y es aquí donde los diseños son diferentes. Cada uno elige las paredes a su gusto, hace ventanas más grandes o menos; busca sus colores, los materiales y la impermeabilidad de la estructura ante las amenazas externas. La hacemos impenetrable o abierta al mundo. Da igual, porque lo importante es que la hacemos a nuestra manera o al menos así debería ser, mientras demos los pasos con responsabilidad, conocimiento y voluntad. Si mis paredes se caen, ya buscaré a quien me ayude a recogerlas, pero no puedo dejar que nadie las construya por mí y menos que me imponga su propio diseño.

Todo esto tiene relación con la experiencia, el proceso de maduración, la paz interior y muchas otras cosas que se van consiguiendo con los años, aquellos que tanto intentamos evitar pero que nos permiten ser quienes somos. Ahora me siento con la capacidad de levantar mis propios muros, de colocar un confortable tejado y de disfrutar con la vista desde mis grandes ventanas. Y lo mejor de todo, es que estará cada vez más abierta al mundo, no para que entren a desordenar o a ensuciar lo que me ha costado construir, sino para compartir los detalles de una casa que, espero, resulte cómoda y confortable por mucho tiempo.

La viñeta de Eneko (20minutos.es)

jueves, 4 de febrero de 2010


Me quedo sin palabras ante una imagen como ésta.

Selah Sue - Raggamuffin

miércoles, 3 de febrero de 2010

Selah Sue y su "Raggamuffin", cantada con una voz que no parece suya.



Mis propias certezas

martes, 2 de febrero de 2010

Siempre tratamos de componer nuestra vida a base de certezas, incluso de aquellas que no tienen forma de ser demostradas y que se basan en emociones, en la fe o en la esperanza. Sin ellas, parece que la existencia no fuese más que una irrealidad o incluso una realidad que no merece la pena y que se pierde en una serie de contradicciones o carencias. Hasta somos capaces de lamentarnos por aquellos que parecen no tener ninguna certeza.

Pero la vida nos enseña, repetidas veces, que no hay nada seguro, nada cierto, nada eterno. Todo es relativo, todo es pasajero. La confianza, el amor, las creencias, las motivaciones, la verdad y la mentira. Todo es tan efímero como nosotros mismos. Por ello recurrimos a aquellas cosas que nos ofrecen un asidero, una explicación, una trascendencia, algo que justifique qué somos, quiénes somos y porqué estamos aquí, además de la pregunta más buscada: hacia dónde vamos. Pero, ¿Qué pasaría si nada de eso existiese? ¿Que pasaría realmente si estuviésemos solos?

Como son preguntas imposibles de responder, prefiero quedarme con las cosas tangibles, con aquellas que puedo ver, sentir, tocar, escuchar y oir: todas respuestas sensoriales ante estímulos externos. Me quedo con la gente cercana, con el amor en todas sus formas, con la amistad, con las palabras, con las sonrisas, las miradas y las lágrimas. Y aunque suene egoísta, también me quedo conmigo y mis propias certezas: así soy yo y punto, no hay más vueltas que darle.