Bitácora de viaje (V) - Día 4: Walton - Poughkeepsie - Fleischmanns (05/10/2009)

viernes, 30 de octubre de 2009


Temprano estábamos en pie, desayunando como era de costumbre en la gran mesa que Eddie e Irma tenían preparada. Los huevos con bacon salían de la cocina, recién hechos, humeantes, mientras el resto disfrutábamos de tostadas y bizcocho (que luego Irma nos daría para que lo llevásemos con nosotros de viaje), café, leche, zumo de naranja y muchas otras cosas. Como teníamos un viaje largo por delante, nos alimentamos para aguantarlo. La verdad es que suena a mala excusa, porque estábamos en Poughkeepsie menos de 3 horas después, mirando a Nacho y David mientras disfrutaban del trozo de pizza más degenerado que he visto en mucho tiempo.

Esa mañana Irma me regaló un cuchillo de cocina, que describió como el mejor cuchillo, porque el día anterior le había contado de mi pasión por la cocina y de mi futuro libro de recetas. Lo envolví bien y lo metí en la maleta, para evitar malos entendidos en el regreso a casa. Nos despedimos de Jolene y las niñas, de Irma y Eddie, y creo que no logramos darles las infinitas gracias por esos 3 días en que nos acogieron con tanta calidez y dedicación. Para todos fueron unos días muy especiales y agradables. Nos ofrecieron repetir y la idea ya está dando vuelta por nuestras cabezas.

La entrada a Poughkeepsie se hace por un gigantesco puente, desde el cual se tienen bellas vistas del río Hudson y de la ciudad. En sí el lugar no dice mucho, pero fue el lugar donde Kathe nació, así que la acompañamos a verlo, otra vez. Además, para los fanáticos de Friends, era el lugar de procedencia de una de las novias de Ross, a la que iba a ver en tren aguantando un viaje de más de dos horas desde Manhattan, hasta que un día se quedó dormido y llegó a Canadá. Momento “friki” aparte, dejamos a Anna en el tren, no sin haber hecho el tonto en la estación sacándonos fotos en una de las puertas. Cuando parecía que su tren había sido abducido o algo así, finalmente pasó y la vimos alejarse mientras nos despedíamos de otra persona (¿no Celine?).

Nos acercamos a la zona del río, donde había un agradable muelle y un pequeño parque, lugar del que tenemos demasiadas fotos, no sé porqué. Pero el testimonio gráfico es amplio. Una de las cosas "anecdóticas" es que el río Hudson, al menos en esa zona, fluye en las dos direcciones, cosa que creo es bastante inusual, quizás me equivoque.

Al rato, decidimos volver a la ruta, y un poco más adelante se nos cruzó un restaurante italiano, así que tuvimos que quedarnos a comer. En ese lugar me comí los spaghetti con las albóndigas de carne más grandes que he visto en mi vida. Quizás las podría comparar con una pelota de tenis o algo un poco más pequeño… impresionantes.

Después de un buen rato de relax, volvimos a los coches (la familia de Shrek en la van, y Nacho y David en el otro). La idea era regresar a los Catskills con destino en Fleischmanns, donde estaba el B&B River Run, en el cual nos quedaríamos esa noche antes de viajar a New York City. Llegamos, nos registramos y nos dirigimos a dar un paseo cerro arriba donde, obviamente, me jodí un poco el tobillo. Pero pese a mi molestia por tener que caminar en subida y sin previo aviso, no me puedo quejar porque era un lugar muy agradable y las fotos otoñales que salieron de ahí no tienen precio.


El momento tenso vendría durante la cena, en un sitio que se llamaba “Peekamoose” y donde tardaron más de una hora entre la ensalada que pedimos para compartir y los segundos platos. El hambre, sumada al cansancio, al sueño y todo, nos llevó a intercambiar un par de ideas contrarias, para pasar el resto de la cena un poco ariscos. Luego vino el merecido descanso en una casa muy cómoda, pero con una decoración muy extraña, que a todos nos recordó alguna película del tipo Psicosis. Menos mal que a la mañana siguiente todo había pasado, y sólo nos quedaban unas pocas horas para llegar a la ciudad.

Bitácora de viaje (IV) - Día 3: Walton y alrededores (04/10/2009)

jueves, 29 de octubre de 2009

El día comenzó pronto, porque teníamos que estar todos pronto en la calle para dar un paseo por Walton y para ir a la misa en honor a Mien. Al final, más temprano que tarde estábamos en el pueblo visitando algunas tiendas de antigüedades (muy típicas de la zona) y otras más autóctonas. Después nos fuimos a misa a la única iglesia católica de Walton (que tiene más o menos 2000 habitantes y unas 8 iglesias en total), donde pudimos comprobar que pese a las diferencias idiomáticas y culturales, los ritos son iguales en todas partes.

Cuando acabó la misa, nos fuimos con Irma al cementerio donde nos esperaba Jolene. Fue un momento muy íntimo y particular para cada uno. Todos lo vivimos de forma diferente. Visto desde fuera, fue muy bonito ver al mismo grupo de amigos 20 años después reunidos en torno a la tumba de Mien. Para ellos, sobre todo, fue algo muy especial.

Más tarde volvimos a casa de los Sommer que, por supuesto, tenían preparada una comida especial porque, además de todos nosotros, había venido otra amiga de Mien a pasar el día. El menú era un jamón (una pierna) horneada, con puré de patatas por un lado y de batatas con marshmallows (malvaviscos), una delicia local que nos dejó boquiabiertos y salivando a todos. De postre, tarta de manzana con helado (pecado mortal) y después de comer, un paseo por los alrededores de Walton, disfrutando de las otoñales vistas de los Catskills con Irma que nos iba indicando los caminos.

Inolvidable la experiencia de ir sentado con los cojines de la terraza de los Sommer entre dos asientos de la van, sin más apoyo que mis propios hombros sujetos apenas de los respaldos de los compañeros de viaje. Al menos se me daba mejor que a Anna y el entramado de cinturones de seguridad que Celine intentó en vano improvisar.

Al volver a casa, Eddie nos esperaba con juguete nuevo: un quad (moto de cuatro ruedas) que le habían regalado por su cumpleaños y que nos invitó a disfrutar con un paseo al cerro que tienen detrás de casa. Entre muchas risas y mucho barro, la familia de Shrek (como nos bautizó David) nos subimos en el carrito trasero Kathe, Celine, Ivor y yo, mientras Nacho y David iban con Eddie en el quad. Cerro arriba, cerro abajo, fue un momento muy gracioso y, a ratos, bastante complicado, porque no éramos precisamente un grupo de sílfides y el quad amenazó con quedarse en el camino unas cuantas veces. Finalmente regresamos a casa, sanos y salvos. Eso sí, después de haber comido barro (sin quererlo) un buen rato. Todavía no estoy muy seguro si lo peor fue la subida en el carro o la bajada sentado en uno de los laterales del quad.


Una cena algo más ligera que las anteriores, pero deliciosa en todo caso, fue el final del día y nos permitió organizar lo que sería nuestra partida al día siguiente hacia Poughkeepsie para dejar a Anna en el tren, ver el lugar donde había nacido Kathe y para luego volver hacia los Catskills en la última noche lejos de la ciudad. Y todos a dormir pronto que había que madrugar la mañana siguiente.

Bitácora de viaje (III) - Día 2: Walton - Pratsville - Mine Kill - Blenheim-Gilboa (03/10/2009)

Después de un copioso desayuno en casa de los Sommer (todo delicioso, apetitoso, calórico y bien hecho), nos esperaba el camino y el itinerario que Eddie nos había preparado con tanto esmero. Teníamos un par de horas de viaje a través de los Catskills para ver algunos de los “landmarks” de la zona: una histórica casa que ha sido transformada en un museo, mientras que su terreno se ha convertido en una planta hidroeléctrica; la visita a los “farm” para comprar maíz fresco; una zona de paseo con un puente cubierto incluido y una reserva india, a la cual no pudimos llegar por falta de tiempo.

La primera parada fue en Pratsville debido a un problema con el ma
pa. Ya es de sobra sabido que los entiendo poco, pero es que la indicación era para liarse. Un cruce de caminos que parecía un asterisco y tomamos una salida en vez de otra. No fue mucho, pero nos sirvió para conocer otro lugar. No hay mal que por bien no venga, dicen.


Después llegamos al primer hito: Mine Kill, una casa ligada a la historia del Estado de Nueva York desde el siglo XVIII y por la que habían pasado importantes familias de la zona. Incluso, en el último tiempo, han encontrado algunos otros objetos que estaban escondidos, entre ellos, una bandera de los EE.UU. cuando aún tenía 13 estrellas. El lugar, que está bajo el programa “Power Plant Project”, ha sido restaurado con mucho del mobiliario original y se ha hecho un minucioso trabajo de investigación para mantener la casa más o menos en su estilo original. El tour nos lo hizo Bertha, una amable mujer que nos contó todo lo que pudo sobre el lugar y sus habitantes.

Después de descansar un rato en los jardines de Mine Kill, nos fuimos hacia un mirador en Blenheim-Gilboa, donde estuvimos un rato sentados debajo de unos árboles mientras algunos se aventuraban hacia unas cascadas que estaban mucho más cerca de lo previsto. Después vimos el puente cubierto, como los de la película “Los puentes de Madison” y nos bajamos a hacer una importante sesión de fotos (creo que entre todos habremos sacado no menos de 60 fotografías). Menos mal que había una pareja caminando por ahí y pudimos tener una foto grupal sin problemas.

Poco después pasamos por el Farm donde no encontramos el maíz, pero sí compramos las manzanas para Celine, las berenjenas para Anna y algún “dulce” local. Era una especie de mercado de verduras, frutas, flores y productos selectos: un paraíso gourmet pero más “ecológico”.

La carretera nos llevó luego a un pueblo impronunciable para mí: Schoharie. Ahí nos sentamos a comer una pizza gigantesca –que nos fue imposible acabar- y nos permitimos descansar un poco antes de volver a casa, donde nos esperaba el último compañero de viaje en llegar: David. Se perdió esa parte del tour, pero con las fotos y los relatos de todos, creo que en parte siente haberla vivido. Eso sí, todavía le tiene guardada una a Celine que envió una foto “grupal” para recordar el viaje, justo del momento en que él no estaba.

De regreso a casa y ya con todos los regalos en la mano, le dimos a los Sommer, a Jolene y a las niñas sus respectivos presentes: vinos, quesos, juguetes, turrones blandos y duros. Todos contentos, nos sentamos a cenar. Irma nos había preparado otra abundante y deliciosa comida de la que dimos cuenta entre risas y recuerdos. Al acabar, Celine les entregó el Scrapbook que había hecho con las fotos de Mien, lo que provocó además de un momento emotivo, otra avalancha importante de recuerdos. Todos agradecidos y contentos, nos fuimos a dormir.

Bitácora de viaje (II) - Día 1: Madrid - JFK - Walton (02/10/2009)

Salimos el viernes 2 de octubre con destino a Nueva York desde la terminal 4 de Barajas. Eran las 14 horas cuando el avión tomaba impulso en la pista de despegue para comenzar el viaje. A los pocos segundos, Madrid no era más que un dibujo lejano. El vuelo fue muy agradable (sin turbulencias), pero el reducido espacio de la “economic class” siempre es un trago amargo. Además, delante nuestro se sentaron dos tipos enormes que, al poco rato, ya habían reclinado sus asientos dejándome con el respaldo casi entre los dientes. Imposible leer o continuar haciendo sudokus (gran distracción para los viajes). Nuestras casi compañeras de viaje, Kathe y Celine se quedaron en tierra porque la lista de espera era enorme y volaron finalmente en el siguiente avión, que llegaba dos horas más tarde al aeropuerto de JFK.

Nada más llegar, nos encontramos en la agobiante situación que una y otra vez nos habían relatado: inmigración en Estados Unidos. Temíamos que nos harían mil preguntas, nos llevarían a salas aisladas para saber porqué, cómo, cuándo y dónde habíamos cometido algún delito que se nos achacaba. Pero no, simplemente comprobaron los datos, fotos y huellas mediante, para luego desearnos unas felices vacaciones. En menos de 20 minutos (de los cuales 15 al menos fueron de espera), la “pesadilla” había terminado.

El enorme aeropuerto de JFK es eso: ENORME. Pero está bien separado en 8 terminales y conectado por un tren cómodo y rápido. Así, no te da la impresión de estar en un lug
ar gigantesco, sino que todo parece más recogido. No había tanto barullo y se podía estar sin problemas por ahí, esperando tranquilamente al resto de la pandilla.

Cogimos el coche que habíamos alquilado, una minivan con capacidad para 7 comensales y esperamos a que llegase el resto de la pandilla. Anna y Nacho se habían encontrado en Manhattan esa mañana y se dirigían a JFK para sumarse al resto. Decidimos cambiar planes y esperar a Celine y Kathe, para llegar “casi” todos juntos a Walton, a casa de los Sommer. Sólo nos quedaba David rezagado, porque volaba en la mañana del sábado.


Según llegó el siguiente avión de Iberia, nos subimos a la van y nos fuimos hacia Walton siguiendo las indicaciones que Eddie Sommer –el padre de Mien- nos había enviado por e-mail. Perfectamente claras y precisas, al poco andar y después de ver el skyline de Manhattan a la izquierda, ver el Bronx, Flushing Meadows y otras cosas más, estábamos en la ruta adecuada para dirigirnos hacia la inmensa zona de los Catskills, al norte del Estado de Nueva York. Un enorme parque natural, lleno de pequeños pueblos con un ritmo de vida completamente ajeno al de la gran ciudad.

Pasadas las 11 de la noche, estábamos entrando en casa de los Sommer, un refugio perfecto para escapar del ruido, el estrés y los agobios. Ubicada entre dos montañas, en un precioso valle lleno de árboles teñidos de otoño, se convirtió en nuestro centro de operaciones por los siguientes tres días. Inicialmente no queríamos quedarnos ahí para no molestar y ser un incordio, pero su hospitalidad pudo más que nuestras apreciaciones y aceptamos su invitación. Camas para todos, toallas de colores distintos para cada uno de los comensales, excelente comida, mucha agradable conversación y momentos hermosos de risas y muchas emociones.

Esa noche, Irma nos tenía preparada una cena “ligera”: quiche lorraine y una tarta de manzanas tipo “oso yogui”, imposible de mejorar. Después de comer algo y ponernos más o menos al día, las camas nos esperaban… algunos llevábamos 24 horas despiertos y se hacía imposible mantener los ojos abiertos. El cansancio era generalizado y no tardamos más de 20 minutos en caer en un profundo y silencioso sueño, en medio de las montañas.

Bitácora de viaje (I) - El comienzo

Si tuviera que contar sobre el viaje a Nueva York no sabría por donde comenzar. ¿Por las sensaciones? Puede ser un buen inicio, pero seguro que me quedaría corto. ¿Por las muchas imágenes? Sin duda, una empresa abrumadora y desorganizada. ¿Por los colores y aromas? Podría ser, pero me suenan repetidos a gran ciudad y a pueblo pequeño. ¿Por la gente de la calle? Quizás algo demasiado mundano y prejuicioso. ¿Por sus barrios y lugares? Todos tan distintos y tan iguales. Posiblemente, la mejor forma sea la cronológica –también la más fácil-, para ir entremezclando las ideas, los sentimientos, las percepciones, lo concreto y lo inexacto.

La génesis del viaje no fue la mejor: el 20 de marzo de 2009 se murió Mary Ann Sommer, más conocida como “Mien”, después de perder su tercera batalla contra la leucemia. Como en ese momento nos pilló a todos de sorpresa, fue imposible organizar algo más que un envío de flores (que ya fue dificultoso), lo que generó la sensación inevitable de hacer algo en su honor, en su recuerdo. Surgió la idea del viaje y, al poco tiempo, nos pusimos manos a la obra. Problemas más y problemas menos, con algunos “desencuentros” virtuales, finalmente todo se encaminó para las fechas adecuadas (del 2 al 11 de octubre) y fuimos cerrando temas hasta el último momento. El resultado no pudo ser mejor.

¡Vivan los cortos!

miércoles, 28 de octubre de 2009

Hoy he visto dos maravillosos, interesantes, impactantes cortometrajes. Los dos de Eduardo Chapero-Jackson. Los dos me dejaron con la boca abierta.

"Contracuerpo"
(http://www.vimeo.com/5317432), una historia dura, con una fuerte crítica a una sociedad enferma, a un culto equivocado a la imagen y a cosas que realmente no importan. Tanto así, que son capaces de arrastrar hasta la profundidad del abismo a sus víctimas.

"Alumbramiento"
(http://www.lstudio.com/films-on-l/lightborne-by-e-chaperojackson.html), tiene una trama complicada, con un tema muy discutido y discutible, pero filmado con una delicadeza que te hace pensar en muchas cosas por segunda vez o al menos, te genera alguna duda al respecto.

Muy bien pensados, actuados y dirigidos. Estoy a la espera impaciente del tercero, que se llama "The end".

Cada día creo que el corto tiene mucho más que decir que los largometrajes.

¡Hay que verlos!

Exceso de pensamiento

La vida tiene que ser más simple de lo que nos gusta o nos parece. No podemos darle mil vueltas a cada idea, pensamiento o deseo.

Al mundo le faltan impulsos y le sobran filosofías. Le falta espontaneidad y le sobra pacatería.

Las cosas tienen nombre y se les debe llamar así. Basta de eufemismos, de rodeos. Hay mil colores y muchas tonalidades, pero cada uno es muy claro y preciso. No tengamos miedo de "casarnos" con un color. Si tenemos todo el derecho a equivocarnos, ya habrá tiempo para corregir siendo consecuentes y responsables.

Esto suena a dogma, pero lo único que no tiene remedio es la muerte. Todo lo demás es "reculable", lo que no quiere decir que vayamos por la vida cambiando de pareceres como quien cambia de camisa. No, se trata de lo que decía en el párrafo anterior: somos humanos, nos caeremos y nos volveremos a levantar, LAS VECES QUE HAGA FALTA.

Prefiero el dolor de la caída antes que la ignorancia de no haber hecho nada. Prefiero decir que me he equivocado antes de no haber sido capaz de defender mis principios o actuar en consecuencia.

Hace un par de días, hablábamos con unos amigos sobre el miedo a dejarse caer, a tocar fondo, a sentir que no tenemos el control de nuestra vida y de lo que sucede alrededor. Es precisamente cuando pierdes el miedo a caer que tocas fondo y eres capaz de volver a la luz, de seguir adelante, de reiniciarte como persona, de empezar de nuevo.

Las caídas no son actos de cobardía sino cosa de personas valientes. Recomenzar no es haber perdido, sino ganar experiencias. Pedir perdón es un acto de humildad y que sólo pertenece a los grandes. Decir "te quiero" es la mayor entrega desinteresada hacia alguien. Demostrar emociones y sentimientos no nos hace más débiles ni más inestables, sino que nos refuerza como seres humanos.

Dejemos de pensar tanto y actuemos. Tenemos muchas cosas que resolver y los estímulos se multiplican por segundo. Si despejamos de nuestro sistema aquello que realmente no es importante, podremos quedarnos con lo esencial y lo que realmente importa. No somos máquinas ni procesadores, somos personas. Hay que aprender a decir que no y a disfrutar cada cosa que hacemos, sin rodeos, curvas ni cuestas arriba.

Y acabo con una gran frase, heredada de una eterna amiga: "No te pre-ocupes, OCÚPATE".

Raro, raro...

Día: 27 de octubre (1 mes y 6 días desde que comenzó el otoño y a 4 días de noviembre)

Hora: 19:00 horas (horario de invierno, por lo tanto, oscuro)

Localización: Alcalá con Goya

Temperatura: 21º

¡Qué mierda de otoño! La gente va en manga corta, las terrazas siguen llenas hasta reventar y Madrid no quiere darle la bienvenida a las temperaturas bajas. ¡No es normal!

¡NECESITO MIS 4 ESTACIONES!

Tarea pendiente

lunes, 26 de octubre de 2009

Dejo la crítica cinematográfica de "Millenium 2" para más tarde o mañana, que aún necesito un poco de tiempo para procesarla.

"500 días juntos" (2009)


Hoy he disfrutado mucho viendo "
500 días juntos" (500 days of Summer), una comedia con mucha chispa, cabeza y corazón. Dirigida por el poco conocido Marc Webb, la cinta nos sumerge en una atípica relación de pareja en la que Tom Hansen (Joseph Gordon-Levitt, visto en "Cosas de marcianos" en televisión y en "G.I. Joe" en el cine) se enamora de Summer Finn (Zooey Deschanel, aparecida en "El incidente" de Shyamalan), amor que ella no corresponde de la forma esperada.

Construida a base de saltos en el tiempo sin perder al espectador en ningún momento, la entrañable comedia pasa por el drama suave, el desamor, el reencuentro y la tragedia, retratando con vivacidad y encanto las distintas etapas del amor, desde la conquista hasta la ruptura, aunque se autodefina como una historia no romántica.

Bien actuada (una pareja con excelente química y muy creible), dirigida y con una forma de contar la historia muy inteligente -mención especial requiere la escena de "Lo esperado" y "Lo real", contada en medias pantallas-, "500 días juntos" ha sido una de las sensaciones independientes del año, generando gran revuelo en todas sus presentaciones, pese a lo cual no se ha llevado ningún premio a casa.

Su banda sonora, muy poco arriesgada, borda cuidadosamente los hilos de la trama, sin caer en excesos. Punto aparte merece también la escena "musical", muy en la línea de Woody Allen en "Everyone says I love you", donde más bien se ríe un poco de sí misma como película pero sin dejar de transmitir con mucho acierto la sensación del protagonista después de la consumación del amor.

Ligera y profunda, entrañable y adorable. No es un magnífico ejercicio de técnica, pero sí un buen trabajo conseguido con pocos recursos y grandes ideas. Para disfrutarla sin complejos ni filosofías.

Lo que la Mar nos enseña...

domingo, 25 de octubre de 2009

Mi amiga Mar me dijo hoy una de las frases más bonitas e interesantes que he oído en mucho tiempo. Hablábamos sobre la amistad, el amor y las muchas cosas que ocurren en la vida, sobre todo de quienes por cualquier tipo de (pre)juicio equivocado no se permiten disfrutar de la alegría de los demás, y me quedé boquiabierto ante las palabras que salieron de su boca en un momento de inspiración, hasta del que ella misma se sorprendió.

La frase fue: "Amar al otro es PARTICIPAR de sus alegrías, sus penas, sus triunfos y sus fracasos" (literalmente seguro que no era así, pero el concepto era éste). Además, muy acorde con la película que habíamos visto poco antes ("500 días juntos"), donde en dos ocasiones distintas, ambos protagonistas se preguntan qué es realmente el amor, sin llegar a entender del todo porqué la gente se llena la boca con la palabra amor, cuando muchos de ellos no saben cómo explicarlo ni qué se siente.

Gran frase, llena de más verdad de la que muchos predican o practican. Creo que es la primera vez que alguien define el amor como una acción y no como una sensación o una máxima. No es amar porque sí, porque se debe; no es amar porque está en la naturaleza humana o porque lo necesitas. Es amar porque te interesa estar en la vida de otra persona (independiente del "amor": amigo, amante, padre, hijo, etc.) y porque quieres sentirte parte del otro. Es un amor activo, lleno de vida, de energía, de voluntad.

Un amor así es el que debemos buscar: un amor activo, partícipe, vivo. Un amor que se pueda compartir, gritar a los cuatro vientos. Un amor pleno, puro, donde sólo importe el amor y no las circunstancias.

Un buen día

miércoles, 21 de octubre de 2009

Bueno, bueno... qué día más productivo el de ayer.

Estuve desde primera hora de la mañana hasta media tarde dedicado a mis tareas cotidianas y luego quedé con algunos amigos a los que no veía desde junio/julio. Fue muy bueno estar con ellos, ponernos al día de las noticias y compartir las últimas anécdotas.

Además, me apuntaré dos nuevas recetas (una heredada y otra creada) para mi libro de cocina que, pese al abandono, sigue en pie como proyecto para comenzar el 2010 de buena forma.

Y también me han confirmado que mi artículo aparecerá en la revista de cine de diciembre (Especial "Profesores"), lo que me da otra gran alegría en estos lluviosos y días grises de otoño.

Gran día, grandes momentos. Gracias.

Algunas fotos más...

lunes, 19 de octubre de 2009

...y poco más que decir (de momento).

"El último McGuffin"

domingo, 18 de octubre de 2009

Definición de McGuffin (Wikipedia): "Excusa argumental que motiva a los personajes y al desarrollo de una historia, y que en realidad carece de relevancia por sí misma".

Así no dice mucho, pero si hablamos del "Ciudadano Kane" tenemos al que ha sido considerado el mayor McGuffin de la historia: Rosebud. La película juega a descubrir el significado de esa palabra durante todo el metraje, para que al final se descubra que no tenía ninguna importancia. O en la serie "Mad about you", juegan con que al morir un personaje se le oye decir "Hoo Moos" (o algo así) -juego de palabras reinterpretado a la saciedad como Hummus, Hey Miss!, Homos, etc.-, para descubrir al final que realmente no tenía relevancia, pero que ha provocado una serie de reacciones en el resto de los personajes y en toda la trama del capítulo.

Pero mi mayor McGuffin de este momento es ¿por qué a muchos críticos de cine les ha dado por incluir este concepto en gran parte de sus últimas críticas y ninguno se ha parado a explicar lo que es, cuando puedo asegurar que el gran público además de Mac Gyver o Mac Donald's no ha oído algo similar? ¿Lo han dado gratis con algún curso de crítica o con alguna de las películas que vienen con los periódicos?

Ahí lo dejo. Pero ojo, ese tipo de crítica no es la que queremos. Si la idea es educar, enseñar, transmitir, compartir, pues es hora de comenzar a hacerlo. Queda mucho trabajo por delante, pero lo primero será cambiar el alto ego por vocación de crítico constructivo.

Mi momento Titanic

Tuve mi propio momento Titanic en el viaje a Nueva York. Cuando nos subimos al barco para dar la vuelta a Manhattan, me apoderé de la proa del barco y no me moví de ahí en casi todo el paseo (3 horas) sacando fotos de todo lo que se cruzaba por mi campo visual. Ahora entiendo cómo se me veía desde atrás, pero que pena que no pueda ver mi cara de felicidad: seguro que estaba sonriendo como un niño.

Ser diferentes...

En la vida pesan las diferencias, cuando una de las bases de todas las filosofías, religiones o pensamientos es la individualidad del ser humano. Entonces, ¿por qué pesan esas diferencias como si fuesen un castigo?

Se es diferente por muchas razones: por gustos, por pensamientos, por el físico, por el intelecto, por vocación o por necesidad. Da igual el motivo y me parece un poco ridículo buscar el origen de esas diferencias, cuando lo que importa no es de donde vienen sino cómo enfrentarlas y hacia dónde nos llevan.

Pero el ser humano es muchas veces cruel y condena al diferente por serlo: lo lapida, lo apunta, lo tortura, lo persigue, lo acosa, lo intimida. Y eso es uno de los dolores más intensos que una persona -sobre todo un niño- puede sentir: el no sentirse aceptado, el sentirse diferente.

Ayer hablábamos de que los niños, siendo muy pequeños, saben y conocen sus diferencias; se sienten distintos y están felices con su individualidad. Hasta que un día alguien se los hace notar y comienza el acoso: si llevas gafas, si eres gordo, si eres más alto o más delgado, si eres marica, si eres "negro" o "chino" o "moro", si hablas raro, si tienes dientes grandes... la lista es interminable.

Los motivos de la persecución son miles, pero los efectos de ella son generalmente el mismo: la alienación del resto, la pérdida de la autoconfianza y la autoestima, problemas en las relaciones con los demás, ansiedad, depresión y muchas otras cosas. Y todo esto ocurre en una edad en la que se es mucho menos resistente a tanta presión, cuando todavía no tienes las herramientas necesarias para enfrentarte al mundo.

La semana pasada leía una hermosa carta de una madre en el New York Times que hacía alusión a un artículo publicado recientemente en ese periódico sobre la homosexualidad en niños y adolescentes, donde explicaba precisamente esto: si ya la adolescencia es de por sí una etapa complicada para la gente "normal", imagínate lo que es para un niño o una niña homosexuales que viven escondidos, torturados y torturándose por ser distintos, que no tienen a quién recurrir para contarle sus historias amorosas o sus pulsiones sexuales. Eso sí que debe ser una tortura. Y la madre hacía un llamado a todas las demás madres y padres para que no hicieran caso omiso de ese llamado y se sobrepusieran a sus propias limitaciones o creencias, porque sus hijos eran mucho más importantes que cualquier teoría, filosofía, religión o tendencia.

Si realmente fuese así creo que la sociedad estaría algo menos enferma, sería menos problemática, más tolerante, más abierta y más cómoda.

Y porque la respuesta no está en el origen de las cosas, sino en la forma de enfrentarlas, me parece que el ejemplo de esta madre debe servir de guía a muchas personas no sólo en cuanto a la paternidad, sino en cuanto a las relaciones sociales en general, a las ideologías, a los intereses particulares y a todo aquello que nos hace diferentes.

Algunas fotos del viaje

martes, 13 de octubre de 2009


Montaje de fotos de los distintos escenarios: Walton, Mine Kill, Poughkeepsie, Brooklyn, Central Park, Rockefeller Center, Top of the Rock, Empire State, Blenheim...

Mientras escribo el diario de viaje y termino de darle los retoques correspondientes, esto podrá suplir en algo las ansias de fotos y de historias.

En New York

sábado, 10 de octubre de 2009

Solamente me quedan 2 días y no me quiero ir... Ha sido toda una experiencia. Ya queda menos para ver todas las fotos y para repasar todo el viaje. De momento hay que disfrutar lo que queda por ver y a dejar pendientes algunas cosas para el próximo viaje.

El peor enemigo: uno mismo

jueves, 1 de octubre de 2009

La vida nos enseña lecciones invaluables y siempre nos enfrenta a pruebas para continuar con el aprendizaje que comenzamos nada más nacer. Estamos preparados para todo lo que venga desde fuera y cuando parece que las fuerzas nos abandonan, siempre encontramos un resquicio que nos permite seguir adelante.

Pero muchas veces, aunque la vida parezca dura y terrible, nuestro peor enemigo lo tenemos en casa: nosotros mismos. Nadie puede hacernos más daño que nosotros; nadie conoce tan bien nuestros puntos débiles y nuestras flaquezas como nosotros. No es necesaria la acción de terceros para quebrantar el corazón más firme.

Son diversos los motivos que nos llevan a hacerlo: un afán de demostrar algo que no somos, el no permitirnos ser como queremos ser; el querer vivir la vida de los demás, según sus medidas, según sus reglas, según sus parámetros. También daña aparentar, omitir o anular lo que sentimos, simplemente por convenciones sociales, culturales, religiosas o por el motivo que sean.

Y eso es lo que destruye al ser humano, a su esencia, a su naturaleza, a su condición y a su intento por alcanzar la felicidad. Ni la peor decepción amorosa es capaz de romper un corazón como la propia negación o la anulación de la persona. ¿Cuántas personas viven hoy sin poder decir quiénes son o hacia dónde van? Lamentablemente, el número es inmenso e infinito.

Ponerlo en palabras es duro y escribirlo es muy triste, pero hay que asumir las cosas cuando se ven, cuando se sienten, cuando se enfrentan. Si el ser humano se acepta como es, sin importarle nada más, habrá dado un importante paso hacia su realización y descubrimiento. Por el contrario, si se niega a asumirse, llegará el momento en que tendrá que asumir que se ha vencido a sí mismo. Y no habrá vuelta atrás...

El pre-viaje 3 (y último)

Ya está todo en orden para partir:

1. Las maletas están facturadas en el aeropuerto
2. Ya tenemos los asientos asignados
3. Sólo queda recoger lo que está listo para el bolso de mano
4. A volar...

Ha sido un día muy agitado, pero en el que ha rendido el tiempo para recibir buenas noticias desde Extremadura (¡¡por fin!!), para hablar con la familia, para ver amigos, para reír y disfrutar con la tertulia, para las compras de último momento, para organizar y desorganizar; para dejar trabajos entregados, pendientes y otros olvidados.

Mañana a esta hora, si todo sale bien, estaré en el aeropuerto de JFK recogiendo la maleta y pensando en emprender el camino hacia el norte del estado de Nueva York.

Gracias a todos por acompañarme en los preparativos, por los buenos deseos y por disfrutar tanto de este viaje como yo espero hacerlo. A la vuelta nos vemos.