jueves, 9 de abril de 2009

Platonov, de Anton Chéjov


¡Qué falta me hace ir más seguido al teatro! Ayer fui a ver "Platonov", una de las primeras obras de Chéjov, y me dí cuenta de la experiencia completa que implica asistir a un espectáculo teatral: lo vives, vibras, te dejas llevar. Pero también ves la transformación de los actores en carne y hueso, sus errores, su interacción, su desplazamiento sobre el escenario. Con todo lo fan del cine que soy, es algo que jamás podremos ver en pantalla, ni siquiera en aquellas que son prácticamente una obra de teatro en celuloide.

La obra es muy intensa. Un grupo de personajes que coinciden en una fiesta y, a partir de la cual, se desatan todas las pasiones contenidas, se reabren las heridas y se crea el conflicto. Con una muy buena adaptación -porque la original dura 6 horas o más- han dejado un texto de 2 horas y 45 minutos en los que la acción y la tensión no decaen nunca.

Romance, desamor, dolor, risas, traición, soberbia, avaricia y venganza; todos ingredientes de un texto en el que se pueden ver los arquetipos de una sociedad -según dicen, los que corresponden a la Rusia de finales del siglo XIX- pero que podríamos ubicar en alguna más actual. Platonov es un hombre que va caminando hacia un lugar del que no podrá volver. Desde el primer momento, y pese a una felicidad aparente, nos damos cuenta de que el mundo le queda pequeño -o demasiado grande- y que arrastrará en su camino a todo aquel que se interponga.

La puesta en escena es muy sobria, pero bien pensada y resuelta. Paneles móviles y proyecciones, nos transportan a los distintos escenarios donde se produce la acción, sin necesidad de grandes transiciones ni excesivos movimientos. Muy lograda la ambientación, además, con el sonido y las luces, que mantienen la misma sobriedad, pero que cobran fuerza en los momentos adecuados.

Los actores, como media, han estado muy correctos en sus respectivos papeles. En la individualidad, es cuando se muestran las marcadas diferencias de talento entre uno y otro, además de su presencia en el escenario y la capacidad para transmitir sus emociones. Aún así, la producción del Centro Dramático Nacional se convierte en un espectáculo digno de ver, de disfrutar y de sentir en lo más profundo.

miércoles, 8 de abril de 2009

Ella era esa

Hoy ha muerto Mari Trini. Debo decir que, sin ser un fanático devoto ni gran conocedor de su carrera musical, creo que se merece una pequeña mención en el blog. Simplemente, dejo la canción que más conozco de ella, sin desmerecer a "Te amaré, te amo y te querré".


martes, 7 de abril de 2009

"Vals con Bashir" (2008)

Nunca una cinta de animación había sido tan dura, tan difícil de digerir. Ni la violencia de los comic ni la dura experiencia de "Bambi" o de "El Rey León" (guardando las distancias) se pueden comparar a la barbarie humana, a la realidad más descarnada de un dibujo.

"Vals con Bashir", la candidata israelí al Oscar a la Mejor Película Extranjera, es todo un ejercicio de mea culpa. La guerra vista desde dentro, no desde el conflicto en sí mismo -cosa que también hace- sino desde el interior del ser humano, desde sus sueños, del hombre como máquina de matar, del miedo, del dolor, de la desesperanza, de la violencia por la violencia.

Su estética es simple, pero el colorido y la música permiten al espectador adentrarse en el horror de un trozo de la historia reciente, acompañando al protagonista a un viaje introspectivo, a través del cual intenta reconstruir su propio papel en los acontecimientos, gracias a los testimonios de quienes estuvieron con él en el campo de batalla. Así, vamos conociendo, con la estructura de un documental y sin perder el poder de la animación, el desarrollo de la invasión a El Líbano a comienzos de los años ochenta, y de la masacre de Sabra y Chatila, en la cual murieron centenares de personas, entre las que se contaron muchos civiles.

Quizás uno de sus puntos fuertes -y también una de las razones de su crudeza- es el ambiente onírico que envuelve toda la historia, hasta que la desgranamos y desmenuzamos en una realidad concreta al final de la película. Es difícil no sentir que el corazón se detiene cuando nos damos cuenta de que, detrás de la animación hay un dolor de carne y hueso.

No quiero adentrarme más en la historia o en el desarrollo del film. Simplemente quiero decir que, después de verla, entiendo el motivo por el cual finalmente no se llevó la estatuilla a casa: es demasiado provocativa y dura para conquistar al amplio público, a la vez que despertaría una serie de tensiones entre la poderosa comunidad judía en Hollywood. No obstante, creo que es un interesante ejercicio cinematográfico evocar el pasado a través de la animación, y con la crudeza con la que es capaz de abordar un tema tan sensible.

Aun así, "Vals con Bashir" ha sido reconocida en diversos festivales y con muchos importantes premios alrededor del mundo como mejor película extranjera. Otro de los puntos fuertes de la cinta, que también ha sido reconocido, es la música. Resulta impresionante y adquiere un rol de relevancia en los momentos más brutales, con una excelente selección de canciones para las diversas secuencias.

Toda una experiencia sensorial que nos invita a ser testigos de nuestra naturaleza, de nuestro pasado y que, además, nos muestra que como seres humanos aprendemos poco de los errores cometidos. Quizás lo más lamentable es que su desgarradora historia no puede ser más actual, pese a que nos separan de ella más de dos décadas.
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