sábado, 12 de septiembre de 2009

Distancias

Ayer, mientras cerraba los ojos, iba pensando en la forma que daría a este post sobre las distancias, en cómo reflejaría las muchas distancias que siento o que he sentido.

Lo primero, será especificar qué entendemos por distancias.

1. Tenemos distancias físicas o geográficas: muy obvias, medidas en centímetros, metros o kilómetros. No hace falta ahondar en ellas, de momento.

2. Hay distancias intelectuales: pensamientos distintos, ideas contrapuestas, generaciones diferentes, idearios políticos particulares, religiones, entre muchas otras cosas.

3. Hay distancias emocionales: amores no correspondidos, desamores, amistades que se acercan o se alejan, pasiones que se desatan, nostalgias incomprendidas...

En mi viaje he sufrido en carne viva las distancias: me alejé de mi país, de mi familia, de mi gente, de mis amigos, de mi historia y de mis raíces. Me alejé de pensamientos, ideas y creencias. Me alejé de muchas cosas, no porque quisiese romper con el pasado, sino porque creí que mi futuro iba hacia otra parte, hacia otros lugares.

El pasado es pasado y presente, es algo que no se olvida ni se guarda. Simplemente está, como forma de tener un cable a tierra, que te diga de dónde vienes, para no perder el rumbo ni las proporciones. Pero también puede convertirse en una cadena...

La distancia geográfica, hoy en día, no es más que un mito numérico: las distancias no existen realmente. En 13 horas estás al otro lado del mundo en paralelos y meridianos. Internet y las herramientas de comunicación son casi infalibles. Quizás eso ha hecho que mi tierra me resulte cada vez más ajena. No soy de aquí ni soy de allá, cantaba Facundo Cabral. Lo comprendo perfectamente. Quizás cada vez me siento más de aquí y menos de allá. Y no es que me desprenda de mi familia o de mis amigos -a quienes llevo conmigo a todas partes- sino que se transforman las sensaciones, las nostalgias.

Las distancias intelectual y emocional son naturales. Las personas cambian, evolucionan, se transforman, crecen. Ya he dicho muchas veces antes que no creo en fundamentalismos, menos en los heredados. Cada uno debe caminar con lo que tiene y buscar su propio sendero. No podemos pretender que nuestros hijos sigan nuestros pasos: es una actitud egoísta propia del ego humano. Simplemente debemos otorgarles las herramientas necesarias para que sigan su propio camino, para que tomen sus decisiones, para que se construyan como personas y seres humanos.

Las relaciones cambian, las personas cambian. Siguiendo las citas musicales, lo cantaban -entre otros y otras- Mercedes Sosa o Cecilia Echenique:

"Cambia lo superficial,
cambia también lo profundo,
cambia el modo de pensar,
cambia todo en este mundo (...
)
y así como todo cambia,
que yo cambie no es extraño..."

(Julio Numhauser)

Y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño.

jueves, 10 de septiembre de 2009

La masa alternativa

Durante años he sido testigo de una de las peores pandemias sociales. Ni la gripe aviar ni la del cerdo, y hasta me aventuro a decir que la peste bubónica, fueron tan nefastas para la población como lo son los "alternativos".

Este espécimen es una persona común y corriente, que hace lo mismo que todos los demás hacemos (sí, incluso caca), y lo mejor/peor es que lo hacen de igual forma que el resto de los mortales. Pero no, ellos van de alternativos, de originales, de enajenados sociales. No siguen las modas -cuando no hay nada que esté más de moda que no seguir la moda, ¿paradójico, no?-; no van a los mismos sitios que los demás -aunque siempre los encontramos en lugares llenos de gente-; no escuchan la misma música ni leen los mismos libros ni ven las mismas películas ni van a los mismos conciertos que los demás -pero nunca he oído hablar de un concierto con una sola persona en el público-.

Cómo puede ser asocial un ser eminentemente social. No hay forma. Incluso los más fanáticos anacoretas han socializado con otros como ellos. Además, los caminos llamados nuevos, ya han sido recorridos infinitas veces por muchos más. Vamos, que no hay alternativa posible: somos seres sociales, vivimos en sociedad y estamos en ella nos guste o no.

Hoy, en todo caso, me centraré en el tema de las tendencias. Hay muchos que se llenan la boca porque no siguen las modas, por ejemplo, literarias. Odian las listas de "los más vendidos", puesto que no puede salir nada bueno de una estrategia de marketing. ¿Es tan así? ¿Todo producto "vendedor" debe por obligación ser malo? Pues yo creo que no. Ya lo dijo Vargas Llosa el domingo al hablar de la trilogía Millenium, un poco riéndose de los pseudo-intelectuales que se niegan a ceder ante un superventas.

De igual forma, las redes sociales han sido víctimas de los más disparatados comentarios: que si expones tu vida, que si tienes más de un cierto número de amigos (¿quién decide eso?) hay algo que no funciona, que la privacidad, la seguridad, la integridad y un largo bla, bla, bla. Y ahora se alejan de todos los malos presagios y se suman al fenómeno de la Web 2.0 como cualquier otro, lejos de las vías alternativas de comunicación y lejos de las amistades verdaderas. Incluso, miden su éxito en el número de amigos conseguidos, en el número de comentarios o en el número de visitas a sus Webs, como si eso fuera un reflejo de algo trascendente.

¿Por qué, además, hoy se le da un valor a lo alternativo porque sí? Ropa alternativa y te cobran el doble que por la misma ropa en otra tienda. ¡Viajes alternativos!, ¡Música alternativa!, ¡Cine alternativo!... Es simplemente una estrategia de marketing para aprovecharse de la idiotez de quienes aún tienen la esperanza de ser distintos a la vecina del 4º o al frutero de la esquina. Malas noticias camaradas, pero somos iguales. Altos, bajos, gordos, flacos, morenos, rubios, buenos, malos, sordos, cojos, ciegos o mudos, cortados todos por la misma tijera. Y si todavía confiáis en que una prenda de ropa os hará distintos, peor vamos.

¡Ay, alternativos! No hay nada peor que pretender ser distinto, cuando no sois más que una mínima parte de toda una masa "alternativa" que no consigue ser más que eso, una simple masa. Como todos. Igual que todos. Es mejor ser un digno elemento de un todo, que un triste todo que se queda en nada.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Lisbeth Salander debe vivir (Leído en El País)

Reproduzco parte del texto que ha escrito Mario Vargas Llosa sobre la trilogía Millenium en el periódico "El País". El resto, lo podrán encontrar en: El País - Lisbeth Salander

"A que acabo de pasar unas semanas, con todas mis defensas críticas de lector arrasadas por la fuerza ciclónica de una historia, leyendo los tres voluminosos tomos de "Millennium, unas 2.100 páginas, la trilogía de Stieg Larsson, con la felicidad y la excitación febril con que de niño y adolescente leí la serie de Dumas sobre los mosqueteros o las novelas de Dickens y de Victor Hugo, preguntándome a cada vuelta de página "¿Y ahora qué, qué va a pasar?" y demorando la lectura por la angustia premonitoria de saber que aquella historia se iba a terminar pronto sumiéndome en la orfandad".

"...sólo deploro que su autor, ese infortunado escribidor sueco, Stieg Larsson, se muriera antes de saber la fantástica hazaña narrativa que había realizado".

"Repito, sin ninguna vergüenza: fantástica. La novela no está bien escrita (o acaso en la traducción el abuso de jerga madrileña en boca de los personajes suecos suena algo falsa) y su estructura es con frecuencia defectuosa, pero no importa nada, porque el vigor persuasivo de su argumento es tan poderoso y sus personajes tan nítidos, inesperados y hechiceros que el lector pasa por alto las deficiencias técnicas...".


Y hay mucho más. A quien le interese, que lea el artículo de Vargas Llosa. Y a quien no, pues se está perdiendo la trilogía más entretenida, cautivadora e interesante de los últimos años.

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