"Frozen river" (2008)

viernes, 28 de agosto de 2009

Hace ya una década o más, que el cine independiente americano nos viene sorprendiendo no sólo con argumentos más originales o películas más crudas que las del circuito de los grandes estudios, sino que lo viene haciendo con su presencia en los grandes premios o en los festivales más importantes.

Ejemplo de ello son "Juno" (2007), "Pequeña Miss Sunshine" (2006) o "Transamerica" (2005), 3 pequeñas joyas independientes que se han colado en las grandes ligas, codeándose con presupuestos que multiplican a los suyos, pero a las que no tienen mucho que envidiar.

Una de las últimas películas que se ha sumado al fenómeno es "Frozen river" (Río helado), que se estrena en España en septiembre. Dirigida y escrita por Courtney Hunt, de la cual sólo tenemos como antecedente el que haya dirigido uno de los episodios de la magnífica serie "In treatment" (En terapia), la cinta nos lleva a un paraje desolador para contarnos cómo es la vida de una perdedora que se niega a perder.

Podríamos decir que Ray Eddy es madre de dos hijos y poco más. Su trabajo no le satisface ni económica ni personalmente. Su pareja se ha ido con el dinero de su futura casa a Atlantic City y la ha dejado hundida, una vez más. Es así como llega a conocer a Lila Littlewolf, una india mohawk que le enseñará la forma de recuperar el sueño de su casa, cueste lo que cueste.



Con muchos matices, la película habla sobre el amor, la amistad, la libertad, la necesidad de sentirse útil y las ganas de cumplir los sueños. Inspirada e inspiradora, ha sido reconocida por la crítica y en festivales tan afamados como el de Sundance donde recibió el Gran Premio del Jurado, demostrando que las historias, por muy locales que sean, se convierten en universales cuando están bien contadas.

Su protagonista, Melissa Leo, ganadora de la Concha de Plata en San Sebastián, también estuvo nominada al Oscar como Mejor Actriz Principal por el papel de Ray Eddy. Decadente, desesperada y al borde de un colapso que llega y no llega, Leo nos regala una interpretación muy lograda y que la pone en el panorama de las ligas mayores. Talentos como ese no deberían ser desperdiciados. Su curriculum reciente y futuro lo avalan: la veremos con Robert de Niro, Drew Barrymore, Kristen Stewart, Christian Bale y América Ferrera, entre muchos otros.

Sin llegar a ser un peliculón ni una joya, "Frozen river" se sostiene en la asombrosa intensidad que tanto el entorno como la actriz protagonista con capaces de imprimirle a la historia. Hace tiempo que un dolor así no tenía cara de mujer en el cine. La desolación no sólo se encuentra en las guerras o en las reconstrucciones, sino en una situación tan cotidiana como no tener dinero para alimentar a tu familia y estar dispuesto a dejar todo para conseguirlo.







"Por fin viuda" (2007)

martes, 25 de agosto de 2009

Cada día me gusta más la comedia francesa. No sé si me repito demasiado con esto, pero es que la forma en que abordan los conflictos más cotidianos para llevarlos a extremos insospechados y sacarnos risas cómplices, es única en su especie.

La directora Isabelle Mergault, a la que conocimos con "Eres muy guapo" (Je vous trouve très beau), nos vuelve a deleitar con una pequeña comedia: "Por fin viuda" (Enfin veuve) donde nos cuenta una surrealista historia familiar.

Anne-Marie Gratigny (la estupenda Michèle Laroque) quiere irse con su amante, pero no es capaz de enfrentarse a su marido. Éste, afortunadamente para ella, se muere en un accidente y le deja el camino libre para rehacer su vida. Sin embargo, no contaba con la llegada de sus familiares y de su hijo, quienes la obligarán a vivir su duelo de una forma muy especial.

Muy sencilla y totalmente predecible, pero encantadora y graciosa. Con grandes momentos cómicos, algunos emotivos y, sobre todo, mucho talento de su protagonista femenina, el film nos muestra parte de nosotros mismos ante la cobardía de enfrentar las decisiones, ante las mentiras que crecen como una bola de nieve y ante los propios sentimientos.

¿Cuándo aprenderán los pseudo-cómicos que no es necesaria la fórmula caca-culo-teta para hacer reír al público? Cada día me convenzo más de que la gracia está en la sutileza y en el saber reflejar lo habitual desde un absurdo cotidiano. Y en eso, Mergault, tiene un apabullante éxito.

"Coraline" (2009)

El antiguamente llamado "cine para niños" ha alcanzado la madurez de forma paulatina, para convertirse en un adulto de gran calidad en los últimos años. Así lo demuestra la industria a nivel global con títulos como "El viaje de Chihiro", las últimas de Pixar, "Persépolis" o alguna de las joyas de Disney.

En apariencia, su público es infantil. Pero, en el fondo, su objetivo es más amplio. No sólo busca entretener, sino seducir a grandes y pequeños con una historia tan superficial como profunda. Y es el caso de "
Los mundos de Coraline" (Coraline) de Henry Selick, el creador de otra joya: "Pesadilla antes de Navidad" (Nightmare before Christmas), de la mano de Tim Burton.

La habían tachado de terrorífica y de demasiado oscura para los niños. Creo que es una exageración, aunque claramente su sombra es mucho mayor y más evidente que en otros dramas infantiles.

La historia nos cuenta como Coraline se muda junto a sus padres a una extraña casa en la que descubre, además de algunos raros vecinos, que hay una pequeña puerta que la transporta a una realidad paralela donde todo es mucho mejor. Pero como sabemos, el placer infinito no existe y resultará mucho peor que su verdadero mundo.

Brujas malas, mucho colorido y algunos momentos de tensión para sazonar una cinta hecha con la técnica del stop-motion (una técnica utilizada en el mundo de la animación que consiste en aparentar el movimiento de objetos estáticos a través de múltiples fotografías) y que es una verdadera joya en su puesta en escena, en el trabajo que hay detrás, en la música y en la realización en general.

"Hijos de los hombres" (2006)

miércoles, 19 de agosto de 2009


Basada en una novela de P.D. James y llevada a la pantalla por Alfonso Cuarón ("Y tu mamá también", "Harry Potter y el prisionero de Azkaban"), "
Hijos de los hombres" (Children of men) es una película inquietante, redonda y construida al detalle.

Para no perderme en los muchos vericuetos de la trama, simplificaré al máximo su premisa: hace 18 años que no nace ningún niño en el planeta, en el que además se vive una situación de guerrilla a gran escala. Desde este punto de partida y con una desoladora visión de nuestro futuro cercano, Cuarón nos sumerge en todas las posibles salidas a una realidad así.

Tenemos a un hombre corriente reconvertido en héroe, que vive en una sociedad individualista y desconfiada, gobernada a base del terror y la represión, donde el miedo es un compañero inevitable. Pero siempre hay una luz de esperanza y demostramos la equivocación de los más alarmistas: el ser humano no es tan malo como lo pintan. En medio del caos, aún puede haber algo de orden.

Como eje principal de la historia encontramos a Clive Owen ("Closer"), rodeado de Julianne Moore, Michael Caine y Chiwetel Ejiofor ("Amistad", "Melinda and Melinda") y formando un entramado de personajes muy equilibrado, sin sobresaltos. De la misma forma, la trama se desarrolla de forma pausada, precisa, ccon un comienzo que dispara la adrenalina y acabando en un oasis de tranquilidad, después de habernos llevado por un campo de batalla sin remilgos.

Con una estructura argumental que da pie a muchas discusiones y a un serio debate sobre el futuro, Cuarón nos entrega un film, tal como decía al comienzo, redondo. Sin caer en excesivos momentos lacrimógenos ni
testoterónicos enfrentamientos, la película es tan fuerte como frágil, tan dura como sensible. El ser humano es como es, humano, sin más. Y no podemos pedir que todos sean héroes ni podemos condenar su comportamiento.

En medio de la desesperanza y la búsqueda de un mundo mejor, se pueden transgredir algunas normas sin que importe demasiado. Por ello, el bien particular cede ante el bien común, y las personas comunes y corrientes pueden transformarse en ejecutores de una causa superior ante la que nunca habían imaginado encontrarse. En este sentido, la cinta también tiene mucho material de discusión acerca de las motivaciones reales, el utilitarismo de las ideas y el verdadero interés detrás de nuestras decisiones.

Recomendable y con excelentes momentos cinematográficos, en especial la última media hora. La decepción: siempre entendí/creí que Julianne Moore -bien donde la pongan- tenía un rol protagónico.

Como dato anecdótico, quizás asusta un poco la referencia a una pandemia de gripe que asoló a la Tierra en 2008 para explicar las motivaciones del personaje de Owen y la situación del planeta en 2027. Espero que nuestro destino sea diferente y que nuestro futuro no dependa solamente del "Mañana".

"Irma la dulce" (1963)

Repitiendo a la pareja protagónica de "El Apartamento", Billy Wilder consiguió una de las películas más recordadas y divertidas de la década de los 60: "Irma la Dulce" (Irma la Douce) que, sin embargo, hoy en día también suena a historia de enredos más bien conocida.

No quiero quitarle carácter ni menos talento a este trabajo de Jack Lemmon y Shirley MacLaine (en la foto), porque es una película que se apoya bien en sus protagonistas y les saca bastante partido a sus dotes actorales, gracias a un guión muy cuidado en los diálogos y con un final interesante, por decirlo de alguna forma.

Y como ocurre con gran parte de la producción que vino después, muchos bebieron de ella, de su chispa y frescura. Por eso suena tan manida y actualmente pierde gran parte de su tono, de su audacia. Pero Wilder, con su talento natural, saca provecho de una historia bastante absurda, para convencernos de que todo lo que ocurre es posible. Y MacLaine está inolvidable como prostituta.

En el último tiempo, estoy encontrando muchas películas a las que les sobra algo de metraje. Y con ésta me ha pasado lo mismo. Quizás da demasiadas vueltas para llegar al lugar al que nos lleva. Un lugar, en todo caso, agradable y al que le acompañamos con muchas sonrisas y algunas carcajadas.

Una vez que vea "El apartamento", que se filmó 3 años antes que esta cinta, podré decir si el blanco
ménage à trois de Wilder-Lemmon-MacLaine estaba mejor en una u otra. Las comparaciones son odiosas, pero en este caso es algo necesario.

Ojo a la aparición de Bill Bixby, que se convertiría años más tarde en el doctor Bruce Banner de "El increíble Hulk" en la televisión, como un tatuado marinero.

"Sucedió una noche" (1934)

lunes, 17 de agosto de 2009

"Sucedió una noche" (It happened one night) fue uno de los éxitos de mediados de los años 30 del pasado siglo, dirigido por Frank Capra (en lo que sería su primer gran éxito) y protagonizado por una singular pareja: Claudette Colbert y Clark Gable.

La historia, fuente de inspiración para muchas comedias románticas futuras, nos lleva a un largo viaje desde Miami a Nueva York en compañía de una mimada y rebelde heredera (Colbert), acompañada de un desvergonzado periodista (Gable). Lo que un comienzo no son más que diferencias, obviamente terminan transformándose en un apasionado amor. Siento contar el final, pero tampoco había que echarle mucha imaginación.

Previsible y entrañable a la vez, en el film somos testigos de la inmoralidad de los juicios previos y de como el abismo que separa las vidas de Ellie y Peter, desaparece por completo cuando ambos salen de sus respectivos mundos. Si nos paramos en medio de su época, podremos ver lo que significó esta película: por un lado, vemos a una mujer que es mucho más que un adorno y que es capaz de dar la talla frente a los hombres (tendencia que se marcaría cada vez más en los siguientes años); tenemos a una pareja protagónica de primer nivel y, por último, una historia de amor destinada a pasar a la inmortalidad, aunque hoy nos parezca demasiado remilgada e inocente.

Al menos la copia en DVD que tengo en mis manos, tiene algunos problemas de edición (por lo visto fue "retocada" a finales de los años 60) pero no le quita valor a su contenido. Premiada como Mejor Película, Director, Actor, Actriz y Guión Adaptado, "Sucedió una noche" es uno de esos clásicos que nos dejó la época dorada de Hollywood y que siempre estaremos dispuestos a visitar.

¿Y qué más da?

"Las definiciones (de música) parten desde el seno de las culturas, y así, el sentido de las expresiones musicales se ve afectado por cuestiones psicológicas, sociales, culturales e históricas. De esta forma, surgen múltiples y diversas definiciones que pueden ser válidas en el momento de expresar qué se entiende por música. Ninguna, sin embargo, puede ser considerada como perfecta o absoluta". (Fuente: Wikipedia)

Muchos son los que han tratado de teorizar sobre lo que podemos considerar música y lo que no. Siempre han fallado, al intentar imponer SU gusto personal por sobre un criterio objetivo. No se debe hacer subjetivo el arte más allá de quien lo suscribe. Es decir, no intentemos darle más trascendencia a lo que vemos, oímos o leemos, que la que su autor le ha otorgado.

En numerosas ocasiones he tenido que escuchar el siguiente argumento: "esto no es música" o "mejor no vamos a hablar de la música que oyes tú". ¿Por qué no? Si vemos la definición tradicional que se ha hecho de ella: "La música, como toda manifestación artística, es un producto cultural. El fin de este arte es suscitar una experiencia estética en el oyente, y expresar sentimientos, circunstancias, pensamientos o ideas. La música es un estímulo que afecta el campo perceptivo del individuo; así, el flujo sonoro puede cumplir con variadas funciones (entretenimiento, comunicación, ambientación, etc.)", la tajante premisa cae por su propio peso.

¿Por qué la música despierta ese sentimiento de superioridad, cosa que no ocurre con la literatura? Nunca he oído a nadie decir ¿cómo se te ocurre leer ese libro? o este libro es mejor que ese otro. Como mucho, la gente dice a mí no me gusta o no me atrae, pero por lo general no le imprime un plus de pseudo-intelectualidad (aunque siempre habrá alguno que sí lo haga).

Por el contrario, con la música casi siempre ocurre: "esto es música y eso es marketing", dicen los "entendidos", que se creen algo por escuchar a un cantautor desconocido o a un grupo que ha hecho marketing en el pasado y que ahora vive de la poca fama que le queda, gracias a un grupo de fieles seguidores. O también mencionan que "esto suena a canción del verano". ¿Y qué más da?

Simplemente por el respeto que me merece cada persona y su gusto musical, no me siento en el privilegiado lugar de decirle a alguien qué debe escuchar y qué no; con qué música debe emocionarse o bailar, y con cual no. Así como no lo hago ni con el cine ni con la literatura ni menos con la cocina, no lo haré con la música. Que cada uno vea, lea, coma y oiga lo que le dé la real gana, que para eso somos seres individuales e irrepetibles. Ya lo dice la propia definición: ninguna manifestación puede ser considerada perfecta o absoluta.

"Brüno" (2009)

"Erotismo es ver la pluma; pornografía, la gallina completa". Vuelvo a citar a Isabel Allende en su libro "Afrodita" porque será el eje fundamental de esta reseña. Así, "Brüno", la última película protagonizada y milimétricamente pensada por Sacha Baron Cohen (el Borat de hace un par de años) es, por lo tanto, porno del duro.

En resumidas cuentas, la historia nos presenta a Brüno, un periodista austriaco y gay que, caído en desgracia, se muda a Estados Unidos para reconquistar la fama. En su camino, hará todo lo que esté a su alcance para conseguir su objetivo. Y nunca mejor dicho: todo lo que esté a su alcance.

La que podría haber sido una comedia muy políticamente incorrecta y muy sesuda, se ha convertido en un espectáculo de excesos: sobran minutos, sobran algunos innecesarios momentos para extender el metraje y por sobre todo, hay un exceso de autosatisfacción, casi una práctica de onanismo del creador de la sátira. El problema es que se gusta demasiado.

Una de las primeras reglas de la comedia que funciona es no creerse divertido, sino serlo. Baron Cohen lo es, pero cuando cae en los extremos de la estupidez -y a ratos en la grosería, en el mal gusto, en la falta de respeto- pierde toda su frescura y originalidad.

Geniales son los momentos iniciales en el desfile de Agatha Ruiz de la Prada y después las entrevistas con los padres de "pequeñas estrellas" -aún me sorprendo de la falta de cordura y límites de ellos-, pero en otras pasa por encima del buen gusto y más que carcajadas de complicidad, lo que provoca es una risa nerviosa o incómoda.


Baron Cohen se ha convertido en algo así como el Michael Moore de la comedia, tocando los puntos más débiles de la doble moral americana y de su idiosincrasia. No obstante, su cometido pierde completamente el norte en un producto que, según creo, se le ha ido completamente de las manos, cayendo en un humor burdo, barato y olvidable.

No encontré la comedia irreverente que esperaba, sino un film bastante más vacío de lo que creía. Quizás sea la película más sobrevalorada en lo que va del año e inscribirla en lo que se conoce como la nueva comedia americana -en la que tenemos el toque Apatow y buenas comedias como "Superbad"- me parece un ejercicio de marketing condescendiente para una cinta indudablemente menor.

Espectáculo pirotécnico

domingo, 16 de agosto de 2009

Una vez más fui testigo de los fuegos artificiales que ponen fin a las fiestas de San Lorenzo de El Escorial en la explanada del monasterio. Este año la selección musical no fue la mejor, pero sin duda que las luces y colores se llevaron el protagonismo absoluto.

"Up" (2009)

sábado, 15 de agosto de 2009

La última aventura fílmica de la factoría Pixar es una maravilla visual, más allá de toda imaginación. Si ya nos habían deslumbrado con "Wall.E" y sus acabadas texturas, el colorido de "Up" es infinitamente mejor y la calidad de sus diseños, supera lo establecido, alcanzando niveles de realismo que ni la propia realidad es capaz de igualar.

Pero no todo es imagen, porque tras una fachada perfectamente pixelada, la historia desborda humanidad desde el principio hasta el final. Es una película de aventuras, pero que no deja de lado el entorno emocional de los personajes ni las motivaciones que los llevan a formar parte de esta larga travesía.

Carl Fredricksen (cuya voz pertenece a Ed Asner, importante figura televisiva en EE.UU.), tras la muerte de su mujer y acosado por sus "vecinos", decide emprender el viaje de su vida. Llena su casa de globos y se eleva al cielo con casa y todo. Pero no está sólo y, al poco andar (¿volar?) descubre a Russell, un niño explorador que se convertirá en un espontáneo acompañante.

El guión tiene algunas pequeñas lagunas, quizás más de las que habíamos visto antes en las películas de Pixar, pero esos baches se perdonan ante la impecable realización y ante la madurez alcanzada por el cine de animación digital. Además, se agradece que las películas llamadas "infantiles" sean cada vez un producto más adulto, más completo. Como siempre, las lecturas que se pueden hacer de una inocente historia de aventuras son innumerables, porque ella esconde importantes referencias a las familias, al amor, a la vida, a la amistad y a muchos otros valores.

Con una serie de referencias a otras películas o programas de televisión, "Up" se ha encumbrado a lo más alto del cine animado. Y la secuencia que nos explica la vida de Carl en los primeros minutos del film, debe ser una de las más bellas y bien contadas de la historia del cine, reafirmando aquella manida frase: "una imagen vale más que mil palabras". Imposible haberlo hecho mejor de otra forma.

Impecable es el corto que acompaña a "Up", titulado "Partly Cloudy" (Parcialmente nublado o Nublado parcial). Entrañable, tierno, con una factura técnica y una imaginación desbordantes. Carcajadas y lágrimas desde el primer momento. ¿Para cuándo la próxima?

"El ladrón de bicicletas" (1948)

La película de Vittorio de Sica, "El ladrón de bicicletas" (Ladri di biciclette), además de ser un fiel referente de una dura época de la historia reciente, es un ejercicio catártico que lleva a un hombre común a una situación límite en un entorno hostil. Y todo esto filmado con maestría, con mucha sencillez y con total franqueza.

Inscrita dentro del neorrealismo italiano(*), la película se convirtió en uno de los máximos referentes de esta tendencia o lenguaje cinematográfico. Su simpleza exterior oculta una profunda crítica a un sistema que no sabe cómo recuperarse, a una situación insostenible y a una sociedad que no es capaz de abrir las brechas de clase para una reconstrucción más rápida y efectiva.

Filmada en riguroso blanco y negro, con un reducido número de actores y recorriendo la periferia romana de la época, nos cuenta la historia de un hombre que consigue trabajo como colocador de carteles -para lo cual necesariamente debe poseer una bicicleta- y que, en su primer día, es víctima del robo de su medio de transporte. Esto no implica sólo un problema laboral, sino que se relaciona con toda una situación de precariedad, que lo arrastra tanto a él como a su familia.

A partir de ese momento, la realidad de Antonio Ricci (interpretado por Lamberto Maggiorani) se verá amenazada por la desesperación y la búsqueda incesante de su bicicleta, acompañado de su hijo Bruno (Enzo Staiola), proceso durante el cual somos testigos no solamente de las pesquisas, sino de un amplio abanico de emociones y sensaciones en la relación padre-hijo, y en el interior del protagonista. Así, encontramos a un hombre que duda si exponer su integridad y traspasar una convencional línea de acción, o quedarse sumido en la miseria.

Duro relato, magistralmente creado, y completamente universal. Su sombra en la actualidad quizás es mucho más grande de lo que creemos.

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(*) Movimiento surgido en el país peninsular después de la II Guerra Mundial y que se caracterizó por ser bastante crudo, muy simple en su estructura -actores no profesionales en su mayoría, filmaciones al aire libre, entre otras- y con guiones que trataban la reconstrucción económica y social de una nación desolada por los efectos del conflicto bélico, centrándose en las clases menos privilegiadas.

Reportaje: Formación y RR.HH.

Fuga de talentos
LA LEALTAD A LA EMPRESA HA MUERTO
• La competitividad y la búsqueda de mejores oportunidades profesionales, amenazan seriamente la permanencia de los trabajadores en las empresas. Pero, ¿es posible evitarlo?

Las campañas de captación de clientes son una de las principales acciones comerciales que debe emprender una empresa para posicionarse como una alternativa sostenible en el mercado. Lo mismo ocurre con la tendencia más marcada de los últimos años, en cuanto a fidelizar a los consumidores con los que ya cuenta, ya sea a través de tarjetas de descuento, programas de puntos, promociones especiales o un estatus privilegiado por antigüedad o gastos realizados.

Es más, esta práctica no es negativa ni inútil, sino que más bien es una de las vías más utilizadas y válidas para mantener o aumentar las ventas. Y los clientes lo agradecen, manteniéndose leales a una determinada marca, servicio o empresa.

No obstante, estas estrategias no son las únicas que se deben tener en cuenta a la hora de tener interés en lograr un sitio en un mercado cada vez más volátil. Las empresas también deberían volver los ojos hacia su estructura y fidelizar a sus propios trabajadores que, en suma, son quienes mantienen con vida a la organización.

El establecimiento de algunas medidas como mejorar las condiciones y los beneficios sociales, o llevar a cabo planes de formación, son las respuestas que las organizaciones están desarrollando para enfrentar este fenómeno. Desde una visión sistémica, el entramado que conforman los trabajadores es el elemento fundamental, el que permite a la empresa sostenerse, mantener su estatus y proyectarse hacia el futuro. Sin embargo, la alta rotación laboral en la gran mayoría de los sectores, demuestra que, en España, ésta es aún una asignatura pendiente.

¿POR QUÉ ES NECESARIO FORMAR A LOS TRABAJADORES DE MI EMPRESA?

Muchas teorías se han desarrollado en el ámbito de los Recursos Humanos respecto a la importancia que tiene ampliar el nivel de conocimientos de los miembros de una empresa, tanto para el incremento de la productividad, como para la aplicación del talento en planes de mejora y también para que el trabajador se sienta parte importante de una organización, desarrollándose personal y profesionalmente.

El consejero delegado de People Excellence, Antonio Peñalver, considera que en el actual escenario empresarial, planificar y ejecutar un plan de acciones formativas es totalmente necesario. “Las empresas han empezado a ver en la formación una herramienta estratégica que les ayuda a mejorar cada día. Su alcance incluye desde facilitar la adecuación de los trabajadores a su puesto hasta contribuir con éxito a la consecución de los objetivos de negocio o cambios en la organización. Todo ello, pasando por la mejora del desempeño o el desarrollo del talento organizativo”.

Pese a ser prácticamente un hecho probado, aún hay muchas empresas que no lo consideran un valor añadido a su estructura y no entra dentro de sus planes de finanzas la formación de sus empleados. Una de las razones más comunes es que, pese a gastar dinero en ampliar los conocimientos de los trabajadores, éstos siempre buscarán mejores horizontes laborales –sobre todo desde el punto de vista económico- y, por lo tanto, es considerada una inversión sin retorno.

Dicha idea no es del todo errada, pero se relaciona estrechamente con otro de los puntos débiles que enfrentan las empresas en la actualidad: las bandas salariales, poco acordes con las necesidades progresivas del individuo y, porqué no decirlo, en una situación en la que el coste de la vida es cada vez mayor. Por ahora, no obstante, centrémonos en el tema de la formación.

Muchos estudiosos y pensadores de los RR.HH. consideran que formar a la propia plantilla de trabajadores de una empresa, ciertamente teniendo en cuenta sus necesidades y el campo en que es preciso un refuerzo profesional, redundará en una mejora sustancial en la productividad del individuo, un compromiso mayor con su labor y, por lo tanto, una responsabilidad superior en la realización de sus tareas, pudiendo además ampliar su “radio de acción”, asumiendo nuevos desafíos.

Las organizaciones están sometidas a cambios constantes con el fin de responder, a través de sus planes y con la toma de decisiones, a los retos y envites del mercado. En este sentido, la formación es el único elemento de la práctica de Recursos Humanos que garantiza que las personas puedan estar preparadas en cada momento para abordar estos retos organizativos”, explicó Peñalver.

No obstante, y pese a la positiva consideración que recibe dicha práctica, siempre hay que tener en cuenta una serie de factores: ¿a quién formar?, ¿sobre qué habilidades? y, quizás lo más importante, ¿por qué hacerlo? No se trata de establecer programas para ampliar las capacidades de los trabajadores en materias que no les serán útiles, sino en dar un mayor sustento a sus propias tareas, teniendo en cuenta las habilidades y conocimientos de cada uno.

El gerente de Gestión del Conocimiento de la consultoría Catenaria, Javier Martínez Aldanondo, aseguró que el problema se centra actualmente en dos grandes vertientes: qué formación ofrecer a los empleados y cómo impartirla.

Respecto a la primera pregunta, Martínez explicó que “las empresas tienden a asumir que hay problemas (falta de liderazgo, mal servicio al cliente o desajuste en el alineamiento estratégico) que se resuelven mediante cursos específicos sobre dichas materias. Evidentemente –aclaró- el mundo no funciona de manera tan simple y artificial”.

Si consideramos la formación como un valor importante, hay quienes creen que la mejor manera de ampliar conocimientos es en el puesto de trabajo, en el día a día. El concepto de “aprender aprendiendo” cobra mayor valor, aún más cuando los resultados tras una acción formativa no son claramente positivos.

La razón que Martínez esgrime para explicar esos resultados es que pocas veces se tiene en cuenta la manera de transmitir los conocimientos y se cree que, simplemente con recitar una presentación en PowerPoint o trayendo a un “experto” ajeno a la empresa, ya se ha facilitado la información necesaria para conseguir una mejora en el desempeño del trabajador. Y, ciertamente, los efectos que ello tiene no siempre son los adecuados.


Si bien las cifras del sector aún son positivas, el gasto que se está haciendo en formación de los trabajadores está, por un lado, muy lejos de lo que se invierte en otros países y, por otro, no es del todo eficaz en dirigir esos fondos a acciones realmente productivas.

¿QUÉ DEBO TENER EN CUENTA AL PROYECTAR EL PLAN DE FORMACIÓN?

Uno de los fenómenos más comunes en la formación empresarial es elegir acciones formativas poco útiles o novedosas, que redundan en el abandono de las mismas y, por consiguiente, en una actitud negativa del trabajador que es obligado a estudiar algo que no desea. Además, se les “invita” a formarse fuera del horario laboral sin ningún tipo de incentivo, lo que tampoco es bien recibido ni permite un compromiso personal o profesional. Si sólo se tuvieran en cuenta estos aspectos y se entendiera este proceso como algo necesario, productivo y, además, como inversión, el panorama actual podría ser muy diferente.

El origen de la formación debe ser un problema de negocio, no uno de aprendizaje. Eso significa que hay que medir el impacto que dicho problema tiene hoy para la organización y, en el caso de que la formación sea parte de la solución, fijar cuáles serán los resultados esperados, diseñar el programa, impartirlo y volver a medir para comprobar si el problema de negocio persiste”, comentó Javier Martínez.

Otra de las carencias habituales en este ámbito, es que no se concibe -ni menos se ejecuta- un plan de formación a largo plazo, creado a partir de las proyecciones y necesidades de la propia empresa. Lo indispensable sería, por ejemplo, que si se tiene pensado abrir una sucursal en Estambul, considerar que quienes lideren las negociaciones, puedan desarrollar habilidades para desenvolverse en el idioma turco. Parece simple, pero podría traer una mayor identificación de la empresa con el nuevo entorno, su cultura y, quizás, redundaría en una mejor posición para la empresa a la hora de cerrar los acuerdos.

De esta forma, el desafío inmediato es invertir adecuadamente los gastos de formación en acciones que sean, a la vez, productivas, convenientes, eficaces, rentables y positivas para la organización.

Si se logra un equilibrio de todos estos factores, probablemente en el medio y largo plazo, se obtengan mejores resultados tanto para la empresa como para el trabajador, logrando mejorar el rendimiento en el trabajo, un retorno de la inversión y un sentimiento de fidelidad que permitirá contar con el personal “formado” por largo tiempo, evitando así los costes que implica la preparación de nuevos trabajadores y, por consiguiente, la ralentización del proceso productivo.

HA MUERTO LA LEALTAD A LA EMPRESA

Javier Martínez afirmó que el conocimiento se ha convertido en la moneda de cambio y ha reemplazado al capital como recurso crítico. Pero el problema radica, además, en que el conocimiento y el talento no son valores que le pertenezcan a la empresa, sino a los propios trabajadores, lo que redunda en que el equilibrio relacional que conocemos habitualmente entre empleador y empleado se pierda, y genere una nueva ecuación.

Con esta tendencia, ha nacido el concepto de “Trabajadores del Conocimiento”, acuñado por Peter Drucker, que se refiere a aquellos profesionales que tienen el conocimiento, que deciden dónde invertirlo y a quién alquilarlo, por un periodo determinado de tiempo y unas condiciones específicas. Así, el salario ya no es el valor más relevante, sino que debe complementarse con una serie de prestaciones o beneficios.

Uno de los valores o elementos que adquiere, entonces, una relevancia primordial es la formación. “Las empresas la necesitan para mantener actualizados y competentes a sus empleados; y éstos la requieren porque es su garantía de empleabilidad”, puntualizó Martínez.

Sin embargo, un buen plan de formación no es ya suficiente para retener el talento y, por lo tanto, se hace necesario considerar factores como las posibilidades de desarrollo profesional y el reconocimiento laboral del trabajador. De ahí que cada vez adquiera mayor importancia la idea de “Best workplaces” o entornos más amigables dentro de las empresas como el de Google, que buscan seducir a los “talentos” para que se queden y continúen aportando su activo a la organización.

La necesidad de ofrecer a los empleados un clima laboral agradable, garantías de permanencia, ciertos beneficios sociales, entre otras muchas posibilidades, se convierte en una línea de acción en la cual las propias empresas tienen mucho que ofrecer.

Sin duda, la formación no es el único factor que permite retener talento. Es cierto que las posibilidades de desarrollo son uno de los elementos de atracción y retención más importantes para los empleados, especialmente en la generación de nuevos profesionales. Sin embargo, está demostrado -a través de estudios objetivos sobre muestras representativas- que la capacidad para conciliar la vida personal con la profesional, el clima organizativo – incluidos los mandos- y la retribución – sobre todo la fija-, son aspectos críticos para la retención de un buen profesional”, explicó Antonio Peñalver.

Si no se cumple alguno de estos requisitos mínimos, los profesionales buscarán nuevos campos de desarrollo. Uno de los más comunes, es que tras adquirir experiencia y conocimientos, opten por crear sus propias empresas para invertir lo que han cosechado en años de trabajo y, con ello, dejen a sus antiguas organizaciones con un problema grave: el reemplazo de ese talento.

El consejero delegado de People Excellence, se refirió a la importancia de evitar la fuga del personal porque “la inversión en retención de talentos permite disponer de profesionales que tienen un buen desempeño y que además, por su perfil, pueden seguir creciendo para asumir posiciones relevantes en la organización en el futuro. En este sentido, se asegura la continuidad directiva de la compañía, con profesionales que han recibido una buena formación”.

Y es que resulta fácil comprobar que la inversión en formar a nuevos talentos –por todo lo que ello implica en cuanto a búsqueda, selección, formación y consolidación en el puesto de trabajo- es enorme. Y, muchas veces, la productividad del departamento y, por tanto, de toda la organización, se ve afectada.

Si una empresa depende de la gente que trabaja en ella y de su conocimiento, entonces su viabilidad sólo es factible si dicho conocimiento, y por tanto dichas personas, mejoran su desempeño, y siguen involucrados con la misión y los objetivos del negocio. El conocimiento se vende al mejor postor: la lealtad a la empresa ha muerto”, manifestó Martínez.

"Ex" (2009)

viernes, 14 de agosto de 2009


Una comedia coral, romántica y ligera nos llega desde Italia precedida de un importante éxito en las taquillas. "Ex" -dirigida por Fausto Brizzi, director y escritor que ha hecho carrera en televisión principalmente- habla de la universalidad del amor, visto a través de las relaciones pasadas y presentes de una serie de variopintos personajes.

Parejas que se separan y que se reencuentran. Fanáticos de la soltería y enamorados enfermizos. Amores que renacen y otros que mueren irremediablemente. No queda fuera ninguna manifestación romántica, aunque se echa en falta algo de originalidad en algunas de ellas que podrían haber dado mucho juego.

Innegable heredera de otras películas como "Love actually" -además de una larga lista de cintas de los últimos 50 años- y algunas comedias de situaciones (sitcoms) como "Friends", la historia se desarrolla paralelamente en Italia, Francia y Nueva Zelanda, reafirmando que su lenguaje no tiene ninguna limitación física y que los celos, el amor o la pasión, no tienen meridianos ni paralelos.

Sus actores, de amplia carrera en el cine y la televisión italiana, entre los que encontramos, por citar algunos, a Claudia Gerini y Alessandro Gassman, se mantienen en un nivel comedido, sin grandes interpretaciones, pero muy adecuados en su papel.

Con momentos de mucho humor, con una buena dosis de drama, una pizca pequeña de tensión y algunas salidas muy predecibles (quizás esta es su mayor debilidad), "Ex" se puede ver sin remordimientos, pero sin grandes expectativas. Podemos decir que entra fácilmente en la categoría de placeres culpables, quizás acompañando a "Mi gran boda griega" o la misma "Love actually".

Y más películas

miércoles, 12 de agosto de 2009

Aprovechando lo que queda de vacaciones, esta semana también he tenido mis sesiones de cine:

1. "Pesadilla antes de Navidad", como aperitivo para ver "Los mundos de Coraline". Cine de animación del más alto nivel.

2. "Frozen River", otra película independiente americana de la cual hablaré llegado el momento. Creo que aún tengo que procesarla un poco más.

3. "Dreamgirls", musical inspirado -dicen- en las Supremes de Diana Ross. Entretenimiento ligero con una genial Jennifer Hudson.

4. Repetí "LOL", porque insisto en que la mirada que el cine francés le da a las cosas, tiene un algo especial.

Pendientes tengo: "The Wrestler", "Un cuento de Navidad" con Catherine Deneuve y "Gomorra", la provocación italiana sobre la mafia, que arrasó con varios premios el año pasado. Además de "Por fin viuda", "Camino", "Klute", "Ran", "Descalzos en el parque", "La envidiosa", y un largo etcétera.

Tanto cine por ver aún. Y tanto que escribir sobre él. ¿Alguien me quiere pagar por hacerlo para poder dedicarle todo el tiempo?

"La boda de Rachel" (2008)

Ha pasado mucho tiempo desde que el director Jonathan Demme nos golpease con "El silencio de los corderos" y "Philadelphia", pero su productividad no ha cesado. Una muestra de ello es la reciente "La boda de Rachel" (Rachel getting married), protagonizada por Rosemarie DeWitt y por Anne Hathaway ("El diablo viste Prada", "Brokeback mountain").

Con la excusa de la boda de su hermana, Kym (Hathaway) sale del centro de rehabilitación donde se encuentra para encontrarse con una familia y un grupo de amigos que le resultan desconocidos. Las tensiones presentes y las heridas pasadas aparecen primero con sutileza, para luego desatarse en una tormenta de emociones, donde cada uno tendrá que cargar con los dolores propios.

La disfuncional familia y la felicidad del momento, son la excusa que Demme propone para sacar a relucir muchas cosas que vemos en lo cotidiano: las palabras dichas y aquellas que no es necesario expresar, el resentimiento y la intención de proteger nuestro entorno cercano, aquel lugar donde pueden convivir lo dulce y lo amargo sin mayores problemas.

Hathaway obtuvo su primera candidatura al Oscar como Actriz Principal por "La boda de Rachel". Y no ha sido exagerado. Nos tenía acostumbrados a un exceso de dulzura y corrección que no aparecen ni por asomo en este personaje. Por el contrario, es capaz de sacar a relucir una oscuridad muy difícil de manejar sin caer en la caricatura, demostrando que tiene muchos más registros por explorar en sus próximos proyectos.

Con una estética y producción más bien independiente, la película se deja ver sin problemas. No fue uno de los grandes estrenos ni una de las favoritas del público, pero Demme demuestra que aún tiene talento para sacar partido de sus actores y que no ha olvidado el oficio que lo puso en el centro de Hollywood hace 15 años.

Por lo demás, creo que se abusa de la música (algo muy común en estos días) y hay un par de escenas francamente editables. Quizás el resultado hubiese sido mejor evitando algunos adornos y dando mayor relevancia a la carga interna de los personajes que, sin dejar de tenerla, deja algunos cabos sueltos.

Ojo a la aparición de Debra Winger, a quien cada vez vemos menos en las pantallas.

Libertad militante

Mientras comía, escuchaba los comentarios que se hacían sobre la noticia de la prohibición del uso del "burkini" (un bañador que sólo deja al descubierto manos, pies y la cara) en una piscina de Paris, aduciendo problemas de higiene. Pero hay quien ha ido más allá y ha calificado la postura de la chica vetada como una "provocación militante", lo que aumenta la polémica en Francia respecto al uso del burka y a ciertas costumbres que no son propias del vecino país.

¿Y cómo me quedo yo? Muerto. Preferí llenar mi vaso de agua unas cuantas veces, mientras lo vaciaba lentamente entre mis labios. La base del argumento durante la comida era que estaba mal el uso de la prenda de vestir porque no iba acorde con las costumbres "normales". ¿Cuántas veces volveré a encontrarme con esta expresión? ¿Qué es "lo normal"? ¿Quién decide lo que es "normal" y lo que no lo es? ¿A alguien le parece normal que se hable de "lo normal"? ¿Soy normal o soy un alien?

Debo ir lentamente desgranando esto, porque ya se me agolpan las palabras en la cabeza. ¿Provocación militante? Soy el primero en criticar un atuendo como el burka, una verdadera prisión portátil, pero eso no quita que si alguien lo lleva, a mí me importe tanto como para decírselo. Como mucho, pensaré que es una pena ver la vida en cuadriculado. Si la persona considera por religión, tradición o convicción que debe vestirse así, ¿quién soy yo para expresar públicamente mi desprecio y menos para prohibir su uso? (Además, me parece incluso mejor un burka que algunas otras "prendas" o modas que se ven por la calle, pero eso es tema para otro post).

Y si hablamos de higiene, no veo la diferencia entre un burkini y un bikini. Dirán que es porque uno tiene más metros de tela que el otro. Ciudadanos del mundo, cuidado con los abrigos, los vestidos de novia y los trajes de la Feria de Sevilla, porque son fuente de contagio, altamente peligrosos a causa de su fabricación. Perdón por la ironía, pero ante una ridiculez así, no se puede responder de otra forma.

Y el hecho de hablar de grupos o etnias que no se "integran a la normalidad", es algo que me saca de mis casillas. El hecho de que esos grupos, pese a estar inmersos en la sociedad, mantengan ritos o costumbres que les son propias, no me parece un acto de no integración. Simplemente viajemos un poco en el tiempo y veamos, por ejemplo, lo que hicieron los conquistadores en América, quienes no sólo no se "integraron" a las costumbres "normales", sino que más bien arrasaron con ellas. ¿Se le habrá considerado a eso un problema político o una actitud reivindicativa por estos lados?

Todo esto me recuerda a otra persona que un día, hablando de la inmigración, dijo: "Menos mal que en nuestro despacho tenemos a una chica sudamericana que se está integrando en la sociedad española, porque está aprendiendo los valores de la responsabilidad y del trabajo". Mi cara debe haber sido un poema.

Simplemente le dije que la visión que se tiene en Sudamérica de España es todo lo contrario: poco trabajo, escasa responsabilidad y mucha diversión. Y que, probablemente, esta chica en su país de origen hubiese trabajado 12 ó 14 horas diarias por la mitad del sueldo y en condiciones inferiores. Pero menos mal que se vino a España a "descubrir" esos universales principios, sobre todo a su despacho donde abundan la diversidad, la libertad, las buenas costumbres y la igualdad. Y donde, además, leen el único periódico que dice la verdad. Me guardaré los comentarios, que si no me enveneno.

En fin, que me pierdo entra tantas ideas. El uso del burka, de una larga barba o simplemente mantenerse en parte ajeno a ciertas costumbres "europeas" u occidentales, no me parece una falta de respeto y menos una "provocación militante". Para mí no es más que parte de la necesaria diversidad que tenemos en la sociedad actual, y la aplicación de los principios de libertad individual y de credo. Dejémonos de normalidades y abramos la puerta a las opciones distintas que no le hacen daño a nadie. ¡
Viva la libertad militante!

Cambios en la cabecera

domingo, 9 de agosto de 2009

Hoy inauguro una secuencia de cabeceras que acompañarán mi viaje a través del blog en las próximas semanas, según me acuerde de cambiarlas. Habrá mejores y peores, más bonitas y menos llamativas, pero es lo que considero que corresponde con esta etapa del camino.

En todo caso, el blog seguirá siendo el mismo de siempre.

En esta primera foto, estoy con los ojos cerrados por una razón única: invitaros a soñar.

"Rojo oriental" (2002)

sábado, 8 de agosto de 2009

Con mucho retraso llega "Rojo oriental" (Satin Rouge), de la directora tunecina Raja Amari, a las pantallas españolas. Tanto es así, que ya ha filmado otras dos cintas después de que se llevara un amplio reconocimiento internacional como realizadora y guionista por esta película.

La trama nos presenta a Lilia, una viuda cuya realidad no es más que una frágil estructura construida alrededor de lo cotidiano, lo terrenal, y cuyo único centro es su hija Salma, una joven en plena edad del despertar de los sentidos. La mujer, no obstante, encontrará una forma de rehacerse a sí misma a través de la danza y vencerá sus propias limitaciones a golpe de caderas.

Protagonizada por la estupenda Hiam Abbass (en la foto, abajo a la derecha) -vista recientemente en "The Visitor" como la madre del inmigrante deportado-, cuya belleza y talento debería llenar las pantallas, mucho más de lo que estamos acostumbrados. El resto del reparto es regular y, en algunos momentos, hasta caricaturesco.

Pese a que fue reconocida en Montreal, Seattle o Torino, la película no es memorable. Sí hay que reconocer el talento de una directora nueva (pese a dos trabajos anteriores), pero a la que le falta mucho oficio. Abusó de las transiciones espacio-temporales con unos "
fade out" bastante numerosos, haciéndolos parecer más una excusa que un recurso cinematográfico.

Lo que no es discutible es toda la fuerza y femineidad que surge desde las entrañas de la película: una muj
er que es capaz de enfrentarse a sí misma en primer lugar y permitirse llevar una vida condenada por las estrecheces mentales de la sociedad actual. No defiende el arquetipo de la prostituta ni de la arpía, sino simplemente el de una mujer en paz con su cuerpo, con el mundo y con su presente, haciendo una bien construida metáfora a través de la danza del vientre.

Sobra metraje, pero también sobra energía y belleza. Se echa en falta oficio y más talento, pero no se puede negar el buen camino que trazó Amari con esta película. Se agradece el cambio de ritmo, una música muy agradable y por traernos a las pantallas una realidad vigente y poco conocida.

Una semana de película

viernes, 7 de agosto de 2009

Como estoy de vacaciones y Madrid es un horno estos días, me he dedicado a ver películas bajo el abrazo del aire acondicionado, ya sea en el sofá o en la butaca del cine.

Además de la ya comentada "The boat that rocked" (insisto: ¡qué pérdida de recursos!), he visto:

1. "Todos los hombres del rey" (All the king's men) con Sean Penn, Jude Law, Kate Winslet, Patricia Clarkson, James Gandolfini, Kate Winslet, Mark Ruffalo y Anthony Hopkins. Excelente cast para una película que se queda corta en muchos sentidos. Parece que es el tópico de la semana.

2. "La ley del deseo", de Almodóvar. Quizás fue mucho más impactante y llamativa en su contexto. Hoy, resulta poco polémica y bastante floja. Aún así, un hito en su carrera.

3. "El Piano", de Jane Campion. No sé cuántas veces la he visto y el veredicto es el mismo: impactante. Sus imágenes tienen mucha fuerza, las actrices (Holly Hunter y Anna Paquin) van mucho más allá de la pantalla y la música -¡oh Michael Nyman!- es gloriosa.

4. "Diario de un escándalo", de Richard Eyre. Es un evento actoral de primer nivel: Judi Dench y Cate Blanchett frente a frente. Ya la había visto el año pasado, pero como trabajaré sobre ella para un próximo artículo, quise verla otra vez.

5. "El amor tiene dos caras" (The mirror has two faces) de y con Barbra Streisand. Una profesora modélica para una historia de amor agridulce. Será otro de los pilares de mi próximo artículo en la revista Versión Original (si se publica finalmente, claro).

Esta tarde veré otra en el cine, sin definir aún, y espero el fin de semana poder ver "Up", que ya va siendo tiempo. Llegado el momento, todo quedará reflejado en este blog.

"The boat that rocked" (2009)

miércoles, 5 de agosto de 2009


Richard Curtis, el guionista de las dos partes de "Bridget Jones" y director de "Love Actually", nos trae a la pantalla su última comedia coral: "The boat that rocked" (en España, "Radio encubierta"), que también ha escrito.

El film cojea desde los primeros minutos, pese a tener una idea de la que podrían haber salido inolvidables escenas: las radios piratas que emitían rock y pop desde el Mar del Norte, para saltarse las estrictas normas británicas de los años 60 del siglo pasado. Con demasiados personajes, muchos hilos conductores y un entramado más bien débil, el guión se le va de las manos entre escenas claramente editables y una resolución tan simplona como esperable.

Quizás lo más divertido de ver, como ocurre en muchas cintas corales, es el reparto: Kenneth Brannagh, Emma Thompson, Bill Nighy, Philip Seymour Hoffman, Nick Frost, Rhys Ifans, entre muchos otros que, en general, cumplen sin destacar.

La única herencia memorable que nos deja esta película es una banda sonora de primer nivel, tan variopinta como sus personajes, pasando desde The Supremes hasta Duffy (reversionando "Stay with me baby") y desde Cat Stevens a Jimi Hendrix.

Cosas del camino

Hoy la inspiración viene dada por los caminos y por las personas que los recorren con nosotros a lo largo de nuestra vida. Mi amiga Amelie ya ha dicho muchas de estas cosas en su blog, pero yo tenía que decirlas también en el mío.

Tenemos compañeros de viaje permanentes, peregrinos que nos acompañan en todo momento y que siempre están dispuestos a ofrecernos una mano, un poco de agua para calmar la sed o una sombra en la que protegernos. Ellos están ahí para hacerlo más llevadero, más fácil, más cómodo, más hermoso. La importancia que adquieren en el trazado del mapa va mucho más allá de las emociones y de la imaginación.

Lo bueno de un viaje tan largo es que también hay peregrinos espontáneos que se aparecen en
nuestro camino, comparten con nosotros lo mejor y lo peor, y luego desaparecen. Quizás en algún otro albergue los volvemos a encontrar, pero su misión no es otra que ayudarnos a aprender alguna lección pendiente para las siguientes etapas del trayecto.

Sin estas personas, nuestra vida no sería más que un solitario sendero, un mar sin oleaje ni espuma. A unos les debemos en primer lugar la vida y la educación (a nuestros primeros compañeros de viaje); a otros, el despertar de muchas cosas: la amistad, el amor, la pasión, el dolor. Pero a todos ellos, les debemos el re
speto y un perpetuo agradecimiento por haber caminado con nosotros.

Brainstorming

lunes, 3 de agosto de 2009

Mi cabeza gira sin parar. Por más que esté de vacaciones, ¿cómo le doy un respiro a mis pensamientos? Hay tantas cosas que contar, tantas que escribir, muchas que decir y demasiadas por cantar. Algunas duelen, otras atemorizan; hay otras que enriquecen, que hacen sonreír o que motivan nuevas ideas.

Las que me rondan estos días, además de las habitualmente pendientes, tienen que ver con el libro de cocina. Si bien tengo claro lo que quiero decir y cómo quiero hacerlo, a cada momento se me ocurren nuevas formas de contarlo, de estructurarlo, de buscar un algo que lo haga distinto a los demás.

Pienso en gente sibarita sin tiempo para gozar, en grandes cocineros de lo básico, en pequeños chefs de lo espectacular. Pienso en la economía y en el despilfarro, en el disfrute y en el sacrificio, en la nutrición saludable y en el exceso. Pienso en sabores, aromas, texturas y colores. Pienso en ollas de acero, sartenes de teflón, fuentes de barro. Pienso demasiado, pero quiero seguir pensando.