Redes Sociales y juegos cooperativos. ¿Herramientas educativas?

viernes, 27 de noviembre de 2009

Segundo día del V Congreso Internacional de Educared e interesantes opiniones acerca del uso de las nuevas tecnologías en la educación. Las ventajas y dificultades de las redes sociales, con debate ético incluido (fuera del Congreso) y la necesidad de un cambio profundo en la concepción del sistema educativo. 

Ayer comentaban sobre que el actual sistema educacional en Occidente está basado en la Revolución Industrial: la repetición en masa de contenidos, haciendo una analogía con la producción fabril o, lo que es igual, la idea básica de reproducir un producto sin importar mucho ni el receptor ni quien lo fabrica. Y ese es uno de los primeros cambios que se deben realizar: los estudiantes no deben reproducir, sino producir. 

De igual forma, se comentaba que en la actualidad se les enseña a los alumnos a ser receptores y no emisores de los contenidos. Es decir, que mientras repitas de mejor forma lo que el profesor ha enseñado, mejor será la calificación obtenida, pero escasa la retención, la capacidad crítica, el análisis y el conocimiento adquirido, sobre todo a nivel de competencias básicas y específicas.

En cuanto al debate ético del uso de las redes sociales en la relación profesor-alumno hay que tener en cuenta varias cosas: el concepto de privacidad, una necesaria formación de las herramientas a todos los usuarios y la capacidad de responder a las problemáticas nuevas que trae el uso de las nuevas tecnologías. Una de las líneas de discusión era, por ejemplo, la forma de evaluar el trabajo de un alumno en formato on-line. La otra, quizás bastante más profunda y con una solución que va más allá de la mera tecnología, era el alcance que podía tener el establecimiento de relaciones más cercanas entre estudiante y maestro.

Como caso de discusión se ponía la posibilidad de que el profesor conociera cosas personales de sus alumnos en una red social abierta, como por ejemplo, que se emborrachaba o que consumía drogas. La pregunta era ¿qué debería hacer un profesor en casos como ese? El debate es largo y tiene muchas vertientes, pero para mí tiene una única solución: seguir el mismo protocolo que cuando ocurre sin mediar la tecnología. Es decir, hablamos con el alumno y, en caso extremo, con sus padres o tutores.

En este caso, el medio de comunicación o la fuente de información no alteran el desarrollo de las medidas que se deben adoptar. Pero la respuesta está también en la necesidad de educar tanto a unos como a otros de la forma adecuada de utilizar la tecnología para ciertos fines: una red social no necesariamente pasa por exponer tu vida ante todo el mundo. De la misma forma en que "escogemos" a quien le damos nuestro teléfono móvil o nuestro e-mail, debemos decidir con quién compartimos nuestra información personal, nuestras fotos y muchas otras cosas a las que no se les está dando la real importancia en un mundo plenamente conectado.

Al menos, gran parte del problema está identificado. Ahora sólo queda que se planteen iniciativas que llamen la atención de los estudiantes hacia contenidos lúdico-educativos (interesantísima reflexión de Jane McGonigal sobre el uso de las plataformas de juego colectivas en Internet para aprovechar el talento y conocimiento de los usuarios), se resuelvan de modo eficiente los problemas que se vayan presentando, los docentes tomen la delantera en la apuesta por las nuevas tecnologías y que se plantee una necesidad formativa adecuada para cada uno de los actores que intervienen en el proceso educativo.

Días "educativos"

jueves, 26 de noviembre de 2009


Hoy no tengo muchas fuerzas para escribir, porque me levanté muy pronto y me sumé al V Congreso Internacional de Educared, encuentro iberoamericano de docentes, directores y de todos quienes están ligados de alguna forma a los proyectos educativos y, en particular, a los procesos de inclusión de las Nuevas Tecnologías en el aula.

No me voy a explayar respecto a las cosas se comentaron esta mañana, que no son pocas, y que son de vital importancia no sólo para las autoridades competentes y los implicados directos, sino para toda la sociedad, porque dependerá de cómo se logren dirigir las reformas educativas el resultado que tengamos como ciudadanos, como seres sociales en el futuro.

Sólo dejaré dos frases que me parecieron muy buenas y bien escogidas, cada una en su contexto particular.

"La educación y el magisterio serían el presagio de la noche eterna o el amanecer del país" (Carlos Fuentes).

"La mayoría de la gente inteligente no trabaja para tu empresa" (Bill Joy, fundador de SUN).

Dos reflexiones para unos días de mucha actividad.

Otro nuevo blog... esta vez dedicado al cine

lunes, 23 de noviembre de 2009

Ya tengo un blog dedicado exclusivamente al cine. De momento, he pasado todas las entradas que aquí estaban publicadas a la nueva bitácora, pero poco a poco iré engrosando la lista de comentarios.

Espero que me visiten en http://soyunespectador.blogspot.com/

Las series 2009 - 2010

domingo, 22 de noviembre de 2009

Muchas son las series que es inevitable ver o seguir viendo en esta nueva temporada.

De las antiguas (que no requieren mención, porque ya me repetiría mucho en el blog)

1. Mujeres desesperadas (Desperate housewives)
2. Anatomía de Grey (Grey's Anatomy)
3. House (House)
4. 5 Hermanos (Brothers & Sisters)
5. Sin cita previa (Private practice)
6. The Big Bang Theory
7. Cómo conocí a vuestra madre (How I met your mother)

De las nuevas:

1. Cougar Town, intento entrañable de Courtney Cox (la Mónica Geller de Friends) por mostrarnos las dificultades de una madre cuarentona y divorciada, para sobrevivir en la vida y en la jungla de las relaciones. No tiene toda la gracia que podría tener (además de tener el antecedente de "The new adventures of old Christine"), pero resulta cómica a ratos.

2. The Good Wife, o el regreso a las series de abogados de los 80's. Como ya estoy cansado de forenses, tiene mi voto de confianza. Julianna Margulies (ER) es Alicia Florrick, esposa engañada públicamente que debe salir adelante en su recién estrenado papel de abogada. Una trama que promete ser más truculenta en cada capítulo.

3. The Middle, un divertido y exagerado retrato de una familia media en "el medio" de EE.UU., con Patricia Heaton, vista en "Everybody loves Raymond" y unos hijos que dan mucho juego: el adolescente que pasa de todo; la niña fea y perdedora, pero con un corazón más grande que su falta de talento; y el pequeño inteligente, que susurra sus propias frases y no tiene amigos.

4.
Modern family, o lo que es igual, gente al borde de lo patético y cerca de provocar la vergüenza ajena, pero con un espectro de personajes muy variopinto. Es muy predecible, pero no deja de provocar complicidad. Vuelve Ed O'Neill, el mítico "Al Bundy" de Married with children, acompañado de la colombiana Sofía Vergara y una pandilla de actores muy bien escogida.

"La clase" (2008)

No se me ocurre otro apelativo para comenzar a comentar esta película: honesta. Me parece que derrocha honestidad en la realidad, en la puesta en escena, en los personajes -tan reconocibles y arquetípicos-; en los diálogos y en la tensión alumno-profesor, profesor-profesor, profesor-director, padres-alumnos, etc.

"Entre les murs", título original del libro escrito por François Bégaudeau, quien también participaría como coautor del guión cinematográfico y protagonista de su propia novela, nos lleva a una escuela francesa -que prácticamente se convierte en escenario único- donde las cosas no son fáciles: hay mucha inmigración, pocos recursos y demasiadas hormonas en juego para que no surjan los problemas en todos los niveles. Se centra en la clase de lengua del profesor Marin, donde seremos testigos de las pulsiones más naturales del ser humano: la defensa propia y la de las causas perdidas; la vergüenza, la incomprensión, el desafío, la rebeldía, la envidia, la ira y el perdón.

La película no pretende justificar ni a las "víctimas" ni a los "victimarios" (dependiendo de quién lo vea, podrán ser los alumnos o los profesores, o ambos como víctimas de un sistema desigual), sino que relatar la vida "entre los muros" de una escuela con una sencillez y una honestidad como sólo Cantet podría hacerlo, tal como nos mostró en "Recursos humanos" hace ya una década. Ninguno de los personajes es del todo bueno o definitavemente perverso, sino que cada uno de ellos es un abanico de matices tan natural como la vida cotidiana.

Filmada con delicadeza, pero inevitablemente cruda e intensa, "La clase" estuvo nominada al Oscar como Mejor Película Extranjera, se llevó la Palma de Oro en Cannes y recogió varios premios internacionales. Méritos tiene de sobra, ya que deja de lado la imagen del perfecto maestro y nos muestra las imperfecciones de un sistema educativo en todos los niveles, donde docentes y estudiantes se sienten, muchas veces, desvalidos e incomprendidos. Un film que hace falta ver para comprenderlo desde dentro.

"Si la cosa funciona" (2009)

sábado, 21 de noviembre de 2009

Debo reconocer que me ha gustado mucho la última película de Woody Allen, "Whatever works" y su regreso a un Nueva York muy luminoso y acogedor, lejos de la sombra, la niebla y la oscuridad de algunos de sus relatos anteriores en esa ciudad.

Además de un guión perfectamente reconocible como suyo, el director de "Vicky Cristina Barcelona" le hereda al protagonista mucha de su incontinencia verbal, nerviosismo y visión del mundo. Larry David -productor de "Seinfeld" y de la serie "Curb your enthusiasm"- se convierte en el brillante Boris Yellnikoff, un científico con escasa destreza social y muchas opiniones acerca de todo lo que le rodea, siempre con un aire de superioridad. Así comienza su relación con Melodie, una chica "de pueblo" extremadamente simplona que provocará una serie de cambios en su vida, familia incluida.

La película es graciosa, a ratos entrañable, con muchas "lecciones" sobre lo que nos rodea, los prejuicios, las creencias, la fe ciega, el amor y las relaciones humanas. Todo ello disfrazado de comedia, cargada de ironía y con mucho humor negro, todo muy habitual en el cine de Woody Allen.

Brillante Patricia Clarkson como la madre de Melodie, genial Evan Rachel Wood ("Across the universe" o "The Wrestler", junto a Mickey Rourke); magnífico Larry David y un reparto muy logrado en general. La banda sonora está ajustada y precisa, como es habitual en casi todas las cintas de Woody Allen (menos la de "Vicky Cristina Barcelona" que me resultó cansina) y un director con muchas cosas que decir aún, sea cual sea la ciudad en la que ruede.

Si bien no es su mejor guión ni la película más deslumbrante -como sí ha ocurrido hace pocos años con "Match Point"- "Si la cosa funciona" es un punto alto en las comedias de Allen, en la trayectoria que ha escrito en los últimos 10 años y, claramente, una de las más autoreferentes que me haya tocado ver.

+33

lunes, 16 de noviembre de 2009

Se me olvidaba agradecer a las dos "flogueras" que hoy me dedicaron sus espacios y a los que han hecho comentarios también.

Chagüiscle Woman (http://www.fotolog.com/chaguiscle/69251345)

El rincón naranja de Amelie (http://www.fotolog.com/elrincondeamelie/53302756)

¡Muchas gracias!

¡Gracias por estos maravillosos 33!

Hace unos años, tres para ser exactos, publiqué en este mismo blog un post que decía "Tengo 30 años y (no) quiero tener 30 años", en el cual mencionaba mi satisfacción por los años cumplidos y la esperanza que tenía en los años venideros.

Hoy, tres años después, creo que no puedo estar más de acuerdo con esas palabras y todas las buenas cosas que me han ocurrido. Los años pasan, la gente cambia, pero en el fondo seguimos siendo los mismos. Y la gente que está lejos se sigue sintiendo cercana, como si nos hubiésemos abrazado ayer. Los verdaderos amigos no abandonan, la familia crece pero no desmejora.

Además, en estos 3 años he tenido numerosas aventuras laborales, muy interesantes y entretenidas todas, en las que he conocido gente maravillosa, amigos que siguen conmigo pese a los cambios y grandes personas que me han enseñado muchas cosas de la vida que o desconocía o creía dar por sabidas. Vamos, unos regalos de lujo.

Cuando quedan pocas horas (españolas) para que se acabe el 16, puedo decir que me siento muy bien acompañado por todos quienes, desde distintos puntos del globo, me han enviado un mensaje de cumpleaños. Tengo ganas de contestarles a todos (lo intentaré poco a poco) y ponernos un poco más al día, sobre todo con aquellos de los que no sabía hace meses. Pero como decía, da igual el tiempo y el espacio, porque sabemos que siempre estaremos ahí.

A todos y todas quiero darles las gracias por hacer de este agitado día, un momento especial y una oportunidad para celebrar a través de las palabras, los recuerdos, los besos, los abrazos, los mensajes, las llamadas y lo que haga falta. No puedo estar más agradecido de que sean parte de mi vida. ¡Gracias!

Kevin Johansen + Liniers

domingo, 15 de noviembre de 2009

¡Qué bueno el concierto!

La verdad es que no me imaginaba cómo podían cuadrar en un mismo escenario un dibujante y un cantautor, sacando lo mejor de cada uno y, quizás lo más complicado, transmitirlo al público. La respuesta la tuve a los 30 segundos de comenzar el espectáculo.

En el auditorio de la Casa de América, Johansen se paseó por muchos de los éxitos de sus discos mientras Liniers, sentado en una mesa y con una cámara cenital, proyectaba en una pantalla los dibujos que hacían referencia a cada canción, plagados de humor, sensibilidad y mucho talento. Y es que entre ambos se notaba una relación tan estrecha, relajada y graciosa, que cada intervención era recibida por carcajadas, aplausos y algún grito cómplice.

La idea, era presentar en Madrid el libro Oops!, en el que Liniers ilustró algunas de las historias contadas por Johansen en sus canciones. Lamentablemente, cuando salimos ya se habían agotado las existencias y no pudimos comprarlo, pero seguro que se podrá encontrar por Internet.

Había visto a Kevin Johansen + The Nada en la sala Galileo hace unos 5 años y me gustó mucho comprobar que, en directo, sigue siendo un animal. Tiene un talento natural como cantante, letrista e instrumentista, al punto que esta vez no tenía más acompañamiento que su guitarra y, a ratos, parecía una orquesta completa. Por otra parte, a Liniers prácticamente no lo conocía pero, tras el concierto de ayer, resulta apetecible adentrarse en su obra y conocer el talento de este dibujante argentino.

Un espectáculo genial, gracioso, distinto y cercano, al punto que, en las más de dos horas de duración, no bajó su nivel en ningún instante. Sólo eché en falta dos grandes canciones: "Logo" y "Sur o no sur", pero pude reafirmar que "Anoche soñé contigo" es una de mis favoritas.

Vaya semana musical

jueves, 12 de noviembre de 2009

Llevo unos días de no parar. Entre todas las cosas que hago, he tenido la oportunidad de ir a varios conciertos.

A los ya comentados de "Whale Watching Tour" y el de Sakamoto de ayer, el sábado pasado me tocó ver la presentación de la Pequeña Orquesta Audiovisual, un espectáculo de improvisación, trabajando textura musical, con 3 músicos en vivo y una proyección de vídeo. Más bien era un avance de lo que harán, pero promete ser un cúmulo de estímulos interesante para ver y oír.

Además, el sábado voy a ir a ver a Kevin Johansen + Liniers, en la Casa de América, otro concierto que promete ser toda una experiencia. Ya vi a Johansen en vivo hace casi 5 años en Madrid y fue alucinante. Seguro que otra vez será así.

Y con eso, cierro 8 días y cuatro conciertos. De momento no tengo nada más agendado, pero ¿quién sabe?

El des-concierto de Sakamoto

Esta noche, por esas cosas de la vida y gracias a la señorita Amelie Orange, estuve en el concierto que Ryuichi Sakamoto dio en el Circo Price de Madrid, uno de los que dará en la gira europea que está llevando a cabo. Pero desde el momento en que me senté en la silla, se apagaron las luces y este hombre se puso a tocar el piano, me di cuenta de que no estaba en un concierto, o no al menos en uno según el significado que tengo en mi cabeza.

Llamar concierto a lo que Sakamoto hizo esta noche, es menospreciarlo. Para mi gusto, ha ofrecido un magnífico espectáculo desde la sobriedad, el talento, la tranquilidad creativa y un refinado gusto para una selección musical en la que repasó algunos de sus éxitos (composiciones, por ejemplo, para la película "El último emperador") y presentó las novedades que se encontrarán en su próximo disco, "Out of noise" y en su propia revisitación "Playing the piano".

No conozco su trayectoria al completo y sé que tiene cosas más "electrónicas" y modernas que no son de mi total agrado. Pero el espectáculo que presencié desde la cuarta fila de una abarrotada sala, fue un paseo por piezas de una belleza y delicadeza que -con el perdón de los entendidos- no oía desde Michael Nyman, y sólo acompañado por una puesta en escena mínima, unos pocos juegos de luces proyectados sobre una gran pantalla y unos minimalistas vídeos.

Muchos deberían aprender de su personalidad sobria (quizás demasiado "japonesa" para los occidentales, porque apenas intercambió un par de palabras con el público), de su talento, de su sencillez y, quizás la lección más importante: que la grandilocuencia no es sinónimo de grandeza.

"Julie & Julia" (2009)

domingo, 8 de noviembre de 2009

La última película de Nora Ephron es casi tan dulcemente empalagosa como su filmografía (Tienes un e-mail o Sleepless in Seattle), pero eso no la hace menos encantadora y entrañable. En ella, nos cuenta una historia a dos voces sobre la vida de mujeres que renacieron gracias al arte culinario.

Julia Child se hizo famosa en Estados Unidos por su libro "Mastering the art of french cooking", nacido entre los fogones de Paris, Marsella y Oslo, después de estudiar en la famosa escuela "Cordon Bleu" de la capital gala y de especializarse con otros destacados chefs de la época. Por otra parte, Julie Powell se aventura en el Nueva York post 11-S a repetir todas y cada una de las recetas del libro de Child en un plazo de 365 días, mientras escribía su experiencia en un blog (que todavía se puede encontrar en Internet como The Julie/Julia Project)

Ephron nos ofrece en paralelo la historia de estas dos mujeres y, entre recetas, ingredientes y patos deshuesados, nos revela el pasado y presente de ambas, sin que ambas jamás lleguen a encontrarse más allá de la imaginación de Powell, mostrándonos también el entorno de ambas en sus distintas épocas y la razón por la que se convirtieron en "heroínas" para muchos seguidores.

Interpretadas por Meryl Streep (Julia) y Amy Adams (Julie) -que vuelven a coincidir después de La duda (Doubt)-, la primera hace una magistral interpretación, adquiriendo un tono de voz y un fraseo muy cercanos a la original (se pueden buscar vídeos en Youtube para confirmarlo) y seguro que le traerá nuevos reconocimientos a su carrera. Adams, en tanto, sigue confirmando que es una de las "nuevas" actrices con mayor proyección. Habrá que ver cómo desarrolla ese talento y cómo lo utiliza, porque todavía carece de la madera absoluta para ser considerada una de las grandes.

Correctamente filmada, tradicional y predecible, pero no menos sabrosa y tierna, "Julie & Julia" es entretenimiento sano y sencillo. No hay que buscar segundas intenciones ni rompedoras tendencias, simplemente porque no es lo que la directora pretende ni ha pretendido nunca. Fiel a su estilo, nos ofrece una de esas cintas que nos gustan e incluso repetimos, simplemente por no buscar ser nada más de lo que es.

Bellas imágenes de Paris (una ciudad soñada), una banda sonora de Alexandre Desplat muy normal y no especialmente llamativa, y un puñado de actores secundarios de calidad, como Stanley Tucci (sigo esperando que tenga más protagonismo) y Chris Messina. Especial para un domingo por la tarde.

Contrastes

sábado, 7 de noviembre de 2009


Ayer tuve una sesión de tarde-noche en la Casa Encendida. La verdad es que sólo iba a ver un concierto: "Whale Watching Tour", de Sam Amidon, Ben Frost, Nico Muhly y Valgeir Sigurdsson. Creo que es la tercera vez que voy "a ciegas" a un evento de éstos y el resultado no pudo haber sido mejor, pues fueron dos horas de música bien hecha, distinta, interesante y de calidad. Simplismo folk, efectismo épico, la suavidad de violas y violines, hasta el tosco y vibrante sonido de los bajos; y, por encima de todo, un grupo de músicos con mucho talento, carisma, buen gusto y buen humor.

Lo lamentable es que, cuando quedaban 15 minutos para las 11 de la noche, prácticamente los sacaron del escenario, porque el recinto cerraba a las 23 horas y no podían seguir, pese a la presión de los que estábamos en el público. Y es que cuando uno va a un buen espectáculo, no quiere que acabe. Magnífica propuesta y por sólo 3 euros. ¡Viva la obra social de los bancos y cajas de España!

Pero, antes de entrar al concierto y ya que estábamos por ahí, entramos a ver una exposición de Thomas Hirschhorn llamada "INGROWTH", que me pareció espantosa. Maniquíes agujereados con fotos de accidentes, crímenes o lo que sea, con gente reventada, desparramada... un monumento al mal gusto. A mí me dirán lo que quieran, pero este tipo de expresiones no me parecen ni artísticas ni agradables. Si la gente quiere verla, que lo haga, porque para eso somos libres; otra cosa es que yo pueda reconocerle un mérito que no encuentro ni necesito encontrar.

¿A esto le llamamos políticos?

jueves, 5 de noviembre de 2009

Reproduzco una nota de la Agencia EFE (publicado en 20Minutos.es):

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ha afirmado este jueves: "Si hiciésemos una subida de impuestos generalizada y consiguiéramos repartir más dinero entre los parados, cada vez habría más parados. Lo demuestra la experiencia".

Y yo me pregunto: ¿será una hija de la gran puta?

Vamos a ver, los parados no están sin trabajo por la mierda de dinero que reciben mes a mes, sino porque las empresas están reduciendo costes en una situación de crisis que si bien se está produciendo ahora, es herencia de todas las políticas económicas erróneas tomadas desde los tiempos de Felipe González, pasando por Aznar y hasta Rodríguez Zapatero. La burbuja inmobiliaria y una economía absolutamente "inflada" para aparentar más ante las grandes potencias europeas no son cosa de los últimos 5 años, así que no nos llenemos la boca con ideas absurdas y culpemos al inútil manejo del actual gobierno de todos los males.

Volviendo al tema: Señora Esperanza, lamento decirle que dándole la vuelta a sus palabras, quizás habría menos políticos si no pudiesen ganar todo el dinero que cobran, roban o se desvían. Si no, mire lo que está ocurriendo en gran parte de los ayuntamientos españoles, por no mencional el caso Gürtel, que tan de cerca le toca. Si lo suyo fuese vocación política (de acuerdo a su real significado), no tendríamos que leer estupideces como ésta que ha dicho.

De la misma forma, si pagaran a la gente por ser unos cabrones, poco solidarios y por vivir en una realidad ajena a lo que sucede en la calle (¿o todavía tiene problemas para calefaccionar su palacete? Ni le cuento la de gente que se muere de frío en las calles), seguro que usted doblaría su fortuna.

Es lamentable que siga haciendo este tipo de papelones casi a diario y que la gente todavía le vote. Se les debería caer la cara de vergüenza.

Bitácora de viaje (XI y última) - Día 10 (y parte de día 11): Manhattan - Upper West Side - JFK - Madrid (11-12/10/2009)


Nada más despertarnos, comenzamos a recoger las cosas, acabar de hacer las maletas y dejar todo más o menos recogido, porque a las 11 había que salir del piso. Amablemente, Adam y Bryn nos habían ofrecido dejar las maletas en su casa hasta la hora del aeropuerto, así que después de desayunar, dar un paseo cerca del piso, bajar la basura, subir a casa y cerrar todo, nos fuimos hacia el departamento de los “Strong” (su apellido) que estaba en la Calle 100. Como íbamos cargados con 3 maletas, no quedó más remedio que ir en taxi (con lo que cerraba el círculo de avión – metro – barco – autobús – taxi) para decir que había probado casi todos los medios de transporte en Nueva York. Pero Ivor se dejó el gorro en el piso, así que en vez de pasear por la calle 100, volvimos a la 72 donde por suerte estaba la chica limpiando y nos dio el gorro. Caminamos otro poco por la zona, me aventuré en una rápida visita de 10 minutos a Loehmann’s, y volvimos hacia casa de Bryn y Adam, donde habíamos quedado todos para comer algo antes de irnos hacia el aeropuerto.

Gracias al día de agradable sol y temperatura templada, nos sentamos en la terraza de un restaurante francés que era muy bonito, pero donde nos atendieron mal, tardaron mucho y sin ser nada especialmente barato (sin ser caro tampoco). Una ensalada de mierda después y un par de trozos de una pizza con higos y roquefort que estaba deliciosa, nos pusimos en marcha para coger el taxi al aeropuerto, ya que compartido era más barato y cómodo.
En un paseo en el que cruzamos el barrio de Harlem (muy pintoresco y que quedó pendiente de visita), llegamos al aeropuerto 45 minutos después, justo a la hora precisa para facturar las maletas, pasar policía y hacer las últimas compras duty free: el New York Times del domingo (siempre había querido comprar uno), un par de regalos, cigarros, etc.

Subimos al avión, 7 horas de vuelta y a las 7:45 de la mañana estábamos entrando en la casa directos a dormir, descansar y a no caminar en unos cuantos días. Nos acompañaba la nostalgia de una ciudad que te quita el aliento, te llena de muchas cosas y te pide que vuelvas a verla muchas, muchas veces.

Bitácora de viaje (X) - Día 9: Central Park - Nolita - Little Italy - Soho - West Village (10/10/2009)

El día comenzó con un agradable paseo por Central Park, después de un reponedor desayuno cerca de casa. Como era sábado, estaba lleno de turistas frente al edificio Dakota y la entrada de Strawberry Fields, el “santuario” que recuerda a John Lennon en el parque. Además, al ser fin de semana, se notaba que había un aumento del número de “corredores”, porque incluso cortando el acceso de los coches a Central Park, las calles estaban abarrotadas y tenías que esquivar a las bicicletas, los que corrían y a algún esperpento turístico (yo para esas alturas ya me sentía parte de la casa y viendo a los turistas persiguiendo la estela del ex Beatle, la verdad es que daba un poco de vergüenza ajena ser turista).

La verdad es que si analizamos el paseo por Central Park (2 horas), la extensión recorrida (desde la calle 72 a la 90, de oeste a este) y las dimensiones del parque, no cubrimos creo que ni el 15% del parque. Eso sí, pasamos por varios puentes, prados y bosques, además del Metropolitan Museum, para finalmente salir a la altura del Guggenheim Museum. Como siempre que voy por primera vez a una ciudad, no entré a ningún museo, pero estuve fuera al menos de 3 de los más importantes. Alguno caerá en la próxima visita. Aunque debo reconocer que no soy carne de museo ni me vuelvo loco por las grandes obras de arte. No conozco más una ciudad por la cantidad de cuadros o esculturas visitadas, sino por la cantidad de calle que he sido capaz de hacer. Las ciudades se viven desde el cemento y no desde el mármol; y antes de perder 3 horas intentando entrar a un museo, prefiero patear durante 3 horas las calles o sentarme en un café a mirar a la gente porque es de ellos de quienes se nutren mis historias.

Hecho este paréntesis, después de Central Park cogimos un autobús hacia el sur de Manhattan, hacia los barrios más interesantes, modernos, cosmopolitas, auténticos y bonitos de toda la isla.

Nolita (o el barrio que está al “North of Little Italy”, por eso lo de Nolita) parece ser el punto de encuentro de los neoyorquinos jóvenes en fin de semana: los bares, terrazas, tiendas y mercadillos estaban repletos de gente y las posibilidades de tomarte un café o de almorzar eran prácticamente nulas. Dimos varias vueltas disfrutando de las novedosas tiendas y los interesantes artículos que ellas vendían, para pasar a Little Italy, el barrio italiano por excelencia que hoy se confunde/fusiona un poco con Chinatown, aunque ambos han sido capaces de mantener su identidad y su cultura. Ahí almorzamos en “La Mela”, un grupo de restaurantes que bajo el mismo nombre, dan una comida italiana muy bien preparada, muy abundante y no excesivamente cara. Tampoco es lo más barato, pero que te quiten lo comido. El tiramisú de postre estaba rico y el café, ídem.

Aquí debo contar la anécdota del baño. Cuando digo que voy a pasar al servicio antes de seguir con la ruta, me dice Ivor que me lleve un dólar a mano. Sin entender mucho la razón, saqué mi dólar y bajé las escaleras. Llego y todo era lo habitual. Hice lo que tenía que hacer y al salir, según me acercaba al grifo, un hombre se acerca rápidamente, abre el agua caliente y fría (para que saliese a una temperatura agradable), me echa jabón en las manos, y mientras me las lavo con cara de asombro y sin comprender qué ocurre, me espera al lado con unas toallas de papel para secarme. Miro con más detalle lo que rodea el lavamanos y veo todo tipo de cremas, lociones, aguas de colonia, gel para el pelo, etc., a la espera de algún cliente más presumido. No puedo evitar sonreír, dejo el dólar en la cesta de las propinas y me marcho, no sin antes pensar en que Estados Unidos jamás dejará de sorprendernos.

Como había que bajar los excesos cometidos, el paseo continuó hacia el SoHo (“South of Houston” o al sur de la calle Houston que, ¡ojo!, no se pronuncia “jiuston”, sino “jauston”… cosas de los americanos) donde nos “perdimos” casi toda la tarde porque todo era alucinante: tiendas de diseño, de vanguardia, tradicionales, antiguas, modernas, de libros, de ropa, de accesorios, de cosas de casa, de muebles, de lámparas, de todo; pintadas en las calles, grafittis, las casas, los edificios con sus escaleras de incendio, lo antiguo, lo moderno. Y todo ello perfectamente diseñado y colocado para ser todo un espectáculo. La próxima vez que esté en NY sin duda que el SoHo será uno de los lugares en que más vueltas daré.

Pero el día se iba rápidamente y había que continuar: luego de un cocktail en una terraza que prácticamente daba inicio al West Village, nos adentramos en este barrio para al menos ver qué había en él y si seguíamos encontrando cosas curiosas para mirar. Y la respuesta fue afirmativa: merece la pena también recorrerlo y disfrutarlo. Quizás es un poco menos sofisticado que el SoHo, pero no por eso menos encantador e interesante. Es otra de las tareas pendientes, porque el Village en general ha sido escenario de muchas películas y series, y promete tener mucha vida por contar entre sus calles.

Ahí nos encontramos con el resto de la panda: David, Nacho y Adam, para sentarnos a cenar en un mexicano llamado “Diablo” donde la comida era agradable pero no era la mejor que había probado en mi vida. Después de cenar, fuimos a tomar algo a un pub irlandés (o inglés), que no recuerdo muy bien, donde nos dimos cuenta del cansancio acumulado del día y de la semana. Ya comenzaba a notarse el final de las vacaciones. De regreso a casa y a dormir, que otra vez había que “madrugar” al día siguiente.

Bitácora de viaje (IX) - Día 8: Manhattan - Top of the Rock - Fifth Avenue - Grand Central - Ground Zero - Tao (09/10/2009)

miércoles, 4 de noviembre de 2009

El día comenzó pronto y desde las alturas: después del punto de encuentro nos fuimos caminando hacia “Top of the Rock”, lo más alto del Rockefeller Center. Sin saberlo era el lugar de origen de una de las fotos que seguramente todos hemos visto, pero no conocíamos el sitio donde había sido tomada. Después de comprar el ticket y pasar por seguridad, coges el ascensor hasta la planta 74, trayecto que debe tardar unos 30 segundos o poco más, en lo que parece una “lanzadera espacial”: impresionante. Sales a la terraza del edificio y te encuentras con unas maravillosas vistas de Nueva York, en todo su esplendor. Tienes el Empire State al frente y Central Park visto en toda su extensión. Lugar perfecto para sacar fotos y disfrutar de una visión de 360º de toda la isla de Manhattan, además de las zonas al otro lado del río.

Después de estar unos 40 minutos por ahí y ver aviones pasar muy cerca (sí, el 11-S todavía está muy próximo, aunque es entendible teniendo 3 aeropuertos en la ciudad y uno de ellos –La Guardia- a muy poca distancia), decidimos volver a tierra firme y dar un paseo por la Quinta Avenida que, tal como hemos visto muchas veces en cine o televisión, está llena de tiendas y turistas y más tiendas y más turistas. Aprovechando la cercanía nos acercamos hacia Grand Central, una estación de trenes que tiene un inmenso hall y que es bastante bonita de ver. Pero como el tiempo ya jugaba en nuestra contra, había que continuar con el paseo y las compras.



Vino la experiencia de la tienda “Big & Tall” donde pensé encontrar toda la ropa que necesitaba. Pero no, tampoco. Resulta que soy extremadamente obeso para las tiendas “normales”, pero demasiado “pequeño” o no lo suficientemente gordo para las tallas grandes. Yo todo convencido (intercambio de ideas incluido con el hombre que me atendía) me probé una camisa 2XL y resulta que no solamente cabía yo dentro, sino que podría haber montado un circo con público y todo.

Al poco vi a dos hombres que entraron a comprar y me di cuenta de lo que realmente era ser big & tall: medían más de dos metros (seguro) y de ruedo, parecían una rotonda. En fin, que al menos me ayudó algo al ego al saber que todavía queda en el mundo gente más grande que yo, cosa que no se siente muy a menudo (menos cuando vas al médico y sin pesarte ni medirte, escribe en una hoja que padeces de obesidad mórbida… pero eso es parte de otra historia).

Finalmente salí de ahí con un par de pantalones y nada más (además de mi habitual dolor de pies esos días). Pero no me daría por vencido. Después de dar algunas vueltas por los alrededores, pasar por la Design Store del MOMA (imperdible), decidimos irnos hacia la Zona Cero, el paseo que había quedado pendiente el día anterior. Decepción la nuestra al ver que está todo vallado y que sólo veíamos la parte superior de las grúas que están trabajando en la reconstrucción del lugar. Entonces, para pasar las penas, había que ir a uno de los mejores destinos para los consumistas: “Century 21” una tienda outlet frente a Ground Zero, llena de geniales ofertas, donde finalmente me compré camisas, calcetines, cinturones, ropa interior, una chaqueta, camisetas y no me compré un abrigo gris por un par de centímetros. Claro está que tuve que comprar una maleta para meter todas las compras y todo muy, muy barato.

De ahí, el destino fue volver a casa a dejar la maleta llena de las nuevas adquisiciones y prepararse para una cena “elegante” a la que David nos había invitado para celebrar su nuevo trabajo. El restaurante se llamaba “TAO”, un asiático en la calle 58, entre Park y Madison Avenues, con un inmenso buda, una decoración impecable, una atención exquisita y un menú de lujo. Lo cierto es que la comida no era tan cara como era de esperar, pero seguro que hay opciones más baratas en la ciudad.

Estaba todo delicioso y la compañía fue inmejorable: además de los 4 que quedábamos en ese momento (David, Nacho, Ivor y yo), conocimos a unos amigos de David que viven en NY (Bryn y Adam) que resultaron ser encantadores y una grata compañía. Muy buena cena. Buscamos un lugar para tomar algo, pero después de andar un buen rato en uno no nos dejaron entrar por no llevar chaqueta y corbata, y al llegar al siguiente decidimos repartirnos y volver a casa, porque ya habíamos andado lo suficiente durante el día y todavía nos quedaba un día y medio de paseo continuado.

Bitácora de viaje (VIII) - Día 7: Manhattan - Brooklyn - Wall Street - Compras frustradas (08/10/2009)

El día comenzó bien, con el tobillo adolorido, pero con ganas de andar y de seguir conociendo la ciudad. Decidimos tomar nuestras cosas e ir hacia Brooklyn, para caminar por ahí, cruzar el Brooklyn Bridge de vuelta hacia Manhattan y hacer la parte baja de la isla, incluyendo Wall Street y Ground Zero (la zona cero).

Al menos la parte de Brooklyn que vimos, mínima por cierto según miramos el mapa más tarde, era un remanso de tranquilidad. Todo ocurría a orillas del East River, por parques y paseos, por calles tranquilas con unos departamentos que ya me gustaría disfrutar: con jardines o terrazas, mirando Manhattan… lo siento, se me va la cabeza y me da por recordar nostálgicamente. Debo decir que nuevamente se me pasó la mano con las fotos y saqué desde la puerta de la casa de Truman Capote hasta los cables que forman parte de los puentes sobre el río. Pero el entorno y el paseo merecían la pena. Pero es que Brooklyn es todo un destino por descubrir. No sólo de Manhattan vive Nueva York...


Alejándonos un poco del río, encontramos una serie de tiendas, galerías y librerías dignas de visitar. En una de ellas me compré 3 libros: “Cómo criar hijos perfectos a través de la culpa y la manipulación” (que es bastante gracioso); otro de cocina en plan: “Sopa de tomate para cuando te quedas sin trabajo” o “Hamburguesas para alguien que tiene el corazón roto” (me los he inventado, pero es más o menos la idea del libro), que me encantó como idea de publicación culinaria-autoayuda, Y el último fue un libro sobre los movimientos, tendencias e idealismos que han cambiado el mundo.

Un poco más adelante, la más interesante y llamativa tienda japonesa llena de música, libros, figuras de comic y anime, entre otras mil cosas. Un festival para los sentidos. Seguimos andando y paseando, estuvimos en la zona que llaman DUMBO (Down under Manhattan Bridge overpass, o algo así como lo que está debajo del puente de Manhattan, que entra varios metros hacia Brooklyn dejando una amplia zona que se ha revitalizado bastante) y que es muy interesante conocer simplemente porque es diferente.

Después nos aventuramos a cruzar el Brooklyn Bridge andando, un paseo que dura unos 35 minutos de punta a punta y que se hace algo pesado entre los turistas y las bicicletas de los locales. Hay que ir con mucho cuidado para no ser arrastrado por los caminantes o atropellado por los ciclistas. Con los pies ya destrozados y la lengua afuera, nos fuimos hacia Wall Street, la zona financiera de Manhattan donde comimos algo rápido con la idea de seguir bajando hasta Battery Park, la punta sur de la isla. Ahí nos vino el bajón y decidimos ir al piso a dejar los libros (que pesaban bastante) para retomar el resto del tour (la zona cero) en otro momento y buscar alguna alternativa para la tarde, lo que finalmente se tradujo en el intento de compras. Y digo intento porque salvo algunas excepciones de urgencia, ese día se quedó sólo en el intento. La maravillosa tienda que yo había visto sólo vendía las tallas más grandes por Internet, así que nada. Cruzamos a Macys donde después de descartar más de la mitad de la tienda porque era horroroso lo que vendían, me decanté por dos camisas más o menos normales que no me convencían pero como no había llevado ropa para toda la semana pensando en el consumo, no quedó más remedio que consumirlas.

Dimos otras vueltas por la zona, pero el agotamiento era tal que nos fuimos derechos a dormir, pasando de la cena que habíamos planeado hacer en algún restaurante cercano. Al final compramos algo en la tienda que estaba en la esquina, cenamos algo rápido y ya está. Creo que a las 10 de la noche estaba en el quinto sueño.

Bitácora de viaje (VII) - Día 6: New York - Vuelta a Manhattan en barco - Times Square - Musical en Broadway (07/10/2009)

domingo, 1 de noviembre de 2009

Un largo y agotador día, pero muy entretenido y plenamente disfrutado. Después de un desayuno reponedor con bagels (son una perdición) en una tienda kosher (por raro que suene... y no se os ocurra pedir jamón en una tienda kosher, porque te miran mal... ¡a mí se me ocurrió!), nos fuimos rápidamente hacia la zona del Pier 83, a la altura de la calle 42 para coger el barco que nos daría una vuelta de 3 horas a toda la isla de Manhattan y nos acercaría a la Estatua de la Libertad.

Debo decir que disfruté como niño pequeño el viaje, aunque se hace un poco largo estar durante 3 horas, sobre todo cuando el tramo final es el más aburrido de todos. Me paré en la proa del barco, cual Titanic, y no me moví de ahí al menos en el 80% del trayecto, aguantando el viento y el frío para sacarle fotos a la Estatua de la Libertad y al skyline de Manhattan. Y ya que estaba ahí, a cuanto puente se me cruzó por delante, a Brooklyn, a parte del Bronx y a todo lo que flotaba en el agua. Pasamos por puentes que se elevaban, otros que giraban y por muchos sitios que, sinceramente, no tenían mayor atractivo que ser parte de NY, pero aguanté estoicamente lo que pude y mi cámara no me abandonó.

Supuestamente se oiría fuera lo que contaba un hombre con una voz destinada a dormir hasta al turista más despierto, porque tenía una cadencia que te iba adormilando poco a poco, lo que sumado al movimiento del barco, parecía la mejor canción de cuna jamás vista. Pero no, menos mal que fuera no se oía. Pero en el tramo final, cuando entré a sentarme dentro, a punto estuve de caerme redondo en medio del pasillo mientras me dejaba arrullar por ese "canto de sirena".

Después del paseo y las casi 200 fotos que hice, llegó la hora de despedir a Kathe y a Celine que volvían a Madrid. Las acompañamos y luego volvimos a casa a dejar algunas cosas. Pero la ciudad seguía ahí fuera y había que salir. Al poco rato, nos preparamos para caminar hacia la zona de Times Square, el Theatre District y a comprar un encargo que me habían hecho (todavía no puedo decirlo, porque es una sorpresa).

Anduvimos desde la calle 72 a la 49, cruzando el Columbus Circle (donde hay una de las tantas torres de Donald Trump) y que es también una de las esquinas de Central Park en la West 59th Street. Una vez cumplida la misión del encargo, nos encaminamos hacia Times Square para ver esa infinidad de carteles luminosos, las torres llenas de pantallas con anuncios y los miles de turistas que iban en busca de alguna entrada nocturna para Broadway. Como nosotros ya las teníamos, no nos preocupamos mucho y seguimos andando.

Callejeamos por la zona, pasamos por el Radio City Music Hall (mucho más “pequeño” de lo que pensaba), por el Rockefeller Center, la Catedral de Saint Patrick, la Iglesia de Saint Thomas, por el MOMA y por otros lugares aledaños. Localizamos el teatro donde habíamos quedado e hicimos una parada técnica en un café para contrarrestar el frío y el sueño. En ese momento agradecí el exagerado tamaño de los cafés en EE.UU., porque necesitaba unos cuantos para ser persona otra vez. La verdad es que en NY es todo grande: los edificios, las calles, los parques, los puentes, el río, la estatua, el café... y no se te ocurra pedir un bagel con queso philadelphia y jamón de pavo si no tienes mucha hambre, porque será una capa bastante gruesa de queso y unas 6-8 lonchas de jamón (eso dijo David). Yo sólo vi la capa de queso y ya era notable.

Una vez de regreso en la calle encontramos un lugar que era un oasis de tranquilidad: una terraza a media luz, con mesas y sillas para sentarse tranquilamente, mientras disfrutabas de una cascada cayendo por una inmensa pared, que te hacía perder por completo la sensación de estar en el corazón de Manhattan. Comentándolo con la gente, parece que es común que en NY existan esos remansos de paz (que no son como las terrazas de los bares o de las cafeterías, sino lugares de descanso "abiertos" al público sin fines de lucro) en los cuales puedes sentarte a disfrutar de un café, un libro o a ver la gente pasar.


Fotos mediante, ya se acercaba la hora de ir al musical, así que nos encaminamos hacia el Winter Garden Theater, donde estaban dando Mamma Mia!, el musical de Abba. Resta decir que lo pasamos genial y que el musical estaba muy bien hecho. No es por nada, pero a Madrid le falta mucho aún para ser una capital de musicales (aunque va bien encaminada). El teatro, además, era gigantesco y muy bien dispuesto para que todo el mundo pudiese ver sin problemas el escenario (siempre y cuando no le tocara un japonés cabezón como a mí, al que tuve que esquivar entre Waterloo, Voulez-Vous, Dancing Queen y Take a chance on me).

La idea al salir del teatro era cenar algo por ahí, pero el cansancio arreciaba y había que prepararse para el siguiente día que prometía ser bastante intenso. Nos metimos al metro para ir a casa y estuvimos esperando cerca de media hora y sólo pasaban trenes de la línea D y no de la B que era la que nos servía. Hasta que se nos ocurrió preguntar y nos enteramos de que la línea B llevaba dos horas sin pasar. Así que de vuelta a la calle, caminar otro poco y coger otra línea de Metro. Al final, ni cena ni descanso ni nada. ¡Cosas del turismo!

Bitácora de viaje (VI) - Día 5: Fleischmanns - New York (06/10/2009)

El desayuno, como no, fue muy abundante: bagels, tostadas, miel, queso crema, magdalenas, leche, café, té, fruta, pastel de calabacín (sí, para el desayuno…), chocolate caliente, etc. Nos pusimos hasta las cejas, recogimos maletas y nos fuimos, no sin antes hacer otra sesión de fotos frente a la casa.

Desde ahí casi no paramos hasta llegar al Woodbury Common Premium Outlet (recomendado no sólo por Pili y Raúl, sino que también por los Sommer), un centro comercial al aire libre, lleno de tiendas, de ofertas y donde comenzamos la sesión de compras neoyorquinas. Fue todo un récord recorrerlo en dos horas, comprar, ir al baño, cambiarse de zapatos, fumarse un cigarro y ponerse al día respecto a las nuevas adquisiciones una vez que nos volvimos a encontrar. Compras hechas y viaje resuelto. El siguiente destino era el aeropuerto de JFK para dejar los coches, coger el metro e ir hacia nuestros respectivos alojamientos en Manhattan.

Después de dar unas vueltas alrededor del aeropuerto para poder echar gasolina y devolver el estanque lleno, logramos encontrar el acceso al Car Rental y devolver la van. Nos repartimos las maletas, bolsas, zapatos y cosas que estaban dando vueltas, y nos fuimos hacia el metro que, en el primer contacto (y también el segundo, el tercero y el cuarto) es un poco complicado. No cuesta nada salir del aeropuerto hacia Manhattan, pero una vez que estás ahí y tienes que elegir la estación, la línea (por la que corren varios metros en distintos momentos), subirte o no a un metro express que no para en todas las estaciones y lidiar con la gente, las maletas, etc. En fin, que en vez de parar en la 72 que era nuestra parada, fuimos a dar a la 125; así que otra vez a coger el metro de vuelta y bajarse en el lugar correspondiente. Cerca del piso estaba el edificio Dakota (donde vivió John Lennon), Central Park, la calle Broadway y la Columbus Avenue. Muy bien ubicado en el Upper West Side. Mientras, David y Nacho se iban al Candy Hotel (lo siento, pero tiene nombre de cabaret de mala muerte), que quedaba unas 20 calles más arriba y donde, por lo visto, estuvieron muy bien.

Llegamos al departamento, dejamos las cosas, descansamos un momento y al poco rato volvimos a salir. Pero la primera impresión del piso no fue muy alentadora: era pequeño, aunque agradable. No obstante, me mató el baño, porque tenía un mínimo espacio entre la bañera y una columna, para poder sentarse (nos entendemos ¿no?). Es decir, que para gente tamaño XL no era muy acogedor. Agobios aparte, salimos corriendo porque se nos pasaba la hora y habíamos quedado sobre las 18 horas en Chinatown (no está mal como primer barrio de contacto con Nueva York). Al final, llegamos un poco tarde, pero nos encontramos con David y Nacho, y nos fuimos andando desde ahí al Meatpacking District, donde nos esperaba una cena en “The spice market”.


La caminata fue larga y agotadora, entre el cansancio acumulado y la mucha gente que había en la calle, se hizo pesada. Algo más de una hora después, y luego de cruzar parte del SoHo o del Village (la verdad es que no me enteré de mucho porque estaba oscuro y sólo me concentraba para no joderme más el tobillo, así que iba mirando hacia abajo), llegamos a esta zona de NY que antes era donde se concentraban las carnicerías y que se ha reconvertido en un barrio muy moderno, lleno de bares, restaurantes, tiendas y pisos. Todo muy luminoso, con una mezcla curiosa de viejo/nuevo, y con muchas cosas por descubrir. Una de las cosas más interesantes de este barrio y de todo NY, es el arte callejero, las pintadas, grafittis y todo lo que se puede encontrar en las paredes. Hay algunas que te dejan con la boca abierta.

Como la reserva era más tarde, entramos a un bar llamado “Revel” (10, Little West 12th Street) con un jardín y un árbol dentro, a tomar unos “cocktails” mientras esperábamos. El lugar era impresionante y, además, creo haber visto a Ben Kingsley (el Gandhi de la película) sentado en la primera mesa, aunque no puedo asegurarlo con total certeza. Ya con uno o dos cocktails en el cuerpo, nos encaminamos hacia “The spice market” (West 13th Street con la 9th Avenue, http://www.spicemarketnewyork.com), un antiguo mercado de especias reconvertido en restaurante. No puedo decir otra cosa que no sea “impresionante”: muy bonito, cuidado, con buen gusto. Nos llevaron a un reservado en la planta baja, con unos cómodos y mullidos sofás donde nos sentamos a degustar todas las cosas ricas que nos trajeron: rollos de pato, samosas de pollo con especias, sopa de calabaza y jengibre, pollo con naranja y pomelo, carne con una salsa de hierbas que estaba sensacional, y otras muchas exquisiteces. Y todo acompañado de arroz aromatizado y verduras.

Ese día vi una de las cosas más curiosas que me tocó ver en NY: el hombre del agua. Aquí en España si pides agua te llevan una botella individual, una grande o una jarra de agua y la dejan en la mesa. No, en NY te ponen el vaso y hay una persona que está toda la noche rellenándolos no cuando están vacíos, sino cuando apenas le das un par de tragos. Luego contaré la otra impresión que me llevé en el baño de un restaurante de Little Italy.

Y aunque parezca raro, que también es otra de las sorpresas en NY, es que comer no es nada caro. Toda esta maravillosa cena nos salió a cada uno por 30-35 dólares, unos 20-25 euros (para la familia chilena, unos 15 mil pesos). Desde ahí, caminamos un poco por la zona disfrutando de las tiendas, la escalera de cristal del Apple Store y de otras muchas cosas que había por ahí para mirar: edificios o terrazas que cambiaban de color, árboles de luces, etc. De ahí el metro a casa y a dormir, que estábamos todos agotados.

El plan para el día siguiente era encontrarnos a las 9 y ver qué haríamos, aunque ya había algunas ideas rondando.