viernes, 4 de septiembre de 2009

Actuar en consecuencia

Muchas veces en la vida nos llenamos la boca con verdades absolutas, con prejuicios injustificados, con sentencias irreprochables o con delirios de individualidad. Pero como la vida es muy sabia y circular, muchas de esas veces -sino todas- nos da una patada por detrás y nos dice que no somos ni tan únicos ni tan irrepetibles y nos echa por suelo todos los ideales que alguna vez se hincharon entre nuestros dientes.

Pero, sin saber porqué, siempre tendemos a demonizar lo desconocido, a pretender que lo "nuestro" es lo más válido, lo más acertado, lo mejor. A tomar posiciones en la vida que no hacen más que llevar nuestro ridículo fundamentalismo a una postura insostenible. ¿No sería mejor probar o conocer antes de demonizar?

Esto ya lo he dicho antes, pero una cosa es que alguien diga que cierta actitud no le gusta o que determinado programa no le parece adecuado o que un personaje no le resulta de su agrado. En toda su libertad está de decir lo que piensa como persona individual, como ser humano. Pero no tiene ningún derecho a comentar las fatalidades de algo que, en primer lugar, son producto de los miedos de ciertos grupos de presión y que muchas veces carecen una base sostenible, y que no sabe ni cómo funciona ni qué alcance tiene. Y menos aún, tienen derecho a demonizar a las personas que lo siguen, que lo utilizan o que lo ven. Sobre todo, cuando al poco andar se dan cuenta de que su fundamentalismo ha cedido y se ha convertido en un fanatismo en toda regla.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Las estúpidas convenciones

Lo primero es decir que el inspirador de este post ha sido mi papá, que por fin se ha aventurado en los mundos del blog y me ha dejado un comentario en la entrada que publiqué ayer sobre las palabras.

En un momento de su comentario, se refería a su preferencia a hablar con sentimientos, "verter el interior", pero que actualmente eso representaba dificultades porque podían tildarte de blando, de "merengue", de marica. Sólo puedo decir, papá, que ¿qué importa? Siempre habrá gente dispuesta a tildarnos de lo que sea, de ponernos etiquetas innecesarias, de darnos apelativos ridículos para conformar su triste realidad.

Prefiero que me pongan los carteles que quieran, pero llenar el silencio con palabras que merezcan la pena. Si hay que llevar etiquetas, prefiero que sean esas a las de una existencia plana, sin más motivaciones que vivir la vida de los demás para no enfrentarse a la propia, sin sentimientos, sin colores.

Si nos dejamos de las estúpidas convenciones sociales, marcadas por quien sabe quién, y que han provocado más heridas que muchas guerras, el mundo sería mejor. Quiero un mundo en que los hombres puedan llorar libremente, en el que las mujeres puedan ser fuertes, en el que las rubias no sean tontas y en el que todos tengamos la posibilidad de ser quien deseemos ser.

Gracias papá por haber venido y por haber participado. Y gracias mamá por enseñarle a participar en el blog (tengo la idea de que ha sido así).

Lo que queda por decir

Quienes me conocen, saben que tengo debilidad por los concursos de cantantes. Y pese a lo que digan, después de ver este vídeo creo que todavía tienen mucho que proponer.

Gracias al "X Factor" inglés, la española Ruth Lorenzo ha logrado un millonario contrato y sacará disco a comienzos de 2010 dicen que apadrinada nada más y nada menos que por Steven Tyler (Aerosmith), Carlos Santana y Slash (Guns 'n Roses).

Si esto no es poderío en un escenario, ¿qué es? Y ojo que sólo es una "principiante".




martes, 1 de septiembre de 2009

Palabras

Mi vida vive con palabras, no sabe hacerlo de otra forma. Comunican, sugieren, dañan, hieren, sanan y reconfortan. Sin ellas no sería nada ni nadie.

Pero odio las palabras vacías, que duelen más que las hirientes. Odio la hipocresía de unas palabras dichas por necesidad o por costumbre. Odio las palabras sin autocrítica ni capacidad de crítica a los demás. Odio la hipocresía de un cariño mal entendido. Odio la carencia de sentido real en las palabras. Odio las palabras zalameras. Odio el sonido falso de las palabras. Odio el vacío de unas palabras sin sentimientos.

Se puede pensar que odio es una palabra muy dura, muy fuerte. Pero es que no hay otra para calificar lo que siento ante las palabras que no tienen verdad. Es un tema que llevo dando vueltas en mi cabeza hace meses y por fin he podido darle la forma necesaria para escribirlo.

El mundo no siempre es maravilloso, la gente no es siempre perfecta, no todos somos buenos en todo lo que hacemos. Siempre me ha parecido sospechosa la gente feliz. Quienes me conocen, podrán decir que soy feliz. Sí, pero no siempre. Tengo mis días malos y mis días oscuros. No siempre puedo estar feliz. No siempre puedo sonreír. No siempre soy gracioso. No siempre soy perfecto. Y eso es lo que nos convierte en personas y no en máquinas. Necesitamos nuestro lado oscuro. Necesitamos no ser buenos en todo. Necesitamos que "nuestra gente" nos diga lo bueno y lo malo; lo dulce, lo amargo y lo ácido. De nada nos sirven los círculos de aplausos infinitos, de abrazos aduladores, de besos de traición. Necesitamos que nos pongan los pies en la tierra. Una cosa es que yo disfrute haciendo algo y otra muy distinta, es que lo haga bien y tenga talento.

No por eso dejaré de hacer las cosas que disfruto sin ser un artista en ello. Pero al menos dejaré de crearme ideas erróneas sobre mis capacidades. Al final, prefiero a quienes han sido sinceros y no a los que me han llenado de falsos reconocimientos, simplemente para ocultar sus propias carencias.

Mi vida vive con palabras, no sabe hacerlo de otra forma. Pero con palabras llenas de verdad. Incluso de aquella que duele.
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