"Los abrazos rotos" (2009)

viernes, 3 de abril de 2009

Estas últimas semanas he leído muchas cosas sobre "Los abrazos rotos", la última de Almodóvar: que si no está nada bien, que si está lejos de la calidad de "Volver", que si está mal actuada, mal dirigida, mal montada y muchas otras valoraciones. Debo decir que estoy profundamente en contra, pero también a favor.

Primero, debo decir que tiene escenas muy logradas -la de los zapatos negros y rojos, la desilusión de Ernesto gracias a la lectora de labios, entre otras- y muchas que, realmente, no hacían falta, pero siempre filmadas con maestría. En ese punto, la labor del director es, como de costumbre, impecable.

En segundo lugar, la historia central de la película es magnífica, con un Lluis Homar que está muy correcto en su papel de ciego; una Blanca Portillo que es un lujo de actriz y una Penélope Cruz que se desenvuelve con soltura en un papel hecho a su medida. Esta vez, la intensidad no está en su desequilibrio -como ocurría en Vicky Cristina Barcelona- sino que en su sacrificio, en su dolor, en su pasión.

Muy bien está José Luis Gómez, como el amante despechado y vengativo; o Ángela Molina, en un brevísimo pero arrollador papel. Lo mismo que Lola Dueñas, muy bien puesta en su sitio de lectora de labios o Tamar Novas como el hijo de Judit. ¿Y los demás? En principio, me sobran por malos: Kira Miró, Dani Martín y Alejo Sauras, cuyos personajes no aportan nada a la película y más parecen estar por compromiso o conveniencia. Luego, Chus Lampreave y Rossy de Palma, siempre bien ambas, no llegan a sumar más de 3 minutos en pantalla. ¿Eran necesarias? Y Carmen Machi, muy graciosa, pero sin aportar nada a la historia.

Y es aquí donde radica la fuerza negativa del film: la innecesaria aparición de subtramas -por llamarlas de una forma eufemística- o pseudo-personajes que no despliegan tensión, no resuelven y sólo adornan un metraje que, al final, resulta innecesario. Entiendo el sello almodovariano y su creatividad vital, pero en una historia tan intensa, tan profundamente romántica y trágica, podría haber obviado el adorno y habernos sumido en el abismo del desamor.

Aún así, el resultado final no me deja la boca amarga como a tantos otros. No puedo equiparar "Los abrazos rotos" a la desastrosa "La mala educación", pero tampoco elevarla como una de las grandes. Siempre lucharé para que cada película sea vista en sí misma y no por sus antecesoras; por lo tanto, bajo esa premisa, puedo decir que esta cinta no está mal, pero que se fagocita a sí misma por gula, por lujuria y por vanidad. Almodóvar no tiene que demostrarle nada a nadie, y menos "pagar deudas" con breves cameos. Lo suyo debería ser contar buenas historias y dejar todo lo demás fuera. Los excesos nunca son buenos, Pedro.

1 comentario:

  1. Bueno, me alegra que finalmente fuerais a verla sin mí. Ahora, después de leer tu crítica, me reafirmo en eso de no ir a verla jajaja... Siempre es un placer leerte, querido amigo. Un beso enoooooooooorme, así como vos (jeje)

    ResponderEliminar