miércoles, 21 de octubre de 2009

Un buen día

Bueno, bueno... qué día más productivo el de ayer.

Estuve desde primera hora de la mañana hasta media tarde dedicado a mis tareas cotidianas y luego quedé con algunos amigos a los que no veía desde junio/julio. Fue muy bueno estar con ellos, ponernos al día de las noticias y compartir las últimas anécdotas.

Además, me apuntaré dos nuevas recetas (una heredada y otra creada) para mi libro de cocina que, pese al abandono, sigue en pie como proyecto para comenzar el 2010 de buena forma.

Y también me han confirmado que mi artículo aparecerá en la revista de cine de diciembre (Especial "Profesores"), lo que me da otra gran alegría en estos lluviosos y días grises de otoño.

Gran día, grandes momentos. Gracias.

lunes, 19 de octubre de 2009

domingo, 18 de octubre de 2009

"El último McGuffin"

Definición de McGuffin (Wikipedia): "Excusa argumental que motiva a los personajes y al desarrollo de una historia, y que en realidad carece de relevancia por sí misma".

Así no dice mucho, pero si hablamos del "Ciudadano Kane" tenemos al que ha sido considerado el mayor McGuffin de la historia: Rosebud. La película juega a descubrir el significado de esa palabra durante todo el metraje, para que al final se descubra que no tenía ninguna importancia. O en la serie "Mad about you", juegan con que al morir un personaje se le oye decir "Hoo Moos" (o algo así) -juego de palabras reinterpretado a la saciedad como Hummus, Hey Miss!, Homos, etc.-, para descubrir al final que realmente no tenía relevancia, pero que ha provocado una serie de reacciones en el resto de los personajes y en toda la trama del capítulo.

Pero mi mayor McGuffin de este momento es ¿por qué a muchos críticos de cine les ha dado por incluir este concepto en gran parte de sus últimas críticas y ninguno se ha parado a explicar lo que es, cuando puedo asegurar que el gran público además de Mac Gyver o Mac Donald's no ha oído algo similar? ¿Lo han dado gratis con algún curso de crítica o con alguna de las películas que vienen con los periódicos?

Ahí lo dejo. Pero ojo, ese tipo de crítica no es la que queremos. Si la idea es educar, enseñar, transmitir, compartir, pues es hora de comenzar a hacerlo. Queda mucho trabajo por delante, pero lo primero será cambiar el alto ego por vocación de crítico constructivo.

Mi momento Titanic

Tuve mi propio momento Titanic en el viaje a Nueva York. Cuando nos subimos al barco para dar la vuelta a Manhattan, me apoderé de la proa del barco y no me moví de ahí en casi todo el paseo (3 horas) sacando fotos de todo lo que se cruzaba por mi campo visual. Ahora entiendo cómo se me veía desde atrás, pero que pena que no pueda ver mi cara de felicidad: seguro que estaba sonriendo como un niño.

Ser diferentes...

En la vida pesan las diferencias, cuando una de las bases de todas las filosofías, religiones o pensamientos es la individualidad del ser humano. Entonces, ¿por qué pesan esas diferencias como si fuesen un castigo?

Se es diferente por muchas razones: por gustos, por pensamientos, por el físico, por el intelecto, por vocación o por necesidad. Da igual el motivo y me parece un poco ridículo buscar el origen de esas diferencias, cuando lo que importa no es de donde vienen sino cómo enfrentarlas y hacia dónde nos llevan.

Pero el ser humano es muchas veces cruel y condena al diferente por serlo: lo lapida, lo apunta, lo tortura, lo persigue, lo acosa, lo intimida. Y eso es uno de los dolores más intensos que una persona -sobre todo un niño- puede sentir: el no sentirse aceptado, el sentirse diferente.

Ayer hablábamos de que los niños, siendo muy pequeños, saben y conocen sus diferencias; se sienten distintos y están felices con su individualidad. Hasta que un día alguien se los hace notar y comienza el acoso: si llevas gafas, si eres gordo, si eres más alto o más delgado, si eres marica, si eres "negro" o "chino" o "moro", si hablas raro, si tienes dientes grandes... la lista es interminable.

Los motivos de la persecución son miles, pero los efectos de ella son generalmente el mismo: la alienación del resto, la pérdida de la autoconfianza y la autoestima, problemas en las relaciones con los demás, ansiedad, depresión y muchas otras cosas. Y todo esto ocurre en una edad en la que se es mucho menos resistente a tanta presión, cuando todavía no tienes las herramientas necesarias para enfrentarte al mundo.

La semana pasada leía una hermosa carta de una madre en el New York Times que hacía alusión a un artículo publicado recientemente en ese periódico sobre la homosexualidad en niños y adolescentes, donde explicaba precisamente esto: si ya la adolescencia es de por sí una etapa complicada para la gente "normal", imagínate lo que es para un niño o una niña homosexuales que viven escondidos, torturados y torturándose por ser distintos, que no tienen a quién recurrir para contarle sus historias amorosas o sus pulsiones sexuales. Eso sí que debe ser una tortura. Y la madre hacía un llamado a todas las demás madres y padres para que no hicieran caso omiso de ese llamado y se sobrepusieran a sus propias limitaciones o creencias, porque sus hijos eran mucho más importantes que cualquier teoría, filosofía, religión o tendencia.

Si realmente fuese así creo que la sociedad estaría algo menos enferma, sería menos problemática, más tolerante, más abierta y más cómoda.

Y porque la respuesta no está en el origen de las cosas, sino en la forma de enfrentarlas, me parece que el ejemplo de esta madre debe servir de guía a muchas personas no sólo en cuanto a la paternidad, sino en cuanto a las relaciones sociales en general, a las ideologías, a los intereses particulares y a todo aquello que nos hace diferentes.
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